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martes, febrero 27, 2024
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Sabiduría navideña de los Padres de la Iglesia

El nacimiento de Cristo no es un cuento de hadas o un evento abstracto que pudo o no haber sucedido. Todo lo contrario: es un evento bien documentado que cambió el rumbo de la historia.

Desde los primeros siglos ya los Padres de la Iglesia hablaban sobre el nacimiento de Jesús, el Dios hecho hombre, y de lo que esto implicaba para la naturaleza humana. En estos escritos encontramos una sabiduría profunda que sigue siendo igual de relevante 2000 años después.

Veamos lo que algunos Padres de la Iglesia dijeron acerca de la Navidad a medida que nos preparamos para recibir a Cristo de manera más profunda este diciembre.

 

San Ireneo de Lyon

“Nosotros no habríamos podido aprender de otra manera las cosas divinas, si nuestro Maestro, el Verbo, no se hubiese hecho hombre; ni algún otro podía narrarnos las cosas del Padre, sino su propio Verbo: ‘¿Pues quién (fuera de él) conoce la mente del Señor? ¿o quién es su consejero?’. Ni nosotros habríamos podido aprender de otro modo, sino viendo a nuestro Maestro y participando de su voz con nuestros oídos, como imitadores de sus obras, que se hacen cumplidores de sus palabras, que tienen comunión con él”. Contra los Herejes, V, 1

San León Magno

“Nuestro Salvador, amadísimos hermanos, ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa. Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca a la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida”. Sermón 1 en la Natividad del Señor

 

San Agustín

Yace en un pesebre, pero contiene al mundo; toma el pecho, pero alimenta a los ángeles; está envuelto en pañales, pero nos reviste de inmortalidad; es amamantado, pero adorado; no halla lugar en el establo, pero se construye un templo en los corazones de los creyentes. Para que la debilidad se hiciera fuerte, se hizo débil la fortaleza. Sea objeto de admiración, antes que de desprecio, su nacimiento en la carne y reconozcamos en ella la humildad, por causa nuestra, de tan gran excelsitud. Encendamos en ella nuestra caridad para llegar a su eternidad”. Sermón 190, 4

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada «¿Estás listo para recibirlo?». Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

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