Abogado comparte el historial de abuso sexual por parte del clero en la Arquidiócesis de Denver

Aaron Lambert

El escándalo de abuso sexual revelando por el Gran Jurado de Pennsylvania ha estremecido a la Iglesia hasta su núcleo. Ha dejado a muchos fieles católicos cuestionándose no solo su propia fe, sino también el liderazgo de la Iglesia católica y deja la pregunta de si es que ese escándalo pudiera ocurrir en su diócesis.

En un esfuerzo por ser lo más transparente posible, el arzobispo Samuel J. Aquila lanzó una página web dirigida a los fieles del norte de Colorado referente a la crisis actual y compartió en detalle cómo la Arquidiócesis de Denver ha sido y seguirá siendo diligente en abordar cualquier denuncia de abuso sexual a un menor por parte del clero.

Scott Browning, socio en Lewis Roca Rothgerber Christie LLP, ha representado a la Iglesia católica en varios casos durante 25 años, incluyendo, entre otras a la Arquidiócesis de Denver, Philadelphia, Los Ángeles y St. Louis. En esta franca entrevista, Browning compartió algunos de los detalles del historial de casos que han surgido en Denver a lo largo de los años, cómo se abordaron, y comparte su opinión profesional sobre dónde está la Arquidiócesis de Denver, y la Iglesia católica en general en cuanto a la protección de los niños.

DC: ¿Desde cuándo ha representado a la Iglesia católica, y en qué tipo de casos ha trabajado?

Scott Browning: He representado a la Iglesia desde 1993, por 25 años. Mi trabajo incluye muchos tipos de cuestiones legales, desde temas inmobiliarios y transacciones hasta problemas con la Primera Enmienda. Al comienzo de mi carrera, mi trabajo para la Iglesia fue muy similar a mi trabajo para mis clientes corporativos. En el 2005 eso cambió significativamente y fui llamado para defender en contra del abuso sexual del clero aquí en Colorado.

DC: ¿Qué paso en el 2005?

SB: Hubo dos acusaciones de abuso sexual en Colorado antes del 2005, y ambos casos fueron descartados por la corte rápidamente. Después que salió a la luz el escándalo de Boston y los obispos católicos del país se reunieron en el 2002 y desarrollaron el Estatuto para la Protección de Niños y Jóvenes hubo un gran número de casos registrados en muchas diócesis del país. A finales del 2005, dos firmas de abogados demandantes nacionales presentaron una serie de casos en Colorado, poco después estábamos enfrentando 45 demandas y un número adicional de reclamos sin presentar. Los casos estaban basados en acusaciones contra cinco sacerdotes, todos los cuales ya habían muerto. Los casos de presunto abuso ocurrieron entre la década de 1950 y 1982, y casi todos los presuntos casos de mala conducta se realizaron entre 1960 y 1970.

DC: ¿Como fueron abordados los casos?

La Arquidiócesis se enfocó en las victimas y trabajó por su sanación sin llegar a un litigio, cuando era posible. En un programa único que existió en ese tiempo, la arquidiócesis creó un panel independiente a cargo de considerar todos los casos y ofrecer ayuda a las víctimas, incluyendo dinero para terapia y otras necesidades. El panel estaba compuesto por distinguidos profesionales – un juez retirado, un especialista en rehabilitación y un jefe de policía. Las víctimas, y sus abogados, si querían, podían reunirse con el panel para describir su abuso y el impacto resultante, y el panel sugería una ayuda monetaria para la víctima. Los abogados de la arquidiócesis no participaban en esas reuniones o en las deliberaciones el panel. Este programa se diseñó desde un principio como un ejercicio de cuidado, no como parte de las demandas de los demandantes. Las víctimas también fueron invitadas a reunirse con el arzobispo Charles J. Chaput para un acercamiento pastoral personal.

DC: ¿Qué pasó después del anuncio del Panel?

SB: Pudimos ayudar a docenas de víctimas, y no solo a través de la resolución de sus casos, sino también a través de la demostración de preocupación de la arquidiócesis. En un momento memorable, uno de los abogados de los demandantes me contó cómo el arzobispo se había reunido con las víctimas y sus familiares, las disculpas que pidió y la sinceridad y tristeza que demostró en aquellos días difíciles. Incluso ese abogado encontró que el proceso fue positivo para sus clientes. Fue significativo para mí personalmente ver cómo se manejó este problema, como parte del ministerio de la Iglesia

DC: ¿Se resolvieron todas las demandas?

SB: A través del trabajo del Panel de Difusión y otras mediaciones privadas, todas las demandas y reclamos se resolvieron en 2010. Cabe señalar que, en una edición del Denver Post en el 2008, se describió el proceso desarrollado por la arquidiócesis como una “manera honorable de abordar el abuso”, y se destacaron los pasos que la arquidiócesis había tomado desde principios de la década de 1990 para minimizar las posibilidades de que ocurran abusos en el futuro.

DC: ¿Qué ha pasado en la arquidiócesis desde entonces?

SB: Desde entonces, hemos tenido algunas denuncias contra sacerdotes y laicos involucrados con la arquidiócesis, pero estas han sido reportadas de inmediato a la policía para que sean manejadas adecuadamente. Debido a esta respuesta, y al trabajo que la Arquidiócesis ha realizado y está realizando para proteger a los niños, realmente no hay base para una demanda de derecho civil. Es imposible erradicar el abuso sexual en la sociedad. Y, en los últimos años, se ha vuelto muy público que el abuso sexual es un problema social. El abuso sexual y el abuso de poder prevalecen en las familias, en las organizaciones que sirven a los jóvenes, en los deportes juveniles, en las escuelas públicas y privadas, en todas las partes de la vida. Es una tristeza profunda y algo que debe abordarse en toda la sociedad. Sé que todas las organizaciones corren el riesgo de que una persona enferma o con problemas intente dañar a los jóvenes, y la responsabilidad de cada organización es estar atentos y, en caso de que ocurra un incidente, reportarlo de inmediato.

DC: ¿Por qué crees que hemos tenido tan pocos casos en los últimos 30 años?

SB: Como comunidad, tuvimos la fortuna de que el arzobispo (ahora Cardenal) J. Francis Stafford dirigiera la arquidiócesis entre 1986 y 1996. Ahora sabemos que este fue un momento muy difícil para los obispos de todo el país, mientras debatían qué hacer con el problema del abuso en la Iglesia. Hemos visto los ejemplos de malas decisiones [tomadas] en los medios de comunicación. El cardenal Stafford está en el extremo opuesto del espectro. Implementó políticas integrales de conducta sexual inapropiada y creó un “equipo de respuesta de conducta” con asesores laicos para abordar los problemas de abuso sexual entre laicos y sacerdotes en la Arquidiócesis. Esto fue una década antes de que ese concepto se convirtiera en el procedimiento normal, después de que la Estatuto fue adoptado por los obispos en los Estados Unidos en 2002. El Cardenal Stafford empleó un enfoque de “tolerancia cero”. Se reunió con la policía y reconoció su cooperación y apertura desde el principio. La Arquidiócesis tuvo credibilidad en cada paso que tomó en este camino. Este buen trabajo continuó con el arzobispo Chaput y ahora continúa con el arzobispo Aquila, que estaba en el equipo del cardenal Stafford en los años 80 y 90. Ha habido un esfuerzo demostrado para proteger a los niños como la misión principal de estos eclesiásticos y su personal.

DC: Usted fue a Pensilvania para ayudar al arzobispo Chaput en 2011, ha trabajado allí regularmente y está familiarizado con el Informe del Gran Jurado de Pensilvania. ¿Puede compartir alguna observación sobre esa situación?

SB: El informe fue una gran tristeza para mí. Esperaba que estuviéramos empezando a dejar atrás este capítulo de la Iglesia. Leer esos detalles, saber que hay víctimas históricas de este problema, es devastador. Es difícil de leer, pero estudiar ese documento es importante para mí, como padre y como profesional.

Mi enfoque como profesional cuando estudio el informe es una urgencia por saber si los niños están en peligro. Mientras hablo con la gente, existe una percepción errónea de que la magnitud del abuso en la Iglesia actual es enorme. Los medios transmiten el titular sensacionalista de 300 sacerdotes abusadores, pero esa no es la situación actual. Es notable que no haya habido acusaciones de sacerdotes basadas en el informe. Esto me dice que el abuso descrito en el informe ocurrió en el pasado, de lo contrario, el Fiscal General de Pensilvania habría acusado inmediatamente a cientos de sacerdotes. Como todos sabemos, eso no sucedió.

A medida que estudiaba el informe, quedó claro que muy pocos de los incidentes de abuso detallados en el informe ocurrieron después de que la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos adoptara la Carta en 2002. Si bien los incidentes en los últimos 16 años no deberían reducirse en lo más mínimo, el abuso es abominable, es importante comprender que la gran mayoría de los casos que se abordaron en el informe ocurrieron hace décadas en los años sesenta, setenta y ochenta. Por ejemplo, el informe hace referencia a una víctima que alega que fue víctima de abuso en la década de 1930, pero reportó el abuso por primera vez en el 2008.

Analicé los cientos de páginas intentado contar y entender cuántos de los casos que involucraban abuso, ocurrieron después de 2002. Los detalles en el informe son a menudo poco precisos, pero es evidente que aproximadamente 20 de los casos son posteriores al 2002. Represento a escuelas privadas, escuelas charter e internados. Una estadística que conozco de ese trabajo es que en Pennsylvania desde 2002 ha habido cientos de maestros de escuelas públicas acusados de irregularidades [malas conductas]. Hubo docenas de maestros acusados solo en 2018. Desde mi punto de vista, la verdadera escala del problema en la Iglesia Católica no se describe con precisión en este momento.

Creo que hay una necesidad práctica de centrarse en lo que debería ser la prioridad más alta: determinar si los niños están en riesgo ahora. El informe no asume esa cuestión. Aunque sea muy difícil decirlo, no podemos asumir que el abuso sexual pueda ser erradicado. He escuchado a los defensores de las víctimas y a trabajadores sociales en esta área explicar que una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres han sufrido agresiones sexuales en su vida. Los abusadores están en todas las partes de nuestras vidas y seguirá habiendo incidentes, pero la clave es que las instituciones adopten una política de tolerancia cero y la apliquen, informen y cooperen con la aplicación de la ley y creen activamente entornos seguros.

No estuve involucrado en este trabajo legal cuando ocurrieron los problemas pasados de la Iglesia, pero puedo decirles por mi trabajo durante las últimas dos décadas que la Iglesia de hoy no es la Iglesia descrita en esos terribles relatos históricos en el informe. La acción de la Iglesia para reparar el pasado debe ser continuar ayudando a las víctimas, y la Iglesia debe trabajar para ser la mejor institución para proteger a los niños. Lo que sé al trabajar en las diócesis en todo el país, con religiosos, con escuelas seculares y muchas organizaciones seculares para jóvenes, es que la Iglesia ahora es un líder en su trabajo de proteger a los niños.

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De Columbine a Cristo

"No solo Dios me sacó de Columbine, sino que también me dirigió a Él"

Escritor Invitado

Por: Mark Haas

Cada día escolar durante casi dos años, Jenica Thornby pasaba su hora de almuerzo en la biblioteca de Columbine High School en Littleton, Colorado. Todos los días, excepto el 20 de abril de 1999.

“Estaba sentada en mi clase de arte cuando de repente sentí la necesidad de dejar la escuela. Recuerdo que pensé: no hay forma de que me convenzan de quedarme”, dijo en diálogo con El Pueblo Católico.

Thornby encontró a su amiga con la que siempre estudiaba y la convenció para que se fuera también. Mientras se alejaban en un auto que su padre le había comprado apenas una semana antes, vieron a cientos de estudiantes salir corriendo de la escuela. La joven siguió manejando pensando que tal vez esto era un simulacro de incendio.

Pero la verdad era otra… en el interior de la escuela, dos estudiantes habían ingresado con armas de fuego, mataban a 12 estudiantes y un maestro, y herían a más de 20 personas antes de suicidarse. En los días siguientes, Thornby se enteró de que muchas de las víctimas estaban en la biblioteca, donde cualquier otro día ella habría estado sentada.

“La única razón por la que no estaba allí era porque tenía la necesidad de irme. Eso fue difícil de comprender, así que me pregunté: “¿Qué me dio ese impulso?, ¿por qué no estaba allí?”

Dos décadas después, Jenica es la hermana Mary Gianna, religiosa de Las Discípulas del Señor Jesucristo. Tomó el nombre de Mary Gianna, por Nuestra Señora de Gracia y por santa Gianna Beretta Molla, la doctora italiana que murió ganando tiempo para su bebé. En el vigésimo aniversario de la masacre de Columbine, compartió su historia.

 

Buscando la realización

La hermana Mary Gianna creció en Texas, después en California y luego en Colorado. Tenía padres amorosos, pero como familia no practicaban ninguna religión.

Después del tiroteo en la escuela, como muchos de sus compañeros de clase, Jenica tuvo dificultades para enfrentarse a lo ocurrido. Junto con las cicatrices emocionales del acoso escolar en su adolescencia y otras inseguridades, dijo que trató desesperadamente de encajar en algún lugar. “Comencé a beber y a ir a fiestas, pensando que, si estaba en una relación, entonces sería feliz”, recordó la religiosa.

Pero casi al final de su tercer año de secundaria, un compañero de clase que al parecer tenía todo a su favor, se suicidó, y la hermana Mary Gianna dijo que en su último año la situación tocó fondo.

“Si él tenía tanto dolor y sufrimiento y se quitó la vida, ¿qué hago con todo mi sufrimiento y mi dolor?”, se preguntó Jenica a sí misma. “Pensé que me quitaría la vida antes de cumplir 18 años”.

Fue ese año que una amiga la invitó a ir a un grupo de jóvenes en la parroquia St. Frances Cabrini, donde la hermana conocería a Kate, la líder de Pastoral Juvenil.

“Recuerdo haber visto algo diferente en (Kate)”, dijo la hermana Mary Gianna. “Ella era tan brillante, tan llena de vida. Podría decir que tenía algo en su vida que faltaba en la mía”. La religiosa dijo que Kate y el grupo de jóvenes le presentaron a un Dios que la amaba y que tenía un plan para su vida.
“Sentía que era una basura para ser tirada, y (Kate) me decía que estaba hecha a imagen y semejanza de Dios, y  ‘si Dios te creó, ¿cómo puedes llamarte basura?'”, recuerda. “Me di cuenta de que Dios tenía un plan, y me encantan las palabras de San Agustín: ‘Mi corazón está inquieto hasta que no descanse en ti’, y entendí que no solo Dios me sacó de Columbine, sino que me guiaba hacia Él”.

 

RCIA, NET y DDSJ

Después de graduarse de la escuela secundaria, con el apoyo de sus padres, Jenica eligió asistir a Franciscan University of Steubenville, donde su primer año pasó por RCIA (Rito de iniciación cristiana de adultos, por sus siglas en ingles) y fue recibida en la Iglesia Católica en la Vigilia Pascual del año 2002.

Después de la universidad, pasó un año con NET (Equipo Nacional de Evangelización por sus siglas en ingles), compartiendo su testimonio con adolescentes de todo el país. Al mismo tiempo, a través de los consejos de los demás, comenzó a considerar la vida religiosa. “Sentí que Dios quería valerse de mí para guiar a otros a Cristo como la líder juvenil me había llevado a Cristo”, dijo la hermana Mary Gianna. “Y descubrí que Dios me estaba llamando para compartir cómo Él había trabajado en mi vida, mi testimonio personal”.

La hermana Mary Gianna recordó cómo le impactaron las palabras que leyó en un libro del padre Benedict Groeschel. “Él escribió: ‘En lugar de preguntarle a Dios por qué sucedió algo, pregúntale, ¿qué quieres que haga?'”.

En el 2010, Jenica ingresó a la vida religiosa como miembro de las Discípulas del Señor Jesucristo, recibió el nombre de Hermana Mary Gianna y pasado 4 de agosto, emitió sus votos perpetuos. Ahora sirve en el centro de retiros The Ark and The Dove (El Arca y la Paloma) en Pittsburgh, Pensilvania donde nació la Renovación Carismática en 1967.

 

 Reacciones en cadena

De pie en el centro del Columbine Memorial en Clement Park, la hermana Mary Gianna se siente atraída por la placa que recuerda a Rachel Joy Scott.

Rachel fue una de las primeras estudiantes que recibió disparos el 20 de abril de 1999, y luego de ser herida, uno de los hombres armados le preguntó si aún creía en Dios, a lo que Rachel respondió: “Sabes que sí”, luego el hombre le disparó en la cabeza.

“Desafortunadamente, los dos muchachos hablaron sobre cómo querían iniciar una reacción en cadena de muerte, violencia y destrucción”, dijo la hermana Mary Gianna. “Sin embargo, Rachel tenía la teoría de que, si una persona pudiera salir de su camino y mostrar compasión y amabilidad, nunca sabríamos qué tan lejos llegaría esta actitud y podría así comenzar su propia reacción en cadena”.

La hermana Mary Gianna dijo que la historia de Rachel se ha convertido en una inspiración para ella, y providencialmente, la familia de Rachel jugó un papel en su propia conversión. El día después del tiroteo ella estaba en la casa de una amiga y la madre de su amiga le compartió a la tía de Rachel cómo se había ido justo antes de que comenzara el tiroteo. La tía de Rachel respondió: “Dios debe tener un plan para tu vida”. Esta fue una de las primeras semillas sembradas en el corazón de Jenica, la que comenzó a crecer, y mientras que ella continuó diciendo “sí” a Dios, la llevó a la vida que tiene hoy.

“Incluso cuando no conocía a Dios ese día en Columbine, Él me sacó de la escuela, me protegió”, dijo la hermana Mary Gianna. “Me amaba tanto que se acercó a mí y me mostró este camino de vida”.

“En medio de la tragedia, Dios puede traer el bien, Dios puede sacar la vida de la muerte. La peor tragedia fue la muerte de Jesús en la Cruz, y eso nos llevó a la salvación. Así, en medio de esta tragedia de Columbine, Dios pudo traer el bien”, concluye la religiosa.

Traducido del original en inglés por Mavi Barraza.