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miércoles, octubre 5, 2022
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¿Qué sucede cuando confiamos en el Espíritu Santo?

Tercera característica del discípulo: Confía plenamente en el Espíritu Santo

Este artículo forma parte de una serie de publicaciones que explican cinco características claves de un verdadero discípulo de Cristo. Lee sobre las otras cuatro características aquí.

 

Jesús hizo una promesa asombrosa durante la última cena: “Les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; pero si me voy, se los enviaré” (Jn 16,7). ¿Qué podría ser mejor que la presencia de Cristo a nuestro lado? Su presencia en nuestro interior, hecha posible por el don del Espíritu Santo.

¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu es el aliento que Dios nos da, es el don de su propio amor. Aunque puede ser fácil pasar por alto el papel que el Espíritu Santo juega en nuestra vida, podemos ver su importancia al considerar que Cristo culminó su misión con el envío del Espíritu a la Iglesia. En el sacramento de la confirmación, él nos da el don más preciado que tiene: su mismo Espíritu para darnos vida en abundancia, vida divina, con lo que nos permite vivir de manera sobrenatural en el mundo. El Espíritu nos enseña a orar y a vivir, nos concede dones y nos inspira a vivir nuestra misión con valentía.

Guía en la oración

La confianza o dependencia absoluta en el Espíritu Santo nace en la oración. Pablo explica que “somos débiles, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos cómo pedir ni qué pedir, pero el Espíritu lo pide por nosotros, sin palabras, como con gemidos” (Rom 8,26). La oración no solo consiste en pedirle algo a Dios, sino que es una unión íntima que ocurre en el corazón. Tampoco es una técnica o algo que está bajo nuestro control. Es un movimiento profundo e interior, guiado por el Espíritu Santo, que nos lleva a una comunión de amor con Dios. Dedicar tiempo a la oración con regularidad permite que el Espíritu mantenga nuestro corazón abierto a sus movimientos y fortalece la presencia de Dios en nosotros.

 

Consejero en el actuar

La vida cristiana llena del Espíritu de Dios es una vida de diálogo constante con los movimientos del corazón que tienden hacia Dios y también con los impulsos del Espíritu que nos guían a la hora de actuar. Poner nuestra confianza en el Espíritu nos permite oír estos impulsos interiores que nos inspiran a hacer algo, nos dan la palabra adecuada y nos piden detenernos antes de hacer o decir algo dañino. Jesús pidió que no estuviéramos ansiosos, pues “llegada la hora, el Espíritu Santo les enseñará lo que tengan que decir” (Lc 12,12). Con el Espíritu Santo, nunca estamos solos.

Edificador de la Iglesia

El Espíritu no nos guía solo por nuestro propio bien, sino también para edificar la Iglesia. Él concede dones, o carismas, a todo cristiano: “La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común” (1 Cor 12,7). San Pablo nos da ejemplos de estos carismas: conocimiento, sabiduría, fe, curaciones, milagros, profecía y discernimiento de espíritus. Quizá nunca hemos reparado en los dones que Dios nos da a cada uno, pero, si prestamos atención, podemos percatarnos de que a veces realizamos ciertos actos con más facilidad de lo normal y a la vez con una mayor eficacia.

“Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la Palabra de Dios.” HC 4,31

Fuente de valentía

El Espíritu pide que seamos valientes a la hora de hacer el bien por los demás. En los Hechos de los Apóstoles vemos cómo los discípulos pasaron de tener miedo y acobardarse a encarar la persecución después de Pentecostés. El don del Espíritu los transformó. Su oración los llevó a la acción: “Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la Palabra de Dios” (Hc 4,31). A veces nos decimos: “Yo nunca podría hacer eso”, y hasta cierto punto puede ser cierto. Sin embargo, con el Espíritu de Dios podemos hacer mucho más de lo que podríamos imaginarnos.

Motor de caridad

Aunque el don del Espíritu Santo puede pasar desapercibido en nuestra vida, Jesús bien sabía lo mucho que lo necesitaríamos al enviarlo como su último don. ¿Qué haremos con él? La presencia del Espíritu puede crecer en nosotros a través de la oración. Esta presencia nos guiará e inspirará. Nos impulsará a servir a los demás con los dones que nos ha concedido y nos dará la valentía para hacer lo que sobrepasa nuestras habilidades. Depender y confiar en el Espíritu Santo de esta manera transformará todo, dentro y fuera de nosotros.

 

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada “Aprende a ver como un discípulo”. Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

 

El artículo está basado en el texto del Dr. Jared Staudt, titulado «Reliance on the Holy Spirit» 

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