Ningún credo puede tolerar el racismo

Vladimir Mauricio-Perez

El racismo es “un pecado que divide la familia humana y viola la dignidad”. Así lo calificó el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez el pasado 5 de febrero en el Capitolio de Colorado donde se dio comienzo al programa Faithful Tuesdays (Martes de fe n.d.t.), una serie de reuniones semanales que busca añadir una dimensión moral más profunda a la formulación de políticas en Colorado a través de la búsqueda de la erradicación del racismo y de un proceso de colaboración que apoye la equidad y una economía justa. En ella participaron líderes de diversas instituciones religiosas del estado de Colorado,

El obispo Rodríguez se refirió a la extirpación del racismo, como “un asunto oportuno”, ya que la Conferencia de Obispos de Estados Unidos (USCCB por sus siglas en Inglés) recientemente publicó una carta pastoral contra el racismo titulada Abramos nuestros corazones: El incesante llamado al amor. Y aseguró que el proceso de erradicación del racismo era también obligación de líderes religiosos.

La carta pastoral de la USCCB asegura que “el racismo surge cuando — ya sea consciente o inconscientemente — una persona sostiene que su propia raza o etnia es superior y, por lo tanto, juzga a las personas de otras razas u orígenes étnicos como inferiores e indignas de igual consideración. Esta convicción o actitud es pecaminosa cuando lleva a individuos o grupos a excluir, ridiculizar, maltratar o discriminar injustamente a las personas por su raza u origen étnico. Los actos racistas son pecaminosos porque violan la justicia. Revelan que no se reconoce la dignidad humana de las personas ofendidas, que no se las reconoce como el prójimo al que Cristo nos llama a amar (Mt 22:39)”.

“Todos tenemos la obligación de reconocer que nuestras tradiciones diversas de fe nos llaman a derribar los muros creados por las maldades del racismo, aunque esa maldad se demuestra públicamente a la vista de todos o está en el fondo de nuestros corazones. Si no atendemos este llamado, estamos destinados a que la historia se siga repitiendo”.

“Debemos crear ocasiones para escuchar con corazones abiertos las historias trágicas que están grabadas en la vida de nuestros hermanos y hermanas, si queremos promover la justicia”, aseguró el obispo. “El racismo es un problema moral que requiere un remedio moral, una transformación del corazón, que nos impulse a actuar. El poder de este tipo de transformación será un gran catalizador para eliminar esas injusticias que menoscaban la dignidad humana”.

Asimismo, el Rabino Joseph Black de Temple Emanuel de Denver habló sobre una economía moral, y enfatizó la necesidad de hablar en contra de las injusticias que se producen en este ámbito social.

“Como personas de fe, vemos el mundo desde un prisma de relaciones… Creemos que es importante vivir en comunidad y que nuestras vidas están entrelazadas. Y como resultado, que somo responsables unos por otros”, dijo el rabino. “Decir que somos personas de fe significa que estamos obligados a hablar contra cualquier injusticia… que no podemos quedarnos en silencio cuando vemos desigualdades en vivienda, empleo, saldos, atención sanitaria, cuidado de niños y en un sinnúmero de otros males que afectan a nuestra ciudad, estado y nación”.

El obispo Jerry Demmer de Greater Metro Denver Ministerial Alliance (la Alianza Ministerial del Área Metropolitana de Denver) habló sobre la equidad, refiriéndose a la cita del Apocalipsis 7,9 que Juan dijo: ‘Miré y pude ver una muchedumbre inmensa, incontable, que procedía de toda nación, razas, pueblos y lenguas.’ Así que cuando empezamos a entender la equidad, entendemos que tenemos que unirnos y trabajar juntos como un solo pueblo, luego entenderemos verdaderamente la equidad”.

El programa Faithful Tuesdays seguirá reuniéndose en el Capitolio del Estado de Colorado de 12 a 1 de la tarde todos los martes del año legislativo 2019, y se tocarán temas con respecto a la justicia criminal, la pena de muerte, la falta de hogar y muchos más.

Próximamente: Santos fuertes para nuestros tiempos de duda

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla