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Arzobispo Aquila: Pasemos de las drogas a la «vida abundante» que Jesús desea para nosotros

En vísperas de la publicación de su nueva carta pastoral sobre el uso de drogas, el arzobispo Samuel J. Aquila compartió un mensaje de esperanza para quienes luchan con el peso de la adicción: El Señor desea vida abundante para ustedes.

Durante una misa el jueves 9 de noviembre en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción, el arzobispo Aquila compartió la razón por la que decidió escribir y publicar «Para que tengan vida», a 11 años de que Colorado se convirtiera en el primer estado en legalizar la marihuana.

«[La Carta] se centra en las adicciones y particularmente en lo que ha sido nuestra experiencia desde la legalización de la marihuana, por la legalización de los hongos y los diversos estudios que se han hecho que apuntan al hecho de que la marihuana es realmente una droga de iniciación», dijo el arzobispo durante su homilía. «No es algo que simplemente se consume, sino que a veces conduce a otras drogas, a otras adicciones, y puede hacer que la gente luche contra problemas de adicción».

El arzobispo también citó la crisis de los opioides y el aumento de las sobredosis relacionadas con el fentanilo, que siguen aumentando a un ritmo alarmante. La carta pastoral comparte muchas estadísticas que describen cuán perjudicial ha sido la legalización de la marihuana para la sociedad en general.

«Es importante que reflexionemos sobre eso y su legalización, [pero también] ¿cómo abordamos y ayudamos a las personas a salir de sus adicciones?» dijo.

Las lecturas del día señalaron tres verdades básicas que pueden informar y guiar la respuesta cristiana a quienes luchan contra la adicción a las drogas. La lectura del evangelio del día, tomada de Juan 2, muestra cuán digno de confianza es Jesús cuando habla de su cuerpo como el templo que será derribado y levantado en tres días, en referencia a su crucifixión y resurrección.

«Su palabra es verdadera. Podemos ver a lo largo de las Sagradas Escrituras que todas apuntan a la promesa de un mesías y que Jesús es el cumplimiento de esa promesa, y que él verdaderamente la cumplió y que es verdaderamente digno de confianza», expresó el arzobispo Aquila. «Tenemos que analizar ese profundo sentido de confianza.

«Todos nosotros en algún momento nos hemos sentido destrozados, y todos nosotros en ocasiones podemos tener dificultades para confiar en los demás, dependiendo de nuestras heridas», continuó. «Ciertamente, las heridas de la adicción son grandes. Muchas veces, es al tratar de consolar esas heridas que nos volvemos adictos, ya sea al alcohol, a las drogas y a la multiplicidad de drogas que existen, o a otras cosas. Realmente las estamos utilizando para alejarnos del dolor y del sufrimiento que estamos viviendo. Algo que debemos hacer en nuestra vida de oración es renunciar a la mentira que podemos haber asumido inconscientemente, de que Dios no es digno de confianza».

Con esto, el arzobispo imploró a todos nosotros, pero especialmente a los adictos, que recordemos esta importante verdad: «Jesucristo revela ese amor por nosotros y el amor del Padre por nosotros. Y Jesús nunca ha querido nuestras heridas ni nuestro quebrantamiento».

En segundo lugar, en la carta de san Pablo a los Corintios, habla del cuerpo como templo de Dios y de cómo el espíritu habita dentro de nosotros, una alusión apropiada a la dignidad de nuestro cuerpo físico, que puede ser devastado por la adicción. Jesús también tenía un cuerpo humano físico que fue devastado, y en su resurrección, su cuerpo fue transformado y glorificado, pero sus heridas aún permanecían. Las heridas de Cristo revelan la profundidad de su amor por nosotros, pero también revelan otra verdad.

«También revelan que un día, como proclamamos en cada misa del domingo, creemos en la resurrección del cuerpo, y que nuestros cuerpos, como el cuerpo humano de Jesús y el cuerpo humano de María, serán transformados y resucitarán», agregó el arzobispo. «Todavía tendremos cuerpos y estamos llamados a tratar nuestros cuerpos con dignidad. Ciertamente, las drogas y todas esas adicciones nos quitan la bondad y la dignidad del cuerpo humano y de quiénes somos ante Dios».

Por último, en la lectura tomada del libro del profeta Ezequiel, la imagen de un río que fluye lleno de agua viva representa la vida abundante que Jesús desea para todos nosotros, una vida abundante que solo se puede encontrar en él.

«Es vida abundante lo que el Señor desea para nosotros, y dondequiera que fluya este río, habrá vida abundante», dijo el arzobispo Aquila. «Para nosotros que creemos eso verdaderamente se produce en el bautismo, esa vida nueva que el Señor nos da, pero también se produce en nuestra conversión continua a lo largo de la vida. La conversión de aquellos que continúan con programas de adicciones por el resto de sus vidas es uno de constante profundización y libertad y de la paz que viene sólo al creer en ese ser superior y al poner nuestra fe en Jesucristo y al recibirlo en la Eucaristía. Estamos recibiendo esa agua que fluye, esa vida abundante. Lo estamos recibiendo a él quien verdaderamente desea sanarnos».

Es a través del agua viva que ofrece él, que el Señor puede sanar la adicción. Si bien los atractivos del uso de drogas y la adicción pueden consumirlo todo, palidecen en comparación con la vida abundante que el Señor desea para su pueblo.

«Al observar las adicciones a través del lente de la Iglesia, podemos ver el gran deseo y el amor de Dios por cada persona humana y la sanación de esa persona”, concluyó el arzobispo Aquila. «Sí, la gente puede tener dificultades. Pueden caerse en ocasiones. Pero el Señor siempre está ahí para levantarlos cuando regresan a él. Ésa es la clase de vida y la vida abundante que el Señor desea para nosotros».

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