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jueves, agosto 18, 2022
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Las Antífonas de la “O,” una riqueza de Adviento para la familia

La tradición antigua de los monjes, que consiste en cantar o recitar las Antífonas de la “O” durante la semana previa a la Navidad, es un medio para ayudar a la familias a preparase a recibir a Jesús.

La hermana María-Walburga Schortemeyer de la abadía benedictina de St. Walburga en Colorado, quien observa esta práctica desde pequeña dijo en entrevista con Denver Catholic: “La Iglesia nos da estas antífonas como una herramienta para ayudarnos a entrar en el anhelo por Dios que está por venir”.

Las antífonas se han cantado por siglos durante el rezo de las vísperas, del 17 al 23 de diciembre, en la Liturgia de las Horas. Esta forma de oración con los salmos fue adaptada por los primeros monjes cristianos para santificar el día, rezando constantemente, y ahora es obligatoria también para los sacerdotes y diáconos.

“Aunque no recen la Liturgia de las Horas todos los días, pueden tener una pequeña ceremonia en casa”, dijo la hermana Schortemeyer. “Pueden rezar solemnemente el Magníficat, cantar la antífona del día, encender una vela y tener la imagen de nuestra Santa Madre presente”.

Tales prácticas permiten meditar en los nombres proféticos del Antiguo Testamento dados a Jesús. Estas antífonas están hechas para ayudar a los cristianos a reflexionar sobre quién es verdaderamente el Mesías esperado.

Igualmente “ejercitan” el deseo cristiano por el niño Dios, con la plegaria “Oh ven…”

Dic. 17: Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven muéstranos el camino de la salvación.

Esta antífona, como la última, contiene uno de los nombres fundamentales que se evocan. El versículo nos lleva al principio, a la creación, donde la Palabra ya estaba con Dios y era Dios. Es este Dios, firme y suave, es el que ha de hacerse hombre y enseñarnos.

Dic. 18: O Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.

Esta nos lleva a la tradición de nuestras raíces judías. El líder de la casa de Israel va a nacer. Dios eligió al pueblo de Israel para mostrarle al hombre cómo ser el pueblo de Dios. Ahora se revelará completamente en la persona de Jesús, liberándonos del pecado.

Dic. 19: Oh renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quién los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.

La encarnación de Dios fue un evento histórico. Nace en una familia y genealogía específica. No está más allá de la humanidad, sino que es parte de ella. Y aunque ha nacido en una raza específica, toda la humanidad clamará por él.

Dic. 20: Oh llave de David y cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

David no fue un rey perfecto, era pecador. Aún así, el Mesías vendrá de su casa y tendrá poder sobre la muerte y poder para liberar al pueblo esclavizado por la oscuridad del pecado.

Dic. 21: Oh sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

El Señor que ha de venir traerá esperanza y alegría a aquellos en la oscuridad. Como dice el libro de Malaquías: “Nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá la salvación; y [ustedes] saldrán y saltarán como becerros de la manada” (4,2).

Dic. 22: Oh rey de las naciones y deseado de todos los pueblos, piedra angular de la Iglesia que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

El que hizo al hombre vendrá hacia él como niño. Será el rey de todas las naciones, pues todo corazón humano ya lo anhela, aún sin saberlo. Jesús será la piedra angular en la que la humanidad se unirá: judíos y gentiles.

Dic. 23: Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

Esta antífona abarca algunas de las anteriores. Proclama la identidad de Jesús, “Dios con nosotros” – el Dios que ha acampado entre los hombres, tomando su carne. Este niño es la realización de la revelación de Dios.

Vladimir Mauricio-Pérez
Vladimir Mauricio-Pérez es el editor de El Pueblo Católico y el gerente de comunicaciones y medios de habla hispana de la arquidiócesis de Denver.
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