Un castigo a los pobres y necesitados

Arzobispo Aquila

Cada tarde en el centro de Denver, hombres, mujeres y niños indigentes reciben refugio, comida y un lugar para asearse. No muy lejos, cientos de personas reciben cuidado médico de alta calidad en uno de nuestros hospitales católicos o en Marisol Health. Algunas parroquias locales también distribuyen comida, y ropa o proporcionan ayudan con el pago de alquiler de propiedad. Así sea en las planicies del este, en las montañas al oeste o en la zona metropolitana, los fieles están contribuyendo con sus habilidades y recursos a tu comunidad transformándola en un mejor lugar para vivir, y especialmente para los menos afortunados.

Desde el pasado 4 de julio, cuando celebramos la independencia de nuestra nación, he estado pensando mucho en cómo la gente de fe hace una contribución positiva a nuestra sociedad ha estado en mi mente. La gente de fe hace de nuestra sociedad un mejor lugar, buscando el bien y la verdad, y el derecho de vivir nuestra fe públicamente está garantizado por la constitución. Desafortunadamente, hay fuerzas trabajando para cambiar eso, y si tienen éxito, serán los más vulnerables los que saldrán más lastimados

Muchas personas están familiarizadas con el caso de Jack Phillip porque recientemente recibió un veredicto a su favor por parte del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. En resumen, Jack fue demandado por una pareja homosexual por reusarse a hacerles un pastel de boda, ya que, el hacerlo contradeciría su creencia de que Dios creó el matrimonio entre un hombre y una mujer. Su caso – y otros en todo el país- muestran claramente que hay gente que quiere silenciar a las personas cristianas y usar la fuerza de la ley para que estas actúen en contra de su fe o sean castigados.

Tim Gill, el multimillonario que está financiando y dirigiendo muchos de estos “esfuerzos”, dio a conocer claramente sus intenciones en una entrevista con Rolling Stone en junio de 2017. “Estamos yendo a los estados más difíciles del país”, dijo. “Vamos a castigar a los malvados”. Según Gill, las personas de fe son “perversas” cuando los puntos de vista no concuerdan con los suyos. En esta cosmovisión, no hay lugar para las diferencias en asuntos de prudencia o conciencia.

Lo que no oirás de activistas como Tim Gill es que la gente que sufrirá más con su campaña en contra de la fe y la libertad de conciencia son los indigentes, los niños que esperan ser adoptados, o aquellos que necesitan atención hospitalaria. En resumen, la gente que será afectada es aquella que depende de la actividad caritativa de la gente de fe.

Por ejemplo, el programa de adopción de Caridades Católicas en Boston, Illinois, San Francisco y Washington, D.C., se han visto forzados a cerrar porque creen que colocar a los niños con parejas del mismo sexo no es lo mejor. En Illinois, Caridades Católicas de la diócesis de Springfield estima que cerca de 3,000 niños fueron impactados a causa de su cierre. Como se predijo, el estado está experimentando una escasez de familias sustitutas de calidad. Sin duda, esto no beneficia a la sociedad.

Es inesperado, pero los hombres y mujeres sin hogar también se han visto afectados por los cambios a las regulaciones. En septiembre del 2016 el “Departamento de vivienda y desarrollo urbano” federal, finalizó normas que requieren que los refugios para indigentes sean adaptados para personas transgénero colocándolas de acuerdo con el género con el que se presentan, en lugar de su sexo biológico. Mayormente son los hombres identificándose a sí mismo como mujeres quienes se acercan a los refugios y esto sobresalta a las mujeres, especialmente porque muchas de ellas han sido victimizadas por hombres en las calles.

La libertad religiosa puede parecer un concepto abstracto, pero cuando se observan los frutos de esta libertad básica, su importancia se vuelve clara. Movidos por su fe, los católicos y otras personas en la Arquidiócesis de Denver pasaron el año 2017 brindando más de 212,000 noches de albergue, asistencia de emergencia a 28,000 hogares, 714 plazas de trabajo y casi 73,000 horas de voluntariado a través de Caridades Católicas.

Es un argumento conveniente y desgastado acusar a las personas de discriminación para presionarlas para que renuncien a sus creencias, pero esta táctica ignora a las personas que más sufren por la intolerancia de aquellos que insisten en que las personas de fe renuncien a sus creencias. Nuestro país ha reconocido y se ha beneficiado desde hace tiempo de los dones de los fieles, y la restricción de este espíritu de generosidad hará que nuestra sociedad sea más pobre.

Estoy agradecido de que el Tribunal Supremo haya reconocido que se violó el derecho de Jack Phillips a la libertad religiosa, pero su caso no será el último. Como cristianos, debemos responder a esta presión con la alegría que nace de la fe, con una resistencia y un perdón amorosos y persistentes. Respondamos a la apelación del Papa Francisco que hizo mientras hablaba frente al Independence Hall en Filadelfia. “Conservemos la libertad. Cuidemos la libertad. La libertad de conciencia, la libertad religiosa, la libertad de cada persona, de cada familia, de cada pueblo, que es la que da lugar a los derechos”.

Traducido del original en ingles por Mavi Barraza

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