‘El perdón es una decisión’

Pat creció con una profunda pasión por su fe. “Yo sabía todas las respuestas antes del Concilio Vaticano II”, dijo. “Sabía todas las respuestas de los monaguillos en latín. Hasta sabía lo que significaban”.

Esta fe enraizada ha llevado a Pat por un camino extraordinario de fortaleza y perdón. Quiso permanecer en la Iglesia toda su vida -a pesar del abuso que sufrió cuando tenía solo cinco años a manos de un sacerdote.

 

Recordando

Pat habló sobre el abuso en el 2002. Le tomó muchos años, no porque dudara hablar de lo que había pasado, sino porque no lo recordaba.

“Se me dio el don de reprimir los recuerdos del abuso”, dijo Pat. “No tuve [recuerdos] de lo que había pasado hasta cuando tenía 48 años”.

Los psicólogos dicen que los recuerdos reprimidos son bloqueados inconscientemente por la mente porque están conectados a un trauma. Aunque Pat no pudo recordar la experiencia por décadas, su impacto se mantuvo. Ella ha lidiado con depresión clínica toda su vida, y, a partir del 2001, la depresión se empeoró por alguna razón que ella no podía encontrar.

Al año siguiente, el escándalo de abuso estalló en la Iglesia Católica y Pat se dio cuenta de lo que le había pasado. Mientras estaba en misa en la parroquia Spirit of Christ en Arvada, Pat escuchó que monseñor Robert Kinkel, el párroco en aquel tiempo leyó una carta del entonces arzobispo de Denver monseñor Charles Chaput (hoy arzobispo de Filadelfia) referente al escándalo.

“Hubo un sentimiento que me invadió y dijo, ‘está bien’”, recordó Pat. “Dentro de los dos o tres meses después de eso fue cuando mis memorias comenzaron a regresar”.

Pat fue abusada por tres meses en San José, California por el párroco de la iglesia a la que asistía la familia. En cuanto las memorias comenzaron a inundarla, decidió llamar a Spirit of Christ y, en 30 minutos, se encontraba en la oficina de monseñor Kinkel contándole su historia.

“Estaba escuchando mi historia y siendo presenciando del dolor en el que me encontraba, las lágrimas, los sollozos”, dijo. Pat ha sido amiga del párroco por años y se sintió cómoda contándole. “Hubo una sensación de alivio por poder contar lo que me había pasado a los niveles apropiados de nuestra Iglesia”, compartió Pat. “El padre Robert jugó un papel integral en el proceso de sanación para mí. Él tomó mi enojo y mi veneno. Era libre de gritar de maldecir, y maldecir al hombre que me hizo eso. Me confesé una y otra vez, tratando de lidiar con la rabia asesina que tenía dentro de mí”.

La doctora Christina Lynch, directora de servicios psicológicos del seminario teológico Saint John Vianney, explicó la importancia de abrirse a hablar de las experiencias traumáticas. “Todos necesitamos hablar de las experiencias traumáticas en lugar de enterrarlas donde continuarán viviendo, infectándose y manifestándose de maneras destructivas”, dijo. “Los recuerdos tóxicos necesitan ser integrados en el tejido de nuestra vida”.

Debido a que su abuso ocurrió en California, Pat no estaba segura de lo que la Arquidiócesis de Denver pudiera hacer al respecto.

Pero monseñor Kinkel la envió a hablar con monseñor Thomas Fryar, quien estaba a cargo en ese entonces de las acusaciones de abuso. Pat tendría que compartir su testimonio con él, antes de que el caso pudiera ser trasladado a San José.

“Estaba aterrorizada”, dijo. “Pero el Espíritu Santo estuvo conmigo y me permitió tener el valor [de hablar]. Me seguí fortaleciendo para contar mi verdad”. Monseñor Fryar no solo escuchó, también actuó.

“Lo que Denver hizo al respecto fue facilitarme a llevar mi historia a San José, donde aún vivía ese sacerdote, en ese tiempo, dijo, “y a abrir una investigación policial, así como a obtener ayuda por el tremendo costo de atención para mí”. Pat agradeció la ayuda de monseñor Fryar.

“Cuando se reunió conmigo y escuchó mi historia, fue muy gentil y dulce e inmediatamente dijo: ‘te creemos cien por ciento’”, recordó Pat.
“No vino de mi abusador, pero vino de un sistema más grande del cual mi abusador era parte. Eso me puso en el camino a la sanación y a entender que nuestra Iglesia tiene muchos problemas. Pero nuestra Iglesia sigue siendo la verdadera Iglesia de Jesucristo”.

Sanación

La sanación de un abuso es compleja, quizás aún más cuando el abusador es una figura central en tu fe. Separar esa persona de Dios no es fácil.

Pero Pat sabía que ella necesitaba su fe católica para superar el trauma. “Cuando te enfrentas a una oscuridad que está en ti, ya sea creada o por algo horrible te haya pasado, la persona debe enfrentar eso, y seguir adelante si quieres acercarte más a Dios”, dijo.

“No hay otra salida. Veo a muchas personas tratando de hacer otras cosas y llegar ahí de otra manera. En mi opinión, en situaciones como esta, simplemente no existe otro camino. Ese fue mi camino. De todo corazón, con total abandono, acepté lo que me estaba pasando. Pat se unió a un grupo de pláticas en línea con otros sobrevivientes para poder hacer frente al dolor. “Cuando una persona abusada escucha el testimonio de otra persona abusada, le reduce la vergüenza y a menudo le da a la persona el incentivo para hablar de ello y trabajar en su propia experiencia traumática”, dijo la Dr. Lynch.

Y aunque perdonar era “la última cosa” en la mente de Pat cuando repasaba sus recuerdos, llegó a entender qué tan necesario era.

“Perdonar es una decisión, no un sentimiento”, dijo. “Yo lo sabía, y tome la decisión de que saldría de ese camino. No quería vivir el resto de mi vida en este espacio de rabia y amargura. Me estaba dañando, estaba dañando a mis familiares, a mis hijos. No era una persona feliz.

Pat tomó el consejo que alguien le dio en un retiro: que imaginara a su abusador cuando estuviera orando sobre el perdón durante el Padre Nuestro. Aunque le tomó tiempo a su mente formular su rostro, eventualmente lo logró.

“El día que recé esa oración y su cara completa se convirtió en el foco, para mí fue el día en que terminó”, dijo. “Lo dejé”. Pero el dolor del abuso no se va simplemente.

“Yo sigo luchando con eso”, dijo Pat. Hay momentos en que pienso, ‘si no me hubieras hecho eso, ¿qué tan diferente hubiera sido mi vida?´”

Escuchar sobre el reporte del Gran Jurado que salió de Pensilvania fue increíblemente difícil. Pat a menudo pensaba en dejar la Iglesia.

“Y seguía viniendo a mi mente el verso de las escrituras ‘Señor, ¿a quién iríamos?’ (Juan 6,28)

“Con mi amor a la Eucaristía y a mi comunidad en Spirit of Christ, no tengo opción más que pararme y dar testimonio de lo que pasó”, dijo.

Pat se decepciona cuando otros dejan la Iglesia por las acciones de un sacerdote. “Eso me rompe el corazón”, dijo. “Realmente hay muchos sacerdotes buenos. He sido bendecida con sacerdotes hermosos en mi vida”.

Esta mujer encontró un hogar en Spirit of Christ, donde ha sido feligrés por 40 años. Sigue agradecida con la Arquidiócesis de Denver por el apoyo y el sistema para responder a las denuncias de abuso y por la experiencia positiva que tuvo al respecto

“El arzobispo Aquila ha continuado el camino establecido para que la Arquidiócesis de Denver haga frente a esta crisis de una manera directa”.

“Creo que mi experiencia es algo rara”, añadió. “Pero pienso que la gente necesita saber qué puede pasar. Parte de la razón por la cual paso es porque yo dije que pasaría de esa manera. Y Dios me dio los dones para seguir adelante”, concluyó Pat.

Foto de Andrew Wright

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