¡Todos somos capaces!

De vez en cuando salen en los medios historias impresionantes de personas discapacitadas que pudieron superarse y tener una carrera brillante, o simplemente aceptar su discapacidad y vivir con ella dignamente. Me vienen a la mente cantantes como Andrea Bocelli o José Feliciano, ambos ciegos pero con un talento muy fino para la composición y el canto y con una sensibilidad que quizás la ausencia del sentido de la vista la ha podido desarrollar mucho más.

O personas como Victoria Arlen, una bailarina de 24 años que cuando tenía 11 desarrolló en pocos días dos extrañas enfermedades: mielitis transversa y encefalomielitis aguda diseminada, con las que perdió las habilidades para hablar, caminar y bailar y que la llevaron a un estado vegetativo. Dos años después logró despertarse del coma.  Tras otros dos años de terapias, recuperó estas facultades, lo que le permitió obtener una medalla de plata en los juegos paraolímpicos de 2012 en Londres. Hoy, además de su carrera como bailarina, es una conocida conferencista y es comentarista deportiva del canal ESPN.

Existen también miles de personas con discapacidad que, aunque no han saltado a la fama, su testimonio de lucha ha conmovido a las personas que los rodean, han desarrollado otras habilidades como el amor y la ternura (pienso en las personas con síndrome de down) y han logrado mover algunas fibras del amor de sus semejantes que quizás de otra manera hubiesen permanecido dormidas.

Personalmente las personas discapacitadas que aman la vida me enseñan muchas cosas. Me permiten vencer y en otros casos aceptar mis propios límites, me invitan a no dejarme atrapar por las dificultades o sufrimientos que son inevitables pero que a veces son necesarios para hacernos crecer y aprender.

Esta semana la Organización de las Naciones Unidas celebró el Día Internacional de Personas con Discapacidad, el cual se conmemora el 3 de diciembre con el fin de buscar ayudar e incluir a las personas que sufren algún problema físico o mental.

Pero también sucede que una sociedad cada vez más obsesionada por la productividad y más evasiva ante el dolor, busca dejar de lado a estas personas, incluso negándoles la oportunidad de que nazcan y eliminándolas desde el vientre materno o defendiendo a toda costa la eutanasia o el suicidio asistido y clamando como valientes a aquellos que prefieren quitarse la vida antes que querer luchar por ella o de vivir una vida digna (aunque no sea productiva económicamente) hasta que su naturaleza les permita.

Ojalá pueda celebrarse por muchos años más el Día Internacional de las Personas con Discapacidad para que nos permita recordar cómo las dificultades nos hacen ser más humanos, más maduros, más compasivos y menos soberbios. Ojalá la sociedad sepa cada vez más valorar – y no eliminar – a estas personas que vienen a aportar al mundo de una manera inusual pero no por eso menos valiosa. La manera de decir con su testimonio (como dice el lema de esta celebración): ¡Todos somos capaces!

 

Foto de: Arisa Chattasa/ Unsplash

Próximamente: Las 10 enfermedades del espíritu que afectan tu matrimonio

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No hay peor enfermedad para los matrimonios que las enfermedades del espíritu. Así lo asegura el Padre Ángel Espinoza de los Monteros, sacerdote especializado en temas de matrimonio y familia, quien ha ayudado a muchas parejas a salvar su matrimonio a través de sus conferencias de revitalización de matrimonios y vida familiar.

El padre Ángel, compartió las 10 enfermedades del espíritu que pueden debilitar la unión matrimonial, y al mismo tiempo nos invita a reflexionar con ello para así lograr dar al amor de pareja una dimensión espiritual.

Los ciegos: No quieren ver todo el mal que hacen con su forma de comportarse. No ven todo lo bueno que podrían hacer si cambiaran un poco su carácter. No se dan cuenta cómo tratan a los demás: su marido, su mujer, sus hijos o personas que los rodean. Los ciegos pueden ver lo que hay afuera pero no lo que hay adentro de sí mismos y es por eso que creen que están bien. Juzgan a los demás. No alcanzan la felicidad porque no ven todo lo que tienen.

Los sordos: No saben o no quieren escuchar. Un consejo para los hombres: Escuchen a su mujer. Cuando estén con ella tengan estas frases preparadas ¡No me digas!; ¿Qué más?; ¡Qué barbaridad! o pueden salir con otra frase mejor: … ¡No puede ser!

Y es que no vale la pena discutir. Ábrete a la posibilidad de que él o ella tengan la razón. Pierde todas las discusiones tontas y te ganarás el corazón de tu marido o tu mujer.

Los mudos: No se quieren comunicar. No hablan. Hablan de más, pero no de lo importante. Le hacen daño al matrimonio quienes no logran transmitir sus sentimientos. Dile a tu mujer o a tu marido: “¡Te quiero!, ¡te amo!, ¡te necesito!”. Otro consejo para los maridos: dile a tu mujer “¡qué guapa estas”, ¡aunque luego te confieses!

Déficit de atención: Concentrarse en todo menos en la familia. Ningún éxito profesional justifica fracasar en la familia.

Estar manco: No saber servir y no saber dar cariño. Jubilarse de la intimidad sin avisar. ¿Qué han hecho del cariño que se tenían antes de que se casaran?

Tetraplejia: Quisiera…pero nunca hacen nada. Hay que hablarse con respeto.

Depresión: A la que le pusimos el nombre bonito y llamamos “Depre”… pariente de la flojera. La vida es un ciclo, existen etapas…como las estaciones del año. Aprende a ver lo bueno de cada momento. Pide ayuda cuando necesites y estés pasando por un momento en el que creas que no puedes más.

Esclerosis múltiple: La dureza de trato, de palabra, de juicio.

El Alzheimer selectivo. Se nos olvidan los detalles. Se nos olvidan las cosas pequeñas. Se nos olvidan las promesas del matrimonio. Se nos olvida que estamos casados.

Esposa Zeta. Solo habla para amenazar o pedir dinero.

Según el padre Espinoza, ser fiel es el principio para cuidar el matrimonio. “Amar y hacer feliz a una persona es un proyecto de vida.

“Una cura para las enfermedades espirituales es el amor”, señaló el conferencista “y el médico es Jesús”. Recen unidos. Acérquense a Dios y háganse estas preguntas: ¿Te estoy haciendo feliz? ¿Qué más tengo que hacer para hacerte feliz? Y recuerden “vivir en amor… ¡El anillo es para siempre!”, concluyó el sacerdote.