Los peligros de una supuesta educación sexual en las escuelas de Colorado

Un análisis sobre el impacto de la propuesta HB 19-1032.

Carmen Elena Villa

Entrevista al padre Luis Granados

El proyecto de ley 1032 de Colorado que busca supuestamente dar una educación sexual a los niños en las escuelas públicas ¿ayuda a su formación? ¿trae algún peligro? El padre Luis Granados, doctor en teología moral nos responde.

Posted by El Pueblo Católico on Friday, 22 February 2019

Un controversial proyecto de ley de educación sexual fue aprobado por la Casa de Representantes y ahora busca ser aprobado por el Senado estatal de Colorado comenzando con una audiencia el 28 de febrero. Se trata de el poroyecto HB 19-1032 que busca imponer desde tercero elemental en las escuelas públicas y autónomas una educación sexual con orientación LGTBQ, basada en la ideología de género (donde cada persona puede supuestamente decidir si se es mujer, hombre o transexual) y donde el aborto se presenta como una opción igualmente válida a la decisión de dar a luz.

Educación sexual sin tapujos. Sacar a los niños y adolescentes de la ignorancia para evitar comportamientos con consecuencias como embarazos no deseados, enfermedades venéreas o el bullying en las escuelas hacia jovencitos que tienen atracción al mismo sexo. Esos son los argumentos que dan los legisladores de Colorado para defender el proyecto de ley.

Sobre el tema El Pueblo Católico consultó a tres expertos en materia de moral (Padre Luis Granados, doctor en teología moral), educación (Elizabeth Walker, psicóloga) y salud (Francisco La Rosa profesor asociado de la Universidad de Colorado).

¿Llena un vacío? 

El doctor La Rosa asegura que permitir que el gobierno introduzca la educación sexual durante los años de formación del cerebro, el cuerpo y el sentido de identidad es “introducir confusión y dudas que pueden llevar a graves problemas psicológicos que incluyen ansiedad, depresión y suicidio”. La psicóloga Welker dice que estas enseñanzas pueden “alentar a una curiosidad, a experimentaciones sexuales poco saludables”. Además, “las imágenes sexuales gráficas pueden ser retenidas de manera indefinida en el cerebro”.

Por ello, sobre el argumento de “llenar el vacío en materia de educación sexual” el padre Granados afirma: “Es mejor no enseñar nada a enseñar cosas negativas. Mejor no dar de comer a dar veneno” y califica este proyecto como una “mala noticia para los niños y los padres porque los niños vendrán a casa con preguntas, muy confundidos y desorientados y los profesores que no estén de acuerdo con esta enseñanza y tengan que objetar, tendrán que ser despedidos porque no pueden enseñar algo que le hace daño al niño”.

Religión ¿Una ideología? 

Uno de los puntos de este proyecto de ley es afirmar que dicha educación sexual debe estar “lejos de toda ideología religiosa”, ante lo cual el padre Granados aclaró que “la enseñanza católica sobre la sexualidad no es una ideología”, más bien esta “nos ayuda a entender la verdad de nuestra persona y la ley natural” e irónicamente esta ley “mete su propia ideología que es tan dañina” la cual hace afirmaciones como “decirle a un chico que él puede ser una chica en cuerpo de niño”.

La doctora Walker por su parte recuerda que la orientación católica sobre la persona humana “está enraizada en la ley natural”. Una ley que dice que el ser humano es “creado hombre o mujer”, y que la contracepción y el aborto “son contrarios a la ley natural”. El doctor La Rosa citó a la psicóloga Mary Bernstein sobre los objetivos culturales del movimiento LGBTQ que incluyen disputar los modelos tradicionales de hombres y mujeres y la prevalencia de la familia nuclear heterosexual: “Por ello pretenden cambiar leyes y políticas, para obtener nuevos derechos, beneficios y protecciones especiales. Lo que está sucediendo en Colorado es, pues, un reflejo de ello”. Frente a este tema, el doctor La Rosa dice que debemos preguntarnos: “¿Dónde está la prueba de que la ideología LGBTQ es correcta y apropiada para un niño en desarrollo? ¿Qué hace que la ideología LGBTQ sea más apropiada que la supuesta ideología de nuestras religiones?”.

Aborto 

Otro de los temas que se discuten en este proyecto de ley es cómo enfrentar un embarazo no deseado. Los profesores deberán decirle a los niños que ante este desafío hay tres opciones igualmente válidas: tener al niño y educarlo, darlo en adopción o abortar. El padre Granados advirtió que “están poniendo a la niña en la situación de que da igual que mate a su hijo o que lo tenga o lo de en adopción”, y dice que en esta materia la enseñanza “dice ser neutral pero lo que está haciendo es promover la cultura de muerte porque, evidentemente si se le presentan las tres opciones como iguales, elegirá el aborto”. La doctora Walker enfatiza sobre el delicado tema del síndrome post aborto: “una especie de muerte espiritual y emocional; hasta un punto post-abortivo para la mujer (y para otras que le ayudaron a facilitarle el aborto) sufren de un profundo luto, arrepentimiento, culpa y sintomatología depresiva y post traumática”. Un trauma que puede llevar a la mujer a tener comportamientos suicidas o auto destructivos. El doctor La Rosa asegura que la mejor manera de reducir los abortos “es educando a los niños para que respeten la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, y practicar la castidad”.

Verdadera educación 

Pero ¿cómo llenar el vacío en educación sexual que tienen tantos niños y adolescentes? El padre Luis Granados propone: “que los padres hablen de sexualidad a sus hijos y que en las parroquias los sacerdotes hablen de sexualidad de forma adecuada”. Y recuerda que hay muchos programas como la Teología del cuerpo, Teen star, que ayudan a los niños y adolescentes a conocer su cuerpo y orienta a los padres para que le hablen de la mejor manera a sus niños. “La sexualidad es buena, ha sido creada por Dios y como padres tenemos esa responsabilidad de decir que Dios nos ha creado varón y mujer. Tenemos que dar gracias a Dios quien da sentido al sexo”.  Pero ¿promover la abstinencia puede resultar atractivo para un joven del siglo XXI? La doctora Walker desde su experiencia comparte: “Cuando a los jóvenes se les presenta con la verdad del plan de Dios sobre la sexualidad y el matrimonio, sus ojos brillan y algo hace clic en sus mentes”. Y esto se da porque “la ley natural está escrita en cada ser humano”. Y cuando enseñan rectamente estas verdades “los puede llevar a conversiones dramáticas”. Ella ha sido testigo de “gente joven que se arrepiente y opta por una nueva manera de vivir; vivir una vida virtuosa y pura trae mucha paz”. El doctor La Rosa puntualiza que los papas Pío XI y Pío XII “nos han instruido muy claramente que la enseñanza tradicional sobre educación sexual no debería ser principalmente una cuestión de discutir temas sexuales explícitos, sino más bien una cuestión de inculcar modestia, pureza, castidad y moralidad”.

El estado toma el control 

Según la doctora Walker, esta ley, al hacer que el Estado tome control de la educación sexual de los hijos y hacerla obligatoria para todos, “violaría la libertad religiosa de los padres, educadores y los niños mismos”. El padre Luis considera que se trata de una “medida totalitaria” que le hace recordar “los comunistas de la Unión Soviética o las medidas socialistas donde el Estado quiere adoctrinar a los niños e imponer a los padres la ideología”.  La doctora Walker indica que “sería muy ingenuo pensar que las escuelas católicas y los niños que reciben educación en casa no se van a ver afectados (con la aplicación del proyecto de ley) en un futuro cercano. Debemos luchar para proteger a todos los niños del estado de Colorado de esta enseñanza agresiva de la ideología de género”.

Por ello, en lugar de imponer una educación que puede generar confusión en los niños y adolescentes, el padre Luis Granados recomienda “enseñarles a vestir con dignidad sin enseñar lo que debe estar oculto”. También dialogar con ellos y preguntarles cuando lleguen de la escuela “¿Qué has aprendido? ¿Qué te han explicado?” Asimsmo, la doctora Walker alienta a los padres a “hablar sobre castidad, pureza y modestia con sus hijos desde una edad muy temprana”.

El proyecto de ley HB 19-1032 hace pues parte de lo que el Papa Francisco llama “colonización ideológica” la cual “usa la necesidad de las personas para tomar una oportunidad de entrar y volverse fuertes con los niños”, según dijo en el vuelo de regreso de Filipinas en enero de 2015 y advirtió que “cuando las condiciones son impuestas por colonizadores imperiales, buscan hacer que las personas pierdan su propia identidad y hagan una uniformidad”.

Próximamente: Por un “Halloween” católico y sin fundamentalismos

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Por el padre Ángel Pérez-López, PhD, STL

El padre Ángel Pérez-López es párroco de St. Cajetan en Denver y es profesor de filosofía y moral en el seminario St. John Vianney. Tiene un doctorado en filosofía y un posgrado en teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Pregunta de nuestra lectora Aimeé L.: “El Pueblo Católico, ¿nos podrían decir qué dice la Iglesia Católica sobre el Halloween? Porque parece que mucha gente tiene malentendidos. Personalmente celebro, siendo católica… pero si estoy mal me gustaría saberlo”.

La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión all hallows eve”, literalmente, “la víspera de todos los santos”. Se trata de una fiesta profundamente católica. Debemos redescubrirla. No caigamos ni en el fundamentalismo que se le opone sin reservas, ni tampoco en la trampa de la comercialización secularizante, que desviste esta fiesta de sus orígenes religiosos y la dota de un significado neopagano.

La cultura celta tenía una fiesta llamada Samhain, literalmente, “fin del verano”. Celebraba el final de las cosechas y el principio del invierno, cuando muchas personas morían a causa del frío. No obstante, Halloween tiene su origen católico hace más de mil trescientos años en la vigilia de la fiesta de todos los santos. Fue instituida por el papa Gregorio III cuando dedicó a todos los santos una capilla en la Basílica de San Pedro en el siglo octavo. Un siglo después, el papa Gregorio IV declaró la fiesta como día de obligación. Además, adoptó la tradición de los católicos germanos y cambió la fecha de mayo a noviembre. Así, la vigilia de esta fiesta pasó al último día de octubre, esto es, a la fecha de nuestro actual Halloween. Ninguno de estos Papas parece haber conocido el Samhain, que dejó de celebrarse antes de que la fiesta de todos los santos fuera instituida, cuando los pueblos célticos se convirtieron al catolicismo.

Coco y el recuerdo de los seres que ya partieron

Ahora bien, ¿es posible que algunos elementos de esta fiesta celta sobrevivan todavía hoy?¡Claro que sí!¡También sobrevivió el árbol de Navidad! Este árbol es una tradición de origen germánico que hemos adoptado en el catolicismo sin que sus paganos orígenes la hagan moralmente mala.

En los Estados Unidos, los puritanos prohibieron y se opusieron a Halloween radicalmente y sin reservas. En cambio, los emigrantes católicos, de origen alemán e irlandés, mantuvieron viva la tradición, pero fusionando algunos elementos de esta fiesta con la de los fieles difuntos. Así, hacían pasteles en Halloween y los niños iban de casa en casa “mendigando” estos pasteles a cambio de ofrecer oraciones por los seres queridos y fallecidos de los benefactores.

Históricamente, la actitud puritana y protestante en contra de Halloween se mezcló con sentimientos anticatólicos en el país. Solo la comercialización de la fiesta consiguió solventar esta tendencia persecutoria. Esta comercialización trajo consigo un fenómeno similar a lo ocurrido con la Navidad. En el caso de Halloween, implicó un olvido de Dios y de los santos como centro de la fiesta. A esta pérdida de sentido religioso, se le une la cantidad de películas de horror que fantasean e intentan dotarla de contenido neopagano, tétrico y ocultista.

Como católicos, no podemos caer en el error de los fundamentalistas y despreciar una tradición netamente católica, simplemente, porque su comercialización la ha vaciado de su verdadero contenido y la ha transformado en una posible ocasión para lo tétrico y oscuro del neopaganismo. No despreciamos la Navidad, sino que luchamos por mantener vivo su verdadero significado. Hagamos lo mismo con Halloween. No es la fiesta del demonio. No hace falta cristianizar, o cambiar de nombre, una fiesta que ya es católica de suyo. Por tanto, se puede celebrar Halloween teniendo presentes sus orígenes y evitando errores como la superstición, la brujería o la glorificación del mal.

Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

La superstición es un exceso y perversión de la religión (véase Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2110) del que tenemos que purificar la fiesta que venimos explicando. Por ejemplo, algunos emigrantes irlandeses dotaron a Halloween de un contenido supersticioso y contrario a la fe al fusionarla con una fiesta que ellos se inventaron: “el día de todos los condenados”. Temían que algo malo les ocurriría si no celebraban también a los condenados y estos se sentían excluidos. Un Halloween católico y sin fundamentalismos no puede caer en un error como este; y, como sabemos, nuestra comunidad hispana no es ajena al problema de la superstición. A veces, también caemos en este error “cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2111).

Un Halloween católico tampoco puede promocionar la brujería. No existe la magia buena y la magia mala. Toda magia atenta contra Dios, entraña una rebelión contra Él y un intento de suplantar su lugar: “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2117).

No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Celebremos Halloween sin olvidarnos de Dios y de los santos. Los padres de los niños son los que tienen que tomar las decisiones concretas de cómo educar a sus hijos atendiendo a las circunstancias de su vecindario. No obstante, siempre y cuando se evite la ocasión de la superstición, la brujería o la glorificación del mal; que un niño se disfrace y pida caramelos, en mi opinión, no conlleva necesariamente, o de suyo, ningún mal moral. No caigamos en la superstición. No atribuyamos importancia mágica a una práctica legítima. Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

 

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