Decisión de Corte Suprema: Una victoria para la libertad educativa y religiosa

Aaron Lambert

En un paso importante para las escuelas católicas del país la Corte Suprema falló en contra de una provisión constitucional de Montana que impedía a las escuelas parroquiales recibir fondos de impuestos. Esta decisión podría abrir las puertas para la implementación de medidas similares en otros 37 estados.

El Presidente de la Corte Suprema, John Roberts emitió la decisión final con un voto de 5 a 4 en el caso Espinoza v. Montana Department of Revenue, obteniendo así una victoria buscada desde hace mucho tiempo por quienes apoyan la libertad de elegir escuelas no públicas para sus hijos. El presidente de la Corte Suprema Roberts dijo que las escuelas religiosas deben tener derecho a beneficios y ayudas públicas, si dicha ayuda también se les otorga a escuelas privadas seculares.

“No es necesario que un estado subsidie la educación privada. Pero cuando un estado ha decidido hacerlo, no puede descalificar a ciertas escuelas privadas solamente por ser religiosas”, escribió Roberts. La Constitución “condena la discriminación de escuelas religiosas y familias de estudiantes en ellas”.

La provisión en la constitución del estado de Montana que prohíbe designar fondos públicos a escuelas privadas fue inicialmente promulgada en 1889 como una “enmienda de Blaine” (“Blaine Amendment”) y posteriormente se incluyó en la nueva constitución del estado en 1972. Las enmiendas de Blaine encuentran su raíz en la intolerancia católica del siglo XIX, y actualmente se encuentran en la constitución de otros 37 estados.

El juez Neil Gorsuch, quien se graduó de la escuela católica de Notre Dame en Denver, escribió a favor de la decisión, subrayando el parecer de Roberts sobre la discriminación, y a la vez recalcó que la protección que ofrece la primera enmienda de la Constitución es más amplia de lo descrito por Roberts. Goursuch aseguró que la cláusula de la libre expresión “protege no solo el derecho a ser una persona religiosa, con creencias internas y secretas, sino que también protege el derecho de vivir esas creencias exterior y públicamente… Por mucho tiempo nuestros casos han reconocido la importancia de proteger las acciones religiosas, no solo el estatus religioso”, aludiendo así al derecho que las familias de fe tienen de enviar a sus hijos a escuelas religiosas si así lo desean.

Brittany Vessely, directora ejecutiva de la Conferencia Católica de Colorado, elogió la decisión y su empoderamiento para los padres. Además, exhortó a los legisladores estatales de Colorado reconsiderar el argumento basado en la elección escolar.

“La Iglesia Católica enseña que los padres han de tener la libertad de elegir la escuela que concuerde con su conciencia, la cual ha de tener su porción de financiación gubernamental; después de 30 años de la supresión [causado por] las enmiendas Blaine, los padres finalmente podrán hacer eso”, dijo Vesseley. “Ahora depende de la legislatura de Colorado aprobar la libre elección de escuelas y empoderar a los padres para poder elegir la mejor opción para sus hijos”.

La decisión dio esperanza a líderes de la Arquidiócesis de Denver y administradores de escuelas católicas, incluyendo al superintendente de escuelas católicas de Denver Elías Moo.

“Esta decisión de la Corte Suprema es otro paso en el proceso de asegurar que la primacía de los padres para elegir la educación de sus hijos sea respetada y asegurada con la ley”, dijo Moo en una declaración. “El legado de las ‘enmiendas Blaine’ ha sido una maldición para nuestra nación y el estado de Colorado. Por muchos años ha degradado a familias que buscan formas de educación no públicas, especialmente una educación guiada por la fe, a ciudadanos de segunda clase al limitarles la libertad de elegir lo que es mejor para sus hijos y familia”.

“Hoy la Corte Suprema ha dejado claro que la verdadera libertad se logra solo cuando los padres tienen todos los medios disponibles para elegir enviar a sus hijos a la escuela que mejor se acomode a las creencias y convicciones de la familia”.

Moo también destacó cómo la falta de elección escolar afecta de manera desproporcionada a las familias de color y de bajos recursos, y cómo con frecuencia las familias “se quedan atrapadas en escuelas que están fracasando o tienen que abandonar el futuro educativo de sus hijos al azar, esperando como en una lotería que sus hijos reciban la oportunidad de matricularse en una escuela fuera de su zona”.

“Esto es una farsa, y creo que es una de las desigualdades e injusticias más grandes que enfrentamos hoy en día”.

Al igual que Vessely, Elías solicitó a los legisladores de Colorado promulgar una legislación que les permita a los padres tener más opciones con respecto a la educación de sus hijos.

“Personalmente me gustaría exhortar a nuestros legisladores estatales a considerar el legado que quieren dejar y tomar en cuenta a los votantes que los eligieron para el cargo”, dijo Elías. “Nuestros legisladores presentes pueden ser la generación que elimine la desigualdad e injusticia educativa. Requerirá valor y buena voluntad de miembros de ambos partidos, pero qué oportunidad en una época en la que el partidismo parece reinar a nivel estatal y federal, para que los legisladores de Colorado puedan unirse para mostrarle a su país una unidad que tanto necesita. Qué bello sería que esa unidad se realizara por medio de un esfuerzo legislativo bipartidista por los niños y familias de nuestro gran estado, especialmente aquellos con más desventajas en nuestra comunidad”.

Traducido del original en inglés.

Próximamente: Cómo responder a la violencia y confusión en el Capitolio

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En estos tiempos turbulentos, todos se están haciendo la misma pregunta: “¿Cuál es la verdad?”. Según se conteste esta pregunta, y dado el relativismo de nuestro día, nos dividimos en bandos. La división se hizo totalmente manifiesta cuando un grupo de personas irrumpió en el Capitolio en Washington D.C. el pasado 6 de enero. En ese momento, vimos estallar claramente la ira y la violencia, generados por sentimientos de supresión de derechos, justo como lo habíamos visto los meses anteriores en muchas de nuestras ciudades más grandes. Tanto la derecha como la izquierda han recurrido a la violencia, lo cual es inaceptable en una sociedad civil y democrática.

¿Cuál es la raíz de esta agitación? Nuestro país está sufriendo de la descomposición de la integridad moral común y las verdades que la constituyen y que nos han permanecido unidos por unos 245 años. Ahora, cuando las personas buscan la verdad sobre casi cualquier tema, no encuentran una sola respuesta. En cambio, se encuentran con una multitud de voces contrapuestas, cada una con su propia agenda. Cada vez es más difícil encontrar una persona o una organización que busque el bien común.

Pero ¿qué debería un católico hacer durante este tiempo? ¿Cómo deberíamos responder a los constantes ataques a nuestros valores nacionales y religiosos y el deterioro de la buena intención hacia nuestro prójimo?

La única solución que reparará la debilitada integridad moral de la sociedad es la búsqueda de Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. Recuerdo ahora mismo ese verso del salmista que dice “Aunque braman las naciones y tiemblan los reinos, él lanza su voz y la tierra se deshace. El Señor de los Ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob” (Sal 46,7-8). Él es el único que puede penetrar nuestra postura y retórica y disipar la tiniebla de la confusión. Jesús, la Palabra de Dios, nos revela a nosotros mismos y nos muestra el camino a la felicidad verdadera, como individuos y como sociedad.

Para permitir que Dios haga esto, debemos redescubrir el valor del silencio y pasar tiempo con él en su Palabra y los sacramentos. Tal como Dios se mostró a Elías en el monte Horeb, no estaba en el gran viento, en el terremoto o en el fuego; estaba en “el susurro de una brisa suave” (cf. 1 Reyes 19,9-12). Esto significa que debemos poner nuestra confianza de salvación en Cristo y buscar su sabiduría sobre cómo vivir, en vez de convertirnos en comentaristas, políticos o partidos políticos. Ellos pueden promover legislaciones o dar discursos que contienen verdad, y eso es loable y debe apoyarse cuando suceda. Pero no debemos olvidar que estamos hechos para el cielo y estamos llamados a construir el reino de Dios, no una utopía en la tierra. Jesús nos recuerda que primero debemos buscar “el reino de Dios” y “la voluntad del Padre”. San Pablo les recordó a los romanos, y hoy nos recuerda a nosotros, “No os acomodéis a la forma de pensar del mundo presente; antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12,2).

Esto significa ver tanto a nuestros amigos como a nuestros enemigos como hijos e hijas del Padre, sin importar sus creencias, etnias o afiliación política. Esto implica adoptar la visión de la Madre Teresa, de San Francisco o de Julia Greeley. Vieron a otros como Jesús lo hace.

Cuando Jesús se encontró con la mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, sino que la llamó al arrepentimiento. Tanto San Francisco como la Madre Teresa experimentaron un llamado a cuidar de los despreciados, lo que ciertamente aplica a nuestro ambiente sobrepartidista. En vez de los leprosos o enfermos abandonados a su muerte en los desagües que San Francisco y la Madre Teresa cuidaron, se nos está pidiendo a cada uno de nosotros que veamos a nuestros vecinos, familiares, amigos o enemigos con los ojos de Jesús. San Francisco se conmovió y besó a un leproso y después se dedicó a cuidarlos. La Madre Teresa fue llamada a recoger a los enfermos y moribundos y defender a los no nacidos. Nosotros estamos llamados a hacer las mismas obras de misericordia, pero también a amar a otros como Cristo no ha amado. No podremos hacer esto al menos que recibamos el amor de Dios y reconozcamos que él es real.

Que nuestra Santa Madre, Reina de la Paz, interceda por nosotros y nuestro país, para que nos arraigamos más completamente a la Verdad, que nuestra mente se convierta en la mente de Cristo, y que nuestro corazón sea más como el Sagrado Corazón de Jesús.