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martes, mayo 24, 2022
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El plan secreto de Dios para rescatarnos

Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.
 
En la última edición de la revista de El Pueblo Católico, comenzamos una serie de tres partes sobre nuestra historia como cristianos católicos, la historia de nuestra identidad y de lo que estamos llamados a hacer. Esta edición pascual tratará sobre cómo Dios quiso rescatarnos después de la Caída de Adán y Eva.
Satanás conocía el poder y la gloria de Dios, y sabía que el hombre estaba destinado a ser partícipe de esa gloria, por eso se rebeló. Tras la Caída de Adán y Eva, el diablo, consciente del poder de Dios, aguardó a ver la respuesta del Creador. Esperaba que fuera grandiosa y llamativa. En cambio, Dios lanzó un contraataque secreto: llegó al mundo como un niño humilde e indefenso, nacido en un establo, en la pobreza, con María y José, personas poco conocidas.
Puede parecer exagerado hablar de la vida y muerte de Jesús en términos de una batalla, pero para los antiguos padres de la Iglesia, esto no era nada raro. Hoy solemos ver la muerte de Jesús en la cruz sobre todo como una manifestación del amor del Padre o un acto de redención por nuestros pecados. Y aunque esto es verdadero, en los primeros siglos de la Iglesia, la misión de Jesús solía describirse en el contexto de una declaración de guerra para salvarnos.
San Efrén el sirio lo describió de la siguiente manera:
“Nuestro Señor salió cargando con su cruz, tal como la muerte lo deseaba; pero desde la cruz gritó, llamando a los muertos a la Resurrección, en contra de lo que la muerte deseaba. La muerte pudo matarlo gracias al cuerpo que tenía; pero su mismo cuerpo resultó ser el arma con que triunfó sobre la muerte. La divinidad se ocultó bajo el velo de la humanidad; solo así pudo acercarse a la muerte, y la muerte lo mató, pero él, a su vez, acabó con la muerte. La muerte, en efecto, destruyó la vida natural, pero luego fue destruida por la vida sobrenatural”.
Asimismo, san Máximo el Confesor aseguró:

“Así como el diablo envenenó el árbol del conocimiento y echó a perder nuestra naturaleza con su sabor, así también, al presumir de devorar la carne del Señor, él mismo se corrompe y es completamente destruido por el poder de la divinidad escondida en él”.

Jesús triunfó sobre la muerte, pero ¿qué supone esto para nosotros? ¿Qué significa para nuestra historia? Su victoria significa que hemos sido rescatados del reino de las tinieblas y que es posible entrar en el cielo. Significa que el eterno control que la muerte tenía sobre nosotros se ha roto y que resucitaremos a una nueva vida. Además, significa que podemos, con el poder de su gracia, liberarnos de la esclavitud del pecado.
La victoria de Jesús puede ser algo difícil de comprender, pero las visiones de numerosos santos que experimentaron la angustia interna y el aislamiento absoluto del Infierno nos pueden ayudar a entenderla mejor. Además de estas visiones, la investigación científica moderna sobre las experiencias que muchas personas han tenido al estar a punto de morir ayuda a completar la imagen. Un estudio cita a un hombre que fue severamente golpeado y que recordó: “De repente me vi rodeado por una oscuridad total, flotando solamente en un espacio negro, en medio de la nada…. Pasó lo que pareció una eternidad. Viví completamente en esa miseria. Lo único que podía hacer era pensar y reflexionar” (Distressing Near Death Experiences: The Basics, Missouri Medicine Journal, Nov.-Dec. 2014).
La victoria de Jesús sobre la muerte significa que, en lugar de haber sido abandonado, has sido rescatado. Significa que tú importas, que eres amado, que vales tanto que Jesús murió por ti, y que él te ha dado una misión. Su misión para nosotros consiste en construir el Reino de Dios en la tierra y vencer el dominio del maligno, confiando en el amor, el poder y la gracia que Dios quiere derramar sobre nosotros.
En la próxima edición de El Pueblo Católico, analizaremos con mayor profundidad la respuesta adecuada al amor de Dios y lo que esto requiere de nosotros. Es decir, ¿cómo somos llamados por el Espíritu Santo a construir y extender el Reino de Dios?
Gracias a todos los que leyeron mi mensaje cuaresmal “Nuestro momento apostólico”  y realizaron las tareas propuestas para la Cuaresma. Para ayudarnos a continuar el camino con Jesucristo en estos tiempos desafiantes, lanzaré un recurso digital que todos podrán utilizar para encontrar a Cristo y orar durante la Pascua. Visita archden.org/pascua2021 para que no te lo pierdas.
 
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Arzobispo Samuel J. Aquila
Mons. Samuel J. Aquila es el octavo obispo de Denver y el quinto arzobispo. Su lema es "Haced lo que él les diga" (Jn 2,5).
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