Primer millón de dólares recaudado en la Colecta Anual del Arzobispo irá a las parroquias

Aaron Lambert

¿Hasta dónde llega realmente el dinero que se da a la Colecta Anual del Arzobispo? Es una pregunta que probablemente nos hagamos todos los años.

La respuesta es simple: muy lejos, y sobre todo este año, realmente marcará la diferencia en el mundo.

La Colecta Anual del Arzobispo (ACA por sus siglas en inglés) ha sido lanzada oficialmente este fin de semana del 25 de abril. La ACA beneficia cerca de 40 ministerios dentro de la Arquidiócesis de Denver, cada uno los cuales juega un papel crucial en el funcionamiento de la Iglesia Católica en el norte de Colorado como tal. La colecta del año pasado recaudó más de $10 millones en donaciones, que fueron invertidos directamente en esos ministerios.

“La Colecta Anual del Arzobispo tendrá un nuevo significado este año ya que nuestros ministerios están experimentando una demanda sin precedentes debido a COVID-19, mientras que nuestros fondos han disminuido drásticamente durante el cierre”, escribió el arzobispo Samuel J. Aquila en una carta a la arquidiócesis. “Necesitamos su apoyo. La colecta financia cerca de 40 ministerios, lo que lo hace una de las formas más efectivas para que se pueda tener un impacto inmediato en nuestra comunidad de fe. Su donación educa a nuestros hijos, forma futuros sacerdotes, ayuda a los necesitados y sostiene a nuestras comunidades parroquiales en esta crisis”.

Este año, para ayudar a aliviar las dificultades financieras que enfrentan las parroquias debido a la pandemia, el primer millón recaudado a la ACA será destinado a un Fondo de Ayuda Parroquial de Emergencia. Este dinero ayudará a las parroquias a seguir operando y llevar a cabo sus ministerios, que siguen siendo tan esenciales como siempre. Incluso en estos tiempos difíciles, las parroquias están demostrando su creatividad y devoción por compartir el Evangelio, y se han mantenido muy ocupadas.

Monseñor Bernie Schmitz, un sacerdote retirado que sirvió como Vicario del Clero de la Arquidiócesis de Denver durante varios años, actuaba como intermediario entre las parroquias y la campaña de ACA antes de la pandemia. A través de esto, ha observado de primera mano las formas en que las parroquias continúan sirviendo a sus comunidades, y como exsacerdote él mismo, comprende la dura realidad que enfrentan las parroquias en este momento y por qué necesitan todo el apoyo posible.

“La inclinación natural [de los sacerdotes] es ir y ayudar a la gente”, dijo Mons. Schmitz. “Están tratando de encontrar formas de ayudar de la mejor manera posible. Los sacerdotes están siendo sacerdotes. Es una forma de decir: ‘Estoy contigo’”.

Como dice el padre Randy Dollins, vicario general de la arquidiócesis, la ACA financia algunas de las partes menos glamurosas de la administración de la Iglesia, pero al hacerlo, apoya a todos los ministerios y les permite concentrarse en hacer lo que fueron creados para hacer: Es decir, servir a las personas y guiarlas a Cristo.

Además, “hay muchos aspectos de la diócesis que no tienen los medios para hacer su propia recaudación de fondos y probablemente no deberían pasar tiempo tratando de hacer su propia recaudación”, agregó el padre Dollins. “El ministerio debe poder ser simplemente el ministerio”.

Cada parroquia tiene una meta de recaudación de fondos ACA basada en el total del ofertorio anual de la parroquia. Sin embargo, los fondos recaudados de la ACA también tienen el potencial de beneficiar a las parroquias. Hace unos años, se implemente un programa de reembolso parroquial de dos niveles como un incentivo para que las parroquias animen a los feligreses a donar a la ACA.

“Si todos se esfuerzan por dar a su parroquia, no solo están donando a los casi 40 ministerios, sino que a cierto nivel, un porcentaje regresa a la parroquia y también los ayuda”, explicó el padre Dollins. “Es una ganancia la diócesis y para toda la parroquia”.

Si una parroquia excede su meta de la ACA, el 50 por ciento de cada dólar recaudado después de eso vuelve a la parroquia. Las parroquias que tienen más dificultades para cumplir su objetivo, también tienen la oportunidad de obtener un reembolso si superan la cantidad de dinero recaudada para la ACA el año anterior. Si lo hacen, obtienen el 25 por ciento de cada dólar recaudado después de ese número.

En el 2019, 42 parroquias recibieron reembolsos al nivel del 50 por ciento y 33 parroquias recibieron reembolsos al nivel del 25 por ciento, por un total de más de $700,000 que se regresaron a las parroquias.

Tradicionalmente, la campaña de ACA dura cinco meses, pero las donaciones en línea hacen que sea conveniente y fácil configurar un donativo recurrente de manera mensual. El padre Dollins alienta a las personas a dar durante todo el año en lugar de los tradicionales cinco meses.

“¿Por qué no hacer de la ACA un donativo mensual recurrente que se ajuste a la forma en que haces el resto de tu presupuesto?” dijo.

Sé que durante el transcurso de cualquier año, se le pide a los católicos dar mucho, y es fácil ver la Colecta Anual del Arzobispo como otra petición que no tiene importancia. Sin embargo, para los fieles de la Arquidiócesis de Denver, es importante ver las necesidades de la Iglesia en sí y ver hasta dónde llega ese dólar.

“Es realmente fácil concentrarse en el “yo” y minimizar la importancia de tu propia parroquia, pero [todos] somos parte de una Iglesia más grande que tiene necesidades expansivas”, dijo el Padre Dollins. “Yo podría estar en un pueblo pequeño que no necesita alimentar a los pobres, pero la Catedral sí. No puedo necesariamente ayudar a los pobres donde estoy, pero la Iglesia es mucho más grande que solo mi ubicación”.

Visita archden.org/donar para hacer tu donativo hoy.

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Próximamente: La sabiduría de San Benito en nuestros tiempos

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Por el arzobispo Samuel J. Aquila.

“Levantémonos, pues, de una vez; que la Escritura nos exhorta”, nos insta la Regla de San Benito. “Abramos nuestros ojos a la luz… y nuestros oídos a la voz del cielo que todos los días nos llama… ‘Si escuchas hoy su voz, no endurezcas tu corazón’” (Sal 95,8). El 11 de julio, la Iglesia conmemora a San Benito, y sus palabras de hace 1,500 años parecen perfectamente adecuadas para los tiempos desafiantes y cambiantes de hoy.

La Regla de San Benito se escribió alrededor del 530, una época en que el Imperio Romano se había derrumbado y la existencia del cristianismo en Europa estaba amenazada. Dada nuestra situación cultural actual y sus paralelos con su tiempo, creo que podemos encontrar fruto en las enseñanzas de San Benito.

San Benito creció rodeado de una cultura moralmente corrupta, pero con la gracia de Dios vivió una vida virtuosa. Después de pasar un tiempo estudiando en Roma, huyó de su decadencia moral para buscar una vida más solitaria. San Benito vivió la vida de ermitaño durante varios años antes de que finalmente fundara varios monasterios, que se convirtieron en centros de oración, trabajo manual y aprendizaje.

San Benito comienza su regla instando a los monjes a “escuchar atentamente las instrucciones del maestro y atenderlas con el oído de su corazón” (Regla, Prólogo 1). Para nosotros, esto significa establecer un tiempo diario para escuchar al Señor, tanto en la lectura de las Escrituras como en la oración conversacional y la meditación.

Nuestra base segura durante estos tiempos difíciles debería ser la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, no los mensajes en constante cambio que nos bombardean en las noticias o en las redes sociales. Para algunos, cada tendencia en línea se ha convertido en una forma de evangelio que debe cumplirse con convicción religiosa. Pero la fe que nos transmitieron los Apóstoles es el único Evangelio verdadero y el único que puede salvar almas. Aunque los tiempos y la tecnología eran diferentes, San Benito entendió la importancia de escuchar “las instrucciones del maestro”.

En su libro El misterio del bautismo de Jesús  el predicador de la familia papal, el padre Raniero Cantalamessa, aborda la necesidad de que los sacerdotes se armen para la batalla “contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad actual” (cf. Jn 10: 12) En el centro de su reflexión está la idea de que “Jesús se liberó de Satanás mediante un acto de obediencia total a la voluntad del Padre, de una vez por todas entregándole su libre albedrío, para que realmente pudiera decir: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.’ (Jn. 4,34)”.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Pongo primero la voluntad del Padre en mi vida, en cada decisión que tomo y en todo lo que digo y hago? Si colocamos la voluntad del Padre en el centro de nuestras vidas y realmente lo escuchamos con “los oídos de nuestro corazón” como enseñó San Benito, estaremos preparados para lo que suceda y siempre daremos testimonio del amor de Dios y de los demás. Vivimos en un mundo que ha eliminado a Dios de su cultura. La historia, tanto la historia de la salvación como la historia mundial, muestra claramente lo que sucede cuando esto ocurre. Cuando Dios es eliminado, algo más se convierte en “dios”. Las sociedades descienden y eventualmente caen y desaparecen a menos que regresen al Dios verdadero y se conviertan en culturas que promuevan una vida de santidad y virtud.

Hay por menos una lección más de la regla de San Benito que es aplicable en estos tiempos de desunión y división social. Los monjes y hermanas de la familia espiritual benedictina son conocidos por su hospitalidad. La Regla enseña esta virtud de esta manera: “A todos los huéspedes que vienen al monasterio se les recibe como a Cristo, porque él dirá: ‘era forastero y me acogieron’ (Mt 25,35). Hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe (Gálatas 6:10) y a los peregrinos” (Regla, # 53).

Pidamos en nuestra oración poder ver a otros como Cristo mismo que viene a nosotros, incluso si están vestidos con lo que Santa Madre Teresa llamó “el disfraz angustiante de los pobres”. Si buscamos continuamente la voluntad del Padre y pedimos en oración por la configuración de nuestro corazón al suyo y nuestra voluntad a la suya, entonces podremos resistir cualquier desafío.