Cómo celebrar en casa la vigilia del Domingo de Ramos

Por Aleteia

Guía a la Palabra de Dios para quienes no podrán participar en la misa de inicio de la Semana Santa o para quienes quieren prepararse espiritualmente para esa celebración.

Esta celebración de la Palabra de Dios en casa se dirige a quienes no puedan participar en la misa del Domingo de Ramos de la Pasión del Señor en su parroquia a causa de la pandemia o de otros impedimentos.
Asimismo, esta celebración del sábado por la tarde puede convertirse en una excelente preparación familiar para la misa dominical en la parroquia.

Si se ha previsto la participación en la misa dominical en la parroquia, se omitirá la bendición de los ramos. 

Guía a la bendición de los ramos

Ante todo, se han de preparar los ramos para la bendición.

Quienes disponen de jardín:

Pueden utilizarse ramos de cualquier tipo de árbol o arbusto, a condición de que sean verdes y tengan hojas. El color verde de los  ramos es símbolo de la nueva vida que triunfa sobre la muerte. Es posible escoger por orden de preferencia ramos de las siguientes plantas: palmera, olivo, naranjo o limón, boj, tejo, otras especies de hoja perenne como el sauce, forsythia, almendro, o cerezo de japón.

Quienes no pueden disponer de un jardín:

Dos o tres ramas de una planta verde pueden ser suficientes. De lo contrario, será posible dibujar en hojas de papel o cartón un ramo de palmera y lo pintaremos de color verde. Si es suficientemente resistente, lo recortaremos con tijeras. De este modo, cada quien podrá tener en su mano un ramo en el momento de la bendición.Al final de la celebración es posible organizar una pequeña procesión para colocar un ramito (ya sea natural ya sea confeccionado) bendito en cada crucifijo de la casa.

Guía a la lectura de la Pasión según san Marcos

Este pasaje evangélico es particularmente hermoso y conmovedor: deberá leerse de manera pausada, con fuerza, pronunciando cada una de las palabras.

Antes de la celebración podrá decidirse a quién se asignarán los diferentes personajes que participan en la lectura. Los tres personajes están asignados a lo largo de la lectura con estas iniciales:

X = Jesús, C = Cronista, S = Otros personajes.

Si hay solo dos lectores, el lector C leerá también los textos asignados a S

Se recomienda que cada uno de los lectores preparen con antelación la lectura, tratando de hacerla con una entonación en sintonía con la importancia del texto.

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Guía general a la celebración
  • Si se encuentra solo, es preferible leer las lecturas y oraciones de la misa de este domingo (las encontrará aquí) o seguir la misa por televisión, en Aleteia.org o en línea.
  • Esta celebración requiere al menos la participación de dos personas.
  • Puede celebrarse el sábado tras el ocaso (vigilia del domingo) o en la tarde del domingo, pero la mañana del domingo constituye el momento más apropiado.
  • Esta celebración se adapta particularmente a un marco familiar, de amistad o de vecinos. Ahora bien, en el respeto de las medidas del confinamiento, es necesario verificar si está permitido invitar a los vecinos o amigos. En todo caso, durante su celebración, deberán respetarse estrictamente las consignas de seguridad.
  • Se ha de colocar el número de sillas necesario ante un espacio de oración, respetando la distancia de un metro entre cada uno.
  • Debería colocarse una cruz o el crucifijo.
  • Se encenderán una o varias velas, que deberán colocarse en un soporte incombustible (por ejemplo, un plato de porcelana o cristal). Al final de la celebración, se apagarán las velas.
  • No se decorará el espacio de oración con flores. En Pascua, podremos vivir la alegría de volver a colocarlas.
  • Se designa a una persona para dirigir la oración (en orden de prioridad: un diácono, un laico que haya recibido el ministerio del lectorado o acolitado, el padre o la madre de familia).
  • La persona encargada de dirigir la oración establecerá la duración de los momentos de silencio.
  • Se designarán lectores para las lecturas.
  • Se preparará con anticipación una propuesta de oración de los fieles. De todos modos, en esta guía, se ofrece una propuesta. Deberá designarse a una persona para su lectura.
  • Se podrán preparar cantos apropiados.

VIGILIA DEL DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Celebración de la Palabra de Dios

“Yo soy la resurrección y la Vida” ¿Lo crees? 

Nos sentamos.

Quien guía la celebración dice:

Hermanos y hermanas,

En [esta vigilia] [este día] de Domingo de Ramos,
sabemos que cuando nos reunimos en su nombre,
Jesucristo está presente entre nosotros.

Recordamos que, cuando leemos la Escritura como Iglesia,
el mismo Verbo de Dios nos habla.
Su Palabra se convierte entonces en alimento de vida.
Por este motivo, en comunión con toda la Iglesia
nos disponemos a ponernos a la escucha
de esta Palabra que salva.

Pausa

El Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor nos invita
a pasar de la angustia a la esperanza, del miedo al don de un mismo.
Y de este modo avanzaos hacia la verdad de la Pascua.

En estos días de prueba, tomamos conciencia, de manera dolorosa,
de nuestros límites y fragilidad.
Pero no dudemos: lo que Jesús dijo un día a san Pablo
nos lo dice hoy a cada uno de nosotros:
«Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad».

Pausa

Después de un momento de silencio, todos se levantan y se signan diciendo:

En nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Si se ha previsto la participación en la misa del Domingo de Ramos, puede omitir la bendición de los ramos que presentamos a continuación.

BENDICIÓN DE LOS RAMOS

Los presentes agitan los ramos mientras cantan el “Sanctus”. 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de su gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

(O en latín)

Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra gloria tua.
Hosanna in excelsis.
Benedictus qui venit in nomine Domini.
Hosanna in excelsis.

Mientras todos mantienen  los ramos en la mano,
el guía de la oración, con las manos juntas,
pronuncia la oración de bendición: 

Oremos.
Acrecienta, Señor, la fe de los que en ti esperan
y escucha las plegarias de los que a ti acuden;
para que quienes alzamos hoy los ramos
en honor de Cristo victorioso,
permanezcamos en él
dando fruto abundante de buenas obras.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R/. Amén.

EVANGELIO

Permanecemos de pie. El lector lee el evangelio de Ramos.

Evangelio de Jesucristo según san Mateo (21, 1-11)

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá”.

Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: “¿Quién es éste?” Y la gente respondía: “Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”

Al final del Evangelio, aclamamos nuevamente al Señor
cantando la segunda parte del Sanctus:

Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.(Bis)

(O en latín)

Benedictus qui venit in nomine Domini.
Hosanna in excelsis. (Bis)

Tras dejar los ramos en un lugar adecuado, nos sentamos.
Quien guía la celebración, toma la palabra
e invita a todos los presentes a recogerse en oración:

Jesús, en esta celebración de Ramos,
recordamos tu entrada triunfal a Jerusalén,
uniendo el ímpetu de nuestros corazones y el sonido de nuestras voces
para aclamarte con un solo corazón y un solo espíritu con tu Iglesia.

Te aclamamos a ti, que vienes en el nombre del Señor,
Jesús, hermano nuestro y Dios nuestro,
concédenos la gracia de no perder nunca de vista la verdad de la Pascua,
que Tú vas a mostrarnos a lo largo de tu Pasión.

Esta es la verdad de la Pascua:
el triunfo cristiano pasa a través de la cruz,
y de la entrega de la propia vida por amor,
hasta el final.

Pausa

Ahora nos preparamos para abrir nuestros corazones
a la Pasión del Señor en silencio.

Sentados, inclinamos la cabeza y cerramos los ojos
para facilitar el recogimiento. Guardamos cinco minutos de silencio.
Quien guía la oración indica el final de ese momento de silencio.
Al final, invita a los participantes a ponerse de pie y les dice:

Al entrar el Señor en la Ciudad Santa de Jerusalén,
los niños, con palmas y ramos en sus manos,
anunciaron la resurrección.
Cantemos con ellos:
“Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que para dar al género humano un ejemplo de humildad determinaste que nuestro Salvador se encarnara y padeciera la cruz, concédenos que seamos dignos del testimonio de su Pasión y así podamos participar un día de su Resurrección. Por Cristo nuestro Señor,Amén

El encargado de la primera lectura permanece de pie,
mientras todos los demás se sientan.

PRIMERA LECTURA

Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2, 6-11)

Jesucristo, de condición divina,
no consideró esta igualdad con Dios
como algo que debía guardar celosamente:
al contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de servidor
y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano,
se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,
para que al nombre de Jesús,
se doble toda rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre:
«Jesucristo es el Señor».

Palabra de Dios.

R/. Te alabamos Señor.

SALMO 21

A continuación, es posible salmodiar o leer juntos el refrán,
mientras el lector del salmo lee la estrofa.

R/ Dios mío, Dios mío,¿por qué me has abandonado?
Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere».

R/ Dios mío, Dios mío,¿por qué me has abandonado?

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

R/ Dios mío, Dios mío,¿por qué me has abandonado?

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

R/ Dios mío, Dios mío,¿por qué me has abandonado?

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel».

R/ Dios mío, Dios mío,¿por qué me has abandonado? 

EVANGELIO

Todos proclaman:

Gloria y alabanza a ti, Cristo.

El lector sigue diciendo:

Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió
el Nombre-sobre-todo-nombre.

Todos proclaman:

Gloria y alabanza a ti, Cristo.

A continuación se pasa a la lectura del pasaje evangélico de la Pasión de Jesús, según las indicaciones ofrecidas al inicio de esta guía.

Los tres lectores se guían según estas siglas: X/: Jesús, C/: Cronista, S:/ Otros personajes.

Si hay niños pequeños, pueden sentarse. 

C/ Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (14, 12-17, 22-72 ; 15, 1-39)

C/: El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús:
S/: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?».
Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:
X/:«Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: «¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?». El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario».
C/: Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Mientras comían, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
X/:«Tomen, esto es mi Cuerpo».
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo:
X/:«Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberá más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios».
C/: Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. Y Jesús les dijo:
X/: «Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea».
C/: Pedro le dijo:
S/:«Aunque todos se escandalicen, o no me escandalizaré».
C/: Jesús le respondió:
X/: «Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces».
C/: Pero él insistía:
S/: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré».
C/: Y todos decían lo mismo.
Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos:
X/: «Quédense aquí, mientras yo voy a orar».
C:/ Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse.
Entonces les dijo:
X:/ «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando».
C:/ Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía:
X/: «Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
C:/ Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro:
X/: «Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque es espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».
C/: Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo:
X/: «Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar».
C/: Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal:
S/: «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado».
C/: Apenas llegó, se le acercó y le dijo:
S/: «Maestro», y lo besó.
C/: Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron. Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús les dijo:
X/: «Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos. Todos los días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras».
C/: Entonces todos lo abandonaron y huyeron. Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo. Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego.
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban. Algunos declaraban falsamente contra Jesús:
S/: «Nosotros lo hemos oído decir: «Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre»».
C/: Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús:
S/: «¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?».
C/: Él permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente:
X/: «¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?».
C/: Jesús respondió:
X/: «Así, yo lo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo».
C/: Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
S/: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?».
C/: Y todos sentenciaron que merecía la muerte. Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían:
S/:«¡Profetiza!».
C/: Y también los servidores le daban bofetadas. Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo:
S/: «Tú también estabas con Jesús, el Nazareno».
C: Él lo negó, diciendo:
S/: «No sé nada; no entiendo de qué estás hablando».
C/: Luego salió al vestíbulo. La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S/: «Este es uno de ellos».
C/: Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro:
S/: «Seguro que eres uno de ellos, porque tú también eres galileo».
C/: Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando. En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho:
X/: «Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces».
C/: Y se puso a llorar.
En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Este lo interrogó:
S/: «¿Tú eres el rey de los judíos?».
C/: Jesús le respondió:
X/: «Tú lo dices».
C/: Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él. Pilato lo interrogó nuevamente:
S/: «¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!».
C/: Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato. En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo:
S/: «¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?».
C/: Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo:
S/: «¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?».
C/: Ellos gritaron de nuevo:
S/: «¡Crucifícalo!».
C/: Pilato les dijo:
S/: ¿Qué mal ha hecho?
C/: Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S/: ¡Crucifícalo!
C/: Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado. Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo:
S/: «¡Salud, rey de los judíos!».
C/: Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo. Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo». Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. (Y se cumplió la Escritura que dice: «Fue contado entre los malhechores») Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían:
S/: «¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!»
C/: De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí:
S/: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!».
C/: También lo insultaban los que habían sido crucificados con él. Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz:
X/: «Eloi, Eloi, lamá sabactani»,
C/: que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S/: «Está llamando a Elías».
C/: Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo:
S/: «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo».
C/: Entonces Jesús, dando un grito, expiró. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó:
S/: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!».

La lectura del Evangelio concluye sin aclamación. Todos se sientan.
Quien guía la oración, repite lentamente como si se tratara de un eco lejano:

«Verdaderamente este era Hijo de Dios»

Dos minutos de silencio en meditación personal.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Todos permanecen de pie para elevar las intenciones de oración,
que han sido preparadas por los participantes. 

En su ausencia, el lector encargado puede leer estas intenciones,
dejando un momento de silencio al final de cada una.

Oramos al Padre, en este comienzo de la Semana más grande que el mundo ha podido vivir: La entrega del Hijo de Dios que dio su vida para salvar a toda la humanidad.

R./ Por la Pasión de tu hijo, escúchanos. 

Por el Papa, los obispos, los sacerdotes; para que iluminados por el Espíritu de Dios ayuden a todos sus fieles en estos momentos de pandemia a vivir con profundidad esta semana de gracia. Oremos.

R./ Por la Pasión de tu hijo, escúchanos. 

Por todos los que sufren en su cuerpo o en su alma los efectos de la pandemia; para que acercándose a la luz de Cristo, encuentren alivio y salida a su dolor. Oremos.

R./ Por la Pasión de tu hijo, escúchanos. 

Por las naciones que viven en conflicto, en desacuerdos; para que al mirar a Cristo en su Cruz, descubran lo que significa el perdón que lleva a la paz. Oremos.

R./ Por la Pasión de tu hijo, escúchanos. 

Por las familias que no encuentran la paz debido a situaciones de desamor; para que al ver el amor de Cristo entregado, descubran que el amor supone renuncia y entrega. Oremos.

R./ Por la Pasión de tu hijo, escúchanos. 

Por los que estamos aquí reunidos; para que vivamos esta Semana Santa desde la profundidad y la admiración que nacen de contemplar a Cristo con los ojos del alma. Oremos.

R./ Por la Pasión de tu hijo, escúchanos. 

Pueden añadirse otras intenciones.

Padre, infunde en nuestra alma sentimientos de misericordia para recorrer, cada uno, nuestro camino de salvación junto al Señor. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

R./ Amén.

Quien guía la oración introduce el Padrenuestro:

Unidos en el Espíritu y la comunión de la Iglesia,
nos atrevemos a decir como nos enseñó el Señor:

Se reza o canta el Padrenuestro:

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

E inmediatamente todos proclaman:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

El que guía la liturgia sigue diciendo:

Acabamos de unir nuestra voz
a la del Señor Jesús para orar al Padre.
Somos hijos en el Hijo.
En la caridad que nos une los unos a los otros,
renovados por la Palabra de Dios,
podemos intercambiar un gesto de paz,
signo de la comunión
que recibimos del Señor.

Todos intercambian un gesto de paz. Si fuera necesario, siguiendo las indicaciones de las autoridades, este gesto puede hacerse inclinando profundamente la cabeza hacia el otro o, en familia, enviando un beso a distancia con dos dedos en los labios. Si no es posible participar en la misa, es posible realizar la comunión espiritual, siguiendo el ritual facultativo que aquí se propone.
Nos sentamos.

COMUNIÓN ESPIRITUAL

El guía dice:

Dado que no podemos recibir la comunión sacramental,
el Papa Francisco nos invita apremiantemente a realizar la comunión espiritual,
llamada también “comunión de deseo”.

La Iglesia nos recuerda que
“se trata de un ardiente deseo de alimentarse con este Pan celestial,
unido a una fe viva que obra por la caridad,
y que nos hace participantes de los frutos y gracias del Sacramento”.

El valor de nuestra comunión espiritual
depende, por tanto, de nuestra fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía,
como fuente de vida, de amor y de unidad,
así como de nuestro deseo de comulgar, a pesar de las circunstancias.

Con esta disposición de ánimo, les invito ahora a inclinar la frente,
a cerrar los ojos y vivir un momento de recogimiento.

Silencio

En lo más profundo de nuestro corazón,
dejemos crecer el ardiente deseo de unirnos a Jesús,
en la comunión sacramental,
y de hacer que su amor se haga vivo en nuestras vidas,
amando a nuestros hermanos y hermanas como Él nos ha amado.

Permanecemos cinco minutos en silencio en un diálogo de corazón a corazón con Jesucristo.
Podemos cantar un cántico de acción de gracias.
A continuación, nos ponemos de pie.
El guía pronuncia, en nombre de todos, la fórmula de la bendición:

Por intercesión de san N. [patrón de la parroquia],
de todos los santos y santas de Dios,
que el Señor de la perseverancia y la fortaleza
nos ayude a vivir el espíritu de
sacrificio, compasión y amor de Cristo Jesús.

De este modo, en comunión con el Espíritu Santo,
daremos gloria a Dios,
Padre de Nuestro Señor Jesucristo,
por los siglos de los siglos.
Amén.

BENDICIÓN FINAL

Todos se orientan hacia la cruz con las manos juntas
para pedir la Bendición del Señor.

El Señor nos bendiga y proteja,
ilumine su rostro sobre nosotros
y nos conceda su favor. Amén.

Todos hacen la señal de la cruz.
Los padres pueden hacer la señal de la cruz en la frente de sus hijos.
Es posible concluir la celebración elevando un cántico a la Virgen María.

 

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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