Tras la carta de Viganò, el Arzobispo Aquila apoya el llamado que hace el comité de la USCCB para una investigación independiente sobre los casos de abuso

Arzobispo Samuel J. Aquila

El Arzobispo Aquila emitió la siguiente carta expresando su apoyo al presidente de la USCCB el cardenal Daniel DiNardo y el llamado del Comité Ejecutivo para que se realice una investigación independiente en respuesta al testimonio del arzobispo Carlo Maria Viganò sobre el caso de abuso del cardenal McCarrick.

 

Queridos hermanos en Cristo,

Muchos de ustedes saben que el fin de semana pasado el exrepresentante papal en los Estados Unidos, arzobispo Carlo Maria Viganò, emitió un testimonio que presenta serias acusaciones sobre el caso de abuso del arzobispo McCarrick.

En mis interacciones con el arzobispo Viganò, he encontrado que es un hombre de profunda fe e integridad. Me uno al cardenal DiNardo y al Comité Ejecutivo de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para que la Santa Sede realice una investigación exhaustiva que incluya otorgar autoridad a una comisión laica para examinar las muchas preguntas que rodean al arzobispo McCarrick, como quién estuvo involucrado encubriendo su comportamiento gravemente inmoral o no actuó para detenerlo.

Como dijo el Cardenal DiNardo el 27 de agosto: «Las preguntas planteadas merecen respuestas que sean concluyentes y basadas en pruebas. Sin esas respuestas, los hombres inocentes pueden ser contaminados por acusaciones falsas y los culpables pueden quedar impunes para repetir los pecados del pasado».

Si bien la ira justa, la profunda frustración y la profunda tristeza son comprensibles y mi corazón se entristece por las víctimas de abuso, así como por ustedes que deben sufrir esta prueba, todos debemos mantener “los ojos fijos en Jesús que inicia y lleva a la perfección la fe”. ¡Él es nuestra fortaleza! ¡Él es la verdad que nos hará libres!

Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros: “¿A quién vas a servir?”, ¿Será el Señor, o los falsos dioses de hoy en día como el poder, el carrerismo, el afán por los títulos, la promiscuidad sexual y tantos otros? ¡Mientras estamos en el mundo, no somos del mundo y estamos llamados a ser solo de Cristo, profundizando nuestra cercanía con Él en la vida sacramental de la Iglesia!

El llamado a la santidad es real y posible, como Jesús nos dice: “¡Para Dios todo es posible!” Sin embargo, cuando dejamos que los caminos del mundo nos formen en lugar del Evangelio y de Jesús, cuando ponemos más confianza en el mundo que en Jesús, terminamos donde estamos hoy. Si bien, esta no es la primera vez en la historia que Iglesia se ha visto sacudida por la falta de fe y la inmoralidad entre su clero, como enseña la historia, ¡solo un fuerte retorno a Jesucristo y sus caminos sanará la horrenda brecha pecaminosa que ha sucedido!

La lectura del Evangelio de Juan 6 del domingo pasado nos presenta la pregunta desafiante de Jesús después de que Él hubiera enseñado sobre su presencia real en la Eucaristía. Él le preguntó a Pedro y a los otros discípulos: “¿También ustedes quieren marcharse?” Pedro respondió con su gran declaración de fe que llega al centro del asunto: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

Debemos orar por una fe profunda en Jesucristo, que crezca y se profundice cada día. ¡Debemos vivir nuestras vidas en intimidad con Jesús, el Santo de Dios! Es Jesús quien nos verá a través de este tiempo de prueba y purificación, que nos ayudará a vivir las Bienaventuranzas y ser fieles a los mandamientos.

Sepan, mis hermanos, que están en mis oraciones. Sepan que les estoy profundamente agradecido por su fidelidad. ¡Oro para que sus corazones y el corazón de cada discípulo se conformen cada vez más con corazón de Cristo!

 

Atentamente en Cristo,

Arzobispo Aquila

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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