La vocación es dada, no fabricada

Arzobispo Aquila

Existen muchas incertidumbres en la vida, pero como observa la Iglesia en la Jornada Mundial por las vocaciones que será este 12 de mayo, quiero recordar a cada uno de ustedes – especialmente a los jóvenes – que pueden estar seguros de que Dios tiene un plan único y amoroso para sus vidas que solamente ustedes pueden cumplir. Su tarea consiste en buscar al Señor con todo su corazón y, si hacen esto, pueden estar seguros de que Él les revelará su vocación.

Esta no es una creencia popular, pero sí es verdadera. A muchos jóvenes se les enseña hoy que son algo así como una pizarra en blanco en la que pueden escribir lo que quieran. Las mareas del relativismo han erosionado la creencia en la verdad objetiva hasta el punto de que un número creciente de personas piensa que el género, la naturaleza del matrimonio y, en última instancia, lo que es correcto o incorrecto se puede cambiar a voluntad. Cuando no hay una referencia a Dios, uno mismo se hace pasar por Dios.

Este desarrollo de ideas puede llevar a las personas a pensar que las vocaciones son como elegir una carrera.  Pero no es así. La vocación es un llamado que Dios Padre pone en nuestros corazones. Como el Papa Francisco nos recuerda, se trata de un llamado a “seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean”. (Mensaje para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones 2019). Jesús es aquel que “marca el camino para nuestra felicidad”.

El mensaje del Evangelio se encuentra en el corazón mismo de cada vocación: Dios te ama. Él murió por ti. Y Él tiene un plan para tu felicidad. El experimentar esto en tu vida te traerá una alegría y libertad duraderas.

Pero esto no quiere decir que seguir el plan de Dios no sea desafiante. El Papa Francisco se basa en la historia de Jesús llamando a los apóstoles lejos de su oficio de pescadores para que se conviertan en “pescadores de hombres”. Así describe cómo el hecho de ser llamado contiene tanto promesas como riesgos. “El llamado de Dios”, dice, “no es una intromisión de Dios en nuestra libertad (…) Por el contrario, es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos, mostrándonos en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante”.

Si alguien es llamado al sacerdocio, a la vida religiosa, a la vida consagrada o al matrimonio, abundará una gran alegría sobre las almas traídas al Señor para la sanación y la salvación. Pregúntale a cualquier sacerdote y escucharás historias sobre la riqueza, los desafíos y las alegrías de su ministerio.

El Santo Padre nos ofrece una reflexión sobre el riesgo y la promesa de nuestra vocación usando el ejemplo de la vida de María: “Su misión no fue fácil, sin embargo, no permitió que el miedo se apoderara de ella. Su sí fue el ‘sí’ de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Y yo les pregunto a cada uno de ustedes. ¿Se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante? María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir ‘no’”.

Que el ejemplo de la Santa Madre inspire a cada uno a discernir cómo el Padre los está llamando y que ella interceda por ti para que recibas los dones de sabiduría y fortaleza para que puedas seguir a su hijo Jesús quien es el camino, la verdad y la vida. Él te traerá una gran alegría, incluso en los momentos difíciles de la vida.

Próximamente: ¿Por qué soy católico?: Por la Biblia

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La Biblia es más católica de lo que creemos. Muchas personas no saben que no fue la Iglesia la que nació de la Biblia, sino la Biblia la que nació de la Iglesia, nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué soy católico?: Por Jesús

En las primeras décadas del cristianismo, el Nuevo Testamento no existía. Los discípulos predicaban por palabra lo que habían aprendido de Jesús. No fue hasta décadas después de la resurrección que lo escribieron.

En ese tiempo había muchos evangelios y cartas que aseguraban tener inspiración divina.

¿Por qué soy católico?: Porque es la Iglesia que Cristo quiso fundar

¿Cómo es que unos sí llegaron a considerarse “divinamente inspirados” y se incluyeron en el Nuevo Testamento y otros no? ¿Quién decidió cuáles eran verdaderos y cuáles no?

Fue la Iglesia Católica, con la inspiración del Espíritu Santo y la autoridad que Jesús le dio, la que decidió la lista de 27 libros que eran divinamente inspirados del Nuevo Testamento en el año 382 d. C., bajo el Papa Dámaso.

¿Por qué soy católico?: Por el perdón de los pecados

¿Cómo lo hicieron? Los obispos y teólogos de ese tiempo investigaron cuáles evangelios y cartas tenían origen apostólico y compararon su contendido con la Tradición que habían recibido de los discípulos por medio de la palabra. Asimismo, construyeron la lista de 46 libros divinamente inspirados del Antiguo Testamento.

Esta colección de 73 libros, que llamamos “Biblia”, no es solo una colección histórica, sino que contiene el mensaje que todo humano debe saber.

Si no lees la Biblia regularmente, te invitamos a que lo hagas. En ella encontrarás la historia de amor más bella de todos los tiempos. Es como una carta de amor que está dirigida a ti personalmente. Léela si quieres conocer a Jesús y podrás decir con san Pablo: “(Cristo) me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20).

¿Por qué soy católico?: Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía

Sabías que…

Esta lista de 73 libros se consideró divinamente inspirada por todo cristiano por más de 1,100 años, hasta que Martín Lutero y sus seguidores se deshicieron de siete libros del Antiguo Testamento en la Reforma Protestante en el siglo XVI. Los católicos aún conservan los 73 libros.