La Iglesia necesita el Espíritu de la Verdad

Arzobispo Samuel J. Aquila

Durante estos tumultuosos días para la Iglesia, he estado orando para que el Espíritu de la Verdad descienda sobre cada discípulo de la Iglesia, incluyendo el Papa, los cardenales, obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos.

Le he dicho al Señor, “no me importa qué tan confuso se ponga, siempre y cuando la verdad prevalezca. Purifica el corazón y la conciencia, oh Señor, de cada discípulo con tu Espíritu de la Verdad, para que busquen seguir solo tu voluntad, Padre. ¡Que cada discípulo te conozca, te ame y te sirva solo a ti!”

Las acusaciones sobre los pecados sexuales y la infidelidad del arzobispo McCarrick, y de aquellos que lo permitieron, han sido extremadamente desalentadoras. La Iglesia no debe ceder a la tentación de esconderse, que fue la reacción que tuvieron Adán y Eva cuando pecaron. Solo cuando uno saca a la luz el pecado, experimenta la misericordia incondicional y el amor de Jesús. El esconderse le comunica a Dios [que]: “no confió en tu amor y misericordia hacia mí, no puedes sanarme o liberarme de la esclavitud del pecado”, o, “no quiero deshacerme de mis pecados’.

Jesús nos enseña, “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. (Jn 8,31 -32). Él nos enseña que podemos conocer la verdad, y al conocer la verdad seremos libres de todo lo que no es de Él. En nuestro encuentro con Jesús, llegamos a conocer su amor, su misericordia y su verdad porque el mismo es “el Camino, la Verdad y la Vida”. (Jn 14, 6)
En aras de que se sepa la verdad, recientemente me uní al Cardenal DiNardo y al Comité Ejecutivo de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para pedir a la Santa Sede que realice una investigación exhaustiva sobre la situación del arzobispo McCarrick, incluida la participación de un comité laico con la autoridad de Roma para llevar a cabo una investigación independiente.

Estas horribles acciones nunca debieron de haber pasado, ya sea que estemos hablando del impensable crimen de abuso a menores, o del abuso de poder de cardenales, obispos o sacerdotes durante un periodo largo de tiempo.

Cuando se trata de proteger a los niños, quiero asegurarle a la gente del norte de Colorado que la arquidiócesis ha sido, y continúa siendo rigurosa en sus esfuerzos por proteger a los menores y ayudar a aquellos que han sido lastimados en el pasado.

En 1991, más de 10 años antes de que la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) adoptara el “Estatuto para la Protección de Niños y Jóvenes”, para responder a la crisis de abuso sexual del clero dentro de la Iglesia, el entonces arzobispo de Denver, hoy cardenal Francis Stafford instituyó una política de “delator obligatorio”. Se reunió con agencias de la ley y se comprometió a cooperar en cualquier instancia donde hubiera un crimen en la Iglesia. Como resultado, durante los últimos 27 años, la arquidiócesis ha tenido una relación positiva con la policía y con los servicios sociales y ha denunciado consistentemente a las autoridades correspondientes las acusaciones de abuso sexual a menores que recibe. El arzobispo Stafford creó un equipo de “respuesta a la conducta”, que estaba años adelantado cuando la práctica se convirtiera en estándar después del Estatuto. Este equipo de respuesta de conducta siempre ha estado compuesto por profesionales dedicados (incluidos miembros laicos) que me asesoran y están disponibles para reunirse con las víctimas, para ayudarles a obtener el apoyo que necesitan y para que ayuden con el proceso de curación.

Mas allá de estos pasos fundamentales -que aún existen- la arquidiócesis también se ha enfocado, como su primera misión, en cómo ayudar a sanar a las víctimas en abordar el asunto. Por ejemplo, a partir del 2005, un número de víctimas denunciaron públicamente abusos ocurridos en la década de 1950 y principios de la década de 1980 por cinco sacerdotes, todos ya habían fallecido.

La arquidiócesis anunció un programa innovador y único -un panel de alcance independiente compuesto por profesionales, incluyendo un juez, un especialista en rehabilitación y un teniente de la policía. Este panel proporcionó a aquellos con reclamos legítimos de abuso sexual en la infancia, los medios financieros para que buscaran sanación. El entonces arzobispo de Denver monseñor Charles Chaput instó a todas las víctimas de abuso perpetrado por cualquier persona afiliada a la arquidiócesis, a presentarse y reunirse con el panel independiente. Dejó en claro que los abogados de la arquidiócesis no estarían presentes y que esto no era parte de una litigación, sino que estaba destinado a ser un ministerio de la Iglesia, en reconocimiento de los errores cometidos contra estas víctimas. El arzobispo también ofreció reunirse personalmente con los afectados. Mas de 50 víctimas recibieron compensación después de que este programa fue anunciado y el trabajo se concluyó en el año 2010.

El trabajo del cardenal Stafford, el arzobispo Chaput y el mío, ahora que estoy al cargo de esta arquidiócesis, se centra en proteger a los niños. Sobre todo, la arquidiócesis ha mantenido durante décadas la política de tolerancia cero a las acusaciones creíbles de abuso sexual por sacerdotes y laicos afiliados a la arquidiócesis. Si bien los incidentes de abuso sexual siempre existirán en la sociedad, la arquidiócesis se mantiene activa en la aplicación de sus políticas y el enfoque de tolerancia cero.

Además de trabajar para prevenir el abuso, la arquidiócesis está comprometida a orar por las victimas que han sufrido por los pecados de los cardenales, obispos, sacerdotes y cualquier otro empleado de la Iglesia. Por esta razón, invito a cualquiera que desee orar por la sanación de estas heridas, a que se una a mí en las misas de reparación en la Catedral Basílica Immaculate Conception el 9 de septiembre y 7 de octubre a las 10:30 a.m.; el 7 de noviembre y el 7 de diciembre a las 5:30 p.m. También le he pedido a cada sacerdote de la arquidiócesis que publique y ofrezca una misa mensual por la sanación de las víctimas de abuso por parte de miembros del clero y otros miembros de la sociedad. Cuando uno ve que en la población en general una de cada cinco niñas y uno en cada veinte niños es víctima de abuso sexual, está claro que hay mucho por que rezar.

Que nuestra Santísima Madre interceda por todos aquellos que han sufrido abuso a manos de miembros del clero y guie a la Iglesia en estos tiempos difíciles. ¡Que el Espíritu de la Verdad llene a cada discípulo de Jesús y nos dirija a la vedad de su amor y misericordia, liberándonos de todo engaño y mentiras, para que nuestra voluntad sea conforme a la voluntad del Padre!

Oren, mis queridos hermanos, para que el Espíritu de la Verdad descienda sobre cada uno de los miembros de la Iglesia, ¡porque su oración es poderosa cuando se basa en la confianza en las promesas de Jesús y el amor de Padre!

Para obtener más información detallada sobre las medidas de prevención de abuso en la arquidiócesis de Denver visita: https://elpueblocatolico.org/preguntas-y-respuestas-sobre-malas-conductas-de-parte-del-clero-o-abuso-de-poder/

 

Próximamente: La sabiduría de San Benito en nuestros tiempos

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Por el arzobispo Samuel J. Aquila.

“Levantémonos, pues, de una vez; que la Escritura nos exhorta”, nos insta la Regla de San Benito. “Abramos nuestros ojos a la luz… y nuestros oídos a la voz del cielo que todos los días nos llama… ‘Si escuchas hoy su voz, no endurezcas tu corazón’” (Sal 95,8). El 11 de julio, la Iglesia conmemora a San Benito, y sus palabras de hace 1,500 años parecen perfectamente adecuadas para los tiempos desafiantes y cambiantes de hoy.

La Regla de San Benito se escribió alrededor del 530, una época en que el Imperio Romano se había derrumbado y la existencia del cristianismo en Europa estaba amenazada. Dada nuestra situación cultural actual y sus paralelos con su tiempo, creo que podemos encontrar fruto en las enseñanzas de San Benito.

San Benito creció rodeado de una cultura moralmente corrupta, pero con la gracia de Dios vivió una vida virtuosa. Después de pasar un tiempo estudiando en Roma, huyó de su decadencia moral para buscar una vida más solitaria. San Benito vivió la vida de ermitaño durante varios años antes de que finalmente fundara varios monasterios, que se convirtieron en centros de oración, trabajo manual y aprendizaje.

San Benito comienza su regla instando a los monjes a “escuchar atentamente las instrucciones del maestro y atenderlas con el oído de su corazón” (Regla, Prólogo 1). Para nosotros, esto significa establecer un tiempo diario para escuchar al Señor, tanto en la lectura de las Escrituras como en la oración conversacional y la meditación.

Nuestra base segura durante estos tiempos difíciles debería ser la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, no los mensajes en constante cambio que nos bombardean en las noticias o en las redes sociales. Para algunos, cada tendencia en línea se ha convertido en una forma de evangelio que debe cumplirse con convicción religiosa. Pero la fe que nos transmitieron los Apóstoles es el único Evangelio verdadero y el único que puede salvar almas. Aunque los tiempos y la tecnología eran diferentes, San Benito entendió la importancia de escuchar “las instrucciones del maestro”.

En su libro El misterio del bautismo de Jesús  el predicador de la familia papal, el padre Raniero Cantalamessa, aborda la necesidad de que los sacerdotes se armen para la batalla “contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad actual” (cf. Jn 10: 12) En el centro de su reflexión está la idea de que “Jesús se liberó de Satanás mediante un acto de obediencia total a la voluntad del Padre, de una vez por todas entregándole su libre albedrío, para que realmente pudiera decir: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.’ (Jn. 4,34)”.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Pongo primero la voluntad del Padre en mi vida, en cada decisión que tomo y en todo lo que digo y hago? Si colocamos la voluntad del Padre en el centro de nuestras vidas y realmente lo escuchamos con “los oídos de nuestro corazón” como enseñó San Benito, estaremos preparados para lo que suceda y siempre daremos testimonio del amor de Dios y de los demás. Vivimos en un mundo que ha eliminado a Dios de su cultura. La historia, tanto la historia de la salvación como la historia mundial, muestra claramente lo que sucede cuando esto ocurre. Cuando Dios es eliminado, algo más se convierte en “dios”. Las sociedades descienden y eventualmente caen y desaparecen a menos que regresen al Dios verdadero y se conviertan en culturas que promuevan una vida de santidad y virtud.

Hay por menos una lección más de la regla de San Benito que es aplicable en estos tiempos de desunión y división social. Los monjes y hermanas de la familia espiritual benedictina son conocidos por su hospitalidad. La Regla enseña esta virtud de esta manera: “A todos los huéspedes que vienen al monasterio se les recibe como a Cristo, porque él dirá: ‘era forastero y me acogieron’ (Mt 25,35). Hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe (Gálatas 6:10) y a los peregrinos” (Regla, # 53).

Pidamos en nuestra oración poder ver a otros como Cristo mismo que viene a nosotros, incluso si están vestidos con lo que Santa Madre Teresa llamó “el disfraz angustiante de los pobres”. Si buscamos continuamente la voluntad del Padre y pedimos en oración por la configuración de nuestro corazón al suyo y nuestra voluntad a la suya, entonces podremos resistir cualquier desafío.