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miércoles, abril 17, 2024
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Cuaresma: Tiempo para deshierbar, tiempo de amor

Por Mary Beth Bonacci

He visto un meme en las redes sociales que cita al papa Francisco desalentando el ayuno, recomendando a las personas «comer lo que quieran» y en lugar de eso buscar «una mejor relación con los demás» durante la Cuaresma. La cita, hasta donde yo sé, es falsa. No puedo encontrar evidencia de que el santo padre haya dicho tal cosa.

Sin embargo, alguien lo dijo. Refleja un sentimiento popular entre los católicos. Y plantea algunas preguntas importantes. ¿Por qué ayunar? ¿Por qué hacer penitencia? ¿No es más importante simplemente amarnos unos a otros?

Quizás la penitencia sea importante porque la necesitamos si queremos mejorar en nuestro amor.

En una ocasión hable de nuestra relación de alianza con Dios: cómo él se entregó y se entrega a nosotros por completo, hasta la última gota de sangre, y cómo seguirlo significa que a cambio nos ofrecemos a él como respuesta a este pacto mutuo.

¿Y qué nos pide? Simplemente seguir su ejemplo, amarlo y amar a quienes nos rodean a quienes él creó.

En medio de esto, quizás sea difícil entender dónde encajaría el renunciar a la pizza. ¿No podemos simplemente saltarnos eso y pasar directamente a amar a nuestro prójimo?

El problema radica en nuestra comprensión de lo que realmente significa “amar a nuestro prójimo”. Diferentes personas lo ven de diferentes maneras:

Santa Teresa de Calcuta: su definición de amor es literalemtne sacar a personas moribundas plagadas de gusanos de una sucia alcantarilla, llevarlas a su casa, limpiarles las heridas y cuidarlas hasta que mueran dignamente.

San Maximiliano Kolbe: La definición de amor para él es ofrecerse como voluntario para intercambiar lugares con un hombre condenado a muerte, pasar hambre durante la mayor parte del camino en un búnker nazi y finalmente morir a causa de una inyección de ácido fénico.

La definición de amor de casi todos los estadounidenses: sonreír a la gente en la fila de la caja del supermercado.

Si crees que la expectativa de amor de Dios se limita al número 3, entonces sí, probablemente deberías seguir adelante y comerte la pizza. O quizás reconsideres tus suposiciones.

Pensamos, probablemente como resultado de demasiadas caricaturas de “El amor es…” de nuestra infancia, que el amor es fácil, que simplemente consiste en sonreír mucho y ser amable con las personas que nos rodean.

¿Acaso es así? Veamos la forma en que Dios nos amó. Envió a su Hijo, también Dios, que colgó de la cruz y murió en una muerte lenta, horrible y tortuosa para mostrar la profundidad de su amor por nosotros. Por ti.

Así que seguir su ejemplo de amor puede no ser tan sencillo como pensamos.

Por supuesto, la forma más básica de vivir el amor es evitar el pecado, ya que todo pecado es, en algún nivel, una falta de amor. Pero la cosa no termina ahí. Santa Teresa nos animó a “amar hasta que duela”. Amar de verdad, buscar realmente lo mejor para otra persona, a menudo implica un sacrificio significativo de nuestra parte. Tenemos que renunciar a lo que queremos hacer por lo que el amor nos exige. Los padres de niños pequeños (y no tan pequeños) lo saben. Los hijos de padres ancianos lo saben.

Todos necesitamos saber eso.

El problema es que, para renunciar a lo que queremos hacer por lo que estamos llamados a hacer, necesitamos cierta medida de autocontrol. Necesitamos lo que se conoce como “desapego”. Tomemos, por ejemplo, un padre que, en lugar de ayudar a su esposa con los niños, dedica todo su tiempo libre a jugar videojuegos. Puede que sea un buen tipo, pero no es capaz de amar porque no es capaz de desapegarse de lo que se interpone en el camino del amor.

Puede que no todos seamos adictos a los videojuegos. Pero todos somos adictos a alguna forma de consuelo que se interpone en nuestra capacidad de amar desinteresadamente.

Entonces, ¿cómo encaja renunciar a la pizza durante la Cuaresma? ¿Es sólo cuestión de estar preparados si el amor alguna vez exige que compartamos nuestra codiciada rebanada de pepperoni?

No, es algo más grande y profundoque que eso. Necesitamos erradicar el egoísmo que es inherente a la persona humana. Necesitamos desarrollar ese músculo interno que nos ayuda a alejarnos de algo cuando realmente lo queremos, para poder hacer lo que realmente debemos hacer. Cada vez que hacemos eso, fortalecemos nuestra fuerza de voluntad. Y esa fuerza de voluntad no tiene nada que ver con la pizza. La idea es que se mantenga cuando seamos llamados a sacrificarnos, de cualquier manera, por amar a nuestro prójimo.

La penitencia cuaresmal proscrita por la Iglesia (dos días de ayuno, sin carne los viernes) es un buen comienzo para algunas personas. Pero seamos honestos: en realidad no es tan difícil para la mayoría de nosotros. Necesitamos ir más alla, mucho más.

Obviamente, cuanto más desafiante sea el sacrificio, mayor será el beneficio. Así que renunciar a algo que no te gusta y que no echarás de menos no te hará mucho bien. Del mismo modo, si hay un área de la vida en la que sabes que tienes un apego que está interfiriendo con tu capacidad de amar (beber en el bar cuando deberías estar en casa con tu familia, jugar videojuegos cuando deberías estar cuidando a tus hijos, redes sociales cuando deberías estar orando, etc.), entonces ese será el lugar más fructífero para dirigir tus sacrificios cuaresmales.

Lo más importante que debemos recordar aquí es que, como cristianos, estamos llamados a amar en grande: a hacer sacrificios heroicos por amor. Cada uno de nosotros estamos rodeados de personas que tienen necesidades importantes y para quienes podríamos marcar una diferencia significativa, si pudiéramos estar dispuestos y ser capaces de hacer lo que sea necesario. ¿Quién se siente solo y necesita tu tiempo? ¿Quién está luchando y necesita tu cuidado y apoyo? ¿Y a qué tendrías que renunciar para ofrecérselo?

Para ser conscientes de ello y responder verdaderamente con amor, necesitamos romper con nuestras pequeñas burbujas del yo. Necesitamos darnos cuenta, pensar un poco en aquellos que Dios ha puesto en nuestras vidas, con qué luchan, qué podemos hacer para mejorar sus vidas. Y luego necesitamos la fuerza y el autocontrol para hacerlo.

El ayuno nos ayuda a lograrlo.

¿Alguna vez has notado en las Escrituras cómo el ayuno y el ministerio están estrechamente vinculados? Jesús ayunó y oró durante 40 días antes de comenzar su ministerio público. Pablo hizo lo mismo. Hay una razón para esto. El ayuno es poderoso. Nos equipa. Y trae gracia.

Hace poco vi una cita que decía que intentar amar sin penitencia es como intentar cultivar un jardín sin desherbar. No podemos pasar a las partes buenas sin eliminar todo lo que se interpone en el camino.

La Cuaresma es nuestra temporada para limpiar las malas hierbas. Haz buen uso de ello.

 

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido por el equipo de El Pueblo Católico.

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