En estos tiempos de necesidad, los llamo a rezar el Rosario

Queridos hermanos:

Cuando Dios eligió entrar en el mundo para salvarnos, escogió a María, cuya fe profunda nos proporcionó el camino para que Jesús viniera entre nosotros. Ella creyó en las palabras del ángel: “Para Dios nada es imposible” (Lc 1,37). La Palabra se hizo carne conforme ella expresaba su gran confianza en las promesas de Dios. En este tiempo de crisis nuestra Iglesia y país necesitan fe en Dios y la protección e intercesión de nuestra Madre santa. Por eso, a partir del 15 de agosto lanzaré una Cruzada del Rosario para pedirle a María que lleve nuestras necesidades a Jesús urgentemente.

Los últimos meses de la pandemia del coronavirus, los disturbios civiles que se han desencadenado en nuestra arquidiócesis y en el país, y los retos que la Iglesia está enfrentando han dejado claro que se necesita la intercesión de María. Ella es nuestra Madre y desea solo nuestro bien, como el Padre.

En su aparición a Juan Diego, Nuestra Señora le recordó y nos recuerda a nosotros hoy: “Escucha, ponlo en tu corazón… que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad, ni ninguna otra cosa punzante, aflictiva. ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu vida? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”.

San Padre Pío, quien era conocido por su devoción al Rosario, nos ofrece su consejo: “En tiempos de oscuridad, sostener un Rosario es como sostener la mano de nuestra Santísima Madre”.

Acudimos a María en nuestra dificultad porque ella es nuestra madre espiritual, quien con su “sí” al Señor aceptó los caminos misteriosos del poder infinito de Dios. Ella es “el modelo supremo [de fe]: ella creyó que ‘nada es imposible para Dios’ y pudo proclamar las grandezas del Señor: ‘el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo’” (Catecismo de la Iglesia Católica, #273).

También sabemos históricamente que María ha contestado las oraciones que se la han encomendado a través del Rosario, y que ella personalmente ha pedido a las personas que lo recen por las necesidades más serias, especialmente por la conversión de nuestra alma.

El papa Pío V pidió a todos los cristianos rezar el Rosario en 1571 para prevenir que el cristianismo fuera superado por los turcos otomanos, y las fuerzas navales cristianas salieron victoriosas en la Batalla de Lepanto. En las apariciones de Fátima, María se presentó como “Nuestra Señora del Rosario” y les pidió a los niños a quienes se les apareció rezar el Rosario diariamente por la paz del mundo y el fin de la Primera Guerra Mundial.

Durante su pontificado el papa Juan Pablo II habló del Rosario como su oración preferida, y en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, agregó: “El Rosario me ha acompañado en momentos de alegría y de dificultad. En él he confiado innumerables preocupaciones; en él siempre he encontrado consuelo” (RVM, 2).

En mayo de este año el papa Francisco también alentó a rezar el Rosario, diciendo: “Queridos hermanos y hermanas: Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba”.

Durante este tiempo de prueba necesitamos escuchar las palabras de Jesús que se hablan a menudo en el Evangelio, las palabras que le dijo el ángel Gabriel a María en la Anunciación: “No temas”. Necesitamos orar especialmente por una confianza más profunda y escuchar las palabras de Isabel a María en nuestro propio corazón: “bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lc 1,45). ¡El Señor está con nosotros en este tiempo, tal como lo ha prometido! Rezar el rosario nos ayuda a revivir en nuestra propia vida los misterios de la vida de Cristo con el apoyo de nuestra madre.

Por lo tanto, invito personalmente a todos los católicos de la Arquidiócesis de Denver a rezar el Rosario todos los días entre la solemnidad de la Asunción de María al cielo el 15 de agosto, hasta el memorial de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre. Quiero agradecer al obispo Carl Kemme de Wichita por inspirarnos a esta Cruzada del Rosario al iniciar una en su diócesis a principios de agosto.

A medida que nos unimos para pedirle a María su intercesión y protección, por favor oren por las siguientes intenciones:

  • Por un crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad en el corazón y el alma de cada ser humano, especialmente en nosotros mismos
  • Para que se reconozca la dignidad de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural y que cada ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios
  • Por un final próximo de la pandemia del coronavirus
  • Por todos los que sufren de COVID-19, por sus cuidadores y por aquellos que han muerto por el virus
  • En reparación por los pecados del aborto, la eutanasia y el racismo
  • En reparación por los pecados y fallas de nuestros líderes espirituales y por nuestros pecados personales
  • Por la sanación y justicia de todos aquellos que han sido discriminados por su raza
  • Por la conversión del mundo y la salvación de las almas
  • Por todos aquellos que son perseguidos en todo el mundo por su fe
  • Por la conversión de quienes llevan a cabo actos de profanación en contra de nuestras iglesias, estatuas y símbolos religiosos
  • En reparación por estos actos de profanación, especialmente contra Jesús en el Santísimo Sacramento
  • Para que nuestros líderes cívicos, y aquellos que nos mantienen seguros para experimentar una conversión más profunda, gobiernen con justicia y busquen el bien común
  • Para que podamos aprender a amar y perdonar con el ejemplo de Jesús
  • Para fortalecer todos los matrimonios, familias, vecindarios, iglesias y ciudades
  • Por un aumento en las vocaciones al sacerdocio, al diaconado y a la vida religiosa

Gracias por acompañarme en esta oración por todo el mundo, nuestro país y nuestra Iglesia. Estoy seguro de que muchos de los fieles responderán dirigiéndose a la Santísima Madre que “brilla en nuestro camino como un signo de salvación y esperanza” (Carta del Papa Francisco a los fieles para el mes de mayo de 2020). ¡Que siempre conozcan la protección de María mientras ella los conduce a su Hijo!

Sinceramente suyo en Cristo,

Su Exc. Revma. Samuel J. Aquila, S.T.L.

Arzobispo de Denver

Próximamente: ¿Qué es lo que está mal con el mundo? Yo

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “¿Por qué estoy aquí?”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el Dr. Jared R. Staudt

Una vez, el editor del periódico The Times le preguntó al reconocido católico G.K. Chesterton: “¿Qué es lo que está mal con el mundo?”. Chesterton, el gran maestro del sentido común y el ingenio, respondió: “Estimado señor: Yo. Atentamente, G.K. Chesterton”.

“Yo”. Hay honestidad y humildad en reconocer que los problemas del mundo yacen en el corazón y no en ninguna fuerza social, política o económica externa. El problema que existe en el corazón es lo que causa los conflictos exteriores. Ciertamente, hay estructuras pecaminosas en el mundo, estructuras que surgen del pecado y lo alientan, como el comunismo, aunque estas solo tienen poder porque aprovechan la oscuridad que ya está en nosotros. El mundo está roto porque nosotros estamos rotos.

 

EL PECADO ORIGINAL: ¿ALGO VERDADERO?

Chesterton de nuevo apunta a la obvia realidad de nuestro estado quebrantado. Reconoce que “ciertos nuevos teólogos ponen en duda el pecado original, aunque es la única parte de la teología cristiana que realmente se puede comprobar”. Solo hace falta mirar alrededor para darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído. Debido a la caída, que surge con el pecado de Adán y Eva, cada ser humano después de ellos ha nacido al mundo sin los dones que Dios originalmente había destinado para nosotros. Él quería que viviéramos sin el mal y el sufrimiento, refugiados dentro de la protección del jardín, pero nosotros teníamos otros planes.

El Catecismo habla del efecto que el pecado original tiene en nosotros: “Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada ‘concupiscencia’)” (CIC 405). El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás.

 

VÍCTIMAS O CÓMPLICES

El pecado original apunta a la falta de la relación con Dios como el centro de lo que está mal con el mundo. Es un problema que todos enfrentamos, aunque queremos acusar a otros. De hecho, el no reconocer nuestro propio estado quebrantado y nuestro pecado ha sido un problema desde el principio.

Cuando Dios le pregunta a Adán por qué comió del fruto, Adán acusa a Eva, la compañera que Dios le había dado (acusando a Dios de manera implícita). Cuando Dios se dirigió a Eva, ella culpó a la serpiente por haberla engañado. Hay verdad en el hecho de que no pecamos aislados de otros. El problema viene del querer culpar los problemas del mundo en los demás, mientras actuamos como si nosotros fuéramos simples víctimas de fuerzas fuera de nuestro control.

Aun si reconociéramos que el origen del mal surge de nuestro corazón, todavía tenemos que enfrentarnos con la otra pregunta de por qué el mal existe en el mundo. Como Adán, muchas veces culpamos a Dios por permitir el sufrimiento en nuestra vida. Si estamos enfermos, perdemos el trabajo o un ser querido muere, inmediatamente le reclamamos a Dios cómo pudo haber permitido semejante cosa.

“El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás”.

 

DIOS ACTÚA EN EL SUFRIMIENTO

Dios no tenía la intención de que este mal formara parte de su plan original, ya que el sufrimiento entró al mundo por el pecado. El pecado es lo que se debe culpar por el mal físico y la muerte, no Dios. Como resultado de la caída, Dios permite que el mal físico ocurra en el mundo, aun cuando lo utiliza para hacer surgir un bien más grande.

A través de las dificultades físicas, Dios nos muestra que este mundo no es nuestro verdadero hogar (y ya no está destinado a ser un paraíso terrenal) y que fuimos hechos para algo más. No podemos estar demasiado cómodos aquí en la tierra. El sufrimiento nos recuerda esto y también la necesidad de confiar en Dios. Pero, aun peor que el mal físico, también existe el mal moral, que proviene completamente de nuestra libre elección. El sufrimiento que experimentamos puede incluso hacernos darnos cuenta del mal moral que existe escondido en nuestra vida, llamándonos a la conversión.

El sufrimiento y nuestro estado quebrantado nos llevan a nuestra propia limitación y necesidad de Dios. Aceptar este estado nos da libertad para poder enfrentarlo y abrazar la sanación en Cristo.

 

DIGO: “ESTOY BIEN”, PERO NO LO ESTOY

Esto me recuerda a una canción que muestra la reacción típica a nuestra propia rotura: “Estoy bien”. Con palabras hacia Dios, la canción refleja con precisión cómo intentamos ignorar lo que realmente está sucediendo dentro de nosotros.

“Digo: ‘Estoy bien, sí, estoy bien, oh, estoy bien, oye, estoy bien’, pero no lo estoy. Estoy roto. Y cuando está fuera de control, digo: ‘Está bajo control’, pero no lo está, y lo sabes. No sé por qué es tan difícil admitirlo, cuando ser honesto es la única forma de solucionarlo. No hay fracaso, no hay caída, no hay pecado que ya tú no conozcas. Entonces, deja que salga la verdad”.  Matthew West, “Truth be told”

El individualismo moderno nos dice que estaremos bien si simplemente confiamos en nosotros mismos, que podemos manejarlo y que somos débiles si buscamos ayuda en los demás. La fe cristiana se opone firmemente a esto, porque no podemos ignorar la rotura dentro de nosotros, dejarla sin resolver y ocultarla para que luego salga en forma de venganza. Tenemos que ser sinceros sobre quiénes somos. Somos personas quebrantadas y pecadoras que podemos experimentar la sanación y la gracia si enfrentamos la verdad y la dejamos salir a la luz.

 

QUE LA VERDAD SALGA A LA LUZ

¿Cómo dejamos que esta verdad salga a la luz? Durante la cuaresma, la Iglesia nos llama a la conversión, a través de la oración y la penitencia, y nos pide que confesemos nuestros pecados. Dejamos “que salga la verdad” cuando nos presentamos ante Dios, reconocemos nuestros pecados y le pedimos perdón. Aceptar nuestra debilidad nos lleva a acudir a Dios en busca de ayuda, permitiéndole quitar la oscuridad dentro de nosotros y llenarnos con su propia vida y luz.

 

DIOS SANA “UN CORAZÓN A LA VEZ”

Dios no simplemente elimina todos los problemas del mundo. Más bien, él entra en ellos, primero, asumiéndolos y haciéndose hombre en Jesús, y luego entrando en el centro de la rotura dentro de nosotros. Dios no está ausente del mundo que sufre, aun si no se muestra visiblemente para que todos vean y para así resolver dramáticamente las cosas de manera política. Dios arregla el mundo un corazón  a la vez, de manera más poderosa que el ruido que nos rodea, preparándonos para enfrentarlo y hacer nuestra parte en él.

 

LA SOLUCIÓN: ACUDIR A LA FUENTE DE SANACIÓN

Si soy yo lo que está mal en el mundo, entonces la solución también comienza conmigo. Mi estado interior quebrantado puede ser sanado por Dios (aunque no sea de manera perfecta en esta vida) para que yo pueda ser parte de la solución al problema del mundo. Puedo llevar a otros a Cristo para sanarlos, invitarlos a la Iglesia y específicamente a la confesión. Aunque las personas a menudo tienen miedo de confesar sus pecados, en realidad es un gran alivio y una fuente de sanación. Es un regalo poder compartir este alivio y sanación con otros. Y entre más personas hayan recibido este regalo, más grande será su impacto en el mundo. En esta cuaresma, tenemos la oportunidad de abrazar la solución de Dios, la sanación, que comienza con la raíz del problema: yo…

 

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