Pentecostés: ¿Qué es y cómo podemos celebrarlo en nuestra vida diaria?

Rocio Madera

Cincuenta días después de la Pascua la Iglesia celebra la Solemnidad de Pentecostés, día en que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y que se considera el comienzo de la Iglesia.

Para entender su significado más a fondo El Pueblo Católico habló con el padre Carlos Bello, párroco de la iglesia St. Joseph en Denver.

EPC: ¿Qué es Pentecostés?

Padre Carlos Bello: Pentecostés se celebra 50 días después de la Resurrección. Pero también estos 50 días tienen una gran importancia desde antes del cristianismo, porque Pentecostés era una fiesta en la que el pueblo judío celebraba la recepción de las tablas de la Ley a los 50 días de salir de la esclavitud de Egipto; este es el Pentecostés del Antiguo Testamento (que se celebraba 50 días después de la Pascua judía). Luego en el Nuevo Testamento el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles 50 días después de la Resurrección, tal como Jesús lo había prometido, y eso es lo que nosotros celebramos en Pentecostés, que también sucedió 50 días después de la Pascua, de la Resurrección.

EPC: ¿Qué representa Pentecostés en el Nuevo Testamento?

PCB: Es importante entender que Pentecostés en el Nuevo Testamento marca el comienzo de la Iglesia. Vemos cómo la Resurrección de Jesucristo no fue suficiente para que los apóstoles continuaran con la misión. Incluso dice que Jesucristo que antes de la Ascensión les dio muchos signos para que creyeran, sin embargo, ellos dudaron. Entonces necesitaban esta nueva fuerza; el Espíritu Santo les iba a recordar todo lo que Jesucristo había dicho, e iban a interpretar también todas las acciones, todos los milagros que Cristo había hecho. Por lo tanto es el comienzo de la Iglesia, es cuando empieza la evangelización.

Los apóstoles estaban allí con las puertas cerradas, con mucho miedo. Pero una vez que reciben el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, no tienen miedo nunca más. El hecho de que descienden lenguas de fuego también es un signo importante. Después de recibir el Espíritu Santo empiezan a hablar en lenguas diferentes, lenguas que los paganos empiezan a entender, lo que marca una explosión en la misión de la Iglesia hacia todo el mundo; no solamente para los judíos, sino para todo el que creyera en la palabra de Dios.

EPC: ¿Qué representa esta fiesta el día de hoy?

PCB: Hoy especialmente el Espíritu Santo es el que mantiene unida a la Iglesia, la construye y la renueva. Es importante, especialmente después del Concilio Vaticano II. La Iglesia fue renovada de una forma muy especial y también se dieron diferentes carismas [gracias del Espíritu Santo] a la Iglesia y el nacimiento y surgimiento de nuevos movimientos y carismas para continuar con la evangelización. Entonces es lo que representa para nosotros hoy el Espíritu Santo: renueva la Iglesia y suscita nuevos carismas a los hombres.

EPC: ¿Cómo podemos vivir la llegada del Espíritu Santo en nuestra vida diaria?

PCB: Entrando y participando en estos nuevos carismas. Los apóstoles estaban encerrados con miedo, pero después salieron; pues es importante para nosotros empezar a salir de nuestras vidas y empezar a ser parte de estos carismas que ha dado la Iglesia de una forma concreta para experimentar más la renovación de la Iglesia.

Por ejemplo, nosotros también como sacerdotes estamos llamados a salir y dar testimonio como los apóstoles, a no tener miedo. Así como el Espíritu Santo fue dado a una comunidad de apóstoles, también se nos dará a nosotros; no de forma individual, sino también como comunidad, como carisma, como movimiento.

También es importante recalcar que los movimientos que han surgido después del Concilio Vaticano II… han sido regalos para la Iglesia, para que nosotros, al participar en ellos, podamos ser renovados en el Espíritu. Necesitamos ser renovados también a través de la predicación de la palabra de Dios que suscita la fe y despierta ese Espíritu Santo que hemos recibido en el bautismo.

EPC: ¿Qué son los dones del Espíritu Santo y cómo se reciben?

PCB: Los dones del Espíritu Santo se reciben en la Iglesia y es la Iglesia la que confirma las gracias recibidas. La mayoría tenemos en mente los siete dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, piedad, fortaleza, temor de Dios.

Todos son dones que nos ayudan a llevar una vida cristiana, nos dan el discernimiento: ¿cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué me conviene individualmente y como Iglesia, como comunidad? Nos señalan un poco el camino: qué es lo mejor, qué es lo que nos va realmente a dar una felicidad plena. Para esto son los dones del Espíritu Santo, para que sigamos esa voluntad de Dios y tengamos una felicidad plena, una felicidad que únicamente Dios nos puede dar.

Los dones del Espíritu Santo se necesitan diariamente, para encontrar respuestas a preguntas como “¿qué trabajo me conviene?”, “¿a qué vocación me está llamando Dios?” Si dejamos que el Espíritu Santo nos guíe en cosas pequeñas, mucho más lo hará en las cosas grandes de nuestra vida. Todo para buscar la voluntad de Dios y tener una vida plena, una vida llena de alegría, de gozo; para eso necesitamos el Espíritu Santo.

EPC: ¿Le gustaría agregar alguna otra cosa, especialmente en estos tiempos de incertidumbre?

PCB: Hoy más que nunca necesitamos este Espírito Santo. Como con los apóstoles, el Espíritu Santo entra como un viento y hace vibrar las puertas del lugar donde estamos como un temblor. Eso también es una invitación a la gente. A veces la manifestación de Dios es fuerte porque mueve los cimientos de nuestra vida. Esta pandemia del coronavirus ha sido una cosa grande que a todos nos ha movido de alguna u otra forma y es importante verlo con fe; no se puede ver simplemente con la razón, sino entender por qué Dios permite una situación así.

Hay personas que han perdido seres queridos, hay otros que están luchando por su vida, y Dios permite estas cosas que nos mueve los cimientos de nuestra vida, pero no para destruirnos, sino para recrearnos, para que estemos abiertos a la fe, que es el don del Espíritu Santo. Dios quiere hacer algo nuevo. Una vez que veamos esto con fe, lo entenderemos mejor. No tengas miedo, necesitamos tener fe hoy más que nunca.

Próximamente: El asombro del Adviento y la Navidad

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada El asombro de la Navidad”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

La espera de la Navidad es uno de los recuerdos más preciados para muchos de nosotros, y con razón: ¿quién no recuerda las bellas tradiciones que se celebraban en este tiempo cuando éramos niños?

Un autor decía que en nuestra vida hay “tres momentos de encanto” en la Navidad.

El primero es cuando somos niños. Muchos de nosotros quizá́ podemos recordar con ilusión el gran sentido de asombro que había en todo lo que se hacía: los cantos, las posadas, la celebración, el nacimiento, el niñito Jesús… Era algo casi místico que dejaba una huella en el corazón y nos abría a un misterio hermoso.

El segundo momento de encanto es cuando crecemos y podemos crear la misma experiencia para nuestros hijos. Al intentar recrear la realidad que nosotros vivimos en nuestra niñez, descubrimos el gran número de detalles y actos de amor que conlleva hacer algo hermoso y memorable. Pero, además, es un momento en el que los papás vuelven a ser como “niños”, al recordar y experimentar de nuevo el entusiasmo y la alegría de lo que se avecina. No es fácil hacerlo, pues requiere de sacrificios, pero en realidad es esencial que un adulto vuelva a ser como niño, que de nuevo sea capaz de asombrarse ante el misterio del nacimiento de Cristo.

El tercer momento es cuando pasamos a ser abuelos y observamos a nuestros hijos suscitar el asombro navideño en nuestros nietos. Para un abuelo, los nietos son una de las alegrías más grandes. Ahora que sus hijos cargan con la mayor parte del peso de la celebración, los abuelos pueden volver a ser como niños, aunque ahora experimentando el asombro y la alegría a través de sus nietos.

En realidad, la Navidad se trata de volver a ser como niños, de permitir que Dios nos llene de asombro y alegría con las bendiciones simples de nuestra vida. El corazón y la mente de un niño son capaces de alegrarse y apreciar las cosas pequeñas. Al final, ellos nos recuerdan que debemos ser como niños para poder ser verdaderos discípulos de Cristo.

La Navidad es entonces una oportunidad para dejarnos asombrar por Cristo y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo.

Por eso es importante recuperar el sentido cristiano profundo de muchas de las tradiciones propias del Adviento y la Navidad, para así transmitir a nuestros hijos la fe y el asombro que debe suscitar en nosotros el plan maravilloso de Dios.

Si los papás no creamos una cultura de encuentro con Dios en nuestro hogar, ¿quién lo hará? Son precisamente las prácticas palpables que nos abren al misterio de Cristo y las que hacen posible que un niño se enamore de Dios y que un adulto renueve su amor por él.

Descubramos, pues, el sentido cristiano de las prácticas navideñas y asegurémonos de que nuestros hijos lo conozcan.

Lee todos los artículos de la edición “El asombro de la Navidad”de la revista de El Pueblo Católico haciendo clic en la imagen.