El padre Ángel Pérez es el nuevo párroco de St. Cajetan

El padre Ángel Pérez López, originario de España, descubrió su vocación desde niño. “Mis papás me llevaron a una Iglesia donde había un sacerdote dando una plática (porque) la babysitter nunca llegó”.

Ese día el sacerdote les decía a los adultos presentes: “Si alguien siente el llamado a ser sacerdote, que se acerque al altar”.

“Y ahí aparecí yo con 8 años”, recuerda con humor.

Sin embargo, el nuevo párroco de St. Cajetan en Denver dice que olvidó este acontecimiento en su adolescencia y tenía otros planes, como el de casarse.

“Pero descubrí que había una gran insatisfacción en mi vida que me llevó a darme cuenta de que yo nunca le había preguntado a Dios qué quería de mí, y fue ahí donde pude decir, como se escucha en la lectura del libro de Samuel: Habla Señor que tu siervo escucha”.

A los 18 años descubrió su vocación al sacerdocio y entró al seminario.

“Yo quería ser sacerdote misionero, pero al mismo tiempo no sentía un llamado a una orden religiosa. Mis papás y yo también hemos sido parte del Camino Neocatecumenal, donde se ofrecía ser sacerdote diocesano, pero (también) misionero”. Y de esa manera, sin elegir el propio destino y de entre más de 50 posibilidades, le tocó Denver, Colorado.

Fue ordenado sacerdote en el 2005 y en sus primeros tres años sirvió como vicario en la parroquia St. Therese de Aurora. Luego, el entonces arzobispo Charles Chaput le pidió ir a roma a estudiar, donde vivió por cinco años. Ahí obtuvo una licenciatura en filosofía, una licenciatura en teología moral y un doctorado en filosofía.

Tras esos cinco años volvió y comenzó a enseñar como profesor en el seminario St. John Vianney en el año 2013. Al año lo hicieron formador del seminario y desde hace cinco años ha desempeñado esta función viviendo en la casa parroquial de Christ the King con alrededor de 12 seminaristas por año, además de sus responsabilidades como docente.

“Hasta ahora que he tenido la gracia de que el Señor quisiera que fuera párroco de San Cayetano”, aseguró.

Una de las cosas que más ama de ser sacerdote es la confesión y la Eucaristía.

“(Amo) poder ser mediador del perdón de Dios, con esa intimidad que una alcanza a tener tanto con Cristo como con las personas”, señaló.

“Pero todo lo resumo quizás en la paternidad espiritual que incluye todas esas cosas”.

Como nuevo párroco de St. Cayetan, “mi aspiración más grande es poder llevar a todos los parroquianos de San Cayetano al cielo… todo lo demás es secundario con respecto a eso”, aseguró el sacerdote.

“Y para hacer eso creo que lo que tengo que hacer es ser padre de ellos, padre espiritual. Ellos me están empezando a conocer, yo estoy empezando a conocerlos a ellos. Y para ser padre también hay que ganarse el cariño de los hijos, y esa es mi misión ahora”.

A los feligreses de la parroquia de St. Cajetan les dice: “Estoy muy orgulloso de ellos, llevo unos días ahí y veo que son gente de grandísimo corazón de mucha sinceridad, con muchas ganas de servir al Señor. Estoy entusiasmado de estar con ellos, es un honor”, concluyó el padre Ángel.

“Me siento muy honrado de poder colaborar con ellos. Los quiero mucho y espero que todos juntos podamos trabajar para ir al cielo”.

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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