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sábado, mayo 21, 2022
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Fieles de Colorado celebran Misa por la sanación y reconciliación racial

El pasado 3 de noviembre, la Iglesia local se unió para orar por la sanación y reconciliación racial en una Misa especial que se celebró en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Denver.

A partir de este año, la Misa especial, celebrada a petición del recién formado Comité Arquidiocesano por la Justicia Racial Igualitaria, se celebrará anualmente. Mons. Samuel J. Aquila presidió la celebración eucarística, a la que asistió una congregación étnicamente diversa que se unió en oración por una razón común.

La celebración cayó en el día de la fiesta de san Martín de Porres, el santo patrono de los mestizos y la armonía racial; un patrono apropiado para un mundo tristemente empañado por la división y los disturbios raciales, realidad que se pudo constatar el año pasado durante las protestas que se generaron a raíz de la trágica muerte de George Floyd y otros incidentes similares que han ocurrido recientemente.

La emotiva homilía del arzobispo de Denver se centró en los dos primeros mandamientos: amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con toda alma, y ​​amar a tu prójimo como a ti mismo. Asimismo, el prelado habló de cómo el último de los 10 mandamientos se puede resumir en estos dos, a partir de los cuales estamos llamados a vivir la virtud de la caridad.

(Foto de Daniel Petty/Denver Catholic)

«¿Qué nos quiere decir esto hoy, especialmente en el contexto de esta liturgia, en términos de sanación y reconciliación con la comunidad afroamericana?», exhortó el arzobispo. “¿Cómo vivimos el amor de Dios y el amor al prójimo como cristianos? Primero debemos examinar eso dentro de nosotros mismos. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Quién forma verdaderamente mi corazón y mi mente? ¿A través de qué idea o visión veo mundo? ¿Es la visión del amor de Dios y el amor al prójimo o es la visión del mundo o de alguna ideología o partido político… la que realmente me forma?”.

Cuando rezamos el Credo durante la Misa, la Iglesia proclama la fe en Jesucristo, y durante el Padre Nuestro afirmamos buscar la voluntad del Padre, agregó el arzobispo. Pero ¿la Iglesia verdaderamente ha permitido que Cristo forme el corazón, la mente y la voluntad de su pueblo? Al no hacerlo, “surge el racismo, surge la amargura y el resentimiento, el ver menos a los demás. No vemos a las personas a través de los ojos de Dios”, aseguró. De esta manera, nuestras mentes y corazones a menudo están formados por influencias externas y mundanas en lugar de Cristo.

«Con demasiada frecuencia nos hemos dejado formar por el mundo, por un partido político o por una ideología, y no por Jesucristo», afirmó Mons. Aquila. “Solo hemos servido a Jesucristo de palabra. Porque si realmente creyéramos, nuestro mundo sería un lugar muy diferente. No habría racismo, no habría aborto. No habría acumulación de riquezas. Es por eso que Jesús es tan claro en el Evangelio: el amor de Dios debe ser lo primero. Porque no obedecer a Dios lleva al desastre».

(Foto de Daniel Petty/Denver Catholic)

Como tal, es fundamental que los cristianos busquen la voluntad de Dios ante todo y pidan la gracia de ver a su pueblo como él los ve, especialmente en lo que respecta al amor al prójimo, instó el arzobispo Aquila.

“Debemos ser los que vivimos el Evangelio y abrir nuestro corazón a Jesucristo pidiéndole: Señor, forma mi corazón y mi mente. Padre, ayúdame a ver el mundo a través de tus ojos, y no de los del mundo. Ayúdame a amar a mi prójimo como a mí mismo y a seguir el segundo mandamiento. Si mi vecino es negro, amarillo, blanco o marrón, cualquiera que sea su nacionalidad, si ese vecino es el niño por nacer en el útero, Señor, permíteme amar de la misma manera que tú amas. Abre mi corazón a eso”, añadió el prelado. “Y eso quizá significa que tengo que arrepentirme. Quizá significa reconocer hasta qué punto he abrazado una ideología en lugar de vivir el evangelio».

Volviendo a los dos primeros mandamientos, el arzobispo Aquila animó a los presentes a reflexionar sobre ellos y a plantearse varias preguntas: “¿De verdad creo en ellos? ¿Realmente los vivo? ¿Amo a los demás con el mismo amor de Jesús, sin importar el color de su piel; así como lo hizo Martín De Porres, como lo hizo la Madre Teresa de Calcuta? ¿Veo en cada ser humano, sin importar su condición, el rostro de Jesús? ¿Trato a los demás con ese amor?».

“Oren por la fortaleza de seguir los dos grandes mandamientos y ser fieles al Evangelio; de ver en cada ser humano, sin importar el color de su piel, el rostro de Jesucristo”, concluyó el arzobispo.

Aaron Lambert
Aaron Lambert es el editor de Denver Catholic, el medio oficial en inglés de la arquidiócesis de Denver.
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