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domingo, septiembre 25, 2022
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Respuestas católicas a argumentos a favor del aborto

Por el Dr. Jared Staudt

Con la revocación de Roe vs. Wade ha surgido una ola de publicaciones y noticias con argumentos a favor del aborto. Como católicos es indispensable que sepamos responder o al menos cuestionar el razonamiento fallido que se encuentra en el fondo de muchos de estos. A continuación, presentamos respuestas a varias objeciones populares en contra de la postura provida y algunas ideas sobre cómo responder a ellas. Lo hacemos tomando en cuenta que este tema no puede reducirse al ámbito político o religioso, sino que, al encerrar una cuestión tan vital sobre el ser humano, es accesible a la razón.

1. No sabemos cuándo comienza la vida

El fallo del caso Roe vs. Wade utilizó esta falsa idea para justificar su decisión, a pesar de que es un hecho básico de la biología que un nuevo organismo comienza a existir en el momento de la concepción. Es cierto que antes del siglo XIX se debatía el modo exacto y el momento en que se desarrollaba el ser humano en el vientre. Sin embargo, en 1876 el científico alemán Oscar Hetwig determinó que la naturaleza de la reproducción sexual se daba en la fecundación. Desde entonces no hay debate científico sobre el origen de la vida humana, y todo libro de texto presenta el momento de la fecundación como el origen de esta.

Dicho esto, algunas personas argumentan que, aunque un organismo humano ya existe desde el momento de la concepción, no está lo suficientemente desarrollado para ser considerado una «persona». El problema con esta distinción es que implica que algunos humanos no deberían ser considerados dignos de protección debido a su estado de desarrollo o capacidad. Es una distinción peligrosa que podría utilizarse para discriminar a muchas personas. De hecho, los orígenes del movimiento abortista estuvieron vinculados a la eugenesia racista (es decir, la búsqueda de una raza superior para el futuro de la humanidad a través de la destrucción o extinción de “razas inferiores”). Esto se ve en la influencia de Margaret Sanger, la fundadora de Planned Parenthood, quien escribió: “No queremos que se corra la voz de que queremos eliminar a la población negra” (Carta al Dr. Clarence J. Gamble, 10 de diciembre de 1939).

2. Mi cuerpo mi elección

Este lema asume que el niño concebido es simplemente una parte del cuerpo de la madre. Sin embargo, desde el punto de vista de la biología, sabemos que la vida humana comienza en el momento de la concepción, lo que significa que hay un organismo humano distinto dentro del cuerpo de la madre. Es cierto que este niño no puede sobrevivir sin la madre, pero esto también es una realidad para los niños pequeños y cualquier persona vulnerable. De hecho, no existe tal cosa como un ser humano completamente independiente. Todos existimos en dependencia unos de otros. No podemos matar a otro ser humano en nombre de nuestra autonomía, nuestros derechos o nuestra conveniencia. Es una tragedia que algunas madres vean una vida humana inocente, viva y creciendo dentro de su vientre como una amenaza invasiva para su cuerpo que debe ser eliminada.

3. Deja de imponer tus creencias religiosas

Este argumento asume que la oposición al aborto proviene únicamente de la fe. Es cierto que nuestra fe nos enseña que el asesinato (la muerte intencional de un ser humano inocente) es malo, pero también es un claro precepto de la ley natural (accesible a la razón humana). El aborto es malo por su propia naturaleza, porque viola la dignidad de la persona humana como ser racional. Por eso podemos explicar el mal del aborto sin referencia a la fe, aunque la fe y la razón están de acuerdo en este punto. El Gobierno tiene la obligación de proteger la vida de todos sus ciudadanos para defender el bien común de la comunidad. Cuando el Gobierno no solo permite, sino que también apoya la destrucción de vidas humanas, el estado de derecho se ve perjudicado e incluso se vuelve arbitrario. La razón por sí sola nos dice que todos los seres humanos son dignos de respeto y protección, y que no se debe defender solo los derechos del fuerte ante el débil

4. ¿Qué pasa si la vida e la madre está en peligro?

La Iglesia enseña un principio moral básico: el fin no justifica los medios. Nunca podemos hacer el mal para que resulte el bien o nosotros mismos nos veríamos comprometidos por ese mal. No está permitido matar una vida humana inocente por ningún motivo. Dicho esto, la Iglesia también reconoce la legitimidad de tomar medidas para salvar la vida de la madre, incluso si puede resultar en la muerte del niño por nacer. La muerte prevista pero no intencionada de un bebé no es lo que se elige directamente, pues la elección moral consiste en salvar la vida de la madre; este principio se conoce como el principio de doble efecto. Proceder de esta manera no se considera un aborto, porque no se mata al bebé (no hay ningún procedimiento que acabe con su vida directamente), aunque el bebé pueda morir como consecuencia de un tratamiento necesario para salvar la vida de la madre.

5. ¿Qué de los casos de violación e incesto?

Tenemos que volver al principio de que nunca es aceptable matar a un ser humano inocente. La víctima de violación o incesto ha experimentado una violencia terrible. La respuesta a esta violencia no es dañar a otra persona inocente; esto solo nos convertiría en perpetradores de violencia. Hacerlo no solo no ayudará en el proceso de sanación, sino que, por el contrario, causará más daño a la madre a través de la violencia del aborto. Esto nos lleva a la realidad de que el aborto causa trauma en una mujer y en sí requiere un proceso de sanación y perdón (véase la p. 13). En estos casos la adopción puede ser la mejor opción.

6. Las mujeres sufrirían una carga económica si se les obliga a dar a luz

Las personas son más importantes que las cosas. Esto también requiere que examinemos cómo nuestra cultura piensa sobre la vida. ¿Cuáles son nuestras prioridades? ¿Valoramos la vida humana más que las condiciones económicas? Es cierto que a muchas mujeres les resultará más difícil trabajar durante el embarazo y después del parto, pero no deberían tener que afrontar estas dificultades por sí solas. Es por eso por lo que san Juan Pablo II nos desafió a abandonar una cultura de muerte, que ve a los seres humanos como desechables, y en su lugar construir una cultura de vida que aprecie y apoye a las personas. Una cultura de la vida valora la vida y el bienestar de madres e hijos por igual; esto implica que la comunidad debería estar dispuesta a hacer sacrificios por el bien común.

7. Sería peor traer niños pobres al mundo

¿Es mejor estar muerto que ser pobre? Quizá algunas personas piensen así. Por eso debemos reafirmar la bondad innata de la vida humana. Una cultura de vida lucha por obtener la justicia en la sociedad, y la caridad cristiana pretende asegurarse de que nadie se quede sin las necesidades básicas de la vida. Los niños son un regalo que enriquece a todos, pobres o no. Los pobres están mejor con hijos que sin ellos, porque necesitamos la comunión con los demás para ser felices. No encontraremos esta felicidad deshaciéndonos de los demás o asegurándonos de que no nos molesten. La Iglesia católica, en particular, alimenta y educa a más personas que cualquier otro grupo en todo el mundo. Vemos a Jesús en todos los demás seres humanos, y Dios mismo, el Creador, nos ve a todos buenos, pues hemos sido creados a su imagen y semejanza. Toda vida humana tiene un valor trascendente.

8. ¡Si no se legaliza el aborto, la gente morirá!

Es difícil creer que en verdad alguien pueda decir esto honestamente; sin embargo, recientemente se ha convertido en un eslogan. No deberíamos tener que recordarle a la gente el hecho de que el aborto comporta precisamente la muerte de un ser humano. El argumento, por supuesto, se centra en el posible regreso a las prácticas inseguras del aborto. Sin embargo, Estados Unidos no ha prohibido el aborto por completo, aunque lo más probable es que se vuelva ilegal en muchos estados. Las mujeres aún pueden elegir viajar a otro estado, entre ellos Colorado. Es por eso por lo que los católicos estamos llamados a hacer mucho más para apoyar a las mujeres embarazadas para que no sientan la necesidad de asesinar a sus propios hijos. Es un momento de dar testimonio y de mostrar que verdaderamente podemos comunicar el amor de Dios a nuestra sociedad y comenzar a construir una cultura de vida.

 

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada «Desde el comienzo». Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

 

Este artículo ha sido traducido y adaptado del original en inglés por El Pueblo Católico: “What is truth?”, publicado en Denver Catholic. La introducción a los argumentos es de El Pueblo Católico.

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