Compartiendo el amor de Dios, una cobija a la vez

Vladimir Mauricio-Perez

Al crecer en las calles de Brooklyn, Patrick Lubrano supo lo que era ver a la gente viviendo en las calles y pasando frío en los meses de invierno. Desde muy joven, Patrick a menudo se llevaba un sándwich extra o una cobija camino a la escuela para dárselo a una persona necesitada. Años más tarde, este intenso llamado de ayudar a los pobres se convirtió en un ministerio que ahora proporciona alimentos y ropa a muchas personas necesitadas en la ciudad de Denver.

“Nos criaron de esa manera: ayuda cuando puedas hacerlo. Sabíamos que era una parte esencial de nuestra fe”, dijo Patrick, feligrés de la parroquia Assumption en Denver y Caballero de Colón de cuarto grado. “Todos somos diferentes, ya sea por nuestra cultura, nacionalidad, religión o punto de vista político, pero al final todos somos seres humanos y necesitamos ayudarnos unos a otros, sin importar nuestras creencias o de dónde venimos”.

Si bien su ministerio personal de llevar cobijas y comida a los pobres estuvo de alguna manera presente desde su niñez, no fue hasta el año 1994 cuando comenzó a hacerlo de manera más consistente e intencional.

“Encontraba personas sin hogar en el área, y cada vez que tenía dinero extra, cargaba mi coche y les llevaba comida y ropa”, recordó.

Así lo hizo durante cinco años hasta que se mudó a Arizona. Pero el ministerio no se detuvo allí, solo cambió según las circunstancias. El distrito donde trabajaba rodeaba un complejo con una comunidad necesitada, y Patrick sabía que no podía quedarse de brazos cruzados.

Con la ayuda de otros compañeros de trabajo, comenzó a llevarles comida durante todo el año, especialmente durante fechas especiales como Acción de Gracias, Navidad y Pascua. También organizaba fiestas para la comunidad tres veces al año. Cuando empezó a trabajar para el equipo de baloncesto de los Phoenix Suns, tanto el equipo de los Suns como el de los Arizona Rattlers comenzaron a regalarle juguetes y ropa para los niños.

Sin embargo, después de mudarse de nuevo a Brooklyn y regresar a Arizona un año más tarde, descubrió que el complejo había sido demolido y las personas de la comunidad se habían dispersado.

Hace poco más de tres años, Patrick se mudó a Denver junto con su familia y trajo su misión a la ciudad, pero tuvo un encuentro que lo impulsó a hacer mucho más.

El deseo de Patrick Lubrano de ayudar a los más necesitados nació en la educación que recibió de sus padres, quienes le enseñaron desde pequeño que ayudar al prójimo era una parte esencial de la fe. (Foto provista)

“Cuando llegué a Denver, vi la creciente población que vivía en las calles de la ciudad”, dijo. “Vi a un hombre que se congelaba y sostenía un letrero que decía: ‘Cualquier cosa ayuda’. Cuando le di una cobija, notó mi gorra de los Caballeros de Colón y me preguntó: ‘¿A qué consejo perteneces?’, y luego me dijo: ‘Soy un exsacerdote’”.

Desconcertado por su respuesta, Patrick le pidió que se subiera al auto para poder ayudarlo, pero el hombre respondió: “No pasa nada, es solo que me encanta ser católico y me encanta lo que estás haciendo en este momento. Gracias.”

Patrick le dio dos cobijas, $20 y su número de teléfono antes de irse. “Me agobiaba ver a uno de los nuestros sufrir así”, dijo.

Esta experiencia lo llevó a acercarse al Gran Caballero de su consejo y buscar apoyo para dar cobijas a las personas sin hogar en Denver. Con gusto, el consejo financió los primeros cientos de dólares para comprar cobijas, ropa y comida.

No obstante, sabía que tenía que buscar el apoyo de más personas, por lo que comenzó una página de GoFundMe y en unos meses pasó de recaudar $500 a alrededor de $4,000, logrando comprar cerca de 500 cobijas, además de comida, camisetas, calcetines y más.

“Me veo obligado a hacerlo porque veo la necesidad. No pierdo la fe en nadie; creo en las segundas y terceras oportunidades”, dijo. “También quiero que la gente vea que los católicos son buenas personas y que los Caballeros de Colón ayudamos a muchos”.

Patrick es principalmente quien visita a las personas sin hogar y reparte cobijas, ropa y comida. Su experiencia como ex agente de seguridad le ha ayudado a hacerlo de manera prudente, ya que reconoce que, en ocasiones, el ministerio le obliga a ponerse en situaciones vulnerables. Pese a eso, en sus interacciones, ha visto principalmente la gratitud y la amabilidad de la gente.

“A veces, cuando veo a alguien en un banco o en el suelo, me detengo para ver si está bien y luego le pregunto si está bien darle una manta o una almohada. El miedo es que la gente muera de frío en las calles”, aseguró.

Durante este invierno, Patrick ha repartido más de 500 cobijas, además de ropa y comida, a través de su ministerio personal. (Foto provista)

“En ocasiones es agotador porque estoy solo, pero mi esposa me apoya mucho. A veces salgo a las 9 de la noche, y mi esposa me dice: ‘¡Pero hace mucho frío!’. Y yo le respondo: ‘Por eso salgo, porque hace mucho frío’. Y ella simplemente sonríe y dice: ‘Ten mucho cuidado'”.

Patrick sabe que a veces los católicos sienten un profundo anhelo de ayudar, pero se sienten abrumados porque no saben cómo hacerlo ni por dónde empezar. Pero agregó que no siempre es necesario hacerlo en persona como lo hace él.

“Empieza en tu iglesia para ver si están recolectando ropa o comida. Ayuda a tus bancos de alimentos. Hay muchas personas que están luchando financieramente en este momento, ayúdalas de alguna forma”, agregó. “Ver la necesidad de estas personas y no hacer nada al respecto: esa es la tragedia cuando uno tiene la capacidad de ayudar”.

“Me gustaría que la gente supiera que la Iglesia Católica y los Caballeros de Colón estamos aquí para ayudar. Si necesita comunicarse con nosotros, puede hacerlo. Comuníquese con el Consejo de Caballeros de Colón en su parroquia”, concluyó Patrick. “Le digo a todos mis compañeros católicos: si ven a alguien que está batallando, busquen a alguien que pueda ayudarlos, envíenlos a la Iglesia, refugios, bancos de alimentos… Si hiciéramos eso como una comunidad entera, estaríamos ayudando a todos”.

 

Patrick Lubrano: patricklubrano@yahoo.com.

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“Dios restauró mi matrimonio y mi familia”

La obra de Dios en un mundo caído

Vladimir Mauricio-Perez

Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “¿Por qué estoy aquí?”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

Todos experimentamos de manera muy personal el sufrimiento, causa de la envidia y el orgullo de Satanás. Sin embargo, hay historias como la de Chary que nos muestran la bondad de Dios y lo que él puede hacer en nuestra vida si nos abrimos a su inagotable misericordia.

Era madre soltera, uno de sus hijos la odiaba y no le hablaba en 5 años, dos hijos tenían problemas con las drogas y el alcohol y una hija había intentado suicidarse 5 veces. Estaba enfadada, desesperada y llena de resentimiento contra su exmarido. Fue entonces que finalmente decidió aceptar la invitación a asistir a aquel retiro para ver si eso de Dios era cierto.

Dios no solo terminaría por cambiar la vida de Chary por completo, sino también la de su familia. “Yo estaba muy lejos de conocer mi fe católica. No era ni católica de domingo”, dijo María del Rosario Pasillas, más conocida como Chary, madre de 6, proveniente del estado de Zacatecas y feligrés de la parroquia de la Ascensión en Denver. “Me divorcié de mi esposo por su problema con el alcohol y tenía muchos problemas con mis hijos”.

Chary creía que era suficiente proveer una estabilidad económica para sus hijos, por lo que pasaba la mayor parte del tiempo trabajando. Pero no necesariamente dedicaba mucho de su tiempo libre a sus hijos. Después de su divorcio, se había entregado al mundo “como una joven”, por lo que la relación con sus hijos había empeorado.

“Me decían (unas amigas): ‘¡Pídele a Dios!’, y yo no creía; estaba enojada con Dios porque había permitido que mi marido se hiciera alcohólico y mis hijos drogadictos”, recuerda Chary. “Después de un intento de suicidio de mi hija, la tuvieron encerrada en un hospital psiquiátrico. Fue entonces que decidí ir a ver si era cierto lo que me decían de ese Dios”.

En el 2017, Chary asistió a un congreso de El Sembrador Nueva Evangelización (ESNE) en Chicago, al que varias amigas la habían estado invitando durante 2 años. Su experiencia fue tan fuerte que en ese evento le entregó su vida a Dios.

“Fue algo tan maravilloso que yo viví. Decían: ‘Busca primero el reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura’. Y cuando yo le dije que sí a Dios, mi vida empezó a cambiar”. A partir de ese momento, Chary comenzó a orar por sus hijos.

“No pasó ni siquiera un mes cuando yo empecé a ver resultados. Empecé a hacer oración por mi hijo que no veía desde hace 5 años. Cumplidos los 2 meses, mi hijo regresó e hicimos las pases”, afirmó.

También hizo a un lado el odio que le tenía a su esposo y lo invitó a ir a misa para pedir por sus hijos, después de haber estado divorciados por 13 años. Así se dio cuenta de que su esposo había cambiado por completo.

“Él nomás me estaba esperando. Hablamos, aclaramos todos nuestros problemas y nos pedimos perdón el uno al otro”, recordó Chary, agradecida. “Qué momentos tan fuertes tuvimos que pasar para tener la familia que tenemos ahora. Yo decía que no necesitaba de nadie, menos de ese hombre; le tenía tanto odio. Pero Dios me devolvió a otro hombre, no el mismo que yo había divorciado”.

Pero las bendiciones no terminaron allí. Chary invitó a su hija a asistir a un retiro de ESNE, ya que su hija no encontraba alivio en manos de los psicólogos y estaba tomando 13 medicamentos para su ansiedad y depresión.

“Los psicólogos me habían dicho que jamás iba a estar bien. No creían que mi hija iba a sanar. Pero mi Señor me la sanó. Haga de cuenta que Dios me la dio de alta en ese congreso de mujeres de El Sembrador. Gracias a Dios, mi hija es sana. En primer lugar, sin duda, fue Dios; ahí está Dios”, expresó Chary. “El Sembrador es un instrumento que Dios ha usado para sanar tantas vidas, matrimonios, drogadictos… Es maravilloso lo que Dios hace”.

El testimonio de Chary y su familia inspiraría a Noel Díaz, fundador de ESNE, a abrir una estación de radio católica en Denver. Foto provista.

Lo que Dios hizo en la vida de Chary y de su familia también llevó a que ESNE eventualmente abriera una estación de radio católica en Denver, la 1040 AM.

A pesar de que algunos de sus hijos siguen teniendo problemas con las drogas y el alcohol, Chary no ha perdido la confianza en que Dios puede cambiar su vida, y siempre ora por ellos.

“Yo creía que lo podía todo por mí misma, pero somos tan frágiles. Dios está ahí, y es tan bueno y misericordioso, que, hasta de esos matrimonios ya perdidos, puede hacer algo”, concluyó Chary. “Mientras Dios exista, yo no voy a perder la fe, porque él tiene el poder”.

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