Restauración del orden de los sacramentos, cuatro años después

Escritor Invitado

Por: Moira Cullings

Cuando Avallina Goodman descubrió que la Arquidiócesis de Denver implementaría la restauración del orden de los sacramentos de iniciación cristiana, estaba un poco recelosa.

“Después de terminar la preparación para Confirmación con nuestra hija mayor que cursaba el sexto grado, sinceramente pensamos que Maddelyn podría ser demasiado joven”, confesó.

Sin embargo, luego de estudiar más al respecto, los Goodman, feligreses de la parroquia Our Lady of Fatima en Lakewood, se dieron cuenta de la bendición de que su hija recibiría la Confirmación en tercer grado.

“Creo que algo positivo de la restauración del orden de los sacramentos es que lo niños en tercer grado están en una edad muy influenciable”, dijo Avallina. “Hoy en día y a esta edad, siento que necesitamos hacer todo lo que podamos para enseñarles lo mucho que Dios los ama, y que somos hijos de Dios y necesitamos vivir con sus gracias”.

Los sacramentos de iniciación cristiana en el orden en que fueron destinados a ser recibidos son: el Bautismo primero, seguido de la Confirmación y la Primera Comunión (los dos últimos se celebran durante la misma Misa).

La Arquidiócesis comenzó a implementar la restauración del orden en 2014. El 32 por ciento de las parroquias comenzaron el proceso ese año. Un tercio adicional de las parroquias empezó en 2015. Para el 2016, casi todas las parroquias habían comenzado la transición.

Ahora, cada parroquia ha iniciado ya la implementación y casi la mitad ha hecho la transición completamente. El 2020 será el último año de la transición.

“Hemos encontrado que las parroquias y los padres inicialmente estaban un poco temerosos porque se les ha enseñado que la Confirmación es algo así como convertirse en adultos en la Iglesia”, dijo Jared Staudt, especialista en formación catequética de la arquidiócesis. “Pero la confirmación es un regalo de Dios”, continuó. “Y es una oportunidad para despertar en los niños más pequeños el deseo de vivir plenamente la fe en lugar de esperar hacerlo en el futuro”.

La Arquidiócesis ha puesto énfasis en la importancia de la Confirmación y las gracias que da este sacramento. En 2016, más de 500 jóvenes de escuelas secundarias de varias parroquias de la Arquidiócesis fueron confirmados en Sealed & Sent, (Sellados y enviados n.d.t) un evento que atrajo a 3.000 fieles, convirtiéndose en la Misa de Confirmación más grande jamás celebrada en el norte de Colorado.

Staudt cree que la restauración del orden de los sacramentos ampliará aún más la educación religiosa.

“Es una oportunidad para crear un programa de educación religiosa más dinámico y efectivo, que se basa en vivir la vida cristiana en lugar de solo enseñar hechos sobre la fe”, dijo.

Para la parroquia St. Thomas More en Centennial, este será el primer año en que los alumnos de tercer grado reciban la Confirmación y la Primera Comunión el mismo día.

Su párroco Monseñor Thomas Fryar, dice ser muy consciente “del hecho de que siempre parecía haber una mayor sensación de alegría y emoción cuanto más jóvenes eran los hombres y las mujeres que estaban siendo confirmados”, dijo Monseñor Fryar.

“La esperanza es que la eficacia del sacramento les inculcará una mayor conciencia de los dones del Espíritu que pueden poner en práctica más temprano en sus vidas”, dijo.

Mary Pott, educadora religiosa de niños de Our Lady of Fatima, quien también ha visto a los niños más pequeños demostrar un mayor celo.

“Tienen un entusiasmo y una apertura que los niños mayores no tienen, dice Pott”. “Rezamos para que esas gracias [de la confirmación] los llenen, los fortalezcan y los ayuden a medida que las cosas se ponen más difíciles”.

Pott cree que la clave para una restauración del orden de los sacramentos exitosa es la participación de los padres, por lo que su equipo les ofrece cursos de actualización sobre la fe.

“Mi mayor esperanza es que los padres vean la belleza de esto”, dijo Pott. “Verán que esto es algo bueno para ellos y bueno para la familia y que los ayudará a todos”.

Una pareja que ya ha visto ya los frutos de la transición son los feligreses de Our Lady of Fatima, Jean y Conan Fischer, cuya hija, Claire, cursa el tercer grado en Golden View Classical Academy.

“Las herramientas que se nos dan en estas sesiones [de padres] nos han llevado a centrarnos en la fe como familia”, dijo Conan. “Este refuerzo del papel de los padres como primeros maestros es muy importante en un momento en que la sociedad está disminuyendo [restando importancia] el papel de estos”.

Jean está emocionada de poder ayudar a su hija y agradecida por el hecho de que ella recibirá la gracia del Espíritu Santo a una edad temprana.

“Los niños están muy ávidos de aprender a esta edad”, dijo, “y recibir la Confirmación a una edad más temprana les ayudará a situarlos en el camino del aprendizaje permanente y el crecimiento en su fe”.

Conan estuvo de acuerdo.

“En un momento en que la gracia se necesita desesperadamente en el mundo, espero que Claire tenga esa pequeña fuerza adicional con el Espíritu Santo a su lado para enfrentar el mundo y hacer el bien en él”, dijo.

Próximamente: El seminario de Denver tiene un riguroso proceso de selección y formación de sus sacerdotes

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Debido a los escándalos de abuso sexual ocurridos en Estados Unidos mucha gente se pregunta con qué criterio se admiten a los jóvenes en los seminarios. Por ello ofrecemos este artículo en el que explicamos cómo los seminarios de la Arquidiócesis de Denver evalúan a aquellos jóvenes que vienen con la inquietud sobre la vocación al sacerdocio.

La Arquidiócesis de Denver cuenta con dos seminarios: Saint John Vianney y Redemptoris Mater han liderado durante casi 30 años la investigación diligente de seminaristas y la formación de futuros sacerdotes sanos.

“Nuestra tarea consiste en formar hombres virtuosos con el corazón de Jesús, que mueran a ellos mismos, que estén dispuestos a servir donde estén llamados y que sirvan a los fieles confiados a su cuidado con caridad pastoral”, dijo el arzobispo Samuel Aquila. “El sacerdocio no se trata de uno mismo, sino de servir a Cristo y a la Iglesia, donando la propia vida como Cristo donó su vida por nosotros”, aseguró.

Por su parte el padre Daniel Leonard indicó que “la generación actual de seminaristas es la más estudiada”. Christina Lynch, quien ha trabajado durante 12 años como directora de servicios psicológicos del seminario, asegura que las pautas para examinar candidatos han evolucionado con el tiempo y siguen siendo cada vez más estrictas. “Lo que ocurrió en el pasado nos muestra que si tú no quieres ver algo no lo ves”, dice. “Esto ha cambiado en los seminarios”.

“Creo que la diferencia no es solo el espíritu de transparencia sino que funciona en ambos sentidos”, asegura. “Los hombres sienten que sus formadores están ahí para su mejor interés.

 

 

Selección

El proceso de selección en el seminario comienza en el momento en que los hombres están interesados en seguir el sacerdocio.

Para el St. John Vianney, los candidatos deben tener un encuentro primero con el director de vocaciones, el padre Ryan O´Neill, quien busca conocer la vida personal, espiritual y familiar de cada hombre durante un período de tiempo.

El siguiente paso consiste en llenar una aplicación que consta de aproximadamente 20 páginas, el certificado de no antecedentes penales, una autobiografía, cuatro cartas de referencia y, si se aplica, el certificado de inscripción a la universidad.

De otro lado, para aquellos interesados en ingresar al Redemptoris Mater deben someterse a un doble proceso de admisión que vienen del Camino Neocatecumenal y que “incluye la selección de candidatos en un proceso que consta de cuatro partes, entre ellos, una selección por parte de sacerdotes y laicos antes de que ellos sean recomendados por una admisión al seminario tanto a nivel local como regional y nacional”, dice el padre Tobias Rodriguez-Lasa, rector de este seminario.

“Si estos procesos de selección culminan de manera exitosa y si los candidatos se sienten preparados, ellos son invitados a participar en el retiro vocacional internacional en el que son analizados una cuarta vez”, dice.

Después los candidatos pasan por un el proceso estándar que tiene la Arquidiócesis.

Quienes aspiran ingresar a ambos seminarios deben pasar por un proceso psicológico integral donde se evalúa si tienen la capacidad para ingresar al seminario. La evaluación cubre una variedad de áreas, incluyendo el desarrollo psico-sexual y la historia familiar. Los análisis también detectan si tiene algún tipo de adicción que el candidato pueda tener o si sufre de atracción al mismo sexo.

“Hacemos preguntas muy rigurosas en esta entrevista y luego elaboramos una serie de pruebas como personalidad y pruebas de proyección”, dice la doctora Lynch. “Es una entrevista extremadamente profunda”.

Finalmente el comité de admisiones (que incluye rectores y otros miembros del equipo del seminario) elabora una entrevista al candidato.

Los aspirantes pueden ser rechazados en cualquier momento del proceso de selección. De acuerdo con la doctora Lynch y el padre O’Neill, los problemas comunes que impiden que los hombres sean aceptados son adicciones, tendencias homosexuales profundamente arraigadas o trastornos de personalidad que pueden incluir la inhabilidad para controlar las inclinaciones sexuales poco saludables.

“La Iglesia católica es para todos”, dice el padre O’Neill, “pero el seminario no. El hecho de que un joven quiera ser sacerdote no quiere decir que necesariamente llegará a serlo”.

 

Dentro del seminario

La selección no termina cuando se entra al seminario. “Una vez ellos son admitidos, son evaluados constantemente por un equipo de formación, por supervisores de apostolado y por sus mismos compañeros”, dice el padre Leonard.

Una mayor parte de la vida del seminario es la formación la cual, en el St. John Vianney, tiene cuatro pilares: humano, intelectual, pastoral y espiritual. Además los seminaristas realizan  un año de espiritualidad dedicado a la oración y el discernimiento.

“Es un año en el cual los candidatos están verdaderamente desconectados del mundo para que puedan así sumergirse en las partes más profundas y misteriosas de su corazón”, dice el padre O´Neill.

“El año de oración enseña al candidato cuál es la prioridad en su vida cristiana”, agrega “y permite un honesto discernimiento en el celibato sacerdotal”.

La formación en el seminario Redemptoris Mater de Denver dura alrededor de diez años, los cuales incluyen dos o tres años experiencia misionera. Durante este tiempo los seminaristas son monitoreados por los sacerdotes y laicos en diferentes situaciones fuera del seminario.

“El hecho de que sea un tiempo más largo y exista una variedad de lugares no institucionales la experiencia de los seminaristas le da al equipo de formación más y mejores oportunidades para identificar y actuar sobre cualquier potencial problema que puede aparecer en la evaluación psicológica inicial, durante la formación o los años de estudio o durante la experiencia misionera”, dice el padre Rodríguez-Lasa.

El doctor David Kovacs, psicólogo clínico del seminario St. John Vianney, dijo que el vivir en el seminario hace que sea difícil que permanezcan ocultas aquellas dificultades más profundas que pueda presentar el candidato.

Las evaluaciones son una gran herramienta para ver lo que sucede debajo de la superficie, aquello que la gente no puede ver”, dice el Dr. Kovacs. “Y una vez ellos ingresan ahí hay muchos ojos observando a ese muchacho”.

Los dos seminarios de Denver tienen como formadores a personas que los acompañan y que monitorean su comportamiento, así como evaluaciones rutinarias.

El equipo del St. John Vianney y del Redemptoris Mater continúa así esforzándose por alcanzar la transparencia, el análisis riguroso de los seminarios y, especialmente la excelencia para formar a los sacerdotes de la mejor manera posible – los que están comprometidos a servir al pueblo de Dios y llevarlos a un encuentro con Jesucristo.

 Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa