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lunes, diciembre 5, 2022
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5 formas de fortalecer el 2021

Por Jenny Uebbing

En el futuro, cuando recordemos el 2020 en los libros de historia, creo que el tema universal será «sufrimiento». Ya sea que ese sufrimiento haya tomado la forma de enfermedad, muerte, ruina financiera, luchas de salud mental o aislamiento social, es seguro decir que el 2020 no se anduvo con rodeos.

Se ha puesto de moda lamentar todo lo que sucedió durante este año, y yo misma lo he hecho de manera considerable. Pero también estoy convencida de que el 2020 tuvo un lado positivo relativamente fuerte, y es este: todos los vendajes fueron eliminados.

Después del último año, puedo decir con seguridad que estoy familiarizada íntimamente con todas mis cicatrices y defectos de una manera que no deja lugar a dudas. Diagnóstico: soy ser humano. Soy frágil, falible y parece que encontré 100 nuevas formas de fallar a mis amigos, mi familia y a Dios durante los últimos 12 meses.

Tal vez te preguntes qué de bueno tiene todo esto. Pues esto: las máscaras han sido eliminadas. Quizás no las máscaras reales, sino las que usamos incluso antes de que todos conociéramos las mascarillas quirúrgicas. Las máscaras que habíamos usado durante tanto tiempo y tan cómodamente, que quizás ya habíamos olvidado cómo lucíamos detrás de ellas. Teníamos nombres para esas máscaras, como «ocupado» y «económicamente exitoso», o «fuerte e independiente», o «incansablemente optimista», «atleta de cuatro deportes», «viajero del mundo» y otros 100 nombres que habíamos tomado como nuestras identidades primarias. Y han desaparecido.

El verano pasado, una amiga estaba desahogando su alma en el confesionario sobre los muchos miedos y frustraciones que sentía por el nuevo estado riguroso de las cosas y la presión de los medios de comunicación. El padre escuchó con compasión y tranquila atención, y estuvo de acuerdo en que era demasiado para que cualquier ser humano pudiera manejarlo… solo:

«Hagamos algo nuevo del 2020. Creemos algo nuevo en nuestras familias y en nuestros hogares para que en el futuro, dentro de unos años, podamos señalar el calendario y decir ‘oh, sí, el 2020, ese es el año en que comencé a rezar un rosario diario, ir a misa diaria, rezar en voz alta con mi cónyuge todos los días…’. Que el 2020 sea el punto de inflexión».

Casi medio año después, sigo reflexionando en el consejo que le dio. Y aunque estoy desesperada por que este año pase a la historia, sé que el 2021 solo puede ser diferente si hago algo realmente diferente. Así que aquí comparto algunas ideas:

 

1. Deja de leer las noticias todo el día

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Te está causando ansiedad y locura, ¡y eso es algo grandioso para las empresas de medios y sus resultados finales! Si tienes que consumir noticias, ya sea por trabajo o por una curiosidad personal (culpable), elige un horario fijo, como lo harías para una cita o reunión, pon una alarma en tu teléfono o calendario y limítate a una cantidad razonable de información. He oído decir, en forma de anécdota, que deberíamos pasar tantos minutos en oración como lo hacemos desplazándonos por nuestro newsfeed todos los días.

 

2. Lo que me lleva a… las redes sociales

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¿Realmente las necesitas? ¿De verdad, de verdad? Hace unos años leí un libro que me cambió la vida titulado “Deep Work” («Trabajo profundo») de Cal Newport, y cambió para siempre la forma en que pensaba en cómo pasar mi tiempo. El autor pide que nos preguntemos constantemente: «¿Estoy obteniendo algo significativo del tiempo que paso en estas aplicaciones… o están robando algo de mí?» Si eres honesto contigo mismo, como he tenido que serlo yo, sospecho que encontrarás pocas cosas que valga la pena salvar.

3. Prioriza la oración

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Si te levantas de la cama corriendo cuando lo hacen tus hijos, pon la alarma cinco minutos antes de la primera distracción. Si vas de camino al trabajo y escuchas la radio, intenta apartar 15 minutos de silencio. Es totalmente posible hacer la Lectio Divina con un niño pequeño en tus brazos o hacer una oración de meditación mientras estas en medio del tráfico. Es solo cuestión de ponernos en la presencia de Dios; Él hace el resto.

 

4. No descuides tu vocación principal

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Si el 2020 nos enseñó algo, es lo mucho que ocurre en la vida entre nuestras cuatro paredes. Las heridas que necesitaban sanar quedaron expuestas, muchas veces dolorosamente. Las roturas que necesitaban reparación se pusieron en primer plano. Las conversaciones que habíamos estado evitando por temor a un conflicto o por complacencia, de repente… sucedieron. Y sin importar cómo te hayas sentido, no es malo. Estamos aquí en la tierra para crecer en santidad y caridad a través de nuestras vocaciones: un camino específico y personal que nos lleva a Dios. La persona que prometiste amar y cuidar, los niños que estas criando juntos, son el camino y el medio por el cual llegaremos al cielo. O quizás no. Dios no me va a preguntar qué tan limpios estaban mis pisos, pero creo que va a estirar el cuello y buscar a mi esposo e hijos, preguntándome si hice todo lo posible para acercarlos a él.

 

5. Elije la gratitud

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En tiempos de pobreza o abundancia…, al final del día, lo único que realmente puedo controlar es mi propia actitud hacia la vida que se me ha entregado ese día. Y así, al final del día en nuestra familia, damos gracias, simple y específicamente, reconociendo que Dios es el dador de todos los buenos dones. ¿Y si las cosas no van bien? Pues, nos concentramos en la creencia de que «Él obra todas las cosas para bien de aquellos que lo aman».

En palabras de San Juan Pablo II, un héroe personal mío, “recuerda el pasado con gratitud. Vive el presente con entusiasmo. Ve hacia el futuro con confianza”.

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