“La verdadera discapacidad está en el corazón”, Marcos Chau

Carmen Elena Villa

De niño Marcos Chau vivía amargado, se quejaba, se encerraba en el baño y le daba golpes a las paredes. La razón de sus lamentos era una semi parálisis cerebral con la que nació. Además su hermana gemela Ana María es sordomuda. Él le preguntaba al Señor: “¿por qué a nosotros?”.

“No podía entender ante la sociedad que a veces te marca, te hiere, te pone sobrenombres, se burla y te aparta”, comparte Marcos en diálogo con El Pueblo Católico. “Eso iba marcando mi corazón”.

Marcos Chau es un cantautor nicaragüense, quien hoy reside en Miami, y pertenece a la comunidad Siervos de Cristo Vivo. Estuvo recientemente en Colorado ofreciendo un curso de animadores de alabanza y adoración en la parroquia Our Lady Mother of the Church en Commerce City. Tiene cinco producciones discográficas y una de las canciones más reconocidas es “¡Qué grande amor!”, de su autoría.

Marcos pasó de ser un joven triste a un hombre de fe. Y esto ocurrió el 15 de agosto de 1984, en un retiro al cual decidió ir motivado nada más porque iba a asistir una linda muchacha. Pero allí encontró algo infinitamente más bello: a un Jesús que lo amaba tal y como era, que le había dado lo que él necesitaba para ser feliz y darle gloria. Según cuenta Marcos, en un momento fuerte de oración escuchó a Jesús que le dijo: “Marcos, no me importa cómo tú seas, lo que me importa eres tú”. Esas palabras calaron en su corazón. “Le di gracias (a Dios) porque desde chiquito necesitaba una respuesta ante mis preguntas”, testimonia Marcos.

“Llegué a mi casa, le conté a mi familia. Me puse en frente de un espejo y me dije: ´Marcos, tú eres bello porque no fue el hombre quien te creó, fue Dios´”, recuerda. “Y me abracé a mí mismo, comencé a llorar porque el Señor había comenzado en mí una serie de sanación y me di cuenta además de que la peor incapacidad no es la física. La peor incapacidad del hombre está en el corazón”.

Marcos prosigue diciendo: “Si te maltrataron, si te pisotearon, si te abandonaron, si te dijeron que no valías nada, esto a veces llega al corazón, te marca y te incapacita de poder realizar cosas en la vida”.

Y fue en el mismo retiro, donde se encontró con un Jesús que lo amaba, que vio una guitarra: “Me di cuenta de que el Señor iba a utilizar un medio para servirle y era la música”, la cual ha sido su pasión desde que era niño. “Yo escuchaba a Camilo Sexto, Julio Iglesias y toda esa gente y lo imitaba y me integré a un coro, tocaba un atabal, cantaba y después de eso me vine a los Estados Unidos, me integré a un grupo de una parroquia”, recuerda. Y como no había quién tocara la guitarra, él se animó a hacerlo. “Comencé a tocar para retiros, a hacer un ministerio de música y a entrar en esa aventura de la música, a componer”, cuenta Marcos. “Es lindo este ministerio y cuando uno canta con pasión, esto te sana y te libera”.

Marcos se casó con Emma Rodríguez a quien llama una cubana “muy chula” y con ella tuvo a su hija Faith, de 17 años. Marcos asegura que cuando encuentra a alguien con discapacidad lo aconseja diciéndole: “Para Dios no hay nada imposible”. Y también “no digas que no puedes hacer algo. Eso va a impedir tus sueños. El Señor le dará a cada uno lo que necesita para lograr lo que anhela. No hay peor incapacidad que la que está en el corazón”.

 

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla