Cardenal Stafford: “La Eucaristía ha sido el centro de mi vida”

Vladimir Mauricio-Perez

Ante la llegada de su 60 aniversario de ordenación sacerdotal, el cardenal J. Francis Stafford, arzobispo emérito de Denver y quien fue además presidente del Pontificio para los Laicos, reflexiona sobre los orígenes y frutos de su vocación. Celebrará una Misa en acción de gracias con el arzobispo Samuel J. Aquila en la catedral basílica Immaculate Conception el 17 de diciembre de las 10:30 a.m.

DC: ¿Qué aspiraciones tenía de joven y cómo lo llamó Dios al sacerdocio?

Cardenal Stafford: Mi imagen de Dios se comenzó a formar desde muy temprana edad. De los encuentros de mis padres con Jesús en el confesionario, impresiones concretas se convirtieron en imágenes. Esas imágenes me hablaban de la santidad y belleza de Dios. Ahí entendí que Dios era grande y compasivo.

Sin embargo, la realidad se complicó con los años. La brutalidad del siglo XX… influyó en mi manera de ver el mundo. Estaba desconcertado por el horror de aquella época… Unos años después también descubrí el gozo de San Agustín de reflexionar sobre la belleza del Creador del mundo en sus Confesiones… Comprendí que el amor de Cristo transforma nuestra fealdad en la belleza de Dios.

Ambos, la belleza de Dios y el rozo de lo maligno han coexistido en mi fe y experiencia. La invitación de Jesús, “Los obreros son pocos”, resonó en mi interior. El hecho de que la vocación sacerdotal está volcada de lleno en el “ministerio de la reconciliación” se convirtió en la estrella que guiaría mi vida.

DC: ¿Qué prácticas le han ayudado a mantenerse fiel a su vocación durante estos 60 años?

Cardenal Stafford: Cada mañana al despertar, recito el versículo del Salmo 51: “Señor, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza”. Lo repito tres veces. Desde ese momento, la gracia de Dios conduce mi día por la senda correcta. Se convierte en una alabanza para Dios. Con práctica, esta acción adquiere impulso día tras día. Pone en el centro el misterio más bello de la fe cristiana: El Dios Trino. El amor y la belleza de la Santísima Trinidad iluminan todo el día, aún cuando Dios perece más distante que cercano.

El salmista ha sido un gran catequista para mí. Me ha enseñado que los seres humanos son naturalmente doxológicos (seres de alabanza), especialmente en la Noche Oscura – no solo como individuos, sino dentro de una comunidad… La oración de alabanza me ha llevado a apreciar porqué San Agustín escribió, “La meta de toda la atención y progreso cristiano es un piadoso y sobrio entendimiento de la Trinidad”.

DC: ¿Cuáles han sido algunos de los desafíos e hitos de su sacerdocio?

Cardenal Stafford: Los desafíos: Los cristianos europeos y norteamericanos están luchando contra el gran problema de la secularización… Generalmente, sus raíces se encuentran en el hecho de que la mayoría de los europeos y norteamericanos se encuentran arrojados al mundo sin un fundamento para vivir. La mayoría sienten como si estuvieran en una caída libre sin entradas o salidas comprensibles. El reto es la manera de confrontar esta realidad sin precedentes.

Los hitos de mi sacerdocio: el visitar a los enfermos confinados en casa. Son los pilares escondidos de cada iglesia local. Más allá de los enfermos, siempre sentí que la respuesta de Colorado a la invitación de celebrar la Jornada Mundial de la Juventud en 1993 en Denver fue la medida más grande. En otras palabras, el evento vino de Dios… [y] Dios estaba encantado con los habitantes de Colorado.

DC: ¿Quiénes han sido sus más grandes modelos y cómo han impactado su vocación?

Cardenal Stafford: Mis padres han sido mis más grandes modelos cristianos. Su amor y amistad fueron mutuos y para toda la vida. Los dos eran mejores amigos. A los 10 años de casados, su vida matrimonial fue duramente probada. Mi madre estuvo gravemente enferma de tuberculosis.

Tuvo que permanecer hospitalizada por largo tiempo y fue sometida a tres cirugías importantes durante un periodo de tres años. En esa etapa, su fe, valor y amor siempre estuvieron presentes. El amor de mi padre por su esposa nunca vaciló durante su hospitalización… Su presencia fue consoladora, tranquila y sencilla. La gracia del sacramento del matrimonio los sostuvo a ambos y fue un testimonio muy grande para mí.

DC: Tomando en cuenta su experiencia sacerdotal, ¿Qué prácticas son esenciales para un sacerdote de la Nueva Evangelización?

Cardenal Stafford: La Eucaristía ha sido el centro de mi vida… A través de los años he aprendido que el celibato sacerdotal tiene que ver con la naturaleza escatológica de la Eucaristía. En el año 390, los obispos del Concilio de Cartago resaltaron esta relación, “Conviene que los santos obispos y sacerdotes de Dios… practiquen la continencia completa, para que puedan obtener, con toda sencillez, lo que le piden a Dios; que lo que enseñaron los apóstoles y ha mantenido la antigüedad misma, lo observemos también nosotros”.

He reflexionado por más de cuatro décadas sobre la transparencia de su declaración. Aún me pregunto por qué los obispos eligieron la frase “con toda sencillez”. Su elección está relacionada al obrar del sacerdote “en la persona de Cristo”. La relación es Eucarística y la Eucaristía es doxológica. Me sorprendió particularmente su afirmación de que el celibato clerical tenía orígenes apostólicos.

Finalmente, un amigo laico me enseñó una de las gracias más grandes de estos 60 años: “La gratitud por el don se muestra sólo cuando dejamos que el don nos haga fecundos”, como dijo Meister Eckhart. Esa es mi oración en la celebración de mi 60 aniversario de ordenación sacerdotal.

 

Próximamente: El seminario de Denver tiene un riguroso proceso de selección y formación de sus sacerdotes

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Debido a los escándalos de abuso sexual ocurridos en Estados Unidos mucha gente se pregunta con qué criterio se admiten a los jóvenes en los seminarios. Por ello ofrecemos este artículo en el que explicamos cómo los seminarios de la Arquidiócesis de Denver evalúan a aquellos jóvenes que vienen con la inquietud sobre la vocación al sacerdocio.

La Arquidiócesis de Denver cuenta con dos seminarios: Saint John Vianney y Redemptoris Mater han liderado durante casi 30 años la investigación diligente de seminaristas y la formación de futuros sacerdotes sanos.

“Nuestra tarea consiste en formar hombres virtuosos con el corazón de Jesús, que mueran a ellos mismos, que estén dispuestos a servir donde estén llamados y que sirvan a los fieles confiados a su cuidado con caridad pastoral”, dijo el arzobispo Samuel Aquila. “El sacerdocio no se trata de uno mismo, sino de servir a Cristo y a la Iglesia, donando la propia vida como Cristo donó su vida por nosotros”, aseguró.

Por su parte el padre Daniel Leonard indicó que “la generación actual de seminaristas es la más estudiada”. Christina Lynch, quien ha trabajado durante 12 años como directora de servicios psicológicos del seminario, asegura que las pautas para examinar candidatos han evolucionado con el tiempo y siguen siendo cada vez más estrictas. “Lo que ocurrió en el pasado nos muestra que si tú no quieres ver algo no lo ves”, dice. “Esto ha cambiado en los seminarios”.

“Creo que la diferencia no es solo el espíritu de transparencia sino que funciona en ambos sentidos”, asegura. “Los hombres sienten que sus formadores están ahí para su mejor interés.

 

 

Selección

El proceso de selección en el seminario comienza en el momento en que los hombres están interesados en seguir el sacerdocio.

Para el St. John Vianney, los candidatos deben tener un encuentro primero con el director de vocaciones, el padre Ryan O´Neill, quien busca conocer la vida personal, espiritual y familiar de cada hombre durante un período de tiempo.

El siguiente paso consiste en llenar una aplicación que consta de aproximadamente 20 páginas, el certificado de no antecedentes penales, una autobiografía, cuatro cartas de referencia y, si se aplica, el certificado de inscripción a la universidad.

De otro lado, para aquellos interesados en ingresar al Redemptoris Mater deben someterse a un doble proceso de admisión que vienen del Camino Neocatecumenal y que “incluye la selección de candidatos en un proceso que consta de cuatro partes, entre ellos, una selección por parte de sacerdotes y laicos antes de que ellos sean recomendados por una admisión al seminario tanto a nivel local como regional y nacional”, dice el padre Tobias Rodriguez-Lasa, rector de este seminario.

“Si estos procesos de selección culminan de manera exitosa y si los candidatos se sienten preparados, ellos son invitados a participar en el retiro vocacional internacional en el que son analizados una cuarta vez”, dice.

Después los candidatos pasan por un el proceso estándar que tiene la Arquidiócesis.

Quienes aspiran ingresar a ambos seminarios deben pasar por un proceso psicológico integral donde se evalúa si tienen la capacidad para ingresar al seminario. La evaluación cubre una variedad de áreas, incluyendo el desarrollo psico-sexual y la historia familiar. Los análisis también detectan si tiene algún tipo de adicción que el candidato pueda tener o si sufre de atracción al mismo sexo.

“Hacemos preguntas muy rigurosas en esta entrevista y luego elaboramos una serie de pruebas como personalidad y pruebas de proyección”, dice la doctora Lynch. “Es una entrevista extremadamente profunda”.

Finalmente el comité de admisiones (que incluye rectores y otros miembros del equipo del seminario) elabora una entrevista al candidato.

Los aspirantes pueden ser rechazados en cualquier momento del proceso de selección. De acuerdo con la doctora Lynch y el padre O’Neill, los problemas comunes que impiden que los hombres sean aceptados son adicciones, tendencias homosexuales profundamente arraigadas o trastornos de personalidad que pueden incluir la inhabilidad para controlar las inclinaciones sexuales poco saludables.

“La Iglesia católica es para todos”, dice el padre O’Neill, “pero el seminario no. El hecho de que un joven quiera ser sacerdote no quiere decir que necesariamente llegará a serlo”.

 

Dentro del seminario

La selección no termina cuando se entra al seminario. “Una vez ellos son admitidos, son evaluados constantemente por un equipo de formación, por supervisores de apostolado y por sus mismos compañeros”, dice el padre Leonard.

Una mayor parte de la vida del seminario es la formación la cual, en el St. John Vianney, tiene cuatro pilares: humano, intelectual, pastoral y espiritual. Además los seminaristas realizan  un año de espiritualidad dedicado a la oración y el discernimiento.

“Es un año en el cual los candidatos están verdaderamente desconectados del mundo para que puedan así sumergirse en las partes más profundas y misteriosas de su corazón”, dice el padre O´Neill.

“El año de oración enseña al candidato cuál es la prioridad en su vida cristiana”, agrega “y permite un honesto discernimiento en el celibato sacerdotal”.

La formación en el seminario Redemptoris Mater de Denver dura alrededor de diez años, los cuales incluyen dos o tres años experiencia misionera. Durante este tiempo los seminaristas son monitoreados por los sacerdotes y laicos en diferentes situaciones fuera del seminario.

“El hecho de que sea un tiempo más largo y exista una variedad de lugares no institucionales la experiencia de los seminaristas le da al equipo de formación más y mejores oportunidades para identificar y actuar sobre cualquier potencial problema que puede aparecer en la evaluación psicológica inicial, durante la formación o los años de estudio o durante la experiencia misionera”, dice el padre Rodríguez-Lasa.

El doctor David Kovacs, psicólogo clínico del seminario St. John Vianney, dijo que el vivir en el seminario hace que sea difícil que permanezcan ocultas aquellas dificultades más profundas que pueda presentar el candidato.

Las evaluaciones son una gran herramienta para ver lo que sucede debajo de la superficie, aquello que la gente no puede ver”, dice el Dr. Kovacs. “Y una vez ellos ingresan ahí hay muchos ojos observando a ese muchacho”.

Los dos seminarios de Denver tienen como formadores a personas que los acompañan y que monitorean su comportamiento, así como evaluaciones rutinarias.

El equipo del St. John Vianney y del Redemptoris Mater continúa así esforzándose por alcanzar la transparencia, el análisis riguroso de los seminarios y, especialmente la excelencia para formar a los sacerdotes de la mejor manera posible – los que están comprometidos a servir al pueblo de Dios y llevarlos a un encuentro con Jesucristo.

 Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa