Madre Cabrini: Su espíritu brilla tras cien años de su muerte

Aaron Lambert

Al manejar entre las montañas, en la avenida I-70 es difícil no detectar una imagen del Sagrado Corazón Jesús mirando la carretera y dando una cálida bienvenida Denver después de un largo fin de semana.

El santuario de la Madre Cabrini se está convirtiendo en un punto de referencia para los coloradeños. Es un silente refugio a las afueras de la ciudad para quienes puedan estar sobrecargados o para aquellos que quieran tener alguna distracción o un momento de paz y silencio.

Durante los días 15 y 16 de julio se realizó en este lugar la conmemoración central en la arquidiócesis de Denver del centenario la muerte de la madre Frances Xavier Cabrini en la que se destacaron su vida y sus logros. El obispo Jorge Rodríguez celebró la Misa el pasado domingo 16.

La Madre Cabrini fue una sencilla mujer italiana que dejó una huella única en la espiritualidad católica americana. Ella fue la responsable de la fundación de 67 institutos en Estados Unidos, incluyendo colegios, hosptiales y orfanatos.

 

Su vida

Frances Cabrini nació el 15 de julio de 1850 en una pequeña aldea en S’ant Angelo Lodgiano, Italia, a las afueras de Milán. Fue la menor de 13 hijos y nació prematura dos meses antes. Los médicos dijeron que viviría en un frágil estado de salud. Esta condición no fue un impedimento para que ella ingresara a la vida religiosa cuando llegó a la mayoría de edad.

En 1880 Cabrini fundó las hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús. Su sueño y el de sus hermanas era el de ir e irse de misiones a China. Ella logró tener una audiencia con el Papa León XIII para obtener el permiso para hacerlo. Pero para sorpresa suya se le encomendó otra misión: Estados Unidos. En aquella época había una ola grande de inmigrantes italianos y el Papa pensó que ella podía utilizar mejor sus talentos en ese lugar. Y estaba en lo cierto.

Llegó a Nueva York en 1889. Al principio fue difícil pero luego fundó un orfanato en lo que hoy está ubicado en West Park, Nueva York conocido como Saint Cabrini Home.

 

En Colorado

La Madre Cabrini visitó varias veces el estado de Colorado. Aquí su labor pastoral se enfocó en los trabajadores mineros italianos y sus familias en las estribaciones al oeste de Denver, un área que le gustaba de manera especial.

Después de haber establecido el orfanato Queen of Heaven para niñas, la Madre Cabrini vio la necesidad de implementar un campamento para albergar a las niñas durante el verano. Ella descubrió una propiedad en la ladera este de la montaña Lookout, perteneciente a la localidad de Golden y negoció su compra en 1910, un año después de tomar su promesa como ciudadana americana. Tres hermanas del Sagrado Corazón vivieron y mantuvieron la tierra, la cual tenía una pequeña operación agrícola.

Las palomas mensajeras engalanaron la celebración del centenario de la Madre Cabrini.

La tierra no tenía una fuente confiable de agua, pero en septiembre de 1912 la madre Cabrini dijo a algunas de las hermanas sedientas y quejumbrosas que levantaran una roca que yacía en este lugar y comenzaran a cavar. Las hermanas descubrieron sorpresivamente una fuente, la cual sigue funcionando hasta nuestros días.

Muchos peregrinos del santuario de la Madre Cabrini aseguran que el agua que toman de allí les ha traído paz y curación a sus vidas.

Durante esa misma visita, ella y el constructor Thomas Eckrom diseñaron los planos de lo que sería la famosa Stone House (Casa de piedra), que hoy funciona como casa de retiro. La construcción comenzó en 1914. Las niñas del orfanato se quedaban en aquella casa durante el campo de verano.  La Madre Cabrini llevó algunas hermanas y niñas del orfanato a la cima de la colina más alta sobre la propiedad y las piedras en forma del Sagrado Corazón. Hasta ahora estas piedras están puestas de la misma manera. Se conservan protegidas por una vitrina y están a la vista de todos.

La Madre Cabrini murió en diciembre 22 de 1917 en Chicago. Poco tiempo después de su muerte fue abierta la causa para su beatificación. El Papa Pío XII la canonizó en 1946. Un artículo publicado en el Denver Catholic Register el 4 de julio de 1946 hizo un recuento de los viajes realizados por la Madre Cabrini y dice que ella fundó un promedio de una casa al año durante sus 67 años de vida.

El legado de la madre Frances Cabrini se conserva hoy en el santuario que lleva su nombre.  A lo largo de estos años se han realizado varias adaptaciones que lo han convertido en el lugar de peregrinación que es hoy. Además, en 1929 fue construida una réplica de la gruta de Lurdes, en 1959 fue reconstruida y con ello comenzó a ser un lugar frecuente de oración entre los fieles de Denver.

En 1954 fue instalada una imagen de Jesús en lo alto de una de las montañas de la I 70. Para llegar a ella es necesario subir una escalera de 373 peldaños y que hoy se conoce como la escalera de la oración. En 1970 se completó un convento de las hermanas del Sagrado Corazón que, entre otras cosas, provee alojamiento para visitantes, lo cual hace que el santuario de la Madre Cabrini sea también un lugar popular para retiros.

Y aunque la madre Cabrini ya se fue hace cien años, su espíritu está mucho más vivo en las calles de Denver y especialmente en el santuario de la Madre Cabrini. Este lugar es un recuerdo omnipresente del amor de Cristo que esta sencilla mujer derramó en Colorado, un amor que la hizo santa.

Para mayor informacion visite mothercabrinishrine.org.

Traducido y adaptado del original en inglés por Carmen Elena Villa. 

 

Próximamente: El seminario de Denver tiene un riguroso proceso de selección y formación de sus sacerdotes

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Debido a los escándalos de abuso sexual ocurridos en Estados Unidos mucha gente se pregunta con qué criterio se admiten a los jóvenes en los seminarios. Por ello ofrecemos este artículo en el que explicamos cómo los seminarios de la Arquidiócesis de Denver evalúan a aquellos jóvenes que vienen con la inquietud sobre la vocación al sacerdocio.

La Arquidiócesis de Denver cuenta con dos seminarios: Saint John Vianney y Redemptoris Mater han liderado durante casi 30 años la investigación diligente de seminaristas y la formación de futuros sacerdotes sanos.

“Nuestra tarea consiste en formar hombres virtuosos con el corazón de Jesús, que mueran a ellos mismos, que estén dispuestos a servir donde estén llamados y que sirvan a los fieles confiados a su cuidado con caridad pastoral”, dijo el arzobispo Samuel Aquila. “El sacerdocio no se trata de uno mismo, sino de servir a Cristo y a la Iglesia, donando la propia vida como Cristo donó su vida por nosotros”, aseguró.

Por su parte el padre Daniel Leonard indicó que “la generación actual de seminaristas es la más estudiada”. Christina Lynch, quien ha trabajado durante 12 años como directora de servicios psicológicos del seminario, asegura que las pautas para examinar candidatos han evolucionado con el tiempo y siguen siendo cada vez más estrictas. “Lo que ocurrió en el pasado nos muestra que si tú no quieres ver algo no lo ves”, dice. “Esto ha cambiado en los seminarios”.

“Creo que la diferencia no es solo el espíritu de transparencia sino que funciona en ambos sentidos”, asegura. “Los hombres sienten que sus formadores están ahí para su mejor interés.

 

 

Selección

El proceso de selección en el seminario comienza en el momento en que los hombres están interesados en seguir el sacerdocio.

Para el St. John Vianney, los candidatos deben tener un encuentro primero con el director de vocaciones, el padre Ryan O´Neill, quien busca conocer la vida personal, espiritual y familiar de cada hombre durante un período de tiempo.

El siguiente paso consiste en llenar una aplicación que consta de aproximadamente 20 páginas, el certificado de no antecedentes penales, una autobiografía, cuatro cartas de referencia y, si se aplica, el certificado de inscripción a la universidad.

De otro lado, para aquellos interesados en ingresar al Redemptoris Mater deben someterse a un doble proceso de admisión que vienen del Camino Neocatecumenal y que “incluye la selección de candidatos en un proceso que consta de cuatro partes, entre ellos, una selección por parte de sacerdotes y laicos antes de que ellos sean recomendados por una admisión al seminario tanto a nivel local como regional y nacional”, dice el padre Tobias Rodriguez-Lasa, rector de este seminario.

“Si estos procesos de selección culminan de manera exitosa y si los candidatos se sienten preparados, ellos son invitados a participar en el retiro vocacional internacional en el que son analizados una cuarta vez”, dice.

Después los candidatos pasan por un el proceso estándar que tiene la Arquidiócesis.

Quienes aspiran ingresar a ambos seminarios deben pasar por un proceso psicológico integral donde se evalúa si tienen la capacidad para ingresar al seminario. La evaluación cubre una variedad de áreas, incluyendo el desarrollo psico-sexual y la historia familiar. Los análisis también detectan si tiene algún tipo de adicción que el candidato pueda tener o si sufre de atracción al mismo sexo.

“Hacemos preguntas muy rigurosas en esta entrevista y luego elaboramos una serie de pruebas como personalidad y pruebas de proyección”, dice la doctora Lynch. “Es una entrevista extremadamente profunda”.

Finalmente el comité de admisiones (que incluye rectores y otros miembros del equipo del seminario) elabora una entrevista al candidato.

Los aspirantes pueden ser rechazados en cualquier momento del proceso de selección. De acuerdo con la doctora Lynch y el padre O’Neill, los problemas comunes que impiden que los hombres sean aceptados son adicciones, tendencias homosexuales profundamente arraigadas o trastornos de personalidad que pueden incluir la inhabilidad para controlar las inclinaciones sexuales poco saludables.

“La Iglesia católica es para todos”, dice el padre O’Neill, “pero el seminario no. El hecho de que un joven quiera ser sacerdote no quiere decir que necesariamente llegará a serlo”.

 

Dentro del seminario

La selección no termina cuando se entra al seminario. “Una vez ellos son admitidos, son evaluados constantemente por un equipo de formación, por supervisores de apostolado y por sus mismos compañeros”, dice el padre Leonard.

Una mayor parte de la vida del seminario es la formación la cual, en el St. John Vianney, tiene cuatro pilares: humano, intelectual, pastoral y espiritual. Además los seminaristas realizan  un año de espiritualidad dedicado a la oración y el discernimiento.

“Es un año en el cual los candidatos están verdaderamente desconectados del mundo para que puedan así sumergirse en las partes más profundas y misteriosas de su corazón”, dice el padre O´Neill.

“El año de oración enseña al candidato cuál es la prioridad en su vida cristiana”, agrega “y permite un honesto discernimiento en el celibato sacerdotal”.

La formación en el seminario Redemptoris Mater de Denver dura alrededor de diez años, los cuales incluyen dos o tres años experiencia misionera. Durante este tiempo los seminaristas son monitoreados por los sacerdotes y laicos en diferentes situaciones fuera del seminario.

“El hecho de que sea un tiempo más largo y exista una variedad de lugares no institucionales la experiencia de los seminaristas le da al equipo de formación más y mejores oportunidades para identificar y actuar sobre cualquier potencial problema que puede aparecer en la evaluación psicológica inicial, durante la formación o los años de estudio o durante la experiencia misionera”, dice el padre Rodríguez-Lasa.

El doctor David Kovacs, psicólogo clínico del seminario St. John Vianney, dijo que el vivir en el seminario hace que sea difícil que permanezcan ocultas aquellas dificultades más profundas que pueda presentar el candidato.

Las evaluaciones son una gran herramienta para ver lo que sucede debajo de la superficie, aquello que la gente no puede ver”, dice el Dr. Kovacs. “Y una vez ellos ingresan ahí hay muchos ojos observando a ese muchacho”.

Los dos seminarios de Denver tienen como formadores a personas que los acompañan y que monitorean su comportamiento, así como evaluaciones rutinarias.

El equipo del St. John Vianney y del Redemptoris Mater continúa así esforzándose por alcanzar la transparencia, el análisis riguroso de los seminarios y, especialmente la excelencia para formar a los sacerdotes de la mejor manera posible – los que están comprometidos a servir al pueblo de Dios y llevarlos a un encuentro con Jesucristo.

 Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa