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miércoles, octubre 5, 2022
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Cómo ser un testigo alegre de Cristo en la actualidad

Quinta característica del discípulo: Da testimonio alegre y contracultural

Este artículo forma parte de una serie de publicaciones que explican cinco características claves de un verdadero discípulo de Cristo. Lee sobre las otras cuatro características aquí.

 

Estás de viaje con tus familiares y de pronto te das cuenta de que todos han propuesto un sinnúmero de planes para el domingo… excepto ir a Misa. ¿Qué haces? ¿Pretendes que no pasa nada si faltas un domingo o incomodas a medio mundo y te ganas el apodo de “santurrón” y “exagerado” por decir que tú vas a hacerlo?

Sabemos que poner a Dios primero requiere que a menudo tomemos decisiones contrarias a la mentalidad y las prioridades del mundo. Esto sucede en relación con muchos temas pequeños y otros muy controversiales. No siempre es fácil.

Un discípulo con mentalidad apostólica da testimonio contracultural de Dios de manera alegre. Pero ¿cómo podemos hacerlo si siempre es incómodo y a menudo nos falta valor? Si con frecuencia sientes que te falta audacia para ser un testigo alegre de la fe, te compartimos tres pasos que te pueden ayudar a serlo.

 

Primer Paso: Recibe su alegría

Muchas personas creen que, para ser alegre, basta con elegir serlo. Basta con ver todo como una oportunidad. Como dice un dicho americano: “Si la vida te da limones, aprende a hacer limonada”. Pero seamos honestos. A veces estamos tan cansados y agobiados que parece imposible elegir ser alegres. ¿Qué se puede hacer en esos momentos? La Biblia nos da la respuesta.

San Pablo dice en la carta a los corintios que pidió al Señor que removiera una espina de su carne. Como es de esperarse, Dios no respondió: “Pablo, no dejes que eso te desanime; elige ser alegre”. En cambio, le dijo: “Te basta mi gracia” (2 Cor. 12,9).

Dios sabía que san Pablo no podía hacerlo con sus propias fuerzas. Sabía que no era capaz de elegir ser alegre en medio del sufrimiento. Así que en vez de esperar que Pablo encontrara una fuerza sobrehumana de voluntad, Dios le da su gracia.

La gracia de Dios es la fuente de nuestra alegría. No es algo que simplemente elegimos en el momento. Esta alegría es un resultado natural, o un fruto, de una vida en el Espíritu Santo (Gal 5,22). Esta realidad está presente en toda la Biblia. Por ejemplo, el profeta Nehemías dice: “…la alegría de Yahveh es nuestra fortaleza” (Ne 8,10). Jesús dice a sus discípulos: “Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en uste[1]des” (Jn 15,11). Asimismo, san Pablo dice a los tesalonicenses que, a pesar de la aflicción, poseen “la alegría del Espíritu Santo” (1 Tes 1,6).

Si queremos tener una alegría duradera y profunda, debemos recibirla en vez de elegirla. Así que cuando te cueste ser un testigo alegre del Evangelio, abre tu corazón a la alegría del Señor y deja que él sea tu fortaleza.

Segundo paso: Ponte en medio del tráfico espiritual

Si recibir la gracia de Dios es necesario para ser alegres, ¿cómo podemos recibirla? No es tan difícil. Si uno quiere que lo atropellen, la mejor manera de lograr su objetivo es pararse en medio de una carretera. Esto no garantiza que suceda, pero definitivamente aumenta las posibilidades. Algo parecido se puede decir de la vida espiritual. Si queremos recibir la gracia de Dios, debemos colocarnos en el camino de la gracia y pedirle que derrame sobre nosotros el don gratuito de su ayuda.

La mejor manera de hacerlo es a través de la oración y los sacramentos. En la oración, presentamos a Dios nuestras necesidades y él nos guía. Por supuesto, él ya conoce nuestras necesidades, pero aún nos hace la misma pregunta que al ciego Bartimeo: “¿Qué quieres que haga por ti?” (Mc 10,51). Él quiere que expresemos nuestras necesidades.

Dios también desea darnos su gracia a través de los sacramentos. De alguna manera él se hace presente a través de ellos. Él quiere estar con nosotros, sea a través del sacerdote en el sacramento de la confesión o de manera más directa en la Eucaristía, que es su cuerpo y sangre bajo la apariencia de pan y vino. Él quiere tocar nuestra vida y nuestras relaciones. Cuando nos ponemos en su presencia a través de los sacramentos, él nos transforma. Así que, si te está costando ser un testigo alegre y contracultural con tu familia, amigos o compañeros de trabajo, no olvides pararte en el camino de la gracia de Dios. Él te encontrará ahí.

Tercer paso: Investiga el porqué

Por último, además de recibir la gracia de Dios, es de gran ayuda entender por qué la Iglesia enseña lo que enseña con respecto a temas controversiales o contraculturales.

Muchas veces seguimos y cumplimos con lo que la Iglesia pide por obligación. Por eso, lo hacemos de mala gana. Si solo obedecemos por obligación, nunca podremos ser testigos alegres, porque practicamos la fe por resignación. Si no comprendemos lo que creemos, la creencia del mundo parecerá mucho más atractiva, sea en cuestión de la vida del no nacido, la castidad, el matrimonio, etc. Siempre será más fácil seguir la corriente, porque ir en contra de ella es demasiado incómodo. Pero nos sorprenderíamos al saber que si tomamos el tiempo para investigar por qué la Iglesia cree lo que cree, siempre surgirá una respuesta razonable. Este conocimiento lleva a la convicción, y esta convicción lleva a un seguimiento alegre y no obligatorio.

El venerable Fulton Sheen una vez dijo: “No hay cien personas en Estados Unidos que odien a la Iglesia católica, sino millones que odian lo que ellos falsamente creen que es la Iglesia católica”.

Si ciertas enseñanzas de la Iglesia te parecen confusas o irrazonables, te invitamos a investigar un poco más. Busca una respuesta en un buen libro, pregúntale a algún sacerdote o busca fuentes fiables en el internet. Sea lo que sea, no creas por sentido de obligación. La Iglesia no quiere que los fieles obedezcan ciegamente. Quiere que comprendan y que tengan convicción. Quiere que sean testigos alegres y contraculturales frente a un mundo que necesita al Salvador.

 

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada “Aprende a ver como un discípulo”. Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

 

El artículo está basado en el texto de Lisa Cotter, «3 steps for becoming a joyfull countercultural». Denver Catholic 

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