El evento del cristianismo, una belleza desarmada

Entrevista con el padre Julián Carrón, presidente de Comunión y Liberación

Karna Lozoya

Cuando el cristianismo es reducido a un mero conjunto de preceptos y dogmas, la vivencia de la fe es percibida como una carga y podría parecer como algo que no está relacionado con la “vida real”.

Pero cuando la fe se vive como una relación que empieza con el encuentro con aquella persona que nos parece tan fascinante que no imaginaríamos un momento sin ella, esto se convierte en algo hermoso. Así dice el presidente de la fraternidad Comunión y Liberación, el padre Julián Carrón.

El padre Carrón es el sucesor del padre Luigi Giussani, fundador del movimiento, más conocido como “CL” y autor del libro “La belleza desarmada” (Ediciones Encuentro 2016).

En diálogo con el Denver Catholic (DC), el padre Carrón habla sobre lo que él llama “el evento” del cristianismo.

 

DC: En “La belleza desarmada” usted dice que el cristianismo es “un evento” que está “lleno de atractivos” los cuales “se apoderan de los seres humanos con su belleza”. Para muchos, ser católico se reduce a ir a Misa los domingos, lo cual es visto a menudo como aburrido, de poca importancia y con pocas consecuencias para la “vida real”. ¿Cómo podemos, nosotros como católicos redescubrir el “evento” del cristianismo y recuperar el sentido de la belleza de la fe?

 

Padre Carrón: “Basta observar lo que sucede en la vida de cada uno de nosotros cuando encontramos una persona realmente significativa para nuestra vida (por ejemplo, cuando nos enamoramos), es un acontecimiento que nos saca del aburrimiento y llena la vida de plenitud.  De modo análogo, pero infinitamente más atrayente, esto fue lo que sucedió al inicio del cristianismo. El primer encuentro de Jesús con Juan y Andrés muestra que cuando se encuentra alguien fascinante no se puede evitar desear volverlo a ver al día siguiente. Ellos se encontraron con alguien tan excepcional que deseaban estar con Él. Estar con Él era lo más bello que podía suceder en la vida. ¿Qué significa excepcional? Que correspondía a la espera del corazón. No eran solo los discípulos. Sucedía lo mismo a los publicanos, como vemos tras la llamada de Mateo: se reúnen a comer con Él. Ir a buscarle para estar con Él debía ser una cosa habitual, como dice el Evangelio: “Los publicanos se acercaban a Jesús”. ¿Qué habrán visto en Jesús para exclamar: ‘Nunca habíamos visto una cosa igual’? Cuando era profesor de religión en una escuela y hablaba estas cosas a mis alumnos, ellos me decían: ‘Es precioso lo que cuenta el Evangelio, pero ya no sucede’. Eso me hizo entender que tantas personas encuentran un cristianismo reducido a ritos, sin conexión con la vida, o a un elenco de cosas que hay que cumplir. Para ellos el cristianismo no es un acontecimiento como fue para Juan y Andrés. Por eso, lo que todos estamos esperando es que suceda algo similar a lo que les sucedió a ellos. ¿Es posible? Si. Cuando encontramos alguien para el que Cristo es tan significativo, que le ha cambiado la vida. Cuando lo encontramos no podemos vivir sin Él.

 

DC: La libertad es un tema importante en el libro y usted la describe como “un don” de Dios, quien escogió crearnos como seres libres. La tendencia, en una cultura secular, y esto incluye a católicos en la medida en que todos somos productos de una nueva cultura, es ver las enseñanzas morales de la Iglesia como imposiciones de afuera hacia nosotros. ¿Cómo podemos reconciliar las demandas de vivir una vida cristiana con nuestra condición de seres libres?

 

PC: “Comprendo que si el cristianismo es reducido a un elenco de preceptos que hay que cumplir, la vida cristiana es percibida como un peso insoportable. Ninguno se casaría solo para lavar los platos, hacer las compras o limpiar la casa. Uno se casa porque ha encontrado alguien tan significativo que quiere vivir la vida en su compañía. Después, porque quiere crear un entorno bello para compartirlo con la persona amada, decora la casa o la limpia, o hace una buena comida. Nadie que vive una experiencia así tiene la percepción de perder su libertad. Al contrario, tiene la impresión de realizarla. Finalmente es libre, porque ha encontrado alguien que llena la vida de gozo con su presencia. En tantas ocasiones, vemos que el amor se enfría y comienza la búsqueda de alguien que nos vuelva a fascinar. Sucedía también en tiempos de Jesús. La mujer de Samaría había tenido cinco maridos, pero continuaba insatisfecha. Fue entonces cuando Jesús la desafió con una promesa inesperada y sorprendente, ofreciéndole un agua que podría satisfacerla. ¿Quién de nosotros no habría pedido como ella: ‘Dame de esa agua’? Solo quien encuentra esa agua es libre. Porque la libertad es el cumplimiento del deseo de felicidad que todos tenemos. Ser cristiano es la cosa más fascinante que cada uno pueda imaginar porque Jesús ha venido a responder a ese deseo”.

 

DC: Hablemos ahora de las dificultades más comunes para los católicos hoy. Una pareja joven decide comenzar con una familia numerosa como una manera hermosa de construir la cultura de la vida, pero pronto encuentra en el día a día que la crianza de los niños pequeños es más difícil de lo que parece. Se sienten culpables cuando admiten lo difícil que es y se sienten culpables de no querer tener más hijos e incluso se sienten culpables de encontrar dificultades en la planificación natural. ¿Qué consejo les daría usted?

 

PC: “Que busquen personas en su parroquia, asociación o movimiento que vivan el cristianismo como algo fascinante, para que les acompañen a vivir esta situación. Solo dentro de una comunidad cristiana podemos vivir la vida que la Iglesia nos propone. Es inútil perder el tiempo en culpabilizarse. Solo una comunidad cristiana viva puede mirarnos con la mirada de misericordia que necesitamos para ser sostenidos en el camino. Es una aventura solo para personas audaces, que no se rinden ante las dificultades. Esta es una de las ventajas de nuestro tiempo, que finalmente seremos cristianos, no por obligación o por tradición, sino por la fascinación de Cristo, una fascinación que no queremos perder por nada del mundo. Con Él podemos desafiar cualquier dificultad, porque cada circunstancia se convertirá una ocasión para ver cómo Cristo vence también en esa situación. Así, crecerá en nosotros el amor y la gratitud a Cristo por la ternura con que nos cuida”.

 

DC: “Usted ha hablado de manera elocuente sobre ‘el descubrimiento del yo’. Usted escribe: ‘Nada es tan fascinante como descubrir la dimensión real del propio “yo”, nada es tan rico en sorpresas como el descubrimiento del propio rostro humano’. Es una aventura emocionante, pero para emprender esta aventura y vencer el desconocimiento de nosotros mismos, necesitamos alguien que mire nuestra humanidad con nosotros, alguien que no se resista ante ella. ¿Podrá usted compartirnos un poco sobre su propia experiencia y el descubrimiento de su ser y sobre cómo usted encuentra a alguien que le ayude a mirar con honestidad su propia humanidad?”

 

PC: “Yo he podido descubrir la naturaleza de mi yo cuando he encontrado personas que han despertado la conciencia de mi humanidad. Entonces, he empezado a mirar con simpatía mis deseos, mis aspiraciones, a mirarlas, no como algo que reprimir sino como algo que cuidar, porque Dios me ha hecho con un gran deseo de ser feliz y puedo llegar a cumplirlo. ‘¡Mira qué humana es tu humanidad!’, me decía un amigo. Entiendo que sin una mirada así, miramos nuestras exigencias más humanas con sospecha. Siempre me ha impresionado que el mundo antiguo antes de Cristo miraba con desconfianza sus aspiraciones más profundas, les parecían desmedidas. Por eso, la hybris, la desmesura, era considerada peligrosa. Había que reducir los deseos. El ideal era contentarse con un poco menos de lo que deseaban. Solo la llegada de Cristo permitió mirar al hombre con toda su profundidad. ‘De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida’, decía Jesús. Desde entonces, el hombre ha podido mirar a la cara todo el deseo que le constituye, porque hay Alguien que lo colma. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti’. Solo Cristo salva el deseo del corazón del hombre”.

 

DC: Usted escribe que el papel de los cristianos en una sociedad pluralista es ‘ser nosotros mismos, dando testimonio de una vida nueva que brota del encuentro con Cristo’ ¿Cuáles son los pequeños pasos que debemos dar hoy para ser mejores en dar testimonio de la realidad de que ‘Dios existe y nos ha dado la vida’”?

 

PC: “Quien ha encontrado una experiencia cristiana viva, no puede evitar que en el tiempo sea cambiado, trasformado. Me impresiona un pasaje de los Hechos de los Apóstoles que muestra qué tipo de persona emergía de la convivencia con Él. ‘Viendo la audacia de Pedro y Juan y dándose cuenta que eran personas sencillas y sin instrucción, estaban asombrados, hasta que se dieron cuenta que eran amigos de Jesús’ (Hch. 4,13). El paso decisivo para ser testigo es vivir dentro de una comunidad cristiana en la que se generen hombres y mujeres nuevos. Nuevas criaturas, las llama San Pablo. Este cambio es tan elocuente, tan incapaz de ser generado por nosotros mismos que, como en el caso de Pedro y Juan, quienes nos encuentran no pueden evitar pensar en Jesús”.

Próximamente: 5 santos latinoamericanos que quizás no conocías

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Durante los últimos cinco siglos, el continente americano, ha contado con grandes santos. San Juan Diego, Santa Rosa de Lima o San Martin de Porres, son solo algunos de los santos que gozan de una gran devoción popular por parte de la comunidad latinoamericana.

No obstante, este septiembre, Mes de la Herencia Hispana, nos invita a reflexionar más a fondo sobre la vida de los santos menos conocidos que han impactado profundamente diferentes países latinoamericanos a través de su fe y trabajo, y cuyo ejemplo tiene el poder de impactar a personas en cualquier parte del mundo.  Te presentamos algunos santos que quizás no conocías.

 

Santo Toribio de Mogrovejo
1538-1606
Perú

Nacido en Valladolid, España, Toribio era un joven piadoso y un destacado estudiante de derecho.  Como profesor, su gran reputación llegó hasta los oídos del rey Felipe II, quien finalmente lo nominó para la Arquidiócesis vacante de Lima, Perú, a pesar de que Toribio ni siquiera era un sacerdote.  El Papa aceptó la solicitud del rey a pesar de las protestas del futuro santo. Antes del anuncio oficial, fue ordenado sacerdote, y unos meses después, obispo.  Pasó por su arquidiócesis evangelizando a los nativos y se dice que bautizó a casi medio millón de personas, incluyendo a Santa Rosa de Lima y San Martin de Porres.  Aprendió los dialectos locales, produjo un catecismo trilingüe, luchó por los derechos de los nativos e hizo de la evangelización un tema principal de su episcopado.  Además, trabajó devotamente para una reforma arquidiocesana después de darse cuenta de que los sacerdotes diocesanos estaban involucrados en impurezas y escándalos.  Santo Toribio de Mogrovejo predijo la fecha y hora de su muerte, y sus retos están enterrados en la catedral de Lima, Perú.

 

Santa Mariana de Jesús Paredes
1618-1645
Ecuador

Mariana nació en Quito, y no solo se convirtió en la primera santa de ese país, sino que también fue declarada heroína nacional por la Republica del Ecuador.  Cuando era niña, Mariana mostró un profundo amor por Dios y se sometía a largas horas de oración y sacrificio.  Intentó integrarse a una orden religiosa en dos ocasiones, pero varias circunstancias no lo permitieron.  Esto llevó a Mariana a darse cuenta de que Dios la estaba llamando a la santidad en el mundo.  Construyó una habitación al lado de la casa de su hermana y se dedicó a la oración y a la penitencia, viviendo milagrosamente solo de la Eucaristía.  Era conocida por poseer los dones de consejo y profecía.  En 1645, los terremotos y las epidemias estallaron en Quito, por lo que ella ofreció su vida y sufrimientos para ponerles fin.  Terminaron luego de que ella hizo su ofrenda.  El día de su muerte, se dice que un lirio brotó de la sangre que se extrajo y se vertió en una maceta, lo que le dio el nombre de La “Azucena de Quito”.

 

 

Santa Teresa de Los Andes
1900-1920
Chile

Santa Teresa de Jesús de los Andes fue la primera santa de Chile y la primera carmelita descalza en ser canonizada fuera de Europa. Nacida como Juana, cuando era niña la futura santa era conocida por su fuerte temperamento. Era orgullosa, egoísta y terca. A los seis años se sintió profundamente atraída por Dios, y su extraordinaria inteligencia le permitió comprender la seriedad de recibir la Primera Comunión. Juana cambió su vida y se convirtió en una persona completamente diferente a los 10 años, practicando el sacrificio y la oración profunda. A los 14 años, decidió convertirse en Carmelita Descalza y recibió el nombre de Teresa de Jesús. Profundamente enamorada de Cristo, la joven y humilde religiosa le dijo a su confesor que Jesús le dijo que moriría pronto, algo que aceptó con alegría y fe. Poco después, Teresa contrajo tifus y murió a la edad de 19 años. Aunque le faltaban 6 meses para terminar su noviciado, pudo profesar votos “en peligro de muerte”.  Alrededor de 100,000 peregrinos visitan su santuario en los Andes anualmente.

 

Santa Laura Montoya
1874-1949
Colombia

Luego de que su padre muriera en la guerra cuando ella era solo una niña, Laura se vio obligada a vivir con diferentes miembros de la familia en la pobreza. Esta realidad le impidió recibir educación formal durante su infancia. Lo que nadie esperaba es que un día se convirtiera en la primera santa de Colombia. Su tía la inscribió en una escuela a la edad de 16 años, para que se convirtiera en maestra y se ganara la vida en ese oficio. Ella aprendió rápidamente y se convirtió en una gran escritora, educadora y líder. Era una mujer piadosa y deseaba dedicarse a la evangelización de los nativos. Mientras se preparaba para pedirle ayuda al Papa Pío X, recibió la nueva Encíclica Lacrymabili Statu del Papa, sobre la condición deplorable de los indios. Laura lo vio como una confirmación de Dios y fundó los Misioneros del Inmaculado Corazón y Santa Catalina de Siena, trabajando para la evangelización de los nativos y luchando en su nombre para que fueran vistos como hijos de Dios.

 

San Manuel Morales
1898-1926
México

Manuel fue un laico y uno de los muchos mártires de la Guerra Cristera de México en la década de 1920. Se unió al seminario cuando era adolescente, pero tuvo que abandonar este sueño para poder mantener económicamente a su familia. Se convirtió en panadero, se casó y tuvo tres hijos. Sin embargo, este cambio no le impidió dar testimonio de la fe públicamente. Se convirtió en presidente de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, que estaba siendo amenazada por la administración del presidente Plutarco Elías Calles. Morales y otros dos líderes de la organización fueron tomados prisioneros mientras discutían cómo liberar a un amigo sacerdote del encarcelamiento por medios legales. Fueron golpeados, torturados y luego asesinados por no renunciar a su fe. Antes del ser fusilado, el sacerdote rogó a los soldados que perdonaran a Morales porque tenía una familia. Morales respondió: “Me muero por Dios, y Dios cuidará de mis hijos”. Sus últimas palabras fueron: “¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!”