Abrazar las “buenas nuevas de gran alegría”

Arzobispo Samuel J. Aquila

“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;” (Lc 2, 10- 11), los ángeles anunciaron a los pastores que estaban sorprendidos, mientras proclamaban el cumplimiento de la promesa de Dios al pueblo de Israel.

Vale la pena señalar que los ángeles se aparecieron a los pastores en la noche, cuando habrían estado en guardia contra los peligros de los depredadores en busca de sus ovejas. Del mismo modo, cuando los magos llegaron para rendir homenaje al recién nacido rey de los judíos, se encontraron primero con Herodes, quien luego masacró a los niños de Belén por temor a que hubiera nacido alguien que retara su trono. Finalmente, la amenaza de la ira de Herodes hizo que María y José se escondieran en Egipto, solo para regresar a Nazaret cuando Herodes había muerto.

Con el paso de los siglos, puede ser fácil replantear la Navidad como un tiempo de paz y tranquilidad absoluta, y olvidar la agitación en la que nació Jesús. En cierto modo, esto es reconfortante ya que reflexionamos sobre el estado del mundo y la Iglesia de hoy. Ciertamente, hay gran incertidumbre y pobreza moral en muchos lugares. Y, sin embargo, el nacimiento de Cristo es aún más feliz debido a la oscuridad que le rodea.

Este año ha sido bendecido y desafiante para la Iglesia.

Tuvimos el privilegio de celebrar el 25º aniversario de la Jornada Mundial de la Juventud en Denver el 11 de agosto y el comienzo de la iniciativa de discipulado “Más de lo que crees”. La Arquidiócesis también cerró la fase local de la Causa para la Canonización de Julia Greeley, completó la construcción de la casa Prophet Elijah para sacerdotes retirados y compró el campamento de jóvenes de Covenant Heights.

Por otro lado, la Iglesia y la arquidiócesis han estado lidiando con el escándalo del arzobispo McCarrick y el hecho de que algunos obispos encubrieron el abuso sexual de menores. Al mismo tiempo, la cultura en general también se ha vuelto cada vez más hostil a la fe, al tiempo que acepta cada vez más las creencias y actividades que son contrarias a ella. Esto se puede ver en el avance agresivo de la ideología de género, el abandono del bien común en favor de una sociedad más tribal y dividida, y la disposición de muchos a dejar de lado a los no nacidos, los inmigrantes o los ancianos.

Es este mundo, que está roto y oscuro, pero lleno de potencial para un gran bien, el que necesita escuchar el mensaje de los ángeles en Navidad. “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;”.

Todos necesitamos la salvación, lo que queda claro debido estado caído de todos nosotros. Es verdaderamente una buena noticia que Jesús nació y continúa viniendo a nosotros en cada Eucaristía y en los otros sacramentos. Su sacrificio de amor por nosotros debería hacernos confiar plenamente en su amor y provisión para nosotros mientras buscamos edificar el reino en nuestra vida.

A medida que esperamos el año nuevo, los invito a unirse a mí para celebrar el regalo de la vida y la salvación a través de su oración y ejemplo vivido. Una forma específica en que puedes hacer esto es participar en la marcha Celebrate Life March el 12 de enero a la 1:00 p.m. en el capitolio estatal. Esto será precedido por una misa en la catedral a las 11:30 a.m. Para obtener más información, visita: https://respectlifedenver.org.

Hagamos nuestras las palabras del Papa San León Magno mientras predicaba sobre la Navidad.

“Hoy ha nacido nuestro Salvador. Alegrémonos. No es justo dar lugar a la tristeza cuando nace la vida para acabar con el temor de la muerte y llenarnos de gozo con la eternidad prometida… Exulte el santo porque se acerca el premio; alégrese el pecador porque se le invita al perdón; anímese el gentil, porque se le llama a la vida”. “Así, pues, el Verbo, el Hijo de Dios, se hace hombre para liberar a los hombres de la muerte eterna”.

Que la celebración del nacimiento de Cristo de tu familia te llene de esperanza, alegría y paz, para que el mundo pueda experimentar a través de tus obras de misericordia y amar las buenas nuevas de la salvación en él. ¡Que en medio de la oscuridad que nos rodea podamos llevar la luz y la alegría del Evangelio a cada persona con quien nos encontremos!

Traducido del original en inglés por Mavi Barraza.

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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