Programa independiente de reparación busca “restaurar la paz y dignidad de las víctimas” de abuso

Equipo de El Pueblo Católico

La Arquidiócesis de Denver, junto con otras dos diócesis de Colorado y el fiscal general de Colorado Phil Weiser, pronto abrirán un programa independiente de reparaciones para aquellos que fueron abusados sexualmente por sacerdotes cuando eran menores de edad.

El programa de reparaciones se anunció en febrero, al igual que la cooperación voluntaria de la arquidiócesis con el fiscal general para una revisión independiente de los archivos y políticas de las tres diócesis de Colorado, en relación con el abuso sexual a menores.

El programa será encabezado por los expertos en administración de denuncias reconocidos a nivel nacional, Kenneth R. Feinberg y Camille S. Biros, quienes revisarán los casos individualmente y determinarán las reparaciones financieras para los sobrevivientes que elijan participar. Los pagos serán financiados por la diócesis donde ocurrió el abuso.

En una carta escrita en febrero, el arzobispo Samuel J. Aquila explicó que la razón principal por la que las diócesis estaban accediendo a la revisión de archivos y el programa de reparación, es para ser lo más transparente posible y, en última instancia, ayudar a facilitar la sanación de las personas que fueron abusadas​​ sexualmente por sacerdotes diocesanos cuando eran menores.

“El daño que el abuso sexual causa a los jóvenes y a sus familias es profundo, especialmente cuando es perpetrado por una persona de confianza como un sacerdote”, escribió el arzobispo Aquila, “y aunque el dinero no puede sanar las heridas, sí puede reconocer el mal que se hizo y ayudar a restablecer paz y dignidad a quienes sufrieron de este mal”.

El programa es completamente independiente, sin ninguna participación de las tres diócesis de Colorado excepto para financiarlo, y será revisado por un comité de supervisión independiente dirigido por el ex senador estadounidense Hank Brown. La compensación será determinada únicamente por los administradores independientes, y las víctimas tienen la opción de aceptar o rechazar la oferta. Sin embargo, las diócesis están obligadas a aceptar y pagar la cantidad acordada por los administradores para cualquier sobreviviente que decida participar en el programa.

No hay una reserva monetaria o un límite agregado en el programa. Tampoco hay restricciones para las víctimas que deseen hablar públicamente sobre el abuso, el programa, o cualquier cantidad que se les pague. Sin embargo, para proteger la privacidad de las víctimas que deseen participar, el programa y las diócesis de Colorado mantendrán su información estrictamente confidencial, excepto para cumplir con la obligación legal de denunciar el abuso a las autoridades locales.

Este programa de reparaciones es similar al programa instituido por el ex arzobispo de Denver Charles J. Chaput en 2006. El arzobispo Aquila enfatizó que el programa será financiado en su totalidad por las reservas arquidiocesanas, sin que se tome dinero de los ministerios u organizaciones benéficas en parroquias, colectas diocesanas anuales o Caridades Católicas.

El arzobispo Aquila reconoció lo doloroso que ha sido esto para todos en la Iglesia, y expresó el deseo de que sea un paso para restaurar la confianza y la seguridad entre los fieles y los sobrevivientes.

“Ayudar a las personas a restaurar su confianza para vivir su fe, es esencial”, dijo el arzobispo en una conferencia de prensa en febrero, “y ayudarlos a tener un encuentro más profundo con Jesucristo, es mi objetivo en todo esto. Sé que la sanación es posible con Jesucristo”.

La información sobre cómo participar en el programa se anunciará en las próximas semanas.

MANTENTE INFORMADO:

https://promesa.archden.org/

 

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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