Le quedaban días de vida. Hoy está sana.

Los doctores pueden dar su diagnóstico, pero Dios tiene la última palabra.

Mavi Barraza

“Puedes morir en cualquier momento”, fue el mensaje que recibió Rocío Pérez tras revelársele que tenía un tumor en el cerebro.

Laredo, Texas es la tierra que vio nacer a Rocío quien es de ascendencia mexicana. Fue en el 2009 cuando Rocío, con 34 años de edad, comenzó a notar problemas de oído, sentía mareos, náuseas y dolores de cabeza. Una madrugada la llevaron al hospital de emergencia porque perdió control de parte de su cuerpo y del habla.

Una fiesta por su cumpleaños había sido organizada para unos días más tarde, debido a la gravedad del caso, tuvo que ser cancelada por recomendación de los médicos.

Días después, Rocío se encontraba dentro de una sala, con una máscara protectora y anclada a una camilla, mientras se llevaba a cabo un imagen de resonancia magnética. Luego de dejar el hospital ese mismo día, Pérez recibió una llamada que le indicaría la severidad de su caso -un tumor “no común” se albergaba en su cabeza y estaba sobre su cerebro.

Las opciones para tratar el mal eran limitadas, así como sus posibilidades de seguir con vida. Según le explicó el doctor en cualquier momento podría darle un ataque cerebral y morir. “Fue una experiencia muy ‘interesante’… Yo lo vi desde el punto de vista de una persona de negocios aquí está un problema, hay que buscarle una solución. Y fue ahí donde comenzó un camino de descubrir lo que era importante en mi vida”, aseguró la entrevistada.

Sin embargo, para su familia no fue así y Rocío tuvo que brindarles apoyo psicológico. Mientras ellos se lamentaban, ella decía: “Yo voy a celebrar la vida. Voy a vivir todas las experiencias que pueda, y voy a amarme…”, esa era la respuesta de aliento que Rocío compartía con sus amigos y familiares que estaban consternados con la noticia.

No hacer nada al respecto, recibir una sesión de radiación estereostática -que es el máximo que puede recibir una persona con este mal-, o someterse a una operación para extraer el tumor, eran las opciones que le dieron los doctores. La fe de Rocío en que se sanaría era tal que optó por la radiación ya que según dice, la operación tenía más posibilidades de “error humano”.

El día más emocional para esta mujer, fue el 8 de diciembre, una tarde antes del procedimiento de radiación cuando llegaron a su casa su hijo y su nuera a llevarle los regalos de navidad, “Me dijeron: mamá, nos gustaría que abrieras tus regalos de navidad hoy (porque ellos pensaban que no llegaría al 25 de diciembre)”, recuerda con voz entrecortada.

En ese momento, “el camino se tornó más interesante”, aseguró la entrevistada. El proceso de “recuperación” duro un año y medio durante el cual no podía llevar una vida normal. El tumor se expandió -como efecto de la radiación-, esto hizo que a Rocío le incrementaran los dolores de cabeza. “Un día bueno era poder salir al sol. No podía caminar y un día me dije: ‘no puedo más’”, aseguró Pérez.

Decidió tomar un viaje a México por una semana. Durante ese tiempo se percató que su cuerpo reaccionó positivamente debido al cambio de clima y geografía. Entonces, decidió mudarse a San Diego, California.

Los médicos ahora ahí, le informaron que el procedimiento que le habían hecho en Denver había empeorado las cosas, ahora el tumor estaba pegado al cerebro -anteriormente estaba sobre este-.  “No comprendía lo que estaba pasando, salí de la oficina del doctor y me fui a hacer lo que nunca había hecho, ¡Vivir! “Me compré un kayak, me fui a la playa y comencé a hacer todo lo que siempre quise hacer”, acotó.

Rocío siguió viendo especialistas, y también incrementando su fe, comenzó a hacer diferentes cosas para sanarse: comer saludable, alcalinizarse, y a llevar una vida más activa.

En el 2013 ocurrió un cambio en la salud de Rocío. Los análisis dictaban que se estaba mejorando. “Le dije al doctor: ‘Un día voy a entrar a esta oficina y el tumor se va a haber desaparecido’”.  El doctor le dijo que eso no era posible, que el tumor seguiría creciendo y que no se hiciera falsas esperanzas, a lo que ella contesto con simpatía: “¡Yo me quedo con mi fe y mis creencias, usted quédese con el tumor!”.

Los análisis anuales muestran que el tumor que antes amenazaba su vida ahora está inactivo. Este año Rocío recibió la gran noticia de que por los próximos años no tendrá que revisarse ya que todo indica que está mejor que nunca.

Al pregúntale a Rocío si hubiera tenido la opción de tomar la decisión del suicidio asistido, ¿lo hubiera hecho? Su respuesta fue “¡No! ¡La vida es fenomenal!,¡Goza la vida por lo que es, que, si no lo has hecho, estas muerto en vida!”.

Rocío Pérez vive ahora en Colorado, es profesional, empresaria y dedica parte de su tiempo a dar conferencias motivacionales.

Próximamente: 5 santos latinoamericanos que quizás no conocías

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Durante los últimos cinco siglos, el continente americano, ha contado con grandes santos. San Juan Diego, Santa Rosa de Lima o San Martin de Porres, son solo algunos de los santos que gozan de una gran devoción popular por parte de la comunidad latinoamericana.

No obstante, este septiembre, Mes de la Herencia Hispana, nos invita a reflexionar más a fondo sobre la vida de los santos menos conocidos que han impactado profundamente diferentes países latinoamericanos a través de su fe y trabajo, y cuyo ejemplo tiene el poder de impactar a personas en cualquier parte del mundo.  Te presentamos algunos santos que quizás no conocías.

 

Santo Toribio de Mogrovejo
1538-1606
Perú

Nacido en Valladolid, España, Toribio era un joven piadoso y un destacado estudiante de derecho.  Como profesor, su gran reputación llegó hasta los oídos del rey Felipe II, quien finalmente lo nominó para la Arquidiócesis vacante de Lima, Perú, a pesar de que Toribio ni siquiera era un sacerdote.  El Papa aceptó la solicitud del rey a pesar de las protestas del futuro santo. Antes del anuncio oficial, fue ordenado sacerdote, y unos meses después, obispo.  Pasó por su arquidiócesis evangelizando a los nativos y se dice que bautizó a casi medio millón de personas, incluyendo a Santa Rosa de Lima y San Martin de Porres.  Aprendió los dialectos locales, produjo un catecismo trilingüe, luchó por los derechos de los nativos e hizo de la evangelización un tema principal de su episcopado.  Además, trabajó devotamente para una reforma arquidiocesana después de darse cuenta de que los sacerdotes diocesanos estaban involucrados en impurezas y escándalos.  Santo Toribio de Mogrovejo predijo la fecha y hora de su muerte, y sus retos están enterrados en la catedral de Lima, Perú.

 

Santa Mariana de Jesús Paredes
1618-1645
Ecuador

Mariana nació en Quito, y no solo se convirtió en la primera santa de ese país, sino que también fue declarada heroína nacional por la Republica del Ecuador.  Cuando era niña, Mariana mostró un profundo amor por Dios y se sometía a largas horas de oración y sacrificio.  Intentó integrarse a una orden religiosa en dos ocasiones, pero varias circunstancias no lo permitieron.  Esto llevó a Mariana a darse cuenta de que Dios la estaba llamando a la santidad en el mundo.  Construyó una habitación al lado de la casa de su hermana y se dedicó a la oración y a la penitencia, viviendo milagrosamente solo de la Eucaristía.  Era conocida por poseer los dones de consejo y profecía.  En 1645, los terremotos y las epidemias estallaron en Quito, por lo que ella ofreció su vida y sufrimientos para ponerles fin.  Terminaron luego de que ella hizo su ofrenda.  El día de su muerte, se dice que un lirio brotó de la sangre que se extrajo y se vertió en una maceta, lo que le dio el nombre de La “Azucena de Quito”.

 

 

Santa Teresa de Los Andes
1900-1920
Chile

Santa Teresa de Jesús de los Andes fue la primera santa de Chile y la primera carmelita descalza en ser canonizada fuera de Europa. Nacida como Juana, cuando era niña la futura santa era conocida por su fuerte temperamento. Era orgullosa, egoísta y terca. A los seis años se sintió profundamente atraída por Dios, y su extraordinaria inteligencia le permitió comprender la seriedad de recibir la Primera Comunión. Juana cambió su vida y se convirtió en una persona completamente diferente a los 10 años, practicando el sacrificio y la oración profunda. A los 14 años, decidió convertirse en Carmelita Descalza y recibió el nombre de Teresa de Jesús. Profundamente enamorada de Cristo, la joven y humilde religiosa le dijo a su confesor que Jesús le dijo que moriría pronto, algo que aceptó con alegría y fe. Poco después, Teresa contrajo tifus y murió a la edad de 19 años. Aunque le faltaban 6 meses para terminar su noviciado, pudo profesar votos “en peligro de muerte”.  Alrededor de 100,000 peregrinos visitan su santuario en los Andes anualmente.

 

Santa Laura Montoya
1874-1949
Colombia

Luego de que su padre muriera en la guerra cuando ella era solo una niña, Laura se vio obligada a vivir con diferentes miembros de la familia en la pobreza. Esta realidad le impidió recibir educación formal durante su infancia. Lo que nadie esperaba es que un día se convirtiera en la primera santa de Colombia. Su tía la inscribió en una escuela a la edad de 16 años, para que se convirtiera en maestra y se ganara la vida en ese oficio. Ella aprendió rápidamente y se convirtió en una gran escritora, educadora y líder. Era una mujer piadosa y deseaba dedicarse a la evangelización de los nativos. Mientras se preparaba para pedirle ayuda al Papa Pío X, recibió la nueva Encíclica Lacrymabili Statu del Papa, sobre la condición deplorable de los indios. Laura lo vio como una confirmación de Dios y fundó los Misioneros del Inmaculado Corazón y Santa Catalina de Siena, trabajando para la evangelización de los nativos y luchando en su nombre para que fueran vistos como hijos de Dios.

 

San Manuel Morales
1898-1926
México

Manuel fue un laico y uno de los muchos mártires de la Guerra Cristera de México en la década de 1920. Se unió al seminario cuando era adolescente, pero tuvo que abandonar este sueño para poder mantener económicamente a su familia. Se convirtió en panadero, se casó y tuvo tres hijos. Sin embargo, este cambio no le impidió dar testimonio de la fe públicamente. Se convirtió en presidente de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, que estaba siendo amenazada por la administración del presidente Plutarco Elías Calles. Morales y otros dos líderes de la organización fueron tomados prisioneros mientras discutían cómo liberar a un amigo sacerdote del encarcelamiento por medios legales. Fueron golpeados, torturados y luego asesinados por no renunciar a su fe. Antes del ser fusilado, el sacerdote rogó a los soldados que perdonaran a Morales porque tenía una familia. Morales respondió: “Me muero por Dios, y Dios cuidará de mis hijos”. Sus últimas palabras fueron: “¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!”