La fe: El verdadero secreto para un matrimonio feliz y duradero

Por, Anya Semenoff.

Todo comenzó en una cita a ciegas durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

Wally, el amigo de campamento de entrenamiento de Bruce Hammerle, tenía una hermana que había llegado de visita a Chicago y le pidió a Bruce que si podía cuidarla mientras que él salía con su novia.  Bruce nunca se imaginó que 74 años después, seguiría cuidándola.

¡Vive el verdadero amor!

Alice y Bruce, ahora de 91 y 92 años, celebraron su 70 aniversario de bodas el 18 de junio con una celebración oficiada por el arzobispo de Denver Samuel J. Aquila.

En Broomfield, Colorado sentados en la mesa de su cocina, el punto central de las reuniones familiares, Alice y Bruce reflexionaron sobre las décadas que han vivido juntos, comenzando con la historia de la propuesta, que tuvo lugar unos años después de la guerra, cuando Bruce terminó de servir en la Marina de los Estados Unidos.

“Le preguntó a mi padre, y por supuesto a mi madre a quien le encantaba porque era amigo de Wally.  Fuimos a Belle Isle, una isla en Detroit.  Me había preguntado antes, pero ese era el momento oficial.  Ya sabes, esas cosas pasaron hace tanto que apenas puedo recordarlas”, expresó Alice.


El 18 de junio, el arzobispo Samuel J. Aquila celebró una ceremonia de bendición para la pareja.

Lo que si puede recordar fácilmente, son las cosas que se han mantenido como una prioridad en su matrimonio durante el transcurso de los años, la fe católica que comparten, la devoción por su familia, y la certeza de que divertirse juntos es la clave para una vida feliz.

“Hemos sido bendecidos con nuestra fe… No hay discusión sobre lo que vamos a hacer en lo que respecta a nuestra fe, estamos en perfecta harmonía en ese aspecto. Eso tiene mucho que ver en nuestro matrimonio duradero”, dijo Bruce.

Incluso durante su noviazgo finales de la década de 1940, la fe era primordial.  “Íbamos a misa, a confesión y luego a bailar”, dijo Alice.

“Nuestra fe es el pilar de nuestro matrimonio.  Se basó en la religión cuando nos conocimos y así ha permanecido.  Es como una costumbre que aún no hemos roto”.

La pareja se casó en Detroit en 1949 y vivió ahí por casi 20 años antes de mudarse a Fort Lauderdale, Florida. Con 4 hijos adultos, casados, y con nietos, eventualmente fue evidente para Bruce y Alice que querían seguir a su familia a Colorado.

“Un día estábamos sentados en la entrada de la cochera y le dije, ¿Qué estamos haciendo aquí? Deberíamos estar disfrutando a nuestros hijos y nietos.  Y eso fue lo que hicimos”, dijo Bruce.

Eso sucedió en 1986, y ahora Bruce y Alice frecuentemente pasan tiempo con sus 10 nietos y tres bisnietos, entre 6 meses hasta 43 años.

Matrimonio: La creación más deslumbrante de Dios

Bruce y Alice se cuidan de no ofrecer concejos basados en sus años de matrimonio a aquellos que no lo están buscando.

“Tratamos de darles un buen ejemplo, lo hemos hecho toda nuestra vida y van desde allí.  Todos tienen sus propias opiniones que Dios les dio y todos tienen una opción”, dijo Bruce.

En la boda de uno de sus nietos, conocieron por primera vez al arzobispo Aquila quien estaba presente como uno de los invitados de la familia de la novia.  Cuando escucharon la canción de Glenn Miller “String of Pearls” durante la recepción, Bruce y Alice inmediatamente se dirigieron a la pista de baile.

“Papá y yo nos paramos a bailar y cuando terminamos, el arzobispo dijo ‘¡Eso fue absolutamente maravilloso!’, y desde entonces cada vez que se encuentra con Stacey o Cameron les pregunta ‘¿Cómo están Bruce y Alice? ¿Todavía están bailando?”, recuerda Alice.

Cortesía: Anya Semenoff

Puede que el baile se ha calmado un poco desde ese momento, pero disfrutan los recuerdos alegres que han recolectado juntos.  Recorrieron el país en una casa rodante y en algún momento se pasearon en un globo aerostático.

“Hemos tenido la fortuna de conocer a mucha gente buena, personas maravillosas”, expresó Bruce.  “Lo que más me gusta de las casas rodantes es que todo mundo simplemente quiere pasar un buen rato”.

También recuerdan con cariño ser anfitriones del lugar de reunión del vecindario, en su patio trasero de Michigan durante los primeros años de su matrimonio.

“Nuestro patio era como un parque, todos querían entrar. Teníamos una parrilla, columpios, y cajones de arena.  Nuestra casa era el núcleo de la familia”, expresó Alice.

Pero la vida no siempre ha sido color de rosa.  La pareja también ha tenido que luchar durante momentos difíciles, apoyando a sus seres queridos con problemas médicos y adiciones, pero siempre juntos.  Ellos señalan que esas experiencias y la bendición de contar con buena salud han sido factores importantes para sus 70 años de matrimonio.

“Ha sido divertido. Hemos sido muy, pero muy bendecidos con nuestra salud…no hacemos nada más que rezar bien todos los días y todas las noches” dijo Alice.  “Mantengan la fe, eso es lo principal”, agregó Bruce.

“Creo que eso es todo”, finalizó Alice refiriéndose al secreto de su matrimonio duradero.

¿Tu matrimonio está en peligro? Aún hay esperanza

Traducido y adaptado del original en inglés por Rocio Madera.

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Por el arzobispo Samuel J. Aquila.

“Levantémonos, pues, de una vez; que la Escritura nos exhorta”, nos insta la Regla de San Benito. “Abramos nuestros ojos a la luz… y nuestros oídos a la voz del cielo que todos los días nos llama… ‘Si escuchas hoy su voz, no endurezcas tu corazón’” (Sal 95,8). El 11 de julio, la Iglesia conmemora a San Benito, y sus palabras de hace 1,500 años parecen perfectamente adecuadas para los tiempos desafiantes y cambiantes de hoy.

La Regla de San Benito se escribió alrededor del 530, una época en que el Imperio Romano se había derrumbado y la existencia del cristianismo en Europa estaba amenazada. Dada nuestra situación cultural actual y sus paralelos con su tiempo, creo que podemos encontrar fruto en las enseñanzas de San Benito.

San Benito creció rodeado de una cultura moralmente corrupta, pero con la gracia de Dios vivió una vida virtuosa. Después de pasar un tiempo estudiando en Roma, huyó de su decadencia moral para buscar una vida más solitaria. San Benito vivió la vida de ermitaño durante varios años antes de que finalmente fundara varios monasterios, que se convirtieron en centros de oración, trabajo manual y aprendizaje.

San Benito comienza su regla instando a los monjes a “escuchar atentamente las instrucciones del maestro y atenderlas con el oído de su corazón” (Regla, Prólogo 1). Para nosotros, esto significa establecer un tiempo diario para escuchar al Señor, tanto en la lectura de las Escrituras como en la oración conversacional y la meditación.

Nuestra base segura durante estos tiempos difíciles debería ser la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, no los mensajes en constante cambio que nos bombardean en las noticias o en las redes sociales. Para algunos, cada tendencia en línea se ha convertido en una forma de evangelio que debe cumplirse con convicción religiosa. Pero la fe que nos transmitieron los Apóstoles es el único Evangelio verdadero y el único que puede salvar almas. Aunque los tiempos y la tecnología eran diferentes, San Benito entendió la importancia de escuchar “las instrucciones del maestro”.

En su libro El misterio del bautismo de Jesús  el predicador de la familia papal, el padre Raniero Cantalamessa, aborda la necesidad de que los sacerdotes se armen para la batalla “contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad actual” (cf. Jn 10: 12) En el centro de su reflexión está la idea de que “Jesús se liberó de Satanás mediante un acto de obediencia total a la voluntad del Padre, de una vez por todas entregándole su libre albedrío, para que realmente pudiera decir: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.’ (Jn. 4,34)”.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Pongo primero la voluntad del Padre en mi vida, en cada decisión que tomo y en todo lo que digo y hago? Si colocamos la voluntad del Padre en el centro de nuestras vidas y realmente lo escuchamos con “los oídos de nuestro corazón” como enseñó San Benito, estaremos preparados para lo que suceda y siempre daremos testimonio del amor de Dios y de los demás. Vivimos en un mundo que ha eliminado a Dios de su cultura. La historia, tanto la historia de la salvación como la historia mundial, muestra claramente lo que sucede cuando esto ocurre. Cuando Dios es eliminado, algo más se convierte en “dios”. Las sociedades descienden y eventualmente caen y desaparecen a menos que regresen al Dios verdadero y se conviertan en culturas que promuevan una vida de santidad y virtud.

Hay por menos una lección más de la regla de San Benito que es aplicable en estos tiempos de desunión y división social. Los monjes y hermanas de la familia espiritual benedictina son conocidos por su hospitalidad. La Regla enseña esta virtud de esta manera: “A todos los huéspedes que vienen al monasterio se les recibe como a Cristo, porque él dirá: ‘era forastero y me acogieron’ (Mt 25,35). Hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe (Gálatas 6:10) y a los peregrinos” (Regla, # 53).

Pidamos en nuestra oración poder ver a otros como Cristo mismo que viene a nosotros, incluso si están vestidos con lo que Santa Madre Teresa llamó “el disfraz angustiante de los pobres”. Si buscamos continuamente la voluntad del Padre y pedimos en oración por la configuración de nuestro corazón al suyo y nuestra voluntad a la suya, entonces podremos resistir cualquier desafío.