Obispo Rodríguez a jóvenes: “Los necesitamos, tomen el protagonismo que les toca”

Vladimir Mauricio-Perez

En un fin de semana peculiar debido a la pandemia, el V Encuentro Nacional –que este año se celebró de manera virtual y en grupos pequeños por diócesis– contó con un evento especial: la cena del Obispo Auxiliar de Denver, Mons. Jorge Rodríguez, con unos 20 jóvenes adultos de la Arquidiócesis de Denver.

Los jóvenes adultos tuvieron tiempo para reflexionar sobre las necesidades y retos que afectan a los jóvenes, y expresar sus ideas sobre cómo llegar mejor a ellos. Los líderes tuvieron tiempo de conversar en grupos pequeños y luego compartir con todos sobre lo que habían hablado.

Foto de Vladimir Mauricio-Pérez

“Fue una oportunidad única e increíble porque el obispo se prestó, estuvo abierto a ese diálogo que no todas las diócesis pudieron hacer; algunas lo hicieron virtualmente”, dijo Laura Becerra, directora de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Denver. “Nos dio ese espacio para pensar y dialogar y dar ideas sobre cómo podemos seguir apoyando a los jóvenes adultos hispanos”.

“Creo que el compartir el pan siempre nos une como familia, y fue muy padre tener la experiencia de comer con el obispo”, dijo Paty González, quien forma parte del grupo de coordinación de jóvenes adultos en la parroquia Reina de la Paz en Aurora. “Creo que el obispo tiene una sabiduría muy grande y siempre escucha a los demás. Esta no fue la excepción: nos escuchó y tuvo muy buen oído”.

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Deseando en grande

Los jóvenes reflexionaron y hablaron sobre su experiencia dentro de la Pastoral Juvenil y su grupo parroquial, las acciones específicas que la arquidiócesis podría hacer para apoyar e involucrar a más jóvenes como ellos y sus aspiraciones para mejorar el ministerio.

Entre una diversidad de sugerencias y observaciones, se subrayó la importancia de involucrar de alguna manera a los padres de familia, ya que la falta de apoyo familiar suele ser uno de los obstáculos más grandes en los grupos de jóvenes.

“Hablamos de cómo debería haber una capacitación para los padres, para que el primer mensaje del Evangelio venga de los padres a los hijos”, afirmó un joven líder presente.

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Igualmente, se resaltó la importancia del apoyo de los sacerdotes a los grupos juveniles y el avance de la evangelización a través de nuevos métodos digitales.

“Es importante que la iglesia se actualice más a la vida de los jóvenes de ahorita para llegar mejor a ellos”, dijo otro líder. “Ahorita los jóvenes se la pasan en las redes sociales, y la Iglesia tiene que saber usar la herramienta que ahorita se utiliza más”.

“Tal vez sea bueno que cada grupo tenga un sacerdote como guía espiritual porque los jóvenes tienen diferentes tipos de necesidad y el joven líder no siempre sabe cómo mejor ayudarlos”, añadió. “Creo que es importante que los sacerdotes tengan esa cercanía y que los jóvenes tengan la confianza para confesarse y acercarse a los sacerdotes”.

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Tomando el protagonismo

A la hora de expresar las acciones que los jóvenes líderes estaban inspirados a realizar en la Iglesia y en la sociedad, recalcaron el apoyo mutuo entre grupos de jóvenes de diferentes parroquias, un énfasis en actividades recreacionales y el uso de la tecnología para llegar mejor a los jóvenes y la práctica de servicio comunitario.

“Creemos que es importante que los jóvenes aprendan a servir en la Iglesia y también afuera”, dijo una líder. “Esto significa dedicarnos a visitar a los ‘homeless’ y hacer más ‘community service’”.

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El obispo Jorge Rodríguez, quien escuchó atentamente las sugerencias de los líderes presentes, dirigió sus palabras a los jóvenes al final de la cena.

“Como dice el papa Francisco, los jóvenes ya tienen que tomar el protagonismo que les toca en la Iglesia”, dijo, y procedió a contar su experiencia en un retiro para obispos que trataba sobre millenials (aquellos nacidos entre 1981 y 1996), en el que se les pidió anotar los nombres de 3 millenials con los que habían hablado recientemente.

“No pude poner ni uno”, confesó el obispo. “Es decir, que no hay comunicación entre nosotros y los jóvenes… Los jóvenes del V Encuentro pidieron a los obispos que invirtieran en los jóvenes. Realmente ustedes hoy son la Iglesia”.

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“Por un lado, es importante darse cuenta de que los necesitamos y, por otro lado, darse cuenta de que no hay nada nuevo: si se fijan en la historia de la salvación, las cosas grandes las hizo Dios con puros jóvenes”, aseguró.

“No nos dejen de fastidiar hasta que nosotros les demos lo que necesitan: apoyarlos, darles el protagonismo que les corresponde, aprender a escucharlos…”

“Gracias por la oportunidad de escucharlos a ustedes. Gracias porque veo que ustedes son unos jóvenes que están comprometidos. Ahora tenemos miles y miles más que hay que llevar al Señor”.

Orando por nuestros padres espirituales

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Para finalizar, los jóvenes le pidieron al obispo orar por él, y extendiendo su mano derecha, lo encomendaron a Dios.

“Se nos olvida a veces que él también es humano y que también tiene una familia. Pedimos al Espíritu Santo que estuviera con él porque lleva a cargo a toda la Iglesia y a tantos de nosotros. Es necesario orar por él”, dijo Paty, uno de los jóvenes que tomó el micrófono para orar por el obispo. “Creo que fue como un abrazo espiritual muy cercano lo que sentí al orar por él”.

“Quiero agradecerle al obispo Jorge que se tomó el tiempo para cenar con los jóvenes adultos y también a todos los jóvenes que participaron. Se comprometieron y estuvieron ahí. Los quiero invitar a seguir siendo parte de estas conversaciones, de que es importante que compartamos sobre las necesidades que cada uno ve en su ministerio”.

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Próximamente: ¿Qué es lo que está mal con el mundo? Yo

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “¿Por qué estoy aquí?”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el Dr. Jared R. Staudt

Una vez, el editor del periódico The Times le preguntó al reconocido católico G.K. Chesterton: “¿Qué es lo que está mal con el mundo?”. Chesterton, el gran maestro del sentido común y el ingenio, respondió: “Estimado señor: Yo. Atentamente, G.K. Chesterton”.

“Yo”. Hay honestidad y humildad en reconocer que los problemas del mundo yacen en el corazón y no en ninguna fuerza social, política o económica externa. El problema que existe en el corazón es lo que causa los conflictos exteriores. Ciertamente, hay estructuras pecaminosas en el mundo, estructuras que surgen del pecado y lo alientan, como el comunismo, aunque estas solo tienen poder porque aprovechan la oscuridad que ya está en nosotros. El mundo está roto porque nosotros estamos rotos.

 

EL PECADO ORIGINAL: ¿ALGO VERDADERO?

Chesterton de nuevo apunta a la obvia realidad de nuestro estado quebrantado. Reconoce que “ciertos nuevos teólogos ponen en duda el pecado original, aunque es la única parte de la teología cristiana que realmente se puede comprobar”. Solo hace falta mirar alrededor para darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído. Debido a la caída, que surge con el pecado de Adán y Eva, cada ser humano después de ellos ha nacido al mundo sin los dones que Dios originalmente había destinado para nosotros. Él quería que viviéramos sin el mal y el sufrimiento, refugiados dentro de la protección del jardín, pero nosotros teníamos otros planes.

El Catecismo habla del efecto que el pecado original tiene en nosotros: “Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada ‘concupiscencia’)” (CIC 405). El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás.

 

VÍCTIMAS O CÓMPLICES

El pecado original apunta a la falta de la relación con Dios como el centro de lo que está mal con el mundo. Es un problema que todos enfrentamos, aunque queremos acusar a otros. De hecho, el no reconocer nuestro propio estado quebrantado y nuestro pecado ha sido un problema desde el principio.

Cuando Dios le pregunta a Adán por qué comió del fruto, Adán acusa a Eva, la compañera que Dios le había dado (acusando a Dios de manera implícita). Cuando Dios se dirigió a Eva, ella culpó a la serpiente por haberla engañado. Hay verdad en el hecho de que no pecamos aislados de otros. El problema viene del querer culpar los problemas del mundo en los demás, mientras actuamos como si nosotros fuéramos simples víctimas de fuerzas fuera de nuestro control.

Aun si reconociéramos que el origen del mal surge de nuestro corazón, todavía tenemos que enfrentarnos con la otra pregunta de por qué el mal existe en el mundo. Como Adán, muchas veces culpamos a Dios por permitir el sufrimiento en nuestra vida. Si estamos enfermos, perdemos el trabajo o un ser querido muere, inmediatamente le reclamamos a Dios cómo pudo haber permitido semejante cosa.

“El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás”.

 

DIOS ACTÚA EN EL SUFRIMIENTO

Dios no tenía la intención de que este mal formara parte de su plan original, ya que el sufrimiento entró al mundo por el pecado. El pecado es lo que se debe culpar por el mal físico y la muerte, no Dios. Como resultado de la caída, Dios permite que el mal físico ocurra en el mundo, aun cuando lo utiliza para hacer surgir un bien más grande.

A través de las dificultades físicas, Dios nos muestra que este mundo no es nuestro verdadero hogar (y ya no está destinado a ser un paraíso terrenal) y que fuimos hechos para algo más. No podemos estar demasiado cómodos aquí en la tierra. El sufrimiento nos recuerda esto y también la necesidad de confiar en Dios. Pero, aun peor que el mal físico, también existe el mal moral, que proviene completamente de nuestra libre elección. El sufrimiento que experimentamos puede incluso hacernos darnos cuenta del mal moral que existe escondido en nuestra vida, llamándonos a la conversión.

El sufrimiento y nuestro estado quebrantado nos llevan a nuestra propia limitación y necesidad de Dios. Aceptar este estado nos da libertad para poder enfrentarlo y abrazar la sanación en Cristo.

 

DIGO: “ESTOY BIEN”, PERO NO LO ESTOY

Esto me recuerda a una canción que muestra la reacción típica a nuestra propia rotura: “Estoy bien”. Con palabras hacia Dios, la canción refleja con precisión cómo intentamos ignorar lo que realmente está sucediendo dentro de nosotros.

“Digo: ‘Estoy bien, sí, estoy bien, oh, estoy bien, oye, estoy bien’, pero no lo estoy. Estoy roto. Y cuando está fuera de control, digo: ‘Está bajo control’, pero no lo está, y lo sabes. No sé por qué es tan difícil admitirlo, cuando ser honesto es la única forma de solucionarlo. No hay fracaso, no hay caída, no hay pecado que ya tú no conozcas. Entonces, deja que salga la verdad”.  Matthew West, “Truth be told”

El individualismo moderno nos dice que estaremos bien si simplemente confiamos en nosotros mismos, que podemos manejarlo y que somos débiles si buscamos ayuda en los demás. La fe cristiana se opone firmemente a esto, porque no podemos ignorar la rotura dentro de nosotros, dejarla sin resolver y ocultarla para que luego salga en forma de venganza. Tenemos que ser sinceros sobre quiénes somos. Somos personas quebrantadas y pecadoras que podemos experimentar la sanación y la gracia si enfrentamos la verdad y la dejamos salir a la luz.

 

QUE LA VERDAD SALGA A LA LUZ

¿Cómo dejamos que esta verdad salga a la luz? Durante la cuaresma, la Iglesia nos llama a la conversión, a través de la oración y la penitencia, y nos pide que confesemos nuestros pecados. Dejamos “que salga la verdad” cuando nos presentamos ante Dios, reconocemos nuestros pecados y le pedimos perdón. Aceptar nuestra debilidad nos lleva a acudir a Dios en busca de ayuda, permitiéndole quitar la oscuridad dentro de nosotros y llenarnos con su propia vida y luz.

 

DIOS SANA “UN CORAZÓN A LA VEZ”

Dios no simplemente elimina todos los problemas del mundo. Más bien, él entra en ellos, primero, asumiéndolos y haciéndose hombre en Jesús, y luego entrando en el centro de la rotura dentro de nosotros. Dios no está ausente del mundo que sufre, aun si no se muestra visiblemente para que todos vean y para así resolver dramáticamente las cosas de manera política. Dios arregla el mundo un corazón  a la vez, de manera más poderosa que el ruido que nos rodea, preparándonos para enfrentarlo y hacer nuestra parte en él.

 

LA SOLUCIÓN: ACUDIR A LA FUENTE DE SANACIÓN

Si soy yo lo que está mal en el mundo, entonces la solución también comienza conmigo. Mi estado interior quebrantado puede ser sanado por Dios (aunque no sea de manera perfecta en esta vida) para que yo pueda ser parte de la solución al problema del mundo. Puedo llevar a otros a Cristo para sanarlos, invitarlos a la Iglesia y específicamente a la confesión. Aunque las personas a menudo tienen miedo de confesar sus pecados, en realidad es un gran alivio y una fuente de sanación. Es un regalo poder compartir este alivio y sanación con otros. Y entre más personas hayan recibido este regalo, más grande será su impacto en el mundo. En esta cuaresma, tenemos la oportunidad de abrazar la solución de Dios, la sanación, que comienza con la raíz del problema: yo…

 

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