Feligreses de Santa Teresa en Frederick más cerca de tener una nueva iglesia

Aaron Lambert

Carmine DeSantis tenía seis años cuando se construyó la Parroquia de Santa Teresa en Frederick.

No hablaba mucho inglés, ya que había inmigrado recientemente de Italia con su familia. Esto fue en 1936, justo después de que la Segunda Guerra Mundial estallara en Europa. Desde entonces ha permanecido en Frederick y la parroquia de Santa Teresa ha sido una parte fundamental de su vida.

Fundada en 1923, la construcción de la iglesia se completó en 1938, y hoy en día sigue ahí. Sin embargo, con una población cada vez mayor y como la parroquia principal para los residentes de Frederick, Firestone, Dacono y las áreas circundantes, siempre ha existido la necesidad de una iglesia más grande.

Este sueño se hizo realidad el 6 de septiembre, cuando después de casi 10 años, la comunidad de la parroquia de Santa Teresa abrió la construcción de una nueva iglesia. El terreno de nueve acres y medio en la esquina de Bobcat y Bella Rosa Parkway en Frederick fue donado por un residente local de la zona, en el 2009.

“Hemos estado esperando este momento”, dijo a El Pueblo Católico el padre Hernán Florez, pastor de Sta. Teresa durante los últimos 11 años.

Con una población de aproximadamente 13,000, Frederick no es una ciudad grande. Sin embargo, es una comunidad que ha existido durante muchos años, y Santa Teresa tiene raíces profundas en ella. El edificio original fue construido por los mineros del carbón que poblaron el área de Frederick en la década de 1930, compuesto principalmente por inmigrantes italianos.

Carmine DeSantis (en el centro), ha sido parte de la parroquia de Santa Teresa desde 1936. Él dice que la iglesia tiene profundas raíces en la comunidad de Frederick. (Cortesía: Aaron Lambert)

“Han hecho un buen trabajo en la construcción del edificio”, dijo DeSantis. “Por supuesto, cada persona hizo lo que pudo hacer. No había un electricista específico ni nada, pero si alguien podía hacer un trabajo, lo hacía. Tuvimos buenos trabajadores”.

Hoy, DeSantis sigue siendo uno de los miembros fundadores originales de la parroquia, junto con otros dos.

“Nos llaman los ‘tres mosqueteros'”, bromeó DeSantis.

Después de servir en el ejército durante la Guerra de Corea, DeSantis se convirtió en profesor en una escuela local cerca de la iglesia. Enseñó allí durante 32 años, donde entre varios roles, se desempeñó como vigilante de pasillo y enseñó clases de conducir. Él recuerda esos años con cariño.

“Fue maravilloso”, dijo. “Era como una gran familia. Tuvimos suerte”.

Blanca Rodríguez ha sido parte de la parroquia durante 40 años, y enseñó junto a DeSantis en la escuela local parte de ese tiempo. Ella también es una parte integral de los esfuerzos del ministerio hispano de la parroquia. Al igual que en muchas partes de Colorado, la población hispana en Frederick ha crecido rápidamente en los últimos 15 años, y hoy más de la mitad de los feligreses de Santa Teresa son hispanos.

No obstante, la parroquia tiene grupos ministeriales muy activos tanto para los hablantes de inglés como los de español. Además de ofrecer seis misas cada fin de semana, hay estudios bíblicos, dos comunidades del Camino Neocatecumenal, un ministerio carismático, el grupo auxiliar Caballeros de Colón y Damas de la Trinidad, entre otros.

La iglesia actual de Santa Teresa fue vendida a una funeraria con sede en Boulder. Fue construido por los mineros del carbón en la década de 1930.

“Siempre hay personas aquí reuniéndose durante la semana”, dijo el padre Florez.

En mayo, se produjo un incendio dentro de la iglesia que dañó gran parte del interior y convirtió el edificio en un lugar inseguro para celebrar misas. Debido a este incidente, la comunidad se ha estado reuniendo en el salón parroquial y en el gimnasio de la Escuela Thunder Valley.

Sin embargo, eso no los ha frenado. Santa Teresa es una parroquia marcada por su diversidad y actividad. Incluso el padre Tomislav Tomic, vicario parroquial y originario de Bosnia, ha sido bien recibido por la gente de Santa Teresa, que es su primera misión como sacerdote.

“La parroquia ha sido maravillosa, en el modo que me han aceptado”, expresó el padre Tomic.

El edificio original de Santa Teresa fue vendido a una funeraria con sede en Boulder. Pronto, los feligreses tendrán una nueva iglesia para llamar hogar, un día muy esperado para el padre Florez, DeSantis y el resto de la comunidad.

“He visto esta parroquia extenderse”, dijo DeSantis. “Hemos hecho muchas cosas buenas”.

 

Traducido y adaptado del original en inglés por Rocio Madera.

Próximamente: Por un “Halloween” católico y sin fundamentalismos

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Por el padre Ángel Pérez-López, PhD, STL

El padre Ángel Pérez-López es párroco de St. Cajetan en Denver y es profesor de filosofía y moral en el seminario St. John Vianney. Tiene un doctorado en filosofía y un posgrado en teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Pregunta de nuestra lectora Aimeé L.: “El Pueblo Católico, ¿nos podrían decir qué dice la Iglesia Católica sobre el Halloween? Porque parece que mucha gente tiene malentendidos. Personalmente celebro, siendo católica… pero si estoy mal me gustaría saberlo”.

La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión all hallows eve”, literalmente, “la víspera de todos los santos”. Se trata de una fiesta profundamente católica. Debemos redescubrirla. No caigamos ni en el fundamentalismo que se le opone sin reservas, ni tampoco en la trampa de la comercialización secularizante, que desviste esta fiesta de sus orígenes religiosos y la dota de un significado neopagano.

La cultura celta tenía una fiesta llamada Samhain, literalmente, “fin del verano”. Celebraba el final de las cosechas y el principio del invierno, cuando muchas personas morían a causa del frío. No obstante, Halloween tiene su origen católico hace más de mil trescientos años en la vigilia de la fiesta de todos los santos. Fue instituida por el papa Gregorio III cuando dedicó a todos los santos una capilla en la Basílica de San Pedro en el siglo octavo. Un siglo después, el papa Gregorio IV declaró la fiesta como día de obligación. Además, adoptó la tradición de los católicos germanos y cambió la fecha de mayo a noviembre. Así, la vigilia de esta fiesta pasó al último día de octubre, esto es, a la fecha de nuestro actual Halloween. Ninguno de estos Papas parece haber conocido el Samhain, que dejó de celebrarse antes de que la fiesta de todos los santos fuera instituida, cuando los pueblos célticos se convirtieron al catolicismo.

Coco y el recuerdo de los seres que ya partieron

Ahora bien, ¿es posible que algunos elementos de esta fiesta celta sobrevivan todavía hoy?¡Claro que sí!¡También sobrevivió el árbol de Navidad! Este árbol es una tradición de origen germánico que hemos adoptado en el catolicismo sin que sus paganos orígenes la hagan moralmente mala.

En los Estados Unidos, los puritanos prohibieron y se opusieron a Halloween radicalmente y sin reservas. En cambio, los emigrantes católicos, de origen alemán e irlandés, mantuvieron viva la tradición, pero fusionando algunos elementos de esta fiesta con la de los fieles difuntos. Así, hacían pasteles en Halloween y los niños iban de casa en casa “mendigando” estos pasteles a cambio de ofrecer oraciones por los seres queridos y fallecidos de los benefactores.

Históricamente, la actitud puritana y protestante en contra de Halloween se mezcló con sentimientos anticatólicos en el país. Solo la comercialización de la fiesta consiguió solventar esta tendencia persecutoria. Esta comercialización trajo consigo un fenómeno similar a lo ocurrido con la Navidad. En el caso de Halloween, implicó un olvido de Dios y de los santos como centro de la fiesta. A esta pérdida de sentido religioso, se le une la cantidad de películas de horror que fantasean e intentan dotarla de contenido neopagano, tétrico y ocultista.

Como católicos, no podemos caer en el error de los fundamentalistas y despreciar una tradición netamente católica, simplemente, porque su comercialización la ha vaciado de su verdadero contenido y la ha transformado en una posible ocasión para lo tétrico y oscuro del neopaganismo. No despreciamos la Navidad, sino que luchamos por mantener vivo su verdadero significado. Hagamos lo mismo con Halloween. No es la fiesta del demonio. No hace falta cristianizar, o cambiar de nombre, una fiesta que ya es católica de suyo. Por tanto, se puede celebrar Halloween teniendo presentes sus orígenes y evitando errores como la superstición, la brujería o la glorificación del mal.

Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

La superstición es un exceso y perversión de la religión (véase Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2110) del que tenemos que purificar la fiesta que venimos explicando. Por ejemplo, algunos emigrantes irlandeses dotaron a Halloween de un contenido supersticioso y contrario a la fe al fusionarla con una fiesta que ellos se inventaron: “el día de todos los condenados”. Temían que algo malo les ocurriría si no celebraban también a los condenados y estos se sentían excluidos. Un Halloween católico y sin fundamentalismos no puede caer en un error como este; y, como sabemos, nuestra comunidad hispana no es ajena al problema de la superstición. A veces, también caemos en este error “cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2111).

Un Halloween católico tampoco puede promocionar la brujería. No existe la magia buena y la magia mala. Toda magia atenta contra Dios, entraña una rebelión contra Él y un intento de suplantar su lugar: “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2117).

No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Celebremos Halloween sin olvidarnos de Dios y de los santos. Los padres de los niños son los que tienen que tomar las decisiones concretas de cómo educar a sus hijos atendiendo a las circunstancias de su vecindario. No obstante, siempre y cuando se evite la ocasión de la superstición, la brujería o la glorificación del mal; que un niño se disfrace y pida caramelos, en mi opinión, no conlleva necesariamente, o de suyo, ningún mal moral. No caigamos en la superstición. No atribuyamos importancia mágica a una práctica legítima. Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

 

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