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martes, febrero 27, 2024
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Intención del arzobispo para febrero: «Por una conversión más profunda a Cristo durante la Cuaresma»

La intención del arzobispo para febrero es: «Para que, durante la próxima temporada de Cuaresma, las personas puedan experimentar una conversión más profunda a Cristo y a todo lo que Él ha hecho por nosotros».

Ten piedad de mí, oh Dios, en tu bondad, por tu gran compasión, borra mi falta. Que mi alma quede limpia de malicia, purifícame tú de mi pecado. Pues mi falta yo bien la conozco y mi pecado está siempre ante mí; contra ti, contra ti sólo pequé, lo que es malo a tus ojos yo lo hice. Por eso en tu sentencia tú eres justo, no hay reproche en el juicio de tus labios. Tú ves que pecador soy de nacimiento, pecador desde el seno de mi madre. Mas tú quieres rectitud de corazón, y me enseñas en secreto lo que es sabio. Rocíame con agua, y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. Haz que sienta otra vez júbilo y gozo y que bailen los huesos que moliste. Aparta tu semblante de mis faltas, borra en mí todo rastro de malicia. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu. No me rechaces lejos de tu rostro ni me retires tu espíritu santo. Dame tu salvación que regocija, y que un espíritu noble me dé fuerza. Mostraré tu camino a los que pecan, a ti se volverán los descarriados. Líbrame, oh Dios, de la deuda de sangre, Dios de mi salvación, y aclamará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza. Un sacrificio no te gustaría, ni querrás si te ofrezco, un holocausto. Mi espíritu quebrantado a Dios ofreceré, pues no desdeñas a un corazón contrito.” (Salmo 51, 1-19)

Estamos a unos cuantos días de iniciar el tiempo de Cuaresma; el 14 de febrero será Miércoles de Ceniza, donde Dios nos invita a entrar en el tiempo de Cuaresma con una actitud de arrepentimiento. Al recibir la ceniza en nuestra frente, escucharemos la frase ‘arrepiéntete y cree en el Evangelio’; más que una simple fórmula, estas fueron las primeras palabras de Jesús al inicio de su ministerio público.

El Salmo 51 es uno de los salmos de penitencia más rezados en la historia de la Iglesia. La Iglesia lo reza todos los viernes, pero también puede ser nuestra oración diaria durante toda la Cuaresma. En este salmo encontramos una base teológica sólida de lo que Dios quiere que hagamos durante la Cuaresma y por qué.

Dios quiere que reconozcamos sinceramente nuestras faltas ante Él, que confesemos nuestros pecados con un corazón arrepentido y humilde, y que nos reconciliemos con Dios y con nuestros hermanos, en el sacramento de la confesión. En pocas palabras, nos pide una conversión profunda. Siete veces en el Salmo 51 leemos cómo el salmista menciona palabras relacionadas con la purificación: lávame, límpiame, purifícame, blanquéame. Los pecados capitales son siete, y no es casualidad que el salmo mencione siete veces la necesidad de limpieza. Esto nos invita a profundizar en nuestro corazón y aprovechar bien el tiempo de Cuaresma para que Dios pueda transformarnos y convertirnos en hombres y mujeres nuevos. A través de un sincero examen de conciencia reconociendo esos pecados que hemos cometido, el ayuno, la limosna y la oración, obras de misericordia cuaresmales que, si las realizamos con fe, darán frutos de profunda conversión a Dios.

Porque Dios es misericordioso, nos ha enviado a su único Hijo, Jesucristo, para salvarnos y purificarnos en las aguas del bautismo; ahí nos ha dado su Espíritu Santo, y gracias a Él podemos llamar a Dios Padre. Jesucristo nos ha rescatado de la esclavitud del pecado y del castigo eterno mediante su Encarnación, pasión, muerte y resurrección. Por eso, y por mucho más, es necesario experimentar en esta Cuaresma una conversión sincera a Cristo Jesús.

El arzobispo Samuel J. Aquila estará orando durante el mes de febrero para que todos en la arquidiócesis de Denver experimentemos una conversión profunda a Cristo, reconociendo todo lo que Cristo ha hecho por nosotros. Unámonos a esta intención del arzobispo para que el Salmo 51 sea una oración que nos inspire a volver arrepentidos a Dios, para que Dios, con su misericordia, nos purifique de nuestros pecados en el sacramento de la Reconciliación y en las prácticas de la Cuaresma. Así, todos podremos cantar sus alabanzas con un corazón puro, porque Él es misericordioso.

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