Tras la carta de Viganò, el Arzobispo Aquila apoya el llamado que hace el comité de la USCCB para una investigación independiente sobre los casos de abuso

Arzobispo Aquila

El Arzobispo Aquila emitió la siguiente carta expresando su apoyo al presidente de la USCCB el cardenal Daniel DiNardo y el llamado del Comité Ejecutivo para que se realice una investigación independiente en respuesta al testimonio del arzobispo Carlo Maria Viganò sobre el caso de abuso del cardenal McCarrick.

 

Queridos hermanos en Cristo,

Muchos de ustedes saben que el fin de semana pasado el exrepresentante papal en los Estados Unidos, arzobispo Carlo Maria Viganò, emitió un testimonio que presenta serias acusaciones sobre el caso de abuso del arzobispo McCarrick.

En mis interacciones con el arzobispo Viganò, he encontrado que es un hombre de profunda fe e integridad. Me uno al cardenal DiNardo y al Comité Ejecutivo de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para que la Santa Sede realice una investigación exhaustiva que incluya otorgar autoridad a una comisión laica para examinar las muchas preguntas que rodean al arzobispo McCarrick, como quién estuvo involucrado encubriendo su comportamiento gravemente inmoral o no actuó para detenerlo.

Como dijo el Cardenal DiNardo el 27 de agosto: «Las preguntas planteadas merecen respuestas que sean concluyentes y basadas en pruebas. Sin esas respuestas, los hombres inocentes pueden ser contaminados por acusaciones falsas y los culpables pueden quedar impunes para repetir los pecados del pasado».

Si bien la ira justa, la profunda frustración y la profunda tristeza son comprensibles y mi corazón se entristece por las víctimas de abuso, así como por ustedes que deben sufrir esta prueba, todos debemos mantener “los ojos fijos en Jesús que inicia y lleva a la perfección la fe”. ¡Él es nuestra fortaleza! ¡Él es la verdad que nos hará libres!

Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros: “¿A quién vas a servir?”, ¿Será el Señor, o los falsos dioses de hoy en día como el poder, el carrerismo, el afán por los títulos, la promiscuidad sexual y tantos otros? ¡Mientras estamos en el mundo, no somos del mundo y estamos llamados a ser solo de Cristo, profundizando nuestra cercanía con Él en la vida sacramental de la Iglesia!

El llamado a la santidad es real y posible, como Jesús nos dice: “¡Para Dios todo es posible!” Sin embargo, cuando dejamos que los caminos del mundo nos formen en lugar del Evangelio y de Jesús, cuando ponemos más confianza en el mundo que en Jesús, terminamos donde estamos hoy. Si bien, esta no es la primera vez en la historia que Iglesia se ha visto sacudida por la falta de fe y la inmoralidad entre su clero, como enseña la historia, ¡solo un fuerte retorno a Jesucristo y sus caminos sanará la horrenda brecha pecaminosa que ha sucedido!

La lectura del Evangelio de Juan 6 del domingo pasado nos presenta la pregunta desafiante de Jesús después de que Él hubiera enseñado sobre su presencia real en la Eucaristía. Él le preguntó a Pedro y a los otros discípulos: “¿También ustedes quieren marcharse?” Pedro respondió con su gran declaración de fe que llega al centro del asunto: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

Debemos orar por una fe profunda en Jesucristo, que crezca y se profundice cada día. ¡Debemos vivir nuestras vidas en intimidad con Jesús, el Santo de Dios! Es Jesús quien nos verá a través de este tiempo de prueba y purificación, que nos ayudará a vivir las Bienaventuranzas y ser fieles a los mandamientos.

Sepan, mis hermanos, que están en mis oraciones. Sepan que les estoy profundamente agradecido por su fidelidad. ¡Oro para que sus corazones y el corazón de cada discípulo se conformen cada vez más con corazón de Cristo!

 

Atentamente en Cristo,

Arzobispo Aquila

Próximamente: El amor también se educa

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Por: Javier Fiz Pérez. Aleteia.org

Empezar a hablar con nuestros hijos acerca del amor es algo que podemos hacer desde muy temprana edad. Y es el que amor se manifiesta en la familia desde el momento en el que nuestros hijos llegan a formar parte de ella.

Cando los hijos son pequeños, podemos explicarles el amor, comoese sentimiento de afecto y alegría que sentimos al estar juntos padres e hijos, o esa relación incondicional y llena de mimos y risas que tienen con sus abuelos, por ejemplo. Un abrazo, un beso, decir “te quiero” o “te amo”, o cosas pequeñas, como tener un gesto amable o un detalle hacia nuestros seres queridos, son todas formas en las que nuestros hijos pueden demostrar el amor que sienten hacia su familia.

El amor empieza sabiendo amarse a uno mismo

Una parte sumamente importante al momento de hablar con nuestros hijos sobre este sentimiento, es el hacerlo también, enfocándonos en la sana autoestima. No se puede amar a los demás si no sabemos amarnos a nosotros mismos. De hecho, el gran mandamiento de la vida “ama a los demás como a ti mismo” tiene una sabiduría infinita en su contenido.

La sana autoestima, es algo que se debe cultivar desde pequeños. Al reforzar su autoestima, nuestros hijos se sentirán más seguros y capaces de hacer lo que se propongan, convirtiéndose así, en adultos optimistas, sociables y felices. Los hijos, con el tiempo deben convertirse en adultos preparados para las adversidades que puedan presentarse en sus vidas.

El amor hacia los demás

Además de enseñarles acerca del amor propio, que les ayudará a cuidarse a ellos mismos y ver sus cualidades positivas, también debemos educar a nuestros hijos en el amor hacia otras personas: sus hermanos, sus familiares, sus amigos y compañeros del cole.

A través del amor hacia los demás, podremos enseñarles a ser personas amables, empáticas y respetuosas con los demás, mostrándoles que la felicidad también se consigue a través de la bondad y del hacer el bien a otras personas. Estos valores son la mejor base para una sana educación sexual durante la adolescencia.

Recordemos que gran parte de la enseñanza de vida que podemos dar a nuestros hijos, lo hacemos a través del ejemplo. Ellos nos ven y nos escuchan siempre, por lo tanto es importante que nosotros también trabajemos constantemente en nuestro amor propio y en el amor hacia los demás.

Cuando establecemos la felicidad y el amor como la base de la preparamos mejor a nuestros hijos para su futuro: un niño amado es un niño feliz, y ese niño feliz, crecerá para ser un adulto seguro y optimista, capaz de tener relaciones positivas de amistad y de pareja.