Buscando sanación y justicia para las víctimas

Arzobispo Samuel J. Aquila

El año pasado hice la promesa de que la Arquidiócesis de Denver sería transparente sobre nuestro manejo, prevención y respuesta a los abusos sexuales hacia menores perpetrados por sacerdotes. Hemos estado trabajando para continuar cumpliendo esta promesa, y esta semana este esfuerzo ha traído dos frutos.

Después de meses de diálogo con el ex y actual fiscal de Colorado, las tres diócesis de Colorado han voluntariamente firmado un acuerdo conjunto que será el resultado de la revisión independiente del historial de cada sacerdote.

Esta revisión se confiará a un perito judicial, el ex abogado de los Estados Unidos Robert Troyer, quien revisará los archivos para determinar cuáles sacerdotes han recibido acusaciones fundamentadas de abuso sexual hacia un menor. Quienes hagan parte de esta descripción, sus nombres se harán públicos en un reporte.

Esta será también una oportunidad importante para una evaluación honesta y justa en nuestro manejo sobre el tema del abuso sexual a menores perpetrado por sacerdotes y para una revisión de nuestras actuales políticas y procedimientos.

Confiamos en nuestro historial de las últimas décadas, en los pasos que hemos dado para direccionar este problema y que en la actualidad no hay acusaciones contra ninguno de nuestros sacerdotes. Al mismo tiempo, espero que este anuncio mueva a cada una de las personas que han sido heridas a que se presenten y realicen la denuncia.

La Arquidiócesis de Denver y la oficina del Fiscal General han podido llegar a este acuerdo gracias a que compartimos los mismos objetivos: justicia y sanación para las víctimas, rendición de cuentas, transparencia y la necesidad de que nuestro historial sea más conocido.

Espero también que la revisión de este archivo independiente pueda ayudar a traer justicia a nuestros 300 sacerdotes activos, cuyo fructífero y sacrificado ministerio se ve muy a menudo injustamente empañado por los pecados de un pequeño grupo de sacerdotes que les precedió.

Cabe señalar que nuestros sacerdotes han sido de gran apoyo y han desempeñado un papel fundamental en el proceso de implementación de protocolos de ambientes seguros que han sido creados en nuestras parroquias y ministerios, mucho más seguros de lo que eran antes del año 2002. Mientras que la Arquidiócesis ha asistido durante años a las víctimas, deseo fuertemente extender este alcance mucho más allá y deseo intentar traer algunas medidas de sanación para aquellos que han sido heridos.

El daño que el abuso sexual causa a los jóvenes y a sus familias es profundo, especialmente cuando es perpetrado por una persona de confianza como un sacerdote. Y aunque el dinero no puede sanar las heridas, sí puede reconocer el mal que se hizo y ayudar a restablecer paz y dignidad a quienes sufrieron de este mal.

El programa de compensación a los sobrevivientes será administrado por un experto en mediación nacional: El señor Kenneth Feinberg, y su colega, la señora Camille Biros. Ambos recibirán denuncias de aquellos que, siendo menores, fueron abusados por sacerdotes y obispos y determinará imparcialmente qué asistencia se necesita para ayudar a estas víctimas.

Su trabajo será totalmente independiente de la arquidiócesis y será supervisado por un comité autónomo compuesto por respetados coloradenses y expertos a nivel nacional. El presidente de ese comité será el ex senador estadounidense Hank Brown.

Es importante para los católicos saber que los costos de este programa serán cubiertos por los bienes y las reservas que tenemos en la arquidiócesis, y no por fondos parroquiales, por la Colecta Anual de Arzobispo o por los activos de Caridades Católicas.

Si bien este proceso ciertamente incluirá momentos dolorosos y nunca podrá restaurar por completo lo que se perdió, ruego que al menos este sea el comienzo de un proceso de sanación.

A pesar de los pecados de los miembros de la Iglesia, debemos recordar que Jesús es la última fuente de sanación para cualquier herida. Hoy vienen a mi mente las palabras de la Madre Teresa, quien gastó su vida cargando el sufrimiento: “Lleva todos tus dolores a (Jesús)… solo abre tu corazón para ser amado por Él como eres. Él hará el resto”.

Por favor visita la página archden.org/promesa para actualizaciones sobre los detalles de la revisión de archivos y el programa de compensación a las víctimas.

 

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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