Una Casa de Paz para inmigrantes

Mavi Barraza

El tema de inmigración de por sí es agobiante: ser detenido, separado de la familia y no contar con el apoyo necesario, deja a muchos inmigrantes con sentimientos de miedo y desesperación. Pero en Colorado la historia para muchos de estos inmigrantes ha sido un poco menos desesperanzadora, ya que, independientemente del sentimiento de desolación vivido por muchos de ellos, han encontrado una mano amiga, una señal de esperanza y fe en una casa de paz.

La organización sin fines de lucro Casa de Paz, brinda cierta paz a los inmigrantes que han sido detenidos en el centro de detención de inmigración GEO, en Aurora, y fue fundada hace seis años por Sarah Jackson, una joven californiana, residente de Colorado.

La Casa de Paz

La historia comienza cuando Sarah estuvo en la frontera entre Arizona y México y se percató de que las familias estaban siendo separadas por el departamento de migración. En ese momento, sintió un llamado a hacer algo para aliviar la situación y contribuir a que las familias pudieran reunirse de nuevo. Cuando regresó a Denver de su viaje a la frontera, decidió fundar Casa de Paz, que en ese momento comenzó con el alquiler de un pequeño departamento donde daba posada a los inmigrantes.

Desde sus inicios, Casa de Paz ofrece estadía, alimentos, visitas y transporte, sin costo, a inmigrantes que han salido del centro de detención o a familiares que vienen de fuera a visitarlos mientras ellos están aún detenidos. La organización ahora cuenta con una casa más grande donde continúa ofreciendo los mismos servicios, pero ahora con la oportunidad de ayudar aún más. Más de 1300 personas han pasado por Casa de Paz, algunas pasan varias noches ahí, mientras otras solo algunas horas.

La fe mueve montañas

Con la visión de vivir el Evangelio, viviendo de esta manera su fe, y “tratando de ver a Jesús reflejado en los demás”, Sarah junto a gente generosa y voluntarios han logrado ver realizados varios milagros. Ente ellos la reunificación de familias que habían sido separadas en las fronteras y cuyos miembros, incluyendo niños, habrían sido enviados a diferentes centros de detención en diferentes estados.

Sarah decidió hacer algo extraordinario; pagar la fianza de algunos inmigrantes y ayudarlos a reunirse con sus hijos. Hasta el momento de la redacción de este artículo, habían sido 13 las madres inmigrantes a las cuales la organización pudo ayudar, haciendo un total de cerca de $22.000 que han sido pagados en fianzas. Pero eso no es todo, a algunos inmigrantes se les ha comprado sus boletos de avión para que puedan viajar a diferentes estados y reunirse con sus familias. La misma Sarah fue testigo de la reunificación de algunas de estas familias, cuando viajó a Texas con un grupo de detenidos en Colorado. “Fueron cinco niños los que finalmente pudieron reunirse con sus papás. Todos eran de Centroamérica. Todos tienen familiares en los Estados Unidos y se quedaran a pelear su caso de asilo”, compartió.

Por otra parte, Casa de Paz también contribuye depositando crédito -dinero- en las cuentas de los detenidos dentro del centro de detención para que puedan comunicarse con sus familiares por medio de llamadas telefónicas.

Los fondos que ha logrado recaudar Casa de Paz han venido a través de una liga de voleibol que la misma Sarah fundo para dicho propósito: “Volleyball Internacional”. La liga comenzó hace 4 años con 6 equipos en la primera temporada. Hoy cuenta con 74 equipos que juegan cada martes, jueves y domingo. Además, son 600 personas voluntarias que ayudan a marcar la diferencia en la vida de los inmigrantes, aportando con comida, ropa, haciendo visitas al centro de detención a quienes no tienen familiares que puedan visitarlos, y llevando al aeropuerto a aquellos que lo necesiten.

Al preguntar a Sarah por qué entrega su tiempo, amor y compasión con tanto fervor a la comunidad inmigrante, ella respondió: “Este es mi llamado, es una manera de vivir el Evangelio y para nosotros los cristianos, de vivir nuestra fe”.

El sueño de Sarah es poder comprar una propiedad para Casa de Paz ya que actualmente rentan la propiedad donde todos estos servicios se ofrecen. También, hace una invitación a todos los lectores de El Pueblo Católico para que participen ya sea haciendo una donación o como voluntarios. “No tiene que ser algo complicado o difícil, puedes aportar trayendo una comida o llevando a alguien al aeropuerto, esta es la manera en la que podemos ver a Jesús en muchos de nuestros hermanos”, finalizó.

Próximamente: El amor también se educa

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Por: Javier Fiz Pérez. Aleteia.org

Empezar a hablar con nuestros hijos acerca del amor es algo que podemos hacer desde muy temprana edad. Y es el que amor se manifiesta en la familia desde el momento en el que nuestros hijos llegan a formar parte de ella.

Cando los hijos son pequeños, podemos explicarles el amor, comoese sentimiento de afecto y alegría que sentimos al estar juntos padres e hijos, o esa relación incondicional y llena de mimos y risas que tienen con sus abuelos, por ejemplo. Un abrazo, un beso, decir “te quiero” o “te amo”, o cosas pequeñas, como tener un gesto amable o un detalle hacia nuestros seres queridos, son todas formas en las que nuestros hijos pueden demostrar el amor que sienten hacia su familia.

El amor empieza sabiendo amarse a uno mismo

Una parte sumamente importante al momento de hablar con nuestros hijos sobre este sentimiento, es el hacerlo también, enfocándonos en la sana autoestima. No se puede amar a los demás si no sabemos amarnos a nosotros mismos. De hecho, el gran mandamiento de la vida “ama a los demás como a ti mismo” tiene una sabiduría infinita en su contenido.

La sana autoestima, es algo que se debe cultivar desde pequeños. Al reforzar su autoestima, nuestros hijos se sentirán más seguros y capaces de hacer lo que se propongan, convirtiéndose así, en adultos optimistas, sociables y felices. Los hijos, con el tiempo deben convertirse en adultos preparados para las adversidades que puedan presentarse en sus vidas.

El amor hacia los demás

Además de enseñarles acerca del amor propio, que les ayudará a cuidarse a ellos mismos y ver sus cualidades positivas, también debemos educar a nuestros hijos en el amor hacia otras personas: sus hermanos, sus familiares, sus amigos y compañeros del cole.

A través del amor hacia los demás, podremos enseñarles a ser personas amables, empáticas y respetuosas con los demás, mostrándoles que la felicidad también se consigue a través de la bondad y del hacer el bien a otras personas. Estos valores son la mejor base para una sana educación sexual durante la adolescencia.

Recordemos que gran parte de la enseñanza de vida que podemos dar a nuestros hijos, lo hacemos a través del ejemplo. Ellos nos ven y nos escuchan siempre, por lo tanto es importante que nosotros también trabajemos constantemente en nuestro amor propio y en el amor hacia los demás.

Cuando establecemos la felicidad y el amor como la base de la preparamos mejor a nuestros hijos para su futuro: un niño amado es un niño feliz, y ese niño feliz, crecerá para ser un adulto seguro y optimista, capaz de tener relaciones positivas de amistad y de pareja.