No desperdicies estas “vías de gracia” cuando no puedes recibir la comunión

Vladimir Mauricio-Perez

Un tiempo de esperanza y gratitud: así es como Dios puede estar llamándonos a vivir este tiempo de Cuaresma en el que todos hemos renunciado a más de lo que habíamos planeado. Y esa es una gran noticia ya que, aunque no podamos prepararnos para la Pascua como lo haríamos normalmente, Dios nunca nos daría menos de lo que necesitamos.

Para encontrar esas nuevas oportunidades que Dios nos presenta durante este tiempo en el que no podemos participar de la Eucaristía, hablamos con el padre Daniel Cardó, sacerdote de la parroquia Holy Name, experto en liturgia y profesor en el seminario St. John Vianney de Denver”.

“Creo que este es definitivamente un momento difícil para todos … Creo que en lugar de tratar de juzgar la bondad o conveniencia de esta decisión, o en lugar de luchar con el hecho de que esto está sucediendo, debemos aceptar el hecho de que ha sucedido”, dijo el padre Cardó. “Y como tal, esto realmente se convierte en una oportunidad de fe, confiando en que Dios nos cuidará de maneras que van mucho más allá de lo que sabemos y está bajo nuestro control… la gracia no faltará, sino que vendrá de diferentes maneras”.

Por lo tanto, agregó que este tiempo de preparación para la Pascua sin la misa puede dar mucho fruto si aprovechamos lo que la Iglesia tiene para ofrecernos.

“Creo que un fruto muy específico de esta experiencia debería ser renovar nuestro amor y deseo por la Eucaristía y nuestra apreciación por este don”, dijo el padre Cardó. “Y creo que tenemos que reconocer que cuando algo está disponible con demasiada facilidad, corremos el riesgo de perderle apreciación, reverencia y gratitud.

“Estamos acostumbrados y creemos que tenemos derecho a tenerlo a nuestra disposición. Y a veces, cuando no tenemos algo que queremos o cuando estamos lejos de alguien a quien amamos, la experiencia de extrañar y anhelar a esa persona en realidad puede ayudarnos a renovar nuestro amor”.

Para explicar la obra de Dios en nosotros, incluso en ausencia de comunión, el padre Cardó se refirió a un texto en el Catecismo de la Iglesia Católica: “Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, sin embargo, Él no queda sometido a sus sacramentos.” (CIC 1257)

“Dios, por supuesto, nos da la Eucaristía como la cima de nuestra fe, en la cual recibimos la mayor gracia de las gracias, pero eso no significa que Dios, en una circunstancia como esta, nos abandonará, y eso tampoco significa que no nos dará la gracia que necesitamos”, explicó.

Un ejemplo son las historias que san Juan Pablo II solía contar sobre los muchos fieles que vivían en países comunistas y que tenían que reunirse en secreto sin un sacerdote. Rezaban juntos y recitaban las partes de la misa, pero lloraban cuando se rompía el silencio durante la parte de la consagración. Sin embargo, nunca perdieron su fe. Por el contrario, su fe y su deseo por la Eucaristía crecieron.

Asimismo, el padre Cardó se refirió a la frase de santa Teresa del Niño Jesús cuando estaba muy enferma para recibir la Sagrada Comunión: “Sin duda es una gran gracia recibir los sacramentos. Cuando Dios no lo permite, también es bueno. Todo es gracia”.

Estar consciente de esta realidad puede ayudar a los fieles a establecer prácticas en casa para observar el día del Señor y prepararse para la Pascua, y también para evitar los riesgos presentes durante este tiempo.

“Algunos posibles riesgos son el aislamiento, el egoísmo y ser consumidos por el miedo o la tristeza”, dijo el padre Cardó. “En algunos casos, también podría ser un riesgo quejarse o estar amargado porque no podemos recibir lo que normalmente entendemos como la fuente de nuestra fortaleza. Esa también podría ser una estrategia muy concreta del enemigo y nos llevará a desperdiciar las abundantes gracias que vienen de distintas maneras”.

Prácticas litúrgicas en casa

El padre Cardó explicó que ver la misa en línea es una buena práctica que él mismo está proporcionando a sus feligreses. Sin embargo, agregó que convertirlo en la norma también podría reforzar equivocadamente la idea de que si los fieles no pueden al menos ver la misa, se perderán por completo.

“Creo que [ver la misa en línea] es algo bueno y puede brindar consuelo, pero también creo que eso no lo es todo”, dijo. “No debemos desperdiciar la oportunidad de entrar más profundamente en las riquezas de la Liturgia de la Iglesia, que no se limitan a la Eucaristía. La Eucaristía es el centro, la fuente y la cumbre, pero hay más que no necesariamente apreciamos todo el tiempo.”

De hecho, explicó que la Liturgia de la Iglesia, la acción de la Iglesia a través de la cual damos gloria a Dios y somos santificados, incluye los siete sacramentos, pero no se limita a ellos, ya que también incluye la Liturgia de las Horas y los sacramentales.

“Entonces, hay algunas acciones litúrgicas que todos pueden realizar en casa y, por lo tanto, pueden ser vías fructíferas de gracia. Creo que esta es una buena oportunidad para descubrir eso”, dijo.

La primera práctica recomendada es rezar la Liturgia de las Horas en familia.

La Liturgia de las Horas es una práctica antigua que data a los primeros años del cristianismo, pues tiene un trasfondo judío. Esta oración es una respuesta al mandamiento de Jesús de orar siempre y consiste en la oración de los Salmos a través del día.

Los religiosos y sacerdotes en todo el mundo la rezan todos los días y a los fieles también se les invita a participar de esta oración de la Iglesia.

Una forma fácil de rezar la Liturgia de las horas es a través la aplicación gratuita disponible en español para el teléfono celular: iBreviary (iPhone y Android).

Es un gran recurso para que las familias puedan rezar “Laudes” (la oración de la mañana) o “Completas” (la oración de la noche) los domingos o durante la semana.

Otras prácticas recomendadas por el padre Cardó incluyen meditar en las lecturas dominicales y las oraciones de la misa, realizar un acto de comunión espiritual y recurrir a María rezando el rosario, todo esto sin olvidar la caridad, especialmente hacia los ancianos y las personas que podrían estar solas; aquellos que están a solo una llamada de distancia.

“Cuando piensas en todas estas piezas, creo que podemos ver que son formas maravillosas de santificar nuestros días, pero particularmente los domingos: podemos comenzar con la oración de la mañana, y luego las lecturas, y luego disfrutar de nuestra mañana y almorzar, y quizás reunirnos de nuevo por la tarde para rezar el rosario”, dijo.

“¿Quién sabe? Tal vez no tener misa sea una invitación a no solo ir y marcar que fui a misa, sino a tratar de santificar el día santo de una manera más proactiva e intencional”.

 

Próximamente: Una profesión a puerta cerrada: “Dios me pidió desprenderme de todo”

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Estaba postrada frente al altar con su vestido blanco, pero no en la iglesia que había soñado ni del modo que ella había imaginado. Aun así, después de tantos años de espera e innumerables noches de oscuridad, Lara estaba a punto de realizar el sueño más profundo de su corazón: entregarse a Jesús por toda la eternidad.

Fue así como Lara Montoya hizo su profesión perpetua en la Fraternidad Mariana de la Reconciliación el pasado 31 de mayo, Domingo de Pentecostés: en una humilde capillita en Perú y con pocas hermanas de comunidad presentes debido a las restricciones por la pandemia del coronavirus.

La nueva profesa -que en sus años de formación ejerció varios oficios apostólicos en Denver, incluyendo 10 años como periodista en El Pueblo Católico-, siempre imaginó que se entregaría completamente a Jesús en una bella catedral, ante la presencia de sus familiares, amigos y el obispo local, por ser ese un día tan especial. Sin embargo, Dios tenía otros planes, y la llevó por un camino de desprendimiento que le ayudaría a entregarse completamente a él y experimentar cómo Dios siempre cumple sus promesas.

Lara Montoya, quien del 2005 al 2015 ejerció como periodista en El Pueblo Católico, hizo su profesión perpetua en la Fraternidad Mariana de la Reconciliación el pasado 31 de mayo en Perú. (Foto provista)

El primer desprendimiento con relación a su profesión perpetua llegó a solo tres semanas de esta. “Se me heló el corazón”, afirmó Lara al escuchar que Perú había ordenado el confinamiento por el coronavirus. “Una de las cosas que siempre le pedía era que mis papás estuvieran presentes, y eso significaba que quizá mis papás no podrían venir.”

A los pocos días se anunció el cierre de los aeropuertos, lo que confirmó su temor, y al poco tiempo se le comunicó que tendría que celebrarse con muy poca gente: habría que elegir a solo 20 personas. Así llegó el segundo desprendimiento, pues ella siempre había soñado hacer su profesión rodeada de todos sus seres queridos.

Aunque era doloroso aplazar este evento que había esperado con ansias por tantos años, un rayo de esperanza de poder tener a su familia presente aparecería brevemente cuando le avisaron que su profesión tendría que esperar. No obstante, la situación no mejoraba, lo que al final la llevó a hacer su profesión en la humilde capilla del pueblo donde vive con su comunidad, sin el obispo y sin familiares o amigos. Ese fue el tercer gran desprendimiento que Jesús le pidió antes de su profesión.

Debido a la pandemia del coronavirus, Lara tuvo que hacer su profesión perpetua en la humilde capilla del pueblo donde vive con su comunidad. (Foto provista)

“Cuando esto pasó me quedé solita y dije: ‘Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Por qué has permitido que esto se prolongue tanto? ¿Qué estás haciendo en mi corazón?”

Fue entonces que recordó un sueño que tuvo años atrás cuando contemplaba pedir la profesión perpetua por primera vez. Este sueño profético le ayudaría a ver todo lo acontecido desde la Divina Providencia.

Un sueño con Cristo

“Soñé que escribía mi carta a la superiora para pedir la profesión perpetua, y ella me decía: ‘Sí, pero la harás en tres días’. Y yo decía: ‘¡Qué hago!’ No tenía ni iglesia, ni vestido, ni anillo, nada”, recordó Lara. Entonces tuvo que conseguir a otro sacerdote y hacerla en la pequeña iglesia de su pueblo natal. Por si fuera poco, en su sueño nadie asistió a la ceremonia; después de la profesión no había una sola persona para felicitarla.

“Yo estaba sola en una esquina de una iglesia sencilla y estaba triste. En eso se me acercó el Señor y me preguntó con mucha ternura: ‘Lara, ¿por qué estás tan triste?’ Yo empecé a quejarme: ‘Mira esta iglesia sencilla, no tengo vestido, no hay obispo, no hay nadie; este día es tan horrible…’ Entonces él me miró y me dijo solamente esto que atravesó mi alma hasta el día de hoy: ‘¿Por qué estás haciendo esto, por todas estas cosas o por mí?’”.

Lara aseguró que todos los contratiempos y dificultades que experimentó an su camino hacia la profesión perpetua le mostraron que Dios siempre escucha las súplicas de su pueblo. (Foto provista)

Al despertar, Lara se dio cuenta de que no estaba lista para hacer su profesión perpetua: “Me importaban mucho esas cosas”, aseguró, “y a mí siempre me ha dado mucho miedo no darle un corazón puro a Jesús”. Pero nunca se imaginó que ese sueño de muchas maneras se convertiría en realidad. Sus largos años de espera hasta finalmente poder hacer su profesión perpetua y las largas noches de sufrimiento por enfermedad y muchas otras razones la llevarían por un camino de “desprendimiento tras desprendimiento”, hasta dejarla solo con los más profundo y esencial en el día de su profesión: el deseo de comunión con Jesús.

“El corazón es como una cebolla y conforme vas pelando la cebolla, vas entrando cada vez más a lo que esconde las huellas de divinidad en tu alma. El Señor me obligó a pelar la cebolla,” dijo Lara con una sonrisa. “Así me fui quedando con lo más hondo, y eso quedó al desnudo”.

El gran día

Así se presentó Lara el día de su profesión: con la inmensa alegría de al final hacer su sueño realidad, de unir su corazón al de Cristo, realidad que se manifestó en su deslumbrante sonrisa.

A pesar de haberse realizado en una humilde capilla y sin la presencia de sus familiares, para Lara lo más esencial era entregarse completamente a Jesús. (Foto provista)

“En el día de mi profesión perpetua todo se ha aclarado; la luz del Espíritu Santo me ha permitido leer mi recorrido vocacional con una nueva perspectiva,” aseguró Lara. “Ese día entendí el gran ‘para qué’: ¿para qué tan larga espera que comprendió un largo costo de sufrimiento, no solo por la espera, sino porque en ese tiempo de espera todo se puso a prueba?”

“Y esto es lo que pienso: el gozo que sentí en ese día fue tan, pero tan profundo y enorme que creo que no lo hubiera sentido de ese modo si antes no hubiera saboreado las aristas más amargas de mi vocación”.

Por ello en el discurso después de su profesión pudo decir: “Hoy siento que el Señor ha cumplido todas sus promesas… El Señor cumple tus sueños y hoy a cumplido los míos de una manera muy misteriosa.”

Jesús la llevo de “desprendimiento en desprendimiento” hasta que lo único que quedó fue su verdadero deseo de comunión con Cristo. (Foto provista)

No era un día soleado, como ella había pedido, pero aún así el verdadero sol que es Jesús “ardía” en su pecho. No estaban sus padres, familiares y amigos, pero aún así habían visto la ceremonia “en primera fila”, junto a más de mil personas de diversas partes del mundo que se unieron a la transmisión en vivo, y a las que Lara dirigió unas palabras de agradecimiento, incluyendo a las personas de Denver que recuerda con tanto afecto.

“Señor, cómo deseo ser un libro abierto… un libro que cante tus maravillas, un libro que esté a disposición de los demás”, concluyó Lara, refiriéndose a la historia de su vida. “Que quien desee pueda acercarse a leer tus maravillas y cantarte también himnos de alabanza, porque inmensa es tu misericordia”.

Lara agradeció a todas las personas que han marcado su vida, incluyendo a las personas de Denver, a quienes recuerda con un cariño especial. (Foto provista)

De esta manera, con el anhelo de unirse definitivamente a su Amado después de esta vida, Lara se dio cuenta de que en medio de tantas pruebas Cristo la había transformado para ese día de su profesión, en el que lo más esencial estuvo presente: Jesús mismo y su ardiente deseo de entregarse completamente a él.