Las oficinas de la arquidiócesis ayudan a las parroquias a enfocarse en la evangelización

La Colecta Anual del Arzobispo financia servicios cruciales para las parroquias

Aaron Lambert

Aunque está formada por un solo cuerpo en Cristo, la función de la Iglesia dentro de la Arquidiócesis de Denver tiene muchos elementos en movimiento.

Es por esta razón que la Colecta Anual del Arzobispo (ACA por sus siglas en inglés) es esencial para el trabajo continuo de la Iglesia en el norte de Colorado. La ACA financia cerca de 40 ministerios y oficinas, y una parte sustancial de esos ministerios se encuentra dentro de las oficinas de la arquidiócesis, que se esfuerzan por brindar un apoyo vital a las parroquias. Piénsalo de esta manera: si las parroquias están al frente del ministerio y la evangelización, entonces las oficinas de la arquidiócesis es donde se implementa el respaldo. Cuando un ministerio parroquial necesita ayuda adicional, pueden recurrir a la arquidiócesis.

Muchos de los servicios que ofrecen las oficinas de la arquidiócesis se realizan detrás de escena. La revista de El Pueblo Católico que tienes en tus manos, por ejemplo, es uno de ellos. Sin embargo, estos servicios son muchos y varían. Incluyen, entre otros: comunicaciones, finanzas, recursos humanos, escuelas católicas, evangelización, tribunal, construcción y planificación, bienes raíces, liturgia y más.

La realidad es que hay demasiado trabajo por hacer a nivel parroquial. Cada parroquia es única y tiene diferentes niveles de acceso a los recursos. La arquidiócesis y todas sus oficinas están disponibles para satisfacer esas necesidades cuando surgen.

“Nos han apoyado de muchas maneras diferentes, especialmente en los últimos dos meses, sobre todo la Oficina de Finanzas y Comunicaciones”, dijo Karen Surbrugg, gerente comercial de la parroquia Guardian Angels en Mead. “Hemos tenido acceso a seminarios en la web, actualizaciones semanales, recomendaciones, acceso a soporte técnico, solo por nombrar algunos. Además de la ayuda material de la arquidiócesis, lo más importante es que nos sentimos emocional y espiritualmente apoyados”.

Karen agregó que aprecian mucho este apoyo especialmente durante estos tiempos en medio del brote del COVID-19.

“Diariamente nos afrontamos a la realidad de que estamos trabajando en una parroquia sin su gente físicamente presente”, dijo. “Tener el apoyo del personal de la arquidiócesis nos ayuda a enfrentar esos desafíos de una manera con esperanza”.

En una parroquia pequeña como Guardian Angels, el personal y los recursos usualmente son limitados, por lo que no pueden funcionar con la misma capacidad que las parroquias grandes. Desde el punto de vista de las comunicaciones, Karen se siente agradecida por el apoyo que recibe de la Oficina de Comunicaciones, Marketing y Servicios Parroquiales de la arquidiócesis.

“Creo que lo que más aprecio son los mensajes ya escritos que podemos usar para comunicarnos con nuestros feligreses”, dijo Karen. “Somos una parroquia pequeña y no tenemos los recursos para producir un comunicado profesional y oportuno para nuestros feligreses. En un momento en que la comunicación es vital para mantener a nuestra parroquia conectada e informada, tener acceso a volantes, comunicados y enlaces es de gran ayuda”.

“Al trabajar en una parroquia pequeña y con diferentes cargos, típicamente hacemos un poco de todo, pero no dominamos ninguno. De ninguna manera podríamos producir la calidad de material que hemos recibido de la arquidiócesis. Al tener acceso a Flocknote, nuestro sitio web, Facebook y correo electrónico, nos permite tomar el material directamente de nuestros comunicados semanales [que recibimos] y pasarlo a nuestros feligreses”.

Kathryn Nygaard, Directora de Comunicaciones de la parroquia Light of the World en Littleton, ha presentado múltiples solicitudes de apoyo a la arquidiócesis durante los últimos seis meses, específicamente con su sitio web y otros comunicados.

“Originalmente me contacté para solicitar asistencia porque quería un diseño limpio y bonito (para nuestro sitio web), junto con otras funciones muy específicas para unas páginas web nuevas”, dijo Kathryn. “No estaba segura de cómo implementar esto yo misma y quería discutirlo con alguien que tuviera más experiencia. La Oficina de Comunicaciones me pudo ayudar a implementar todas mis solicitudes de manera muy puntual”.

A medida que la Iglesia mayor y las parroquias analizan la pandemia del COVID-19 y las normas sociales cambiantes que prohíben grandes reuniones en estos momentos, es vital que los esfuerzos de comunicación sean precisos y eficientes. Sin embargo, más que solo ayudar con este y otros asuntos, la arquidiócesis sirve como un punto de unión común para todas las parroquias y un recordatorio de que no están solos.

“En un momento de aislamiento, la comunicación de la arquidiócesis nos permite unirnos como una familia unida en Cristo”, dijo Kathryn. “Me muestra que no estamos solos en esto y que nuestra parroquia, aunque pequeña, importa. Me siento conectada con la arquidiócesis y otras parroquias sabiendo que todos enfrentamos los mismos desafíos, independientemente de nuestro tamaño y ubicación”.

Tener un punto de contacto común en la arquidiócesis también brinda la oportunidad de que las parroquias colaboren entre ellas, algo que es crucial en un momento como este, cuando las parroquias están buscando formas creativas de mostrar su compromiso al compartir el Evangelio.

“Me encanta que la arquidiócesis comparta ideas que vienen de parroquias del área. Esta colaboración me recuerda que somos una familia que trabaja unida para ayudarse mutuamente, elevarse mutuamente y estar allí en los buenos y malos momentos”, expresó Kathryn.

“Más allá de las palabras, apreciamos los esfuerzos y sacrificios que realiza el personal de la arquidiócesis. Nos sentimos realmente agradecidos”.

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Próximamente: La sabiduría de San Benito en nuestros tiempos

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Por el arzobispo Samuel J. Aquila.

“Levantémonos, pues, de una vez; que la Escritura nos exhorta”, nos insta la Regla de San Benito. “Abramos nuestros ojos a la luz… y nuestros oídos a la voz del cielo que todos los días nos llama… ‘Si escuchas hoy su voz, no endurezcas tu corazón’” (Sal 95,8). El 11 de julio, la Iglesia conmemora a San Benito, y sus palabras de hace 1,500 años parecen perfectamente adecuadas para los tiempos desafiantes y cambiantes de hoy.

La Regla de San Benito se escribió alrededor del 530, una época en que el Imperio Romano se había derrumbado y la existencia del cristianismo en Europa estaba amenazada. Dada nuestra situación cultural actual y sus paralelos con su tiempo, creo que podemos encontrar fruto en las enseñanzas de San Benito.

San Benito creció rodeado de una cultura moralmente corrupta, pero con la gracia de Dios vivió una vida virtuosa. Después de pasar un tiempo estudiando en Roma, huyó de su decadencia moral para buscar una vida más solitaria. San Benito vivió la vida de ermitaño durante varios años antes de que finalmente fundara varios monasterios, que se convirtieron en centros de oración, trabajo manual y aprendizaje.

San Benito comienza su regla instando a los monjes a “escuchar atentamente las instrucciones del maestro y atenderlas con el oído de su corazón” (Regla, Prólogo 1). Para nosotros, esto significa establecer un tiempo diario para escuchar al Señor, tanto en la lectura de las Escrituras como en la oración conversacional y la meditación.

Nuestra base segura durante estos tiempos difíciles debería ser la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, no los mensajes en constante cambio que nos bombardean en las noticias o en las redes sociales. Para algunos, cada tendencia en línea se ha convertido en una forma de evangelio que debe cumplirse con convicción religiosa. Pero la fe que nos transmitieron los Apóstoles es el único Evangelio verdadero y el único que puede salvar almas. Aunque los tiempos y la tecnología eran diferentes, San Benito entendió la importancia de escuchar “las instrucciones del maestro”.

En su libro El misterio del bautismo de Jesús  el predicador de la familia papal, el padre Raniero Cantalamessa, aborda la necesidad de que los sacerdotes se armen para la batalla “contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad actual” (cf. Jn 10: 12) En el centro de su reflexión está la idea de que “Jesús se liberó de Satanás mediante un acto de obediencia total a la voluntad del Padre, de una vez por todas entregándole su libre albedrío, para que realmente pudiera decir: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.’ (Jn. 4,34)”.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Pongo primero la voluntad del Padre en mi vida, en cada decisión que tomo y en todo lo que digo y hago? Si colocamos la voluntad del Padre en el centro de nuestras vidas y realmente lo escuchamos con “los oídos de nuestro corazón” como enseñó San Benito, estaremos preparados para lo que suceda y siempre daremos testimonio del amor de Dios y de los demás. Vivimos en un mundo que ha eliminado a Dios de su cultura. La historia, tanto la historia de la salvación como la historia mundial, muestra claramente lo que sucede cuando esto ocurre. Cuando Dios es eliminado, algo más se convierte en “dios”. Las sociedades descienden y eventualmente caen y desaparecen a menos que regresen al Dios verdadero y se conviertan en culturas que promuevan una vida de santidad y virtud.

Hay por menos una lección más de la regla de San Benito que es aplicable en estos tiempos de desunión y división social. Los monjes y hermanas de la familia espiritual benedictina son conocidos por su hospitalidad. La Regla enseña esta virtud de esta manera: “A todos los huéspedes que vienen al monasterio se les recibe como a Cristo, porque él dirá: ‘era forastero y me acogieron’ (Mt 25,35). Hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe (Gálatas 6:10) y a los peregrinos” (Regla, # 53).

Pidamos en nuestra oración poder ver a otros como Cristo mismo que viene a nosotros, incluso si están vestidos con lo que Santa Madre Teresa llamó “el disfraz angustiante de los pobres”. Si buscamos continuamente la voluntad del Padre y pedimos en oración por la configuración de nuestro corazón al suyo y nuestra voluntad a la suya, entonces podremos resistir cualquier desafío.