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miércoles, abril 17, 2024
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Conoce a los nuevos sacerdotes de la arquidiócesis y dónde serán asignados

El sábado 13 de mayo, tres diáconos fueron ordenados sacerdotes en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción por el arzobispo Samuel J. Aquila. Los ordenados fueron el padre Patricio Chuquimarca, el padre Kevin Kasel y el padre Anthony Phan.

Entrevistamos a los nuevos sacerdotes sobre su vocación al sacerdocio y sobre qué es lo que más les ilusiona. ¡No olvides leer más sobre la cobertura y volver a ver la Misa de ordenación!

Padre Patricio Chuquimarca
Vicario parroquial en St. John the Baptist, Johnstown

¿Cuál es una de las cosas más valiosas que aprendió durante su tiempo en el seminario?
Lo que he aprendido en el seminario es que lo más importante es mantenerme en comunión con mis hermanos. Las discusiones son frecuentes en el seminario, pero me he dado cuenta de que el conflicto es solo una ocasión para profundizar en nuestra fraternidad en Cristo, no un motivo para abandonarla. Sin la ayuda de Dios, habría sido del todo imposible convivir. Mi paso por el seminario ha sido una excelente oportunidad para ver la gracia de Dios en acción a través del perdón mutuo entre mis hermanos seminaristas.

¿Qué es lo que más le ilusiona del sacerdocio?
Lo que más ilusión me hace es predicar y enseñar a la gente sobre Dios y anunciar el evangelio a los que están lejos. Siempre he entendido mi vocación fundamentalmente como misionera, así que me entusiasma llevar la palabra de salvación a todos los que encuentre. Mi mayor deseo es ayudar a los jóvenes que hoy en día están siendo tan atacados por el demonio, porque si no fuera por el impulso de los sacerdotes y catequistas que me animaron a ser sincero en el llamado de Dios para mí, creo que nunca hubiera respondido a él.

¿Describiría el llamado de Dios al sacerdocio como un susurro o un rugido?
Aunque siempre sentí el llamado con mucha fuerza, el Señor me permitió distanciarme del llamado la mayor parte de mi adolescencia. Sin embargo, incluso cuando estaba lejos del Señor, siempre estuve seguro de ese llamado en el fondo de mi corazón. Gracias a mis catequistas, formadores y hermanos de mi comunidad neocatecumenal, Dios me dio la gracia de decir «sí», y poco a poco su llamado se fue confirmando a lo largo de mis años en el seminario. Creo que podría describir mi vocación como un rugido al principio y siempre como un susurro.

 

Padre Kevin Kasel
Vicario parroquial en Our Lady of Loreto, Foxfield

¿Cuál es una de las cosas más valiosas que aprendió durante su tiempo en el seminario?
Un mayor amor y confianza en Jesús y la intercesión constante de Nuestra Señora.

¿Qué es lo que más le ilusiona del sacerdocio?
Desde antes de entrar en el seminario, me he sentido muy atraído por la confesión y el encuentro con el Señor en el sacramento. Aunque todavía no sé lo que eso supondrá como confesor y puede que tenga que trabajar constantemente para ser un mejor confesor, rezo para que la misericordia de Dios esté siempre presente en el confesionario.

¿Describiría el llamado de Dios al sacerdocio como un susurro o un rugido?
El llamado de Dios al sacerdocio ha sido suave como un susurro, pero con el mandato de un rugido. Cuando pensé por primera vez en el sacerdocio durante mis años de preparatoria, creía que tenía un plan mejor para mi vida, sobre todo a la vista de los escándalos y la atención mediática que recibían. Tampoco entendía el don del sacerdocio porque no podía pasar por alto el sacrificio que hacía el sacerdote. Sin embargo, cuando terminé la universidad y entré en el mundo laboral, algo particular en mi vida quedó insatisfecho. No fue hasta que me acerqué en oración a Jesús con la ayuda de María que comprendí por qué no me sentía realizado.

Hubo muchas veces en mi camino al sacerdocio que el «rugido» o mandato de Cristo fue lo que me animó a seguir, aunque el Señor haya tenido que refrescar y reenfocar mi mirada hacia él. Nunca me imaginé las pruebas que me esperaban el día en que presenté mi solicitud para ingresar en el seminario. A pesar de mis propias heridas y necesidad de sanación, Cristo me ha animado con firmeza y me ha llevado a confiar más perfectamente en él antes de presentarme en la catedral de la arquidiócesis para entregar mi vida como Cristo lo ejemplifica maravillosamente.

 

Padre Anthony Phan,
Vicario parroquial en Light of the World, Littleton

¿Cuál es una de las cosas más valiosas que aprendió durante su tiempo en el seminario?
Una de las cosas más valiosas que aprendí en el seminario fue cómo tener una relación con el Señor. Creo que una relación estrecha con Dios no sucede por casualidad. Debemos elegirla diaria e intencionadamente. Además, san Buenaventura me inspira mucho cuando dice: «Si lo has aprendido todo excepto a Jesús, no sabes nada. Si no has aprendido nada más que Jesús, lo has aprendido todo». Jesús es todo, todo es Jesús.

¿Qué es lo que más le ilusiona del sacerdocio?
Lo que más ilusión me hace es celebrar la santa Misa. La Eucaristía es la fuente y la cumbre de nuestra fe. Es el centro de mi vida. También me entusiasma mucho escuchar confesiones. Dios se pone a nuestra disposición en el confesionario. Dios nos ama y está cerca de nosotros.

¿Describiría el llamado de Dios al sacerdocio como un susurro o un rugido? 
Es un susurro. Dios me ha invitado a estar con él en la oración, tranquila y silenciosamente. Dios me conoce desde antes de formarme en el seno materno, me conoce desde toda la eternidad. Experimento su misericordia y su amor personal y profundamente. A medida que mi relación con Jesús se hizo más profunda, reconocí su llamada al sacerdocio.

Rocio Madera
Rocio Madera
Rocio Madera es especialista en comunicaciones y publicidad para la arquidiócesis de Denver.
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