Jóvenes esperan respuestas concretas del sínodo de obispos

Vladimir Mauricio-Perez

(Foto de Catholic News Agency)

Acogido con esperanza por unos y con sospecha por otros, el Sínodo de Obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” que se realiza en Roma del 3 al 28 de octubre, contará con la presencia de obispos y representantes de todo el mundo para abordar la tarea de responder eficazmente a las necesidades de los jóvenes de 16 a 29 años en su camino de fe.

A la luz del evento, líderes jóvenes de la Arquidiócesis de Denver y de Estados Unidos compartieron con el Denver Catholic los retos que ellos han experimentado en sus ministerios y la respuesta que esperan de los obispos en el sínodo.

“Uno de los retos más grandes que tenemos como Iglesia Católica es que nuestros jóvenes están abandonando su fe. Las razones por las que se van son tan simples como el no sentirse bienvenidos en la Iglesia y tan complejas como no creer; la falta de fe, compromiso e interés”, dice Alejandra Bravo, directora en Pastoral Juvenil Hispana de la Arquidiócesis de Denver. “No solo hay una falta de fe en nuestros jóvenes, sino también una falta de atención por parte de nosotros, de la Iglesia, hacia ellos”.

“Creo que el secularismo ha afectado duramente a los jóvenes y millennials más que a otros grupos de edad”, agregó Mary McGeehan, coordinadora de Jóvenes Adultos de la Arquidiócesis de Denver. “La cultura secular recurre tanto a los sentidos que es difícil para muchos jóvenes no ir con la corriente”.

Sin embargo, Mary cree que une de las razonas por las que muchos jóvenes están abandonando la Iglesia tiene que ver con las ideas erróneas que muchos de ellos tienen y con la falta de amistades verdaderas que les ayuden a superarlas.

“Como jóvenes adultos, muchas veces tenemos que abordar estos malentendidos [en nuestros ministerios]”, asegura. “[Los jóvenes] tienen que ver la verdad de la Iglesia y no lo que ellos creen que es”.

Por otra parte, Katie Prejean, predicadora católica de la diócesis de Lake Charles en Luisiana y una de las delegadas del grupo de jóvenes adultos y elegida por la conferencia de obispos de los Estados Unidos (USCCB) para asistir a la Reunión pre-sinodal en marzo del 2018, subrayó el impacto del relativismo y la gran variedad de problemas que acechan a los jóvenes de 16 a 29 años.

“En general, un gran reto es que los jóvenes viven en una cultura que es tan abiertamente relativista que todos dicen que puedes creer en lo que sea”, dice. “Así que muchas veces me encuentro con jóvenes que están atrapados sin saber qué creer”.

Katie también asegura que los jóvenes que están en la preparatoria se encuentran en una etapa peculiar en la que están buscando algo, pero a la vez no quieren que nadie les aconseje, lo que implica un reto único.

La preparación para el sínodo incorporó un documento pre-sinodal que fue presentado al Papa Francisco por 300 jóvenes adultos delegados de distintas partes del mundo que participaron en la Reunión pre-sinodal el 25 de marzo del 2018.

El documento hizo referencia a una variedad de problemas que acechan a los jóvenes de todo el mundo, desde cuestiones sobre el uso de los medios sociales hasta la sexualidad, el género, el rol de la mujer en la Iglesia y la necesidad de acompañamiento y testigos auténticos en la Iglesia, entre otros temas.

“El resultado fue una experiencia valiosa de diálogo y aprendizaje – tan valiosa que creo que la continuación del proceso de escuchar a una amplia variedad de experiencias de jóvenes adultos es importante” escribió Mons. Charles J. Chaput, arzobispo de Filadelfia en un artículo en inglés publicado en First Things.

Seis obispos de los Estado Unidos asistirán al sínodo. Cinco de ellos fueron elegidos por la USCCB: el cardenal Daniel DiNardo, el arzobispo José H. Gomez, el arzobispo Charles J. Chaput, el obispo Frank J. Caggiano y el obispo Robert Barron. Dos más fueron elegidos por el mismo papa: el cardenal Blase Cupich y el Cardenal Joseph Tobin, aunque este último pidió no asistir debido a las necesidades de su diócesis por la crisis actual de la Iglesia.

Una respuesta fiel

La preparación del sínodo sobre los jóvenes no ha sido sin controversia. Algunos ministros dijeron que el documento que selló la reunión de los 300 jóvenes adultos daba paso a enseñanzas erróneas ya que este declaraba que había varios jóvenes que querían que la Iglesia cambiara sus enseñanzas relacionadas a la moral.

Katie, quién formó parte de la Reunión pre-sinodal, considera el documento como “una carta sincera de los jóvenes al papa” que muestra la amplia variedad de preguntas y dificultades que los jóvenes están enfrentando alrededor del mundo.

“La prudencia es obviamente necesaria… Esta no es una oportunidad para cambiar la enseñanza de la Iglesia”, dice la predicadora. “Sin embargo, si nos aproximamos al sínodo con una actitud negativa… no estamos dejando lugar para que salga algo bueno de él”.

Además, la joven líder espera que los obispos toquen el tema de la preparación sacramental como un camino a una relación con Jesús y el acompañamiento de los jóvenes en las etapas más importantes de transición en su vida.

Mary cree que un paso importante es que los obispos “reconozcan la realidad del problema: que se necesita un nuevo método de alcance para llegar a los jóvenes” y que “deben enfocarse en cómo podemos apoyar a los jóvenes en los grandes cambios de su vida, como la búsqueda de un trabajo o el discernimiento vocacional”.

Alejandra espera que el sínodo suscite un plan de acción: “Los jóvenes dijeron lo que pensaban. Ahora conocemos sus necesidades, miedos, dificultades y deseos. ¿Qué podemos hacer para llevarlos a un encuentro con Jesucristo? Un plan de acción que fomente y promueva el amor, la paciencia y el cuidado de nuestros jóvenes; un plan de acción que aliente a nuestros jóvenes a ser líderes, a seguir el ejemplo de María y no tener miedo”.

“El futuro de la fe católica les pertenece a aquellos que la generen con su fidelidad, abnegación, su compromiso de traer nueva vida al mundo y educar a sus hijos en la verdad, y su determinación de caminar el ‘camino estrecho’ de Cristo con alegría”, concluye el arzobispo Chaput en su columna. “Que Dios les otorgue a los padres del sínodo del 2018 la gracia y el valor de llevar a los jóvenes en esa dirección”.

Próximamente: Descubriendo a Dios en todas las cosas

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Por, obispo Robert Barrón.

Sin duda alguna, existe un énfasis dentro de la tradición bíblica de que Dios es radicalmente otro:

“Cierto, tú eres un Dios oculto, el Dios de Israel, salvador” (Isaías 45:15) y “Pero mi rostro no podrás verlo, porque nadie puede verme y segur con vida (Éxodo 33:20)”.  Esto habla sobre el hecho de que el que creó el universo entero de la nada, no puede ser él mismo, un elemento dentro del universo, uno junto a los demás.

Pero al mismo tiempo, las Escrituras también atestiguan la omnipresencia de Dios: “Se propaga decidida de uno al otro confín y gobierna todo con acierto (Sabiduría 8:1) y “¿A dónde iré lejos de tu espíritu, a donde podré huir de tu presencia? Si subo hasta el cielo, allí estas tú, si me acuesto en el Seol, allí estas.  Si me remonto con las alas de la aurora, si me instalo en los confines del mar, también allí tu mano me conduce, también allí me alcanza tu diestra (Salmo 139: 7-12).

Esto habla del hecho de que Dios sostiene el universo en existencia de un momento a otro, de la misma manera que un cantante sostiene una canción.

Quizás lo que es la característica definitoria de la espiritualidad asociada con San Ignacio de Loyola- “encontrar a Dios en todas las cosas”- fluye de este segundo gran énfasis bíblico.  A pesar de su trascendencia, Dios no debe considerarse distante en ningún sentido convención de termino, ciertamente no en la forma deísta.  Más bien, como lo enseñó Tomás de Aquino, Dios está en todas las cosas “por esencia, presencia y poder”. Y ten en cuneta que, dado que Dios está dotado de intelecto, voluntad y libertad, nunca esta tontamente presente, sino siempre personal e intencionalmente presente ofreciéndonos algo de si mismo.  Por lo tanto, la búsqueda de Dios puede comenzar aquí, ahora mismo, con lo que este a la mano.

Una de las preguntas en el antiguo Catecismo de Baltimore era “¿Dónde está Dios?”.  La respuesta correcta fue “en todas partes”.  Una vez que la verdad se hunde, nuestras vidas cambian irrevocablemente cada persona, cada evento, cada pena, cada encuentro se convierte en una oportunidad de comunión con Dios.

El maestro espiritual jesuita del sigo XVII, Jean-Pierr de Caussade, expresó la misma idea cuando dijo que todo lo que sucede es directa o indirectamente, la voluntad de Dios. Una vez más, es imposible aceptar la verdad de esta declaración y seguir siendo la misma persona que eras antes.  Este tipo de bendiciones de “todas las cosas” funciona como punto de partida para la espiritualidad de Ignacio.

He tenido a Ignacio mucho en mi mente, ya que estoy en Europa filmando un documental sobre su vida y sus enseñanzas para mi serie, “Pivotal Players”.  En el largo vuelo de Los Ángeles a Roma, tuve la oportunidad de promulgar el principio que acabo de describir.  Desde que era niño, me han encantado los mapas, por lo tanto, cuando me encuentro en un largo viaje en avión paso mucho tiempo en el mapa del vuelo que rastrea la ubicación del avión frente a los puntos de referencia de la tierra.

Había leído y visto algunos videos durante la primera parte del vuelo, y luego me dormí la mayor parte del tiempo que estábamos sobre el Atlántico, pero cuando desperté, comencé a estudiar el mapa con gran interés. Estábamos pasando justo al norte de Irlanda, y pude ver claramente las indicaciones para Dublín, donde nació el padre de mi madre, y para Waterford, donde nació el abuelo de mi padre. Comencé a pensar en estos hombres, ninguno a los cuales conocí, que tenían una fe católica, la cual llegó a mi madre y a mi padre y finalmente a mí, como pura gracia.

A medida que el avión continuaba su viaje a través de la pantalla, Francia apareció en el mapa y vi el gran nombre de “Paris”. De repente, un montón de recuerdos inundaron mi mente: mi habitación simple en la Casa de Redentorista en el boulevard Montparnasse, Notre Dame, donde solía dar recorridos a los visitantes de habla inglesa, el Institut Catholique donde hice mis estudios de doctorado, mis amigos, maestros y colegas parisinos que me acompañaron durante esos tres años, la belleza de Paris en un día lluvioso. Y todo eso, lo sabía, era gracia de Dios, un regalo puro.

Luego vi que nos estábamos acercando a los Alpes, así que abrí la pantalla de la ventana y miré hacia las montanas nevadas que brillaban al sol.

¿Cómo podría no apreciar esta vista que incontables generaciones de seres humanos ni siquiera hubieran imaginado posible como un regalo esplendido?

En pocas palabras, el simple estudio de un mapa de vuelo hacia el final de un tedioso viaje se convirtió en una maravillosa ocasión de gracia.  Me pregunto si encontraríamos ese tipo de experiencias menos insólitas, reflexionaríamos sobre el hecho de que Dios quiere compartir positivamente su vida con nosotros, quiere comunicarse con nosotros. Quizás el problema es que pensamos en Dios de una manera deísta y lo olvidamos en un lugar de trascendencia irrelevante.  Entonces la carga espiritual recae sobre nosotros, encontrar alguna forma de escalar la montaña sagrada o lo suficiente como para impresionar a un exigente señor moral.

¿Qué pasa si aceptamos la noción profundamente bíblica de que Dios siempre nos esta buscando ocupada y apasionadamente, siempre tratando de encontrar formas de honrarnos con su amor? ¿Qué pasa si aceptamos alegremente la verdad de que Dios puede ser encontrado como lo enseñó Ignacio, en todas las cosas?

 

Traducido y adaptado del original en inglés por Rocio Madera.