¿Por qué llamamos a la Virgen María la “Reina del cielo y de la tierra”?

Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “María: ¿Por qué la amamos?” Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

Por Rocio Madera y Vladimir Mauricio-Pérez

A muchos les escandaliza escuchar que los católicos llamamos a la Virgen María la “Reina del cielo y de la tierra” porque la Biblia “nunca lo dice”. Pero, de nuevo, los cristianos se han basado en lo que sabemos de Jesús y en el Antiguo Testamento para entender a María.

Durante el reino davídico en el Antiguo Testamento, la reina que gobernaba al lado del rey no era su esposa, sino su madre. Se le conocía como “la Reina Madre”, “gébirah” en hebreo (Jer 13,18).

Como se ve en el ejemplo de Betsabé, madre de Salomón, la madre del rey gobernaba a su lado y era la segunda en el rango después del mismo rey. Al igual que el rey, la Reina Madre portaba una corona y siempre estaba sentada a su derecha compartiendo su autoridad (1 Re 2,19-20; Jer 13,18). Asimismo, la Reina Madre era una mujer poderosa e intercesora ante su hijo, el rey, como lo muestra Betsabé (1 Re 2,13-18). Si alguien quería obtener algo del rey, lo mejor que podía hacer era tener a la reina de abogada, pues él no la rechazaba (v. 17).

En los pasajes que profetizan la venida del Mesías, el nuevo rey, la madre también está presente (Is 7,14; Mi 5,2). Los Evangelios nos dicen que la Reina Madre es María. Reina del cielo y de la tierra

MARÍA: LA REINA MADRE DEL MESÍAS

Jesús es el nuevo Adán, el nuevo Moisés y también el nuevo David. Para los judíos, el Mesías tenía que ser descendiente de David (Is 11; 2 Sam 7,8-16). Y sabían que, si Jesús era el nuevo David, María era la Reina Madre y no una mujer ordinaria.

Mateo presenta a María como Reina Madre al nombrarla en su genealogía de Jesús, en la que muestra que Jesús es el heredero del trono de David (Mt 1, 1-17). Había solo un tipo de mujer que se nombraba en las genealogías de los reyes: la Reina Madre (ej: 1 Re 14,21; 15,1-2; 2 Re 8,25-26, etc.).

Otro ejemplo viene del Evangelio de Lucas, en donde santa Isabel exclama al ver a María: “¿Cómo he merecido que venga a mí la madre de mi Señor?” (Lc 1,43). Isabel era la prima mayor de María, y en la tradición judía, una prima mayor jamás honraba a su prima menor de esta manera, al menos que fuera una reina. La expresión “madre de mi Señor”, hace referencia a un título de reyes, por lo que Isabel reconoce a su prima María como la madre del Rey Mesías que había de venir.

Finalmente, María misma reconoce la gran gracia que Dios le ha dado al ser la madre de Mesías, del nuevo rey: “Desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1,48). Ella sabía que, por voluntad de Dios, su papel era importante en el plan de salvación.

ENTONCES ¿QUIÉN ES LA “REINA DEL CIELO” EN JEREMÍAS 44,17?

Que los paganos hayan llamado a una diosa “reina del cielo” no implica que la Biblia se esté refiriendo a la Virgen María. Esto no tiene fundamento alguno. Tal diosa es la falsa reina del cielo, porque la verdadera reina del cielo es María. Y para decir esto sí hay fundamento bíblico.

La Biblia presenta a María como la nueva Eva y la nueva Arca, y así la identifica también como la “mujer vestida del sol” del Apocalipsis. Y no solo está en el cielo, sino que también lleva una “corona de doce estrellas” (Ap 12,1), signo irrefutable de que es reina.

Si Jesús es el “rey de reyes” de la tierra y del cielo (Ap 1,5; 17,14), entonces María es también la Reina del cielo y de la tierra.

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Próximamente: El Papa envía 250,000 euros al Líbano para los afectados por la explosión en Beirut

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El Papa Francisco realizó una donación de 250,000 euros a la Iglesia en el Líbano para atender las necesidades de los libaneses “en estos momentos de dificultad y sufrimiento” tras la gran explosión que el pasado 4 de agosto tuvo lugar en el puerto de Beirut y destruyó parte de la capital libanesa.

Según un comunicado de prensa del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, por medio del cual se ha realizado la donación, esta ayuda “quiere ser un signo de la atención y cercanía de Su Santidad hacia la población afectada y de su cercanía paternal a las personas que se encuentran en graves dificultades”.

La explosión del 4 de agosto, cuyas circunstancias aún no se han aclarado, se produjo cuando se incendió un depósito portuario en el que se almacenaba desde hacía años sin custodiar un cargamento de 2,750 toneladas de nitrato de amonio, altamente inflamable, sobre todo cuando se contamina con otras sustancias.

La explosión produjo, al menos, 110 muertos y más de 4.000 heridos. Además, decenas de miles de personas se han quedado sin hogar en una ciudad que ya estaba sufriendo los efectos de la grave crisis financiera que padece el Líbano, agravada por las consecuencias de la pandemia de coronavirus.

Según se indica en el comunicado de prensa del Dicasterio que presiden el Cardenal Peter Turkson, la ayuda se canalizará por medio de la Nunciatura Apostólica de Beirut, estará destinada a los afectados por la explosión y para la reconstrucción de edificios dañados: casas, iglesias, monasterios e instalaciones civiles y sanitarias.

Esta ayuda del Santo Padre se añade a otras de diferentes instituciones de la Iglesia católica, como Caritas Líbano, Caritas Internationalis y otras organizaciones vinculadas de diferentes modos a Caritas.

El pasado 5 de agosto, durante la Audiencia General celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa Francisco pidió rezar por las víctimas y sus familias, pidió rezar por el Líbano “para que con el compromiso de todos sus componentes sociales, políticos y religiosos puedan enfrentar este momento trágico y doloroso y con la ayuda de la comunidad internacional superar la grave crisis que está atravesando”.

Redacción ACI Prensa

Foto EWTN