En una catedral casi vacía, cinco hombres responden el llamado al sacerdocio

Aaron Lambert

Fue una misa de ordenación muy diferente a cualquier otra que se haya visto en la Arquidiócesis de Denver.

Se podían ver bancas vacías en toda la Basílica de la Catedral de la Inmaculada Concepción, con algunos miembros de la familia y el clero esparcidos para mantener los protocolos de distanciamiento social según lo ordenado por el gobernador de Colorado. Para los cinco hombres que fueron ordenados al sacerdocio, no fue así como imaginaron este día que habían esperado por tanto tiempo.

Pero a los padres Christian James Mast, Chris Marbury, Chris Considine, Juan Adrián Hernández Domínguez y Juan Manuel Madrid, no les importó. La inmensa alegría de ser ordenados sacerdotes de Dios se podía ver a través de las sonrisas de gratitud que sus rostros tenían durante toda la Misa.

De frente a la derecha, en dirección del reloj: el padre Adrián Hernández, el padre Chris Considine, el padre Juan Manuel Madrid, el padre Chris Marbury, el padre Christian James Mast. (Foto de Daniel Petty)

Cuando el arzobispo Samuel J. Aquila ordenó a estos cinco hombres como los nuevos sacerdotes de la arquidiócesis, ofreció poderosas palabras de aliento y comentarios desafiantes sobre lo que realmente significa ser sacerdote.

“Ustedes, mis queridos hijos, están llamados a compartir el mismo ministerio de Jesucristo. Por la imposición de mis manos y el don del Espíritu Santo, este Espíritu Santo estará sobre ustedes y los ungirá para esa misión. Siempre es importante tener en cuenta que la misión que comparten es la misión de Jesucristo”, dijo el arzobispo Aquila a los 5 hombres.

“La misión nunca se trata de ustedes mismos. Y recuerden, en esos momentos de tentación, cuando quieran ser el centro de atención, en esos momentos de tentación donde buscan afirmación, en esos momentos de tentación hacia la pereza, recuerden el manto glorioso que hoy se derrama sobre ustedes. No deben tener un espíritu apático. Deben salir con alegría, proclamando el evangelio de Jesucristo”.

Como sacerdotes, los hombres están llamados a ser conformados a imagen de Cristo, el pastor y el novio de la Iglesia, dijo el arzobispo. En su sacerdocio, tendrán la responsabilidad de comportarse de tal manera que den testimonio de Cristo y su Iglesia.

El arzobispo Samuel J. Aquila imploró a los hombres recién ordenados que fueran conscientes de su misión como sacerdotes, que siempre debe estar alineada con la de Cristo. (Foto de Daniel Petty)

“Nunca olvides en quién te conviertes y quién eres”, les dijo el arzobispo. “Especialmente con el hecho, mis queridos hijos, de que de aquí en adelante ustedes son personas públicas. Y como personas públicas que pertenecen a Cristo y a la Iglesia, ustedes pueden dar un gran testimonio con su amor por Cristo y la iglesia por las vidas en las que viven siendo ese icono”.

Citando el libro de Jeremías, el arzobispo Aquila continuó implorando a los hombres de este llamado que nunca olviden quiénes son, como hijos de Dios y como sacerdotes.

“Tal como escuchamos en el libro de Jeremías, ‘Antes de haberte formando yo en el vientre, te conocía. De entretejí en el vientre de tu madre’”. Esto es cierto para cada ser humano, y especialmente para ustedes”, dijo el Arzobispo Aquila. “Vemos esa verdad al serle fieles a la palabra. Jesús continúa mientras reza. ‘Yo les he dado tu palabra, pero el mundo los ha odidado, porque no son del mundo, como yo soy del mundo’.

“Esas son palabras fuertes de Jesús, y el mundo de hoy te odiará. El mundo de hoy te ridiculizará por lo que crees”, continuó el arzobispo. “El mundo de hoy continúa odiando a Jesucristo. Y el odio puso a Jesucristo en la cruz. Nunca podemos olvidar eso. Y es importante entender a quién perteneces. Tú perteneces a Cristo. No perteneces al mundo más de lo que él pertenecía al mundo”.

Hoy, especialmente mientras la sociedad trata con la realidad de vivir en una pandemia global, los sacerdotes tienen la obligación de seguir cuidando las almas de su rebaño, incluso aquellos al borde de la muerte. Al referirse a esto, el arzobispo una vez más instó a los hombres a recordar quiénes son cuando se enfrenten a estas situaciones.

Debido a la pandemia de coronavirus, la catedral estuvo prácticamente vacía durante la ordenación, con algunos miembros de la familia y el clero esparcidos por todas partes. (Foto de Daniel Petty)

“Pasaras por situaciones que nunca, nunca soñaste que pasarías”, dijo el Arzobispo Aquila. “Y ya sea de ungir a los enfermos y moribundos, o de un bautismo de emergencia, en esos momentos, tu corazón se conmoverá con compasión. Incluso puede que derrames lágrimas. Pero con todo eso, lo que hay es la compasión de Cristo”.

Para concluir, el Arzobispo Aquila citó la lectura del Evangelio de la misa del libro de Juan y encomendó a los hombres de ser testigos de Cristo en el mundo.

“La gente está hambrienta hoy en día. Y ustedes, mis amados hijos, son grandes testigos del llamado de Cristo y de lo que se puede lograr hoy”, concluyó el arzobispo. “Recuerden la oración de Jesús en el evangelio de hoy y llévenla con ustedes durante todo su sacerdocio. Él les está consagrando hoy para sí mismo y para la verdad. Él les está consagrando para que puedan dar testimonio de él y del mundo. Y recuerden, él los está enviando al mundo”.

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Próximamente: Una profesión a puerta cerrada: “Dios me pidió desprenderme de todo”

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Estaba postrada frente al altar con su vestido blanco, pero no en la iglesia que había soñado ni del modo que ella había imaginado. Aun así, después de tantos años de espera e innumerables noches de oscuridad, Lara estaba a punto de realizar el sueño más profundo de su corazón: entregarse a Jesús por toda la eternidad.

Fue así como Lara Montoya hizo su profesión perpetua en la Fraternidad Mariana de la Reconciliación el pasado 31 de mayo, Domingo de Pentecostés: en una humilde capillita en Perú y con pocas hermanas de comunidad presentes debido a las restricciones por la pandemia del coronavirus.

La nueva profesa -que en sus años de formación ejerció varios oficios apostólicos en Denver, incluyendo 10 años como periodista en El Pueblo Católico-, siempre imaginó que se entregaría completamente a Jesús en una bella catedral, ante la presencia de sus familiares, amigos y el obispo local, por ser ese un día tan especial. Sin embargo, Dios tenía otros planes, y la llevó por un camino de desprendimiento que le ayudaría a entregarse completamente a él y experimentar cómo Dios siempre cumple sus promesas.

Lara Montoya, quien del 2005 al 2015 ejerció como periodista en El Pueblo Católico, hizo su profesión perpetua en la Fraternidad Mariana de la Reconciliación el pasado 31 de mayo en Perú. (Foto provista)

El primer desprendimiento con relación a su profesión perpetua llegó a solo tres semanas de esta. “Se me heló el corazón”, afirmó Lara al escuchar que Perú había ordenado el confinamiento por el coronavirus. “Una de las cosas que siempre le pedía era que mis papás estuvieran presentes, y eso significaba que quizá mis papás no podrían venir.”

A los pocos días se anunció el cierre de los aeropuertos, lo que confirmó su temor, y al poco tiempo se le comunicó que tendría que celebrarse con muy poca gente: habría que elegir a solo 20 personas. Así llegó el segundo desprendimiento, pues ella siempre había soñado hacer su profesión rodeada de todos sus seres queridos.

Aunque era doloroso aplazar este evento que había esperado con ansias por tantos años, un rayo de esperanza de poder tener a su familia presente aparecería brevemente cuando le avisaron que su profesión tendría que esperar. No obstante, la situación no mejoraba, lo que al final la llevó a hacer su profesión en la humilde capilla del pueblo donde vive con su comunidad, sin el obispo y sin familiares o amigos. Ese fue el tercer gran desprendimiento que Jesús le pidió antes de su profesión.

Debido a la pandemia del coronavirus, Lara tuvo que hacer su profesión perpetua en la humilde capilla del pueblo donde vive con su comunidad. (Foto provista)

“Cuando esto pasó me quedé solita y dije: ‘Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Por qué has permitido que esto se prolongue tanto? ¿Qué estás haciendo en mi corazón?”

Fue entonces que recordó un sueño que tuvo años atrás cuando contemplaba pedir la profesión perpetua por primera vez. Este sueño profético le ayudaría a ver todo lo acontecido desde la Divina Providencia.

Un sueño con Cristo

“Soñé que escribía mi carta a la superiora para pedir la profesión perpetua, y ella me decía: ‘Sí, pero la harás en tres días’. Y yo decía: ‘¡Qué hago!’ No tenía ni iglesia, ni vestido, ni anillo, nada”, recordó Lara. Entonces tuvo que conseguir a otro sacerdote y hacerla en la pequeña iglesia de su pueblo natal. Por si fuera poco, en su sueño nadie asistió a la ceremonia; después de la profesión no había una sola persona para felicitarla.

“Yo estaba sola en una esquina de una iglesia sencilla y estaba triste. En eso se me acercó el Señor y me preguntó con mucha ternura: ‘Lara, ¿por qué estás tan triste?’ Yo empecé a quejarme: ‘Mira esta iglesia sencilla, no tengo vestido, no hay obispo, no hay nadie; este día es tan horrible…’ Entonces él me miró y me dijo solamente esto que atravesó mi alma hasta el día de hoy: ‘¿Por qué estás haciendo esto, por todas estas cosas o por mí?’”.

Lara aseguró que todos los contratiempos y dificultades que experimentó an su camino hacia la profesión perpetua le mostraron que Dios siempre escucha las súplicas de su pueblo. (Foto provista)

Al despertar, Lara se dio cuenta de que no estaba lista para hacer su profesión perpetua: “Me importaban mucho esas cosas”, aseguró, “y a mí siempre me ha dado mucho miedo no darle un corazón puro a Jesús”. Pero nunca se imaginó que ese sueño de muchas maneras se convertiría en realidad. Sus largos años de espera hasta finalmente poder hacer su profesión perpetua y las largas noches de sufrimiento por enfermedad y muchas otras razones la llevarían por un camino de “desprendimiento tras desprendimiento”, hasta dejarla solo con los más profundo y esencial en el día de su profesión: el deseo de comunión con Jesús.

“El corazón es como una cebolla y conforme vas pelando la cebolla, vas entrando cada vez más a lo que esconde las huellas de divinidad en tu alma. El Señor me obligó a pelar la cebolla,” dijo Lara con una sonrisa. “Así me fui quedando con lo más hondo, y eso quedó al desnudo”.

El gran día

Así se presentó Lara el día de su profesión: con la inmensa alegría de al final hacer su sueño realidad, de unir su corazón al de Cristo, realidad que se manifestó en su deslumbrante sonrisa.

A pesar de haberse realizado en una humilde capilla y sin la presencia de sus familiares, para Lara lo más esencial era entregarse completamente a Jesús. (Foto provista)

“En el día de mi profesión perpetua todo se ha aclarado; la luz del Espíritu Santo me ha permitido leer mi recorrido vocacional con una nueva perspectiva,” aseguró Lara. “Ese día entendí el gran ‘para qué’: ¿para qué tan larga espera que comprendió un largo costo de sufrimiento, no solo por la espera, sino porque en ese tiempo de espera todo se puso a prueba?”

“Y esto es lo que pienso: el gozo que sentí en ese día fue tan, pero tan profundo y enorme que creo que no lo hubiera sentido de ese modo si antes no hubiera saboreado las aristas más amargas de mi vocación”.

Por ello en el discurso después de su profesión pudo decir: “Hoy siento que el Señor ha cumplido todas sus promesas… El Señor cumple tus sueños y hoy a cumplido los míos de una manera muy misteriosa.”

Jesús la llevo de “desprendimiento en desprendimiento” hasta que lo único que quedó fue su verdadero deseo de comunión con Cristo. (Foto provista)

No era un día soleado, como ella había pedido, pero aún así el verdadero sol que es Jesús “ardía” en su pecho. No estaban sus padres, familiares y amigos, pero aún así habían visto la ceremonia “en primera fila”, junto a más de mil personas de diversas partes del mundo que se unieron a la transmisión en vivo, y a las que Lara dirigió unas palabras de agradecimiento, incluyendo a las personas de Denver que recuerda con tanto afecto.

“Señor, cómo deseo ser un libro abierto… un libro que cante tus maravillas, un libro que esté a disposición de los demás”, concluyó Lara, refiriéndose a la historia de su vida. “Que quien desee pueda acercarse a leer tus maravillas y cantarte también himnos de alabanza, porque inmensa es tu misericordia”.

Lara agradeció a todas las personas que han marcado su vida, incluyendo a las personas de Denver, a quienes recuerda con un cariño especial. (Foto provista)

De esta manera, con el anhelo de unirse definitivamente a su Amado después de esta vida, Lara se dio cuenta de que en medio de tantas pruebas Cristo la había transformado para ese día de su profesión, en el que lo más esencial estuvo presente: Jesús mismo y su ardiente deseo de entregarse completamente a él.