En este tiempo de gran tribulación

Escritor Invitado

Por: Padre Héctor Chiapa-Villarreal*

Ahora estamos siendo testigos de lo que es tal vez la mayor crisis moral de nuestro tiempo en la vida de la Iglesia, al ver cómo los medios de comunicación hablan acerca de los graves crímenes del clero. Simple y sencillamente no podemos ignorar esta situación y debemos de responder como verdaderos Cristianos, abrazando la verdad con fe, esperanza y caridad. Muchos de estos hombres son responsables de una conducta abominable que clama al Cielo y Dios ha de responder sin duda alguna. Ninguno de estos pecados se ha de justificar o ignorar. Por otro lado, no nos corresponde a nosotros juzgar y condenar a los hombres responsables de tan horrenda conducta. Ellos son responsables a los ojos de Dios y a Él le han de entregar cuentas de sus vidas. Él conoce sus corazones y Él les ha de pagar de acuerdo a sus hechos. Considerando tan terrible perspectiva, pienso que debemos de pedir al Señor que sea misericordioso con ellos, que les conceda arrepentirse de sus pecados, hacer penitencia y que los libre de la condenación eterna.

Tenemos la opción de enfrentar esta terrible crisis con la mirada de la fe. Si consideramos la vida de Nuestro Señor Jesús, vemos que sus amigos más cercanos lo traicionaron. Judas Iscariote, quien fue ordenado sacerdote y obispo en la Última Cena, entregó a Jesús en manos de sus enemigos por amor al dinero. Pedro, no solamente sacerdote y obispo, sino también el primer Papa, negó al Señor tres veces por miedo a una mujer locuaz. Aún así, Jesús estaba más que dispuesto a perdonarlos a ambos. Judas parece haber rechazado su perdón al haberse quitado la vida. Pedro, por otro lado, simplemente al sentir la mirada misericordiosa de Jesús sobre él, se arrepintió y abrazó su perdón, al experimentar en lo profundo de su corazón el amor infinito e incondicional del Salvador por él, y así, eventualmente permitió el ser crucificado boca abajo por amor al Señor, plenamente abrazando la llamada que había recibido de ser la Roca sobre la cual Cristo habría de fundar su Iglesia.

Nuestra fe no debe estar puesta en el Padre fulano, ni en el Obispo mengano o en el Cardenal perengano. Ni siquiera en el Santo Padre mismo. Nuestra fe está centrada en Jesucristo, el Hijo de Dios Padre y Salvador del Mundo. En Él ponemos toda nuestra confianza. A Él le entregamos nuestras vidas y a Él le ofrecemos todo tiempo y toda la historia.

Dese usted cuenta que cuando el Señor moría en la cruz, Él estaba pensando en estos hombres que lo habían de traicionar hoy y aun así, libremente murió por ellos, y aún más, pensaba en usted y en mí, sabiendo bien que también le habríamos de traicionar con nuestros propios pecados, y sin embargo, Él murió por amor a cada uno de nosotros. San Agustín diría que si usted hubiera sido la única persona en la faz de la tierra, de igual modo Él habría muerto solamente por usted. ¡Tal es el poder de su Amor! Este es el Amor que destruye al pecado y derrota el poder del Maligno.

Necesitamos orar con las intensas emociones que tal vez estamos experimentando ahora como consecuencia de la grave crisis moral en la vida de la Iglesia: enojo o incluso furia, tristeza, desánimo, resentimiento, agresividad y cualquier otra emoción que estemos sintiendo ahora. Para hacerlo así, primero que nada debemos de estar plenamente conscientes de que los sentimientos no son pecados, sin importar la energía negativa que tengan. El pecado siempre implica una decisión, nunca es simplemente un sentimiento. Por tanto, no estoy pecando si me siento enojado, pero sí peco si decido lastimar a alguien a causa de mi enojo. Necesitamos reconocer honestamente todos los sentimientos que tengamos, sin importar lo feos que nos parezcan. Incluso los santos sintieron ira y frustración, tristeza y desánimo.

Después de reconocer nuestros sentimientos, necesitamos sentir aquello que sentimos en presencia de Dios y ofrecérselo todo a Él, para poder tener un diálogo auténtico con el Señor, lo cual está en el corazón de la oración verdadera. Así lo hacemos yendo a Jesús y simplemente diciéndole lo que llevamos en el corazón como haríamos con un amigo cercano: “Señor, me siento muy enojado por lo que estos hombres hicieron” o “Jesús, ¿podrías estar conmigo al sentirme tan desanimado por lo que está pasando ahora en la Iglesia?” o “Señor mío, tengo ganas de romperle la cara a aquellos responsables de estos crímenes”. En todos estas situaciones posibles, estamos reconociendo los fuertes sentimientos que tenemos al momento y los estamos compartiendo con el Señor, confiando en que Él nos escucha con amor y atención y que Él nos ha de responder, ya sea con una experiencia de paz o recordándonos un pasaje de la Escritura o con un renovado sentido de fe, o con una palabra de consuelo o de cualquier otra manera que Él sabe qué necesitamos para poder experimentar su presencia amorosa con nosotros en ese mismo momento.

No hay límite alguno para este tipo de conversación con el Señor. Simplemente necesitamos reconocer cualquier sentimiento que tengamos o cualquier situación por la que estemos pasando y volvernos entonces a Jesús compartiendo con El todo lo que nos pasa. Con confianza entonces esperamos en silencio para que Él nos responda, y ciertamente que Él nos responderá, porque nosotros somos sus hijos y Él nos ama como Nuestro Padre del Cielo, y como Jesús mismo nos dice: “¿Quién entre ustedes, cuando su hijo le pide un pan, le da una piedra, o cuando le pide un pescado le da una víbora? Si ustedes que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre no les dará el Espíritu Santo a aquellos a quienes se lo pidan?”

Debemos recordar que cada vez que en la historia de la Iglesia ha ocurrido un grave escándalo o crisis seria, es entonces cuando el Señor envía sus más grandes santos. Por ejemplo, el origen del cisma del Protestantismo se identifica usualmente con un acto de desafío de parte de Martín Lutero, quien el 10 de Noviembre de 1517 clavó en las puertas de la Iglesia de Todos los Santos en Wittenberg, Alemania sus “95 tesis en contra de la doctrina de las indulgencias”. El cisma Protestante eventualmente sería la causa de que miles de Católicos en Europa abandonaran la Iglesia Católica.

Menos de quince años después, en los primeros días de Diciembre de 1531, la Madre de Dios bajó del Cielo y se apareció durante varios días en el cerro del Tepeyac a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, un índigena converso. Ella le envió al obispo con el mensaje de que ella quería que en ese lugar se construyera una Iglesia donde pudiera manifestar su tremendo amor y compasión por sus hijos. El milagro de Nuestra Señora de Guadalupe sería la causa de la conversión de centenares de miles de personas y eventualmente, resultaría que el número de católicos en las Américas sería de millones de personas.

No es coincidencia que seamos contemporáneos con el Papa San Juan Pablo el Grande, Santa Teresa de Calcuta, San (Padre) Pío de Pietrelcina. Católicos que pasarán a la historia no sólo como los más grandes santos de nuestro tiempo, sino que muy probablemente serán contados entre los santos más grandes de todos los tiempos. Por otro lado, en este mismo momento, hay hombres y mujeres de asombrosa santidad cuyas vidas tal vez nos son desconocidas pero que están transformando a la Iglesia desde dentro, y a su debido tiempo, el Señor nos ha de mostrar quiénes son y cómo es que su santidad fue un bálsamo para sanar las heridas que la Iglesia está sufriendo.

Esta no es una realidad separada de nuestra propia experiencia. A través del Bautismo estamos llamados a la santidad. Este es el significado principal de nuestra vida Cristiana, aspirar a la perfección del amor. El Señor tiene un plan para nuestras vidas, y tiene que ver con la búsqueda constante de una vida de santidad.

Al escribir a los Efesios, San Pablo los animaría a alcanzar la plena estatura en Cristo. Nosotros ciertamente hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, pero la plenitud de tal similitud con Dios solamente es lograda en la medida en que de verdad renunciemos a todo aquello que no pertenece al Señor, recibiendo su perdón especialmente en el sacramento de la Confesión, así como también fomentando nuestra amistad con Cristo, de manera particular a través del sacramento de la Eucaristía. Si Cristo vive dentro de nosotros, lo único necesario es permitirle a Él vivir su propia vida a través de nosotros. Por tanto, alcanzar la plena estatura en Cristo significa permitir que sus propios pensamientos sean los que pensamos, que sus decisiones sean las que nosotros tomemos, que sus palabras aquellas que hablemos y sus propias acciones aquellas que nosotros llevemos a cabo.

Podemos tener una esperanza real y profunda para un futuro brillante para la Iglesia, porque ella no es simplemente una institución humana, sino más bien el Cuerpo Místico de Cristo, y Él ha de sanarla, renovarla y transformarla, no de manera abstracta sino muy concretamente, al permitirle al Hijo de Dios el sanar, renovar y transformar nuestras propias vidas.

Que seamos dóciles a este proceso, para que nuestra propia configuración con el Señor por la santidad pueda resultar en la manifestación de una belleza renovada en la vida de nuestra Madre amada, la Iglesia Católica.

  • Párroco de Saint Therese en Aurora.

Próximamente: Colorado marcha para celebrar la vida 

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Tras una mañana fría de nieve, miles de católicos de la Arquidiócesis de Denver se reunieron el 12 de enero para para participar en la Marcha Para Celebrar la Vida al pie del Capitolio del Estado de Colorado – el primer lugar que permitió la legalización del aborto en los Estados Unidos hace más de 50 años – buscando restablecer el respeto al derecho más fundamental de todos: el derecho a la vida.

Recordando que Colorado fue el primer estado en legalizar el aborto, David Bereit, quien sirvió como maestro de ceremonias del evento y fue cofundador y director general de 40 Days for Life (40 Días por la Vida), motivó a los presentes a continuar luchando para revertir la maldad que había comenzado en el edificio que estaba frente a ellos.

“Aunque en el presente se siguen perdiendo vidas, hemos visto, gracias a las oraciones y esfuerzos de fieles en Denver, y a través de Colorado y del país, que la situación está cambiando en favor de la vida”, dijo el presentador, asegurando que de las 2,200 clínicas de aborto que existían en 1992, menos de 600 siguen en funcionamiento. El 79 por ciento de los centros de aborto han cerrado sus puertas, en parte debido a las acciones y las oraciones por parte de grupos pro-vida.

Miles de católicos salieron a las calles del centro de Denver para celebrar la vida, buscando que se reconozca el respeto por esta desde la concepción hasta la muerte. (Foto de Brandon Young)

“La tasa de abortos sigue disminuyendo… La gran mayoría de [los miembros de nuestro país] se identifican como pro-vida desde Roe v. Wade. Más leyes pro-vida se han aprobado en los últimos tres años que en los 30 años anteriores a eso… Ahora comprendemos que los días de Roe v. Wade están contados. ¡El aborto va a terminar! Nuestro trabajo aún no acaba, y por ello estamos reunidos aquí. Lo que comenzó en este lugar, debe terminar en este lugar”.

La Marcha Para Celebrar la Vida llegó en un tiempo importante en el ámbito político, ya que las elecciones del mes de noviembre vieron la derrota de algunos legisladores de Colorado que apoyaban áreas importantes de la enseñanza moral de la Iglesia respecto a la dignidad de la vida, aseguró el arzobispo de Denver Samuel J. Aquila.

El arzobispo de Denver Samuel J. Aquila incitó a los participantes a mantenerse fieles a la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de la persona humana. (Foto de Brandon Young)

Por ello alentó a los participantes a ser una luz en la oscuridad, defendiendo la dignidad de la vida desde la concepción hasta la muerte en el ámbito público.

“En las pasadas elecciones de medio término algunos legisladores que apoyaban las enseñanzas de la Iglesia en temas claves fallaron en obtener un escaño, lo que hace nuestra labor de mantenernos vigilantes y comprometidos en este día, incluso más importante”, señaló.

Igualmente, el prelado pidió la abolición de la pena de muerte en Colorado, la cual aseguró ser innecesaria; y citando al Papa Francisco, rechazó la idea de que la Iglesia se debe acomodar a estas leyes bajo el lema del progresismo, pues “no es progresivo intentar resolver problemas eliminando vidas humanas”.

El mitin también contó con la presencia de Elizabeth Felix, una estudiante universitaria y líder en la organización Students for Life (Estudiantes por la Vida), quien insistió que ser pro-vida significa ser pro-mujer, pro-hombre y pro-niños; la familia McGarity, quienes hablaron sobre la dignidad de los niños con Síndrome de Down; y Elías Moo, el superintendente de escuelas católicas de la Arquidiócesis de Denver.

Tras compartir el testimonio de su madre que eligió la vida, Elías Moo, el superintendente de esculas católicas de la Arquidiócesis de Denver, aseguró que ser cristiano es ser pro-vida. (Foto de Brandon Young)

En un discurso bilingüe, Elías aseguró que las escuelas católicas de la arquidiócesis enseñan a sus estudiantes a comprender la dignidad de la vida desde la concepción hasta la muerte. Y contó el testimonio de su madre, quien rechazó la propuesta de un médico de abortar a su hermano menor por estar en riesgo de nacer con discapacidades.

La respuesta de su madre al doctor fue: “Yo amo la vida porque yo amo a Jesucristo”.

“Que en cada rincón de esta ciudad y de este estado vean que celebramos y amamos la vida porque amamos a Jesús”, concluyó el superintendente.

Marchando con alegría

Por el segundo año consecutivo, unas jóvenes integrantes del grupo ENDOW (Educando sobre la Naturaleza y Dignidad de las Mujeres) por sus siglas en inglés – un apostolado católico que ayuda a las mujeres formar comunidades para aprender sobre su fe y dignidad – encabezaron la marcha luciendo sus vestidos de quinceañera.

Las jóvenes del grupo ENDOW guiaron el paso de la marcha luciendo sus vestidos de quinceñera para testificar que el apoyo a la vida está ligado al apoyo a la mujer. (Foto de Brandon Young)

“Son las defensoras de la vida. Están justo en esa edad cuando pueden decir: ‘Esto es lo que significa ser mujer, y así es como puedo proteger la vida desde ahora’”, dijo Marcela García López, coordinadora de crecimiento del programa de ENDOW. “Planned Parenthood y otras organizaciones dicen que las minorías necesitan el aborto debido a la pobreza o a los muchos retos que tienen que enfrentar. Pero, de hecho, miren a estas jóvenes. Pueden decir que sí [a la vida] y desafiar eso”.

“Una vida es una vida, sin importar si el embarazo fue planeado o no”, dijo Litzy Morán, una de las quinceañeras que participaron en el evento, y aseguró que, si más jóvenes tuvieran a alguien con quién hablar sobre sus miedos por un embarazo no planeado, más de ellas elegirían la vida.

El toque latino se hizo presente en la marcha por medio de bailables folclóricos, así como de mariachis y matachines. (Foto de Brandon Young)

Conforme la masa de personas caminaba por las calles del centro de Denver al son del mariachi y de los cantos de los seminaristas del Camino Neocatecumenal, y algunos incluso al compás de bailables folclóricos, la mirada atenta de ciertos espectadores daba testimonio a las palabras de Martin Luther King Jr. citadas por el arzobispo de Denver: “Respondiendo con odio al odio multiplica el odio, agregando una oscuridad más profunda a una noche ya falta de estrellas. La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; solo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio; solo el amor puede hacerlo”.