Arzobispo Aquila comparte acerca su 1er año en Denver

El 18 de julio, el Arzobispo Samuel J. Aquila cumplió su primer año como Arzobispo de Denver. En entrevista con El Pueblo Católico, Mons. Aquila compartió su experiencia en esta primera etapa de misión, así como sus expectativas para la comunidad en el Norte de Colorado.

EPC: ¿Cuál es su impresión de la arquidiócesis ahora que cumple su primer aniversario como Arzobispo de Denver?

Arz. Aquila: Ha sido un reencuentro con la arquidiócesis. Ha cambiado mucho en los 11 años que no estuve aquí y que fui Obispo de Fargo. Estoy sorprendido con su crecimiento y con el alto número de personas que hay de origen hispano viviendo en Denver. Muchos más de los que había cuando me fui en el 2001. De hecho hoy tenemos más de 40 parroquias ofreciendo misas en español, y eso es una clara señal.

Asimismo he visto un crecimiento continuo en la nueva evangelización, con movimientos e instituciones como el Augustine Institute, Endow, Focus, Comunión y Liberación, el Movimiento de Vida Cristiana; el crecimiento de las órdenes religiosas como los Discípulos de los Corazones de Jesús y María también es impresionante.

Y ver la profundidad de la fe católica de las personas en la arquidiócesis ha sido una gran bendición y un tremendo regalo.

EPC: ¿Cuáles han sido los altos y bajos en su primer año como Arzobispo?

Arz. Aquila: Ciertamente el tiroteo en Aurora fue un desafío y sucedió al día siguiente de asumir la arquidiócesis. Recordé Columbine porque trabajé directamente con esa tragedia y me recordó la fragilidad de la vida y en la presencia del mal en la sociedad y en el mundo. Pero a la vez fue una oportunidad para anunciar la Buena Nueva de Jesucristo.

Asimismo han sido fuertes los desafíos que están teniendo lugar en el país: el debate sobre las uniones civiles, el matrimonio entre personas del mismo sexo, los problemas de inmigración. Todos han sido grandes preocupaciones, y tanto yo como toda la Iglesia estamos llamados a dar testimonio en medio de estas situaciones.

Pero por otro lado, fue una gran alegría celebrar la Semana Santa en la Catedral, y ordenar a 8 nuevos sacerdotes en Denver.

Veo frutos que crecen, y que hay una buena cosecha.

EPC: Frente a los desafíos que menciona y otros como el Mandato HHS, la aprobación del Plan B de anticoncepción para adolescentes, las decisiones del Tribunal Supremo sobre el matrimonio; y en Colorado la legalización de la marihuana y la ley de educación sexual integral. ¿Qué consejo da a los fieles?

Arz. Aquila: Creo que lo más importante es tener una relación personal con Jesucristo, entendiendo lo que significa entregar la vida por completo al Señor. Es cuando perdemos nuestra vida por el Señor, que somos salvados.  Es en esa relación con Jesús que entendemos lo que significa ser un ser humano y que recibimos el don de la felicidad.

En segundo lugar, una vez que experimentamos el encuentro con el Señor, debemos vivir la fe en medio del mundo. Nuestra fe debe influir en cada decisión que tomamos y en todo lo que hacemos. Se trata de actuar según el Plan de Dios y no según el plan del país y lo que los demás piensen. Los fieles están llamados a dar testimonio con sus propias vidas, con la manera en que votan, con lo que apoyan o no apoyan. Muchos católicos han apoyado cosas que no pertenecen al corazón y a la mente de la Iglesia, y por lo tanto no están en el corazón y la mente de Cristo. Y parte del problema es que no conocen su fe.  Es muy importante ayudar a las personas a conocer su fe y a dar testimonio de ella.

EPC: ¿Quisiera dar algún mensaje en particular a los hispanos en el Norte de Colorado?

Arz. Aquila: Sí, quiero recordarles que pertenecemos a la misma Iglesia y que estamos unidos en la fe. Eso es lo que nos une, nuestra fe católica. Independientemente de la diversidad cultural, nos une la fe y el amor a Dios. Los aliento a vivir su fe vivamente en la Arquidiócesis y a continuar evangelizando y ayudando a muchos más, para que conozcan al Señor.

EPC: Usted encomendó su ministerio como Arzobispo de Denver a Nuestra Señora de Guadalupe. ¿Ha experimentado su ayuda en este tiempo?

Arz. Aquila: Visité la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en febrero en una peregrinación personal. Fui para encomendar mi ministerio a sus cuidados, así como para expresarle mi gratitud por la manera en que Ella me ha sostenido en sus brazos y me ha apoyado espiritualmente en mi misión como Obispo de Fargo y ahora como Arzobispo de Denver.

La voy a visitar nuevamente a fines de agosto, junto con 140 peregrinos de la arquidiócesis. Será una hermosa ocasión parar compartir con todos los fieles.

Nuestra Señora de Guadalupe sigue hablando a mi corazón porque Ella fue la primera evangelizadora del Nuevo Mundo, y eso incluye a toda América.

Y el milagro (de su imagen impregnada en la tilma), continúa presente en la tilma en la Basílica. Es la única imagen que tenemos de la Virgen que ha sido dada por Ella misma, y es un tremendo regalo. Cada vez que la visito, el amor y el afecto de María por mí, y de mi amor por Ella, crece.

Próximamente: El Evangelio de la Vida- La medicina de nuestros tiempos

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Por el arzobispo Samuel J. Aquila.

Han pasado 25 años desde que San Juan Pablo II lanzó su histórica carta encíclica Evangelium Vitae – El Evangelio de la Vida – que hizo una contribución significativa a la comprensión de la Iglesia de cómo se debe valorar la dignidad humana de cada persona. A lo largo de los años desde su publicación, el mundo ha sido testigo de una erosión constante de las leyes y las creencias sociales comunes que han protegido esta dignidad dada por Dios, desde los cambios a lo que el estado reconoce como matrimonio, la forma en que tratamos a los ancianos, a la continuación destrucción del feto. El Papa Francisco ha unido su voz a esta enseñanza al enfatizar el valor propio de los no nacidos y los ancianos mientras habla fuertemente en contra de nuestra cultura de usar y tirar en todo el mundo.

Siempre he apreciado la naturaleza clara y profética de Evangelium Vitae. De hecho, la amenaza actual del virus COVID-19 será un momento decisivo en cómo nuestra sociedad trata la dignidad de cada persona. ¿“Respetaremos, protegeremos, amaremos y serviremos la vida, cada vida humana” (EV, 5) en la forma en que respondemos, o solo cuidaremos de nosotros mismos? ¿Respetaremos la vida de los ancianos tanto como de los jóvenes?

San Juan Pablo II tiene palabras de sabiduría para nosotros en esta elección: solo en la primera dirección “encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad” (EV, 5). Solo cuando los países siguen el Evangelio de la Vida, vendrá la paz verdadera y duradera.

En una entrevista para El Pueblo Católico, el padre Ángel Pérez subraya que la dignidad y el valor de cada persona tienen su origen en la imagen y semejanza de Dios. Hoy vemos la devaluación de la persona en la implementación generalizada de la creencia de que la verdad es relativa y determinada por cada persona. El Evangelium Vitae advierte que esta forma de acercarse a la vida lleva a las personas a llegar inevitablemente al punto de rechazarse unas a otras como obstáculos en el camino o como herramientas para la autosatisfacción. (Cf. EV, 20).

El padre Luis Granados aborda el aborto y la eutanasia como ideas que actualmente están de moda como principales amenazas contra la vida humana. Algunos han presentado el argumento de que el cambio climático o la inmigración son agresiones contra la vida humana que son tan moralmente graves como el aborto y la eutanasia. Pero estos problemas son cualitativa y moralmente diferentes. Entre las diferencias que resalta están el hecho de que un niño no nacido es inocente, que estos actos implican la toma directa e intencional de la vida, y que matar a los no nacidos, ancianos y discapacitados corrompe el corazón de la persona que quiere o participa en causar su muerte, de una manera que destruir el medio ambiente no lo hace.

La seriedad de estos importantes temas resalta los desafíos importantes que enfrentamos hoy en día. Como dice San Juan Pablo II, “perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida. A su vez, la violación sistemática de la ley moral, especialmente en el grave campo del respeto de la vida humana y su dignidad, produce una especie de progresiva ofuscación de la capacidad de percibir la presencia vivificante y salvadora de Dios” (EV, 21). Hemos visto crecer la obscuridad progresiva especialmente en los últimos 10 años con el suicidio asistido por un médico, la redefinición del matrimonio y algunos obispos, aún más tristemente, ya que deberían saberlo mejor, argumentando que el aborto es un tema preeminente en la votación. .

Como creyentes en la Resurrección y como personas redimidas por Jesús, somos llamados para entrar en esta oscuridad con la luz del Evangelio. En la lectura del Evangelio de Juan el pasado fin de semana, Jesús abrió los ojos del ciego, y muchos están espiritualmente ciegos hoy. Jesús desea abrir sus ojos si ponen su fe en él. Jesús nos enseña: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan. 8:12).

A medida que celebramos el 25 aniversario de Evangelium Vitae, las palabras de cierre de San Juan Pablo II resuenan aún más fuerte: “A todos los miembros de la Iglesia, las personas de la vida y para la vida, hago esta petición urgente, para que juntos podamos ofrecer a este mundo nuestras nuevas señales de esperanza y trabajar para asegurar que la justicia y la solidaridad aumenten y que se afirme una nueva cultura de la vida humana, para la construcción de una auténtica civilización de la verdad y el amor”. En este momento del coronavirus es bueno recordar esta esperanza y continuar construyendo una “civilización auténtica de la verdad y el amor”.

Que nuestra Señora de la Nueva Evangelización interceda por nosotros durante estos tiempos difíciles y nos ayude a estar atentos a la inspiración del Espíritu Santo para ver cómo podemos defender la dignidad de cada persona desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.