Obispos de Colorado escriben carta a los fieles sobre la Ley de Igualdad (Equality Act)

Arquidiócesis de Denver

1 de marzo del 2021

Carta de los obispos de Colorado a los fieles  

El proyecto de Ley de Igualdad del 2021 (Equality Act of 2021 [H.R. 5]) obligaría a los estadounidenses a aceptar las creencias sobre la sexualidad humana ordenadas por el gobierno, las cuales son contrarias a la enseñanza social de la Iglesia y, por lo tanto, suponen una gran amenaza para la libertad religiosa.

La Iglesia católica enseña que cada persona debe ser tratada con dignidad, respeto y compasión, pues ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. La Ley de Igualdad pretende prohibir una supuesta discriminación basada en la “orientación sexual” y la “identidad de género”. Sin embargo, dicha ley autorizaría más bien la discriminación contra cualquier persona que tenga una creencia distinta sobre la sexualidad humana, de suerte que la obligaría a aceptar las creencias ordenas por el gobierno sobre la orientación sexual y la identidad de género, so pena de castigos penales y económicos.

De promulgarse la Ley de Igualdad, la enseñanza social de la Iglesia católica pasaría a ser ilegal, ya que pasaría a ser discriminatoria, y por consiguiente muchas instituciones y fieles de la Iglesia podrían ser acusados de infringir la ley.

Los partidarios de la Ley de Igualdad comparan esta propuesta con el movimiento en favor de los derechos civiles. Aunque la Ley de los Derechos Civiles de 1964 prohibió la discriminación contra los afroamericanos aprobada por el Estado, la Ley de Igualdad es distinta. Las leyes que abolieron las Leyes Jim Crow y promovieron la igualdad racial, y las leyes que promovieron la igualdad de los sexos (hombre y mujer) no se pueden comparar con las que promueven la orientación sexual y la identidad de género[1]. La raza y el sexo son dos cosas reales. La “orientación sexual” y la “identidad de género”[2], como se entienden en la Ley de Igualdad, son percepciones subjetivas de ciertos individuos y, por lo tanto, no deberían incluirse entre las características de una clase protegida bajo una ley federal de derechos civiles que ampara a las personas contra la discriminación racial o del sexo. A diferencia de la comunidad afroamericana en la época de las Leyes Jim Crow, las personas que forman parte de la comunidad LGBTQ no son tratadas como ciudadanos de segunda clase. Cuando el gobierno obliga a sus ciudadanos a aceptar o facilitar las creencias LGBTQ, de suyo está violando los principios más sagrados de la Primera Enmienda: la libertad de conciencia y la libertad de religión. Esto es precisamente lo que la Ley de Igualdad terminaría por hacer.

Por ejemplo, las agencias de adopción de las Caridades Católicas, basándose en la enseñanza católica y la investigación científica, tienen la certeza de que los niños necesitan tanto de una madre como de un padre. Hay diferencias claras entre ambos sexos que hacen que ser madre y ser padre sea algo distinto. La creencia sincera, basada en la fe y en la ciencia, de que el hombre y la mujer no son seres intercambiables, y de que el padre y la madre son irremplazables, no es un insulto a la orientación sexual[3]. La preferencia de una organización por dar a un niño en adopción a un padre y una madre no implica discriminación, y la ley no debería penalizar a una persona u organización por tomar una decisión basada en una convicción bien fundamentada. Si la Ley de Igualdad fuera promulgada, tanto las Caridades Católicas como otras entidades y organizaciones no lucrativas que tienen las mismas convicciones, se verían obligadas a elegir entre sus convicciones fundamentadas y el servicio a la comunidad, o podrían ser procesados por violar la ley.

La Ley de Igualdad infligiría numerosas penas legales y sociales a los estadounidenses de diferentes creencias. La ley incluso lleva consigo la orden de abortar que viola el derecho más preciado: el derecho a la vida.

De ser promulgada, dicha legislación:

  • Penalizaría a las organizaciones religiosas caritativas, como los refugios y las agencias de cuidado de crianza, y, a la vez, a sus miles de beneficiarios, por el simple hecho de tener creencias distintas sobre el matrimonio y la sexualidad (§§ 3, 6).
  • Obligaría tanto a los individuos como a organizaciones de diferentes ámbitos laborales de la vida cotidiana, entre los que figuran los trabajadores de salud y los asesores profesionales, a apoyar o defender las “transiciones de género”, aun cuando tales medidas estén en conflicto con su criterio profesional (§§ 3, 6, 7).
  • Induciría a los contribuyentes a pagar la realización de abortos y a los trabajadores de salud con objeciones de conciencia a realizarlos y, en última instancia, pondría fin a más vidas humanas (§§ 3, 6, 9).
  • Obligaría a niñas y mujeres a competir contra niños y hombres por oportunidades limitadas en los deportes escolares, y a compartir vestidores y duchas con hombres biológicos que se identifiquen como mujeres (§§ 6, 9).
  • Ampliaría la definición gubernamental de lugares públicos para incluir numerosos ámbitos, lo que coaccionaría a las entidades religiosas a aceptar eventos o actividades contrarios a sus creencias en los espacios que administran, como los salones de las Iglesias y otras instalaciones similares ubicadas en sinagogas o mezquitas; de lo contrario, tendrían que cerrar sus puertas a la comunidad en general.
  • Expulsaría a las personas de sus trabajos o los privaría de sus medios de sustento, solo por sostener que sus creencias sobre el matrimonio y la sexualidad son verdaderas (§ 3).
  • Discriminaría a todo tipo de personas y organizaciones religiosas que tienen distintas creencias, lo que anularía parcialmente la ley bipartidista de restauración de libertad religiosa e implicaría una desviación sin precedentes de dicha ley y de uno de los principios fundacionales de los Estados Unidos (§ 9)[4].

La Ley de Igualdad no promueve la dignidad y la igualdad humanas, sino que divide a nuestro país y autoriza la discriminación en contra de los fieles católicos, las comunidades religiosas y otras personas con creencias diferentes sobre la sexualidad humana y el matrimonio. Es imprescindible que todos los estadounidenses de diferentes orígenes y creencias, en especial los católicos, se comuniquen con sus senadores para votar en contra del proyecto de Ley de Igualdad (Equality Act H.R. 5). El futuro del primer y más sagrado derecho de los Estados Unidos depende de ello.

 

Sinceramente suyo en Cristo,

 

Mons. Samuel J. Aquila

Arzobispo de Denver

 

Mons. Stephen J. Berg

Obispo de Pueblo

 

Mons. Michael J. Sheridan

Obispo de Colorado Springs

 

Mons. Jorge Rodríguez

Obispo Auxiliar de Denver

[1] Anderson, R. T. (2019). When harry Became Sally: Responding to the Transgender Moment. New York: Encounter Books.

[2] Empleamos estos términos de acuerdo con su significado en el documento “2021 Equality Act H.R. 5”. Para más información sobre la enseñanza de la Iglesia Católica acerca de la ideología de género, léase el documento “Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo”, Congregación para la Doctrina de la Fe, 31 de mayo del 2004.

[3] Ibíd., Anderson (2019).

[4] Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (24 de febrero del 2021). Letter to Congress on the Equality Act.

Https://www.usccb.org/resources/Letter_to_Congress_on_Equality_Act_Feb_23_2021.

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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