Lágrimas de la Virgen en Nuevo México son de origen sobrenatural

Vladimir Mauricio-Perez

Tras varios análisis de laboratorio e investigaciones, Monseñor Oscar Catú, obispo de Las Cruces, aseguró en un comunicado emitido el mes de septiembre que las lágrimas que emanaban de la estatua de bronce de la Virgen de Guadalupe en Hobbs, NM, en mayo de este año, parecen tener origen sobrenatural. No obstante, el prelado recuerda a los fieles que la investigación continúa para determinar si el fenómeno proviene verdaderamente de Dios e insta a tener en mente que no es obligatorio para los fieles creer en revelaciones privadas.

“Las muestras del líquido que se recaudaron fueron enviadas a un laboratorio para un análisis químico”, explica el prelado. “Los dos métodos distintos de análisis que se realizaron nos indican el mismo resultado: el líquido es un aceite de olivo con un aroma mixto; algo químicamente similar al Santo Crisma”.

El Santo Crisma es uno de los tres aceites que se consagran anualmente para el uso de los sacramentos y rituales. Todos son de aceite de oliva, pero el Santo Crisma se mezcla con un bálsamo, un perfume con aroma, añade el obispo Cantú.

En la primera fase de la investigación, que busca “determinar si este fenómeno se origina de causas naturales”, se examinaron y analizaron físicamente la estatua de bronce y las muestras del líquido, y se entrevistó a la compañía que fabricó la estatua y a los testigos.

“Se examinó también el interior hueco, pero no se encontró algo dentro de sí que pudiera haber creado el líquido en cuestión”, dice el prelado. Igualmente, menciona que la compañía mexicana que fabricó la estatua aseguró que “no existe posibilidad alguna” de que trazos del molde de cera permanecieran dentro de la estatua debido a que el proceso “se realiza en unas temperaturas extremadamente altas que hacen que la cera se derrita por completo”.

El acontecimiento ha llevado a la peregrinación de cientos de personas a la parroquia Our Lady of Guadalupe, perteneciente a la arquidiócesis de Las Cruces, y muchas personas atestiguan haber tenido experiencias de fe y de consuelo ante la imagen.

A pesar de descartar un origen de causas naturales de este fenómeno, monseñor Cantú asegura que “esta investigación no ha concluido”, ya que el “discernir si este es o no fenómeno de Dios o del maligno es un proceso que dura más tiempo”.

“El diablo puede imitar en ocasiones las cosas santas para así confundirnos. Así que tenemos que ser prudentes y estar alertas”, afirma el obispo. “Este discernimiento puede durar mucho más tiempo ya que tenemos que buscar los frutos del fenómeno.  Los frutos del Espíritu Santo mencionados por San Pablo son: la caridad, la alegría, la paz, la comprensión de los demás, la bondad, la generosidad, la mansedumbre, la fidelidad, el dominio de sí mismo, la modestia, y la castidad (Gal. 5:22-23)”.

¿Obligatorio Creer?

El obispo Cantú decidió destacar la diferencia entre revelaciones públicas y privadas al comienzo de su documento, exponiendo que las primeras son obligatorias y las últimas no.

“Las revelaciones públicas incluyen las escrituras y la tradición. Como católicos, estas dos son el cimiento de nuestra fe, y es el magisterio (los obispo en unión con el Papa) el intérprete auténtico de la revelación”, escribe. “Las revelaciones privadas incluyen las apariciones y los mensajes de María, de los santos o de Jesús mismo que han sucedido después de la muerte del ultimo apóstol.  Con la muerte del ultimo apóstol la revelación pública cesa”.

“Aunque se nos obliga a los católicos a adherirnos a la doctrina de las revelaciones públicas no estamos moralmente obligados a creer en las revelaciones privadas”, añade. “No se adquiere ninguna información nueva sobre nuestra salvación por medio de una revelación privada. Los mensajes de las revelaciones privadas únicamente afirman y le dan realce a lo que Cristo ya nos reveló en las escrituras y en la tradición”.

Monseñor Cantú asegura que “para poder pronunciar algo definitivo” sobre el fenómeno, será necesario seguir investigando bajo la guía del Espíritu Santo y de la Santa Iglesia.

 

Próximamente: El contexto para cubrir la crisis de la Iglesia

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Por: Mark Haas

La Iglesia católica ha reducido el número de supuestas acusaciones de abuso sexual de menores en un 95 por ciento.

Si solo algo se te queda de este artículo, que sea que desde la peor década de la Iglesia en 1970, los datos reportados muestran un descenso en las acusaciones de un 95 por ciento en la década del 2000, y 98 por ciento en la del 2010 (fuente: : CARA/Georgetown).

Ahora, obviamente, incluso una nueva instancia ya es demasiado, pero en base a mi experiencia como director de relaciones públicas de la Arquidiócesis de Denver, he visto cómo la cobertura en los medios pueden llevar a la gente a creer que las condiciones actuales de la Iglesia católica no han cambiado. Como periodista, se cómo a los medios de comunicación les gusta enfatizar “nuevos detalles”, o “nuevo reporte”, o “nuevas acusaciones”, que pueden ser verdad, pero los últimos meses ha sido mayormente “nueva información “sobre casos de hace 25 o 50 años.

Entonces, ¿cómo separamos el pasado del presente? No deseamos cerrar la puerta al pasado, pero también queremos que la gente sepa que pueden tener confianza en la Arquidiócesis de Denver en el 2018.

Uno de los desafíos al que nos enfrentamos al asegurarnos que nuestra historia sea entendida correctamente es que muchas personas ven las noticias de una manera muy superficial.

Una encuesta reciente realizada por Colorado Media Project encontró que el 59 por ciento de las personas solo lee los titulares o los resúmenes de la cobertura de noticias. (Por eso por lo que me aseguré de poner la información más importante en la primera línea de este articulo).

Lo que he visto es que cuando los medios de comunicación aquí en Denver sacan una historia: “Ex – sacerdote de Colorado implicado en el reporte de abuso a menores de Pennsylvania”, muchas de las personas que ven el titular en las redes sociales no se dan cuenta que el sacerdote estuvo aquí solo por siete meses en 1983 y que la Arquidiócesis de Denver no ha tenido reportes de mala conducta antes, durante o después de su corta visita. Todo lo que ven es un informe negativa de la Iglesia católica.

Hablando del reporte del Gran Jurado de Pennsylvania, creo que la mayoría de las personas han visto o escuchado que contiene “300 sacerdotes y 1.000 víctimas”, pero ¿cuántas de las cadenas noticiosas se tomaron el tiempo para mencionar que solo el 3 por ciento de esos supuestos incidentes ocurrieron desde el 2002? Si estás preocupado por saber si la Iglesia católica es un lugar seguro para tus hijos en el 2018, sería interesante para ti saber que más maestros de las escuelas de Pennsylvania perdieron sus licencias en el 2017 por conductas sexuales indebidas (42), que el total de las acusaciones en la Iglesia católica de los Estados Unidos entre el 2015 y el 2017 (22). Son 42 maestros en un estado en un año, en comparación a 22 acusaciones en todo el país en tres años. Voy a detenerme aquí y reconocer que no todo es perfecto en la Iglesia católica. Aún hay casos de abuso sexual a menores que desconocemos, y aún tenemos esas pocas acusaciones nuevas. Si bien hemos hecho grandes mejoras, debemos continuar buscando formas de ser mejores, más responsables y más transparentes, para que los mismos problemas no se repitan.

También debemos mostrar la mayor compasión por los sobrevivientes y continuar ofreciendo nuestra ayuda en su recuperación continua.

Sabiendo que estos eventos han sido experiencias devastadoras para las personas, es difícil tener una discusión que analice el tema en términos de estadísticas, patrones y análisis de datos. Tampoco es correcto argumentar que esto es solo un problema de la sociedad, y que otros son mucho peores que nosotros. Admito que he hecho ambas cosas en esta columna, porque en última instancia creo que el contexto es importante.

Debemos mostrar como Iglesia a cualquier víctima y a sus familias nuestro compromiso continuo en abordar el problema. Y creo que se lo debo a muchos sacerdotes maravillosos de nuestra arquidiócesis, para defenderlos, para que no sean presentados como parte de los problemas del pasado.

Piénselo de esta manera: si tomáramos otra crisis que está plagando a Estados Unidos (violencia con armas de fuego, adicción a los opioides, obesidad) y alguien encontró la manera de reducir uno de estos problemas en un 95 por ciento, ¿no valdría la pena hablar de eso?

De hecho, ¿no sería ese el titular que vería el 59 por ciento de los lectores de titulares?

 Traducido del original en ingles por Mavi Barraza